Asumió su cargo en 2002 en medio de un fuerte ataque de morteros lanzado por la guerrilla sobre el palacio presidencial. La economía se arrastraba en el fondo de una recesión que había comenzado en 1999. El desempleo afectaba al 17% de la fuerza laboral. Además de la guerrilla, el país era presa del crimen y el narcotráfico. El nuevo presidente reaccionó de inmediato. Declaró el estado de conmoción interna cinco días después de asumir, comenzó una guerra sin cuartel contra la guerrilla y se acercó sin medias tintas a EEUU.
La liberación de Ingrid Betancourt, merced a una brillante operación de inteligencia, ha consolidado su status de estadista. Álvaro Uribe ya es visto por muchos observadores y políticos como el mejor gobernante sudamericano de su tiempo. Si finalmente lograra erradicar la guerrilla, ahora muy debilitada y desprestigiada, y si antes de que finalice su segundo mandato (2010) el Congreso de EEUU aprobara el TLC con Colombia, Uribe se convertiría en un gran presidente, pues habría marcado un antes y un después en la historia de su país, con inevitables consecuencias sobre la estrategia política y la forma de gobernar en el resto de los países de la región.
Uribe, en tal caso, les habría demostrado a los seguidores de Pinochet que un gobierno democrático y republicano puede luchar exitosamente contra la guerrilla armada. A los Kirchner, a Rafael Correa y a Hugo Chávez, y a Obama y a los líderes europeos, que la política de apaciguamiento y concesiones, no funciona. También les habría demostrado a aquellos políticos y empresarios del Mercosur que quieran ver la realidad tal cual es y no como querrían que fuera, que EEUU es un socio insoslayable para cualquier país que se disponga en serio a progresar. Porque el progreso requiere comercio e inversiones, y el comercio y las inversiones requieren apertura y estabilidad institucional en un sentido amplio. La sociedad con EEUU parece condición sine qua non a tales efectos.

Uribe nació en 1952, en Medellín, la capital del departamento de Antioquía, en el centro geográfico de Colombia. Su padre fue un importante terrateniente, asesinado en 1983 por la guerrilla, y su madre hizo carrera política. Se recibió de abogado en 1977 y luego cursó estudios de post-grado en administración y resolución de conflictos en EEUU. A los 30 años de edad fue intendente de Medellín, a los 40, gobernador de Antioquía y a los 50, presidente de Colombia. Es delgado, de apariencia frágil y aspecto intelectual. Para los periodistas que lo conocieron siendo presidente fue una sorpresa que este hombre pudiera ser un halcón. Durante su juventud universitaria leyó sin descanso sobre las revoluciones socialistas de Rusia, China y Cuba, pero, según ha declarado, nunca dejó de pensar que el estado de derecho era una forma de gobierno superior.

La tabla, que tomé de The Economist, muestra la performance la economía colombiana en el período 2003-2007. Buen ritmo de crecimiento, con un registro de 7.5% en 2007, y tasa de inflación bastante moderada en estos años de abrupto aumento del precio de los alimentos y las materias primas en general. Notable inversión externa directa; un promedio anual de 8.000 millones de dólares para el período; el promedio argentino en años recientes ronda 5.000 millones (si se tiene en cuenta que el PBI argentino es el doble del colombiano, la brecha es mayor). ¡Ya le tocará a la pobre Argentina gozar del inmenso beneficio que representa para un país un gran presidente o, por lo menos, una racha de presidentes modestos pero de buen juicio!
(Jorge Asís publicó ayer un buen artículo sobre Uribe y la chatura comparada del resto de los presidentes y políticos sudamericanos.)





