La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

julio 8, 2014

La tesis de Piketty

Filed under: Libros y papers — Jorge Avila @ 3:10 pm

El economista francés Thomas Piketty publicó Capital in the Twenty-First Century hace un par de meses, en EEUU. Había sido publicado el año pasado en francés sin mayor repercusión. La publicación en inglés, no obstante, ha tenido un éxito espectacular. Parece claro que tocó un nervio sensible. La distribución del ingreso es un tema cotidiano y tradicional en Francia; quiero decir que no es nada nuevo allí. En EEUU es otra cosa. En este país no es común el debate sobre temas distributivos; recién en los últimos años, a raíz de la campaña presidencial de 2012 y el estancamiento que experimenta el salario real desde la década de 1980 (atribuido en parte a la emergencia económica de China e India), el tema ha cobrado interés y divide agriamente a “conservatives” y “liberals”.

Piketty

Aparte del libro de D. Acemoglu y J. Robinson (Why Nations Fail 2012), no recuerdo otro gran libro de investigación económica (científica) que produjera tantas olas en los últimos 30 años. Ambos, el libro de A&R y el de Piketty, presentan sus respectivas tesis desde el principio, desarrollan sus interpretaciones económicas con muy buena prosa e intuición e intentan probar meticulosamente sus tesis por medio del uso de grandes fuentes de datos estadísticos e históricos. Y ambos tratan cuestiones clásicas, tales como el crecimiento, el desempleo o la distribución. Esta suma de cualidades los convierte en lecturas fascinantes. El libro de Piketty tiene dos atractivos adicionales: emplea referencias literarias para ilustrar el grado de concentración de la riqueza en Francia e Inglaterra en los siglos XVIII y XIX, y permite a los economistas formados en la tradición anglo-sajona apreciar “el punto de vista económico francés”.

Desde abril se suceden comentarios del libro por parte de renombrados economistas. Son tantos y tan buenos que me siento eximido de la obligación de dedicarle uno acabado a la obra de Piketty, la cual, por otra parte, no trata un problema específicamente argentino. Por una explicación en cuatro párrafos de la tesis de Piketty, lea el artículo de The Economist. Por una opinión extasiada y progresista, lea el artículo de P. Krugman en The New York Times. Por una interesante crítica liberal, lea el ensayo de T. Cowen en Foreign Affairs. Por un comentario apreciativo y profundo, lea el ensayo de L. Summers en Democracy. Por un examen crítico y técnico, lea el paper de X. Sala i Martín. Y por una opinión argentina, lea el ensayo de J.C. de Pablo.

La tesis de Piketty dice que el capital (también llamado riqueza) crece a la tasa de retorno del capital, la cual es normalmente mayor que la tasa de crecimiento económico. Por tanto, los países tenderán a exhibir una creciente relación entre la riqueza y el ingreso nacional, a menos que ocurran catástrofes como las dos guerras mundiales y la Gran Depresión. Y como la riqueza está altamente concentrada, Piketty infiere que la desigualdad tenderá a aumentar sin límite en tanto no se apliquen políticas que la prevengan o algún tipo de perturbación interfiera el proceso de acumulación. Esta conclusión se formaliza con una simple desigualdad: r>g (la tasa de retorno del capital excede a la tasa de crecimiento económico).

De este resumen de la tesis de Piketty, que tomé de Summers, me interesa repasar dos aspectos. Primero: la remuneración del capital, como fracción del ingreso nacional, está predestinada a aumentar sin límite; esto implica que la fracción del ingreso asignada al trabajo está predestinada a disminuir sin límite. Segundo: el ingreso de los ricos respecto del ingreso del resto de la sociedad está predestinado a incrementarse cada vez más, agravándose la desigualdad en un proceso sin fin. Luego, los países estarían predestinados a ser gobernados por mega-ricos. Tan grande sería la gravitación de su poderío económico que una democracia abierta y competitiva se tornaría imposible. Los plutócratas manejarían las tapas de los diarios, fijarían la agenda pública e influirían en los debates del Congreso en razón de sus ilimitados recursos. A la larga, o surgiría un demagogo (cambio pacífico) o habría una revolución (cambio violento). En ambos casos, sin embargo, el estancamiento económico sería la consecuencia. Entonces, a fin de salvar el capitalismo de su dinámica autodestructiva, Piketty sugiere aplicar un impuesto mundial progresivo a la riqueza.

Aunque el libro me parece recomendable, confieso que su argumentación se me atragantó en los primeros capítulos, en cuanto leí sobre la posibilidad de que la remuneración del capital como fracción del ingreso nacional aumentase ilimitadamente, posibilidad que es directa consecuencia de la desigualdad r>g. Este escenario contraría las regularidades empíricas de N. Kaldor (1963), que han sido aceptadas por el grueso de la profesión económica:

i) El producto por trabajador tiende a crecer a tasa constante a lo largo del tiempo.

ii) El capital por trabajador tiende a crecer a tasa constante a lo largo del tiempo.

iii) La tasa de retorno del capital se mantiene aprox. constante a lo largo del tiempo.

iv) La relación capital-producto se mantiene aprox. constante a lo largo del tiempo.

v) La remuneración del capital como fracción del ingreso (relación capital-producto multiplicada por tasa de retorno del capital) se mantiene aprox. constante a lo largo del tiempo. Lo mismo vale para la remuneración del trabajo.

vi) La tasa de crecimiento del ingreso (producto) varía entre países.

En particular, la tesis de Piketty respeta la regularidad iii) pero contraía la iv) y, en consecuencia, también la v), que es igual al producto de iii) y iv). Tampoco es consistente la tesis de Piketty con el modelo clásico de crecimiento de R. Solow (1956) ni con los modelos neoclásicos posteriores. Estos modelos pronostican el cumplimiento de aquellas regularidades. En especial, concluyen que la remuneración del capital como fracción del ingreso será una constante; si la tasa de retorno del capital subiera, la intensidad de uso del capital disminuiría en proporción y la fracción del ingreso nacional que captura el capital se mantendría constante. Este resultado obedece al uso de una función de producción Cobb-Douglas con rendimientos constantes a escala.

Antes que una “ley fundamental del capitalismo”, la desigualdad r>g es una condición de convergencia de los modelos de crecimiento óptimo. En otras palabras, la desigualdad de Piketty antes que una ley es un supuesto que puede cumplirse o no en la realidad. Por eso sus críticos se concentraron en las razones por las cuales la tasa r podría ser menor o el stock de capital crecer a una tasa menor que r, la tasa g podría ser mayor, o la medición del stock de capital podría estar sobre-estimada. Sigue un extracto de las principales críticas:

* Como parte del interés que devenga el capital se consume, la tasa de crecimiento del stock de capital debe ser menor que la tasa de retorno.

* La tasa de retorno del capital no es tan elevada si se deduce de ella la tasa de depreciación del capital; que debe ser deducida pues estamos hablando de acumulación de capital.

* También hay que deducir la prima de riesgo comercial o país, que los capitalistas cargan en previsión de futuros siniestros que, cuando ocurran, los descapitalizarán.

* La tasa de crecimiento económico es superior a la que arrojan los actuales métodos de contabilidad nacional debido a una subestimación del efecto del progreso tecnológico sobre el sector servicios (Sala i Martín).

* El capital residencial, que tiene mucho peso en el stock total de capital, puede estar sobrestimado. Un grupo de economistas franceses recalcularon la relación capital-producto para Gran Bretaña, Francia, Canadá, Estados Unidos y Alemania en el período 1950-2010, valuando a las viviendas no por su valor de mercado sino por el valor presente de los alquileres. Concluyeron que el capital total, en vez de aumentar, se habría mantenido constante en el período (Sala i Martín).

Si estas críticas fueran incorporadas a la hoja de cálculo de Piketty, sobre todo la referida a la valuación de las viviendas, estaríamos de regreso en el mundo de Kaldor y de Solow, en el cual los capitalistas se llevan a una parte constante del ingreso (y la riqueza).

Sobre la segunda conclusión del libro, Summers es terminante: “Después del trabajo de Piketty y sus colaboradores no pueden subsistir dudas acerca del fenómeno de la desigualdad en la distribución del ingreso y su ubicuidad. La participación en el ingreso nacional del primer 1% de la población de EEUU ha aumentado desde menos del 10% a más del 20% en años recientes. (…) El único grupo que ha superado al primer 1% ha sido el primer 0.1% de la población.” Agrega en otra parte que la brecha que se ha abierto entre el primer 0.1% y el resto del primer 10% de la población es mucho más grande que la brecha que se ha abierto entre el primer 10% y el resto de la población. Esta clase de desigualdad es la que realmente preocupa a Summers.

Pero bien saben Summers y Sala i Martín que la tasa de rotación en las listas de mega-ricos de EEUU de la revista Forbes es muy alta. De hecho, ¡menos del 10% de los mega-ricos que integraba la lista de 1982 seguía figurando en la 2012! Incluso más. Se observa una fuerte caída de los “herederos” en las listas de Forbes, fenómeno que relativizaría el temor de Piketty al desarrollo de un “capitalismo patrimonialista”.

¿Qué nos queda de este gran libro? Además del placer de la narración, una clara noción de la abismal desigualdad que pareciera caracterizar a los países avanzados. De parte de sus críticos, nos queda el mensaje respecto del atenuante que suponen los mercados abiertos y competitivos, pues éstos hacen posible, a un mismo tiempo, la creación de mucha riqueza y su veloz rotación entre familias.

mayo 10, 2014

La tesis de Acemoglu & Robinson

Filed under: Libros y papers — Jorge Avila @ 9:20 pm

WhyNationsFail

En marzo de 2012, Daron Acemoglu y James Robinson publicaron Why Nations Fail, un soberbio libro sobre desarrollo económico que acaparó la atención de medio mundo. Recibió los mejores comentarios de varios ganadores del Premio Nobel de Economía (Becker, Arrow, Diamond, Solow, Spence y Akerloff), de ascendentes economistas que aún no ganaron dicho premio (Levitt y Rodrik) y famosos politólogos (como Fukuyama) y escritores especializados (C. Mann, J. Diamond y N. Ferguson). La obra es el fruto de una corriente de investigación especializada en el análisis de grandes bases de datos estadísticos e históricos, que tomó vuelo a mediados de la década de 1990 gracias al desarrollo informático.

Se trata de una fascinante narración analítica de las causas institucionales del auge y la declinación de diversas sociedades. La narración es una rara mezcla: un 10% de análisis económico, un 30% de análisis político y un 60% de análisis histórico. Los autores reconocen la fuerte influencia de Douglass North, el historiador económico que ganó el premio Nobel por explicar las raíces institucionales del desarrollo capitalista de Occidente. Pero agregan mucho de su propia cosecha. Por ejemplo: a) una serie de ilustrativos e interesantes ejemplos históricos a partir de la Revolución Neolítica en el año 9500 AC (desde la civilización Maya hasta la moderna Botswana, pasando por los casos de la República Veneciana c. año 1000, Gran Bretaña c. año 1700 y la URSS en el s. XX, entre otros), y b) una teoría sobre la formación de las instituciones que pusieron a esas sociedades en el camino del desarrollo o el estancamiento. Con independencia de la exactitud de los datos empleados en los ejemplos y el carácter monocausal de la teoría, rescato el valor de ambas contribuciones.

En dos palabras, la teoría lineal de A&R afirma que: 1) el curso de la historia moldea a las instituciones políticas; 2) las instituciones políticas determinan el comportamiento político; 3) el comportamiento político moldea a las instituciones económicas; 4) las instituciones económicas determinan el comportamiento económico. Y agrega que para que las instituciones políticas cambien para mejor, volviéndose más inclusivas (más pluralistas y competitivas), hacen falta dos cosas: por un lado, una “coyuntura crítica”, es decir, un fuerte shock político, económico, bélico o sanitario; por el otro, una sociedad cuyas instituciones tengan alguna puerta abierta al cambio. Una sociedad de instituciones cerradamente extractivas (autoritaria, plagada de monopolios, sin libertad de prensa ni sistema legal) podría resistir incluso el sacudón de un fuerte shock.

Prefiero dejar la crítica de la teoría de A&R a cargo de economistas y politógos que conocen de cerca el pensamiento de los autores. Voy a criticar el olímpico juicio que les merece el caso argentino. A&R afirman que tanto Argentina como la URSS fracasaron por tener instituciones extractivas. Rusia y la URSS las tuvieron, bajo el zarismo, el comunismo y, ahora, el capitalismo de amigos de Putin. Sin embargo, ¿puede tomarse el caso argentino en bloque? Tengo la impresión que no. En el período 1860-1930, el país recibió oleadas de inmigrantes atraídos por altos salarios, la posibilidad de educar a sus hijos y una chance de volverse propietarios rurales. Si digo que a partir de 1930 el país es otro no creo exagerar. Hasta entonces, tenía instituciones más bien inclusivas; desde entonces, las tiene más bien extractivas. ¿No es acaso el cartel compuesto por gobernadores, intendentes y legisladores peronistas, enriquecidos a costa de los presupuestos públicos, y la asociación UIA-CGT, enriquecida gracias al proteccionismo industrial, la verdadera oligarquía que gobierna el país hace 70 años?

En los links que siguen encontrarán las mejores críticas que encontré al libro de A&R. Aquí está la crítica de Jeffrey Sachs; aquí está la destemplada respuesta de A&R y aquí está la elaborada respuesta de Sachs. Aquí está el interesante comentario de Fukuyama y aquí está la respuesta de A&R. Tanto el libro de A&R como estas discusiones deberían formar parte del programa de lecturas de la materia Desarrollo Económico de la licenciatura en Economía.

mayo 8, 2014

Gary S. Becker 1930-2014

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 7:11 pm

El pasado sábado 3 falleció Gary Becker, premio Nobel de Economía de 1992, originalísimo e intuitivo economista de la Universidad de Chicago, profesor e investigador incansable, autor de 12 libros y 50 artículos científicos que abrieron nuevos rumbos. Becker sucedió en la cátedra de Teoría de los Precios del 1er. año del programa de doctorado de dicha Universidad nada menos que a George Stigler, quien vino después de Milton Friedman, quien siguió a Frank Knight, quien reemplazó a Jacob Viner. Teoría de los Precios es la materia clave del programa de doctorado de Chicago. En ella se enseña a los estudiantes recién ingresados el enfoque económico distintivo de la Universidad.

BeckerandStudent

Fui alumno de Becker en el Spring Quarter de 1981. Su presencia distante (en apariencia), su aspecto concentrado y circunspecto, su voz grave y, sobre todo, su enorme prestigio, podían resultar intimidantes. Su clase empezaba a las 13 hs, en punto, siempre llevaba unos apuntes amarillentos que miraba de vez en cuando para orientarse, siempre tenía a mano una lista con los estudiantes anotados en el curso de donde elegía al azar algún nombre para formularle una pregunta que uno, por lo general, no sabía por dónde agarrar, y cuando uno se atrevía a hacerle una pregunta él respondía con su clásico Why? No repreguntaba para intimidar sino por curiosidad y para invitar a pensar. También acostumbraba anunciar el primer día de clase que quien aprobara su curso con una B aprobaría también el examen general de Teoría Económica (Core Exam), que se toma en dos partes en el mes de julio y define si el alumno aprueba o no el primer año y si sigue en carrera o no hacia el doctorado. En ese curso entendí de qué se trata la Economía y supe que aprobaría el terrible Core Exam.

Siento mucho su muerte sobre todo porque era una persona buena, dispuesta a dar una mano cuando se lo pedían. Su obra ya estaba virtualmente completa en 1981 cuando publicó Un Tratado sobre la Familia. Becker fue quizás el microeconomista más importante de la segunda mitad del siglo pasado. Su impacto sobre la teoría económica ha sido por lo menos equivalente a los de Frank Knight, John Hicks o Ronald Coase. Mi reconocimiento del calibre de Becker consiste en enseñar Teoría de los Precios en la Universidad del CEMA siguiendo el libro que recopila las notas de las clases que él mismo dio casi hasta el final de su vida.

En este par de links hay fotografías, anécdotas y detalles de su personalidad y de sus contribuciones al pensamiento económico: Foco Económico y Universidad de Chicago.

febrero 27, 2014

Posible giro

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 8:22 pm

Carlos Pagni, reconocido columnista del diario La Nación, publicó hoy un revelador artículo. Sugiero leerlo porque permite entender un poco mejor la confusa coyuntura política y económica argentina y formarse una perspectiva defendible sobre el futuro del país hasta el traspaso del poder al próximo gobierno. A continuación, puntualizo lo que entendí del artículo:

a) La investigación judicial por corrupción de Lázaro Báez involucra a la familia de la presidente Kirchner y, en especial, a su hijo.

b) Para detenerla, la presidente Kirchner necesita tiempo. Tiene que mantenerse en el poder hasta el fin de su mandato para desactivar o neutralizar el caso Báez.

c) Pero con una tasa de inflación que apunta al 50% anual y sin plata para comprar voluntades, el tiempo y el poder son cada vez más escasos.

d) La inflación depende del déficit fiscal cubierto con emisión monetaria y de la velocidad de circulación del dinero. El déficit es grande porque el gasto en sueldos y pensiones y los subsidios a la energía y el transporte han alcanzado un nivel demasiado alto. La velocidad es función inversa del tamaño de la emisión monetaria que el público espera. De forma que la inflación depende en lo fundamental del déficit fiscal que se financia con emisión. A mayor déficit, mayor emisión y mayor inflación de manera directa e indirecta. Puesto que la mayor emisión induce una mayor velocidad y por consiguiente una todavía más alta inflación. En otras palabras, la velocidad refuerza el efecto inflacionario de la emisión monetaria.

e) Para asegurarse ese tiempo, la presidente necesita entonces bajar en términos reales los sueldos y subir las tarifas de los servicios públicos. La devaluación de enero, sumada a una paritaria del 25%, es un paso en dicha dirección. La actualización tarifaria tendría por objeto disminuir los subsidios a las empresas de energía y transporte, y reducir un poco más el déficit fiscal.

f) Si el gobierno pudiera acompañar el ajuste fiscal con la indemnización de Repsol-YPF, la normalización del INDEC y de las relaciones con el FMI, la cancelación de la deuda con el Club de París y la solución de los juicios en el CIADI y el problema de los hold outs, estaría en condiciones de conseguir préstamos que aliviarían el ajuste fiscal y aumentarían sus chances de llegar a diciembre de 2015 con una inflación políticamente aceptable y gobernabilidad.

g) La presidente Kirchner lograría así dos objetivos: tiempo para desactivar el caso Báez y, si fuera posible, el voto de cerca de 25% del padrón en las elecciones presidenciales de 2015 para formar un bloque de legisladores que defiendan a su proyecto político y a su familia.

Si la argumentación de Pagni no fuera una fantasía, tenemos motivos para alegrarnos por primera vez en muchos años. Por un lado, el gobierno habría dejado atrás la etapa de "populismo radical" que anunciara el diputado Feletti en 2011. Por el otro, estaría en marcha un giro hacia la racionalidad económica, desprolijo, tardío, con contradicciones, como cabe esperar del kirchnerismo, pero un giro que evitaría una catástrofe económica y un naufragio político.

febrero 8, 2014

The WSJ sobre dolarización

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 4:29 pm

Con la firma de la conocida e incisiva periodista Mary Anastasia O’Grady, The Wall Street Journal publicó el pasado lunes 3 un artículo sobre "la vieja costumbre argentina de devaluar". Me impresionó el artículo por su contundencia. Si la dirigencia política argentina tuviera alguna cuota de realismo y pudiera razonar sin prejuicios nacionalistas, el aporte de O’Grady la ayudaría a simplificar la vida de los argentinos. Reproduzco la nota en su totalidad. Presten atención a la opinión del ministro de Irlanda sobre los beneficios de la adopción del euro en reemplazo de la libra irlandesa. Y no dejen de repasar los 200 años de devaluaciones de la moneda argentina.

 

A medida que caen las reservas internacionales de Argentina, una megadevaluación parece inevitable, nuevamente. Algunos países aprenden las lecciones de su historia monetaria, pero Argentina es un caso aparte.

A fines de los años 90, en Buenos Aires se hablaba de reemplazar el peso con el dólar estadounidense. El posible impacto de una dolarización se me vino a la mente la semana pasada, cuando el ministro de Finanzas irlandés, Michael Noonan, visitó las oficinas de The Wall Street Journal en Nueva York para conversar sobre la recuperación de su país de la crisis bancaria de 2008.

A Noonan se le consultó si se arrepentía de que Irlanda formara parte de la zona euro, lo que en la práctica impide que los irlandeses recurran a la política monetaria para arreglar una crisis de deuda. El ministro respondió que sin las restricciones del euro, la economía pequeña y abierta de Irlanda habría probablemente sufrido una suerte mucho peor: una devaluación de grandes proporciones cuando sus bancos colapsaron.

Devaluar la moneda es la senda menos dolorosa cuando un gobierno no es capaz de cumplir con sus obligaciones. Sin embargo, como señaló Noonan, sus efectos sobre la población son brutales. La devaluación reduce el poder adquisitivo del país. Los salarios reales y el valor real de los ahorros de las personas comunes y corrientes disminuyen de un día para otro.

Lo que es peor, observó Noonan, es que son pocos los países que pasan por una megadevaluación solamente una vez. "Se vuelve un hábito", subrayó.

Tales palabras son demasiado amables para describir el caso de Argentina. Una historia de 200 años de devaluaciones recurrentes es una condición más seria que una adicción. Es patológico.

La última devaluación se produjo la semana pasada, cuando Argentina anunció que comprar un dólar del banco central costaría 8 pesos, en lugar de 6,9. La relación en 2006 era de 3 pesos por dólar. La cotización en el mercado negro es de más de 12 pesos, lo que sugiere que aún queda un doloroso camino por recorrer.

Esta crisis tiene lugar poco más de una década después de la última, que ocurrió poco más de una década después de la anterior. No obstante, socavar el valor del peso no es un fenómeno moderno en Argentina.

Según el economista chileno Sebastián Edwards, profesor de la Universidad de California en Los Ángeles y autor del libro de 2010 "Dejada atrás: América Latina y la falsa promesa del populismo", la costumbre argentina de devaluar se remonta a la década de 1820. En 1827, el peso papel que circulaba en Argentina se devaluó en 33,2%, señala Edwards. La divisa perdió otro 68% en 1829. Hubo una devaluación de 34% en 1838, de 65,5% en 1839, de 95% en 1845 y de 40% en 1851. Un sistema de convertibilidad impuesto en 1868 fracasó en 1876 y otro establecido en 1891 sobrevivió hasta 1914.

Para los políticos, era apenas el comienzo. Según Edwards, hubo crisis cambiarias en 1938, 1948, 1949, 1951, 1954, 1955, 1958, 1962, 1964 y 1967.

En 1971, escribe Edwards, hubo una nueva crisis cuando el peso fue devaluado en 116,8%. (El porcentaje puede exceder 100 porque se calcula usando pesos por dólares). La inestabilidad económica en Argentina se agravó después de 1974. La inflación ascendió a 444% en 1976. Esta recurrencia de las crisis tuvo un impacto negativo en el crecimiento: el ingreso per cápita cayó a una tasa anualizada de 1,7% entre 1975 y 1985. Para 1985, la inflación llegaba a 672%. Entre 1981 y 1991, la tasa de devaluación del peso promedió un asombroso 1.346% al año señala el economista.

Las políticas que ha seguido el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner como la expropiación, la anulación de contratos, la fijación de impuestos a las exportaciones y la imposición de topes a las tarifas de servicios públicos han destruido el capital. Mientras tanto, el gasto fiscal como porcentaje del Producto Interno Bruto se duplicó en los últimos 10 años. Ni los extranjeros ni los argentinos quieren tener pesos porque el banco central erosiona su valor al imprimirlos en exceso. Cuando eso ocurre, casi no hay forma de detener una corrida contra las reservas internacionales del banco central, una espiral inflacionaria y el empobrecimiento del país.

Las reservas de Argentina en moneda extranjera cayeron en US$1.250 millones la semana pasada conforme su banco central se empeñaba en defender el peso. Las reservas llegan ahora a apenas US$28.300 millones, frente a un máximo de US$52.600 millones en enero de 2011.

La agudización de la escasez de divisas extranjeras está destinada a tensionar una economía que depende de materias primas importadas y bienes intermedios en los sectores industrial y agrícola. Los argentinos ya reportan problemas para encontrar medicamentos que provienen de otros países. Los controles de precios, que se aplican en forma informal mediante la intimidación, complican aún más la situación. Los importadores pueden comprar dólares en el mercado negro para pagar a sus proveedores extranjeros, pero pierden dinero a menos que puedan ajustar sus precios minoristas.

El gobierno, que teme un alza de la inflación, anunció la semana pasada que aumentaría la competencia en los mercados locales al introducir más importaciones si los productores argentinos tratan de subir los precios. Aparentemente, a los genios del banco central se les olvidó decirles a los controladores de precios que no tienen los dólares necesarios para traer más importaciones.

Jorge Capitanich, el jefe de gabinete, dice que los especuladores, en su afán por ganar dinero rápidamente al castigar el valor de los activos para luego comprarlos, son la causa del colapso del peso. Esta clase de ignorancia económica de los gobernantes de una nación de 41 millones de personas es aterradora. Pero en Argentina no es de extrañar.

 

Dice bien el ministro irlandés, la devaluación genera una adicción y puede tener un costo brutal para una sociedad. Por algo los irlandeses, los españoles y los griegos la han evitado por todos los medios no obstante escalofriantes tasas de desempleo. Contradiciendo a Krugman, desde el principio pronostiqué que los países de la periferia europea iban a superar la crisis sin abandonar el euro (vea uno y dos.) En efecto, la devaluación es una manía en Argentina. Importantes sectores (productores rurales, industriales, incluso los sindicalistas) la desean y hay políticos que la consideran una suerte de lubricante de la economía.

En cuotas o de golpe, con este gobierno o el que viene, vamos por enésima vez en los últimos 60 años hacia un nuevo ajuste. Nos espera una nueva pesadilla de devaluaciones, llamaradas de inflación, abruptas reducciones de sueldos e inversiones públicas y privadas y tarifazos, con riesgo de default. ¿No es hora de probar algo diferente? Dolarizar (o eurizar) la economía simplificaría mucho este trámite inevitable. Además, el impacto del ajuste sería bastante menor puesto que la dolarización abriría una inédita expectativa de estabilidad.

febrero 3, 2014

Paraíso del disidente

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 8:46 pm

Siempre lamenté que Rivadavia y los gobernantes de la época no se hubieran esforzado por retener al Uruguay dentro de la Argentina. Pero, ahora, con la perspectiva que dan tantos años de desaciertos, creo que es una bendición que el Uruguay sea un estado aparte. Es el ideal del disidente. Quien cruce el charco, tiene la posibilidad de seguir viviendo, de alguna manera, en la Argentina aunque bajo una jurisdicción respetuosa de las libertades individuales.

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El semanario inglés The Economist eligió al Uruguay como el "país del año 2013" por haber implementado una reforma sin precedentes, que mejorará su situación y que, si fuera emulada, podría beneficiar al resto del mundo. La reforma es la legalización y regulación de la producción, la venta y el consumo de la marihuana. El semanario encuentra elogiable que el presidente Mujica haya definido a la nueva ley como un "experimento" y considera que este paso permitirá al Uruguay concentrarse en crímenes más graves.

Ojalá el Uruguay tuviera la audacia y la claridad económica de Chile y firmara tratados de libre comercio con los EEUU, la China y otras potencias. Imaginen un país en libre comercio a tiro de piedra de la costa argentina. ¡Qué paraíso! Para los argentinos de pensamiento liberal y también para la mayoría socialista que quiere comprar ropa, calzado y productos electrónicos a precios de Miami. Me abstengo de considerar el influjo que el potencial régimen de libre comercio uruguayo ejercería sobre la organización económica argentina puesto que, a juzgar por la evidencia, nuestro país es impermeable a los buenos ejemplos.

diciembre 23, 2013

Costos de Transacción

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 8:09 pm

La importante idea de los costos de transacción se inspiró en un artículo de Ronald Coase, el economista inglés que obtuvo el premio Nobel de Economía en 1991 y que falleciera el pasado septiembre. Estos costos aluden a los costos de negociación, de formulación de contratos y de supervisión de su cumplimiento. Cuando se elevan a niveles prohibitivos, los mercados tienden a desaparecer. Buenos ejemplos del efecto de esta suerte de gravamen son el colapso de la inversión en una hiperinflación, la fuerte contracción de las operaciones inmobiliarias cuando rigen excesivas regulaciones, o el apagón del mercado del dólar paralelo los días en que el infausto Moreno amenazaba por teléfono a las cuevas y se abría un enorme spread entre el tipo vendedor y el comprador.

El viernes de la semana pasada, mientras veía una entrevista al director de cine italiano Roberto Rosellini en el programa A Fondo (TVE 1977), me topé con un ejemplo elocuente (de la ausencia) de comportamiento oportunista y de su subvalorada consecuencia sobre el sistema económico: (la desaparición de) los costos de transacción. Joaquín Soler Serrano, el conductor del programa, interrogaba a Rosellini acerca de su filmografía. Quiso conocer los motivos que lo llevaron a filmar Alemania Año Cero. Rosellini contestó que quería proyectar una imagen realista de Alemania, país que era visto como una tierra de monstruos a fines de la década de 1940. Añadió que había viajado a Alemania con una cámara de mano y con regalos para Marlene Dietrich y otros amigos que pasaban penurias. Llevaba para ellos ropa, zapatos, cigarrillos y otros bienes escasos en aquel país. Pero cuando intentó regalárselos, sus amigos alemanes no los aceptaron porque su consumo estaba cuotificado por el gobierno. Entonces, Rosellini los vendió en el mercado negro y les entregó la plata. Mientras contaba esta historia, de pronto exclamó con gesto de sorpresa: ¡Los alemanes son tan obedientes! ¡Eran incapaces de imaginar la posibilidad del mercado negro!

La historia ilustra a las mil maravillas lo fácil que es implementar políticas económicas y sociales en países como Alemania. Esa obediencia (u honestidad) que le llamó tanto la atención a Rosellini también ilustra el escaso oportunismo de dicha sociedad, sus bajos costos de transacción y la consecuente profundidad que adquieren sus mercados en tales circunstancias. La honestidad, finalmente, se refleja en eficiencia; es decir, riqueza.

¡Feliz Navidad, les deseo una vez más, y Próspero Año Nuevo! 

diciembre 19, 2013

¡Es el gobierno, romántico!

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 7:53 pm

Todos los días, a eso de las 5 de la tarde, me corro hasta el Florida Garden a tomar un café en la barra. Adquirí esta costumbre en mis años de universitario en La Plata. Me gusta airearme unos minutos; me parece una costumbre productiva. De vuelta en mi oficina, veo más simple el problema que me ronda la cabeza.

Ayer no pude tomarme el café. El Florida Garden estaba cerrado al público. Les pregunté por qué motivo a unos mozos que parecían hacer guardia resignadamente en la puerta que da a la calle Paraguay. Me respondieron que no tenían luz desde las 3 y media de la mañana y que habían perdido las propinas del día. Para un mozo las propinas son parte importante del ingreso mensual.

Les pregunté a qué causa atribuían el desperfecto. El mayor de ellos me dijo que era el destino. Le respondí enfáticamente que no, que era el gobierno. Un mozo joven que estaba a su lado me miró extrañado. Sin pretenderlo, les di una lección de precios relativos.

Les informé que, en 2001, el café que sirven en la barra costaba $1,20 y que hoy cuesta $14. Un aumento de 1067%.

Les dije que si el sueldo de ellos aumentó como el promedio del sector privado, entonces, hoy ganan un 864% más que en 2001.

Les informé que el dólar paralelo ha aumentado un 900% desde 2001. Luego, les pregunté si sabían cuánto aumentaron las tarifas de energía desde 2001.

Tuve la impresión de que no lo sabían. Arriesgué que habrían aumentado no más de un 100%. Y les aclaré que no habían aumentado en línea con el costo de vida o el dólar porque el gobierno no lo había permitido. No quise hablar de populismo tarifario. Quería hablar de cosas concretas. Les dije que la brutal caída del precio relativo de la energía, por un lado, había elevado mucho la demanda porque ahora los consumidores tienden naturalmente al despilfarro y, por el otro, había limitado la oferta porque las empresas de electricidad y gas no han tenido incentivos para invertir. Les reconocí que las empresas privatizadas reciben subsidios del gobierno, sin los cuales no podrían pagar los sueldos del personal hace rato. Pero agregué que con subsidios, que son volubles como los favores, nadie en su sano juicio invierte un peso.

Estoy seguro de que o no entendieron lo que les dije o no me creyeron. Es posible que piensen que les hablé así porque debo ser un representante o asesor de una empresa eléctrica. La verdad es que les hablé por impulso, ya que no creo en la claridad de la opinión pública en materia de organización económica.

Hacia el final de su vida, el sabio James Buchanan estableció que el capitalismo florece cuando en un país se cumplen tres condiciones:

a) que una buena mayoría de sus habitantes confíe en sus propias fuerzas, es decir, que no se piense débil y busque la protección del cacique, el Estado o la Iglesia;

b) que una buena mayoría de sus habitantes sea honesta, es decir, que no observe un comportamiento oportunista, que cumpla la ley aun cuando la probabilidad de ser descubierto en infracción no sea muy alta, que pague lo pactado y no embrome a sus empleados o proveedores;

c) que una buena mayoría de sus habitantes no esté formada por tontos románticos en materia económica y cívica, es decir, por gente que cree que la inflación es un fenómeno atmosférico, que el libre comercio es un genocidio o la independencia de poderes, un prejuicio burgués.

El pueblo argentino no cumple esas condiciones. Buchanan sugería que se impulsara la enseñanza de Economía Política y de Educación Democrática en las escuelas. Valoro su opinión. Creo, sin embargo, que la enseñanza de estas asignaturas aumentaría las chances de cumplir la tercera condición, si bien en el largo plazo, y que no ejercería impacto alguno sobre las chances de mejorar el cumplimiento de las dos primeras condiciones. No obstante esta desalentadora visión, permítanme desearles una Feliz Navidad.

diciembre 9, 2013

Sueldos y costo de vida

Filed under: Gráfica — Jorge Avila @ 7:20 pm

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El diario La Nación publicó hoy un artículo sobre la evolución del costo de mirar por TV el campeonato mundial de fútbol con amigos. Se refiere, por cierto, al costo de la comida y la bebida que se consume con amigos durante los partidos del mundial. De paso, publica también, como infografía, un recuadro con el salario privado promedio de junio de 2002 (Mundial de Japón-Corea), junio de 2006 (Mundial de Alemania), junio de 2010 (Mundial de Sudáfrica) y octubre de 2013.

Lo que más me llama la atención del artículo son los datos de la infografía. Note que el salario privado promedio pasó de $914 en junio de 2002 (nivel similar al de diciembre de 2001, cuando se abandonó la Convertibilidad) a $8791 en octubre de 2013. Esto significa que el salario promedio que paga el sector privado se multiplicó por un factor de 9.64; en otros palabras, implica que el salario privado aumentó en igual medida que el dólar paralelo en los últimos doce años. Algo notable.

No es notable desde el punto de económico. Dicho comportamiento está explicado básicamente por el principio de paridad del poder adquisitivo, y por un aumento de la productividad laboral imputable a la fuerte suba de los términos de intercambio y el gasto público. En rigor, la evolución del salario privado me toma por sorpresa por la falta de información estadística confiable. Desde enero de 2007, cuando se intervino el INDEC, reina la especulación. Los niveles de importantes variables (tipo real de cambio, salario real o pobreza) se estiman con mayor o menor ciencia, a ojo de buen cubero.

Lo cierto es que el salario privado promedio ha aumentado algo más que el costo de vida y lo mismo que el dólar paralelo. Si el promedio se multiplicó por casi 10, hay salarios que se habrían multiplicado por 15 (camioneros, empleados del subte, empleados en la industria protegida por aranceles y bloqueos de importación) y salarios que se habrían multiplicado por 5 (profesores de universidades privadas, médicos en consulta privada, peluqueros). ¿Cómo le fue a Ud. y en qué sector trabaja? Está demás aclarar que todo comentario viene con nombre de fantasía y que el objeto del pedido es darnos un panorama más amplio al respecto.

noviembre 29, 2013

¿Cambio de rumbo?

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 5:49 pm

A fines de junio pasado, no bien los inversores olieron la posibilidad de que Massa derrotara al candidato del gobierno nacional, fijando un límite cierto a la duración del kirchnerismo gobernante en diciembre de 2015, empezó una persistente suba de las cotizaciones de las acciones argentinas y se invirtió la relación entre el costo de salida de capitales y el de entrada (se abarató la salida o se encareció la entrada; es decir, empezó a fugarse menos capital). En los dos meses posteriores a las elecciones internas del 11 de agosto, este movimiento se acentuó hasta rozar el vértigo. En la semana anterior a las elecciones legislativas del 27 de octubre, se frenó y la Bolsa cayó con la confirmación de la aplastante victoria de Massa. La Bolsa sube con el rumor y baja con la noticia.

El fallo de la Corte Suprema de Justicia en contra del Grupo Clarín fue visto como otro ataque al derecho de propiedad y la Bolsa sufrió un severo golpe. Pero bastó que la Sra. de Kirchner reapareciera e hiciera algunos cambios en su gabinete para recrear las favorables expectativas financieras.

Cristina Kirchner saludó por TV al pueblo, después de una suerte de internación que duró 47 días, tan provocadora como siempre. Tenía en brazos a un perrito que le había regalado un hermano del extinto presidente venezolano Chávez durante su convalecencia. Mofándose del sentimiento anti-chavista que ahora impera en el país, llegó a pedirle al perrito que se portara bien a fin de evitar que la gente se quedara con una mala impresión del chavismo. Sobre un costado del sillón desde el que hablaba al país, descansaba un gran pingüino de paño que le habían regalado las Madres de Plaza de Mayo. En dos palabras, Cristina K. le dijo al país que no escuchaba el mensaje de las urnas y que el modelo se iba a profundizar.

Dos o tres días después, anunció los cambios en el equipo de gobierno. A juzgar por lo hecho y, sobre todo, por las declaraciones de los nuevos funcionarios, queda la impresión de que los inversores quieren creer que el gobierno ha abandonado sus sueños nac & pop para abrazar políticas pro-mercado. La sensibilidad con que reaccionan es una buena señal del gran atractivo económico del país después de 2015, cualquiera sea el nuevo gobierno, en tanto y en cuanto no sea kirchnerista.

De la mano de Capitanich, el nuevo Jefe de Gabinete, se ha iniciado una maratón de arreglos con el objeto de reabrir las puertas de los mercados de crédito internacional. Se pagaría una indemnización de u$s 5000 millones a Repsol por la expropiación de YPF, se estaría conversando con el FMI para que mande auditores de las cuentas fiscales y monetarias y el nuevo índice de precios del INDEC, y habría en carpeta inminentes planes para solucionar los juicios en el CIADI y salir del default con el Club de París y los fondos "buitres" (hold-outs).

Sin bien lo dicho no es poco como indicador de un sentido de dirección de las políticas económica y exterior del país, en rigor, nada se ha dicho sobre problemas económicos que enloquecen a la sociedad argentina: inflación, cepo cambiario, pérdida de reservas intern’les del BCRA, bloqueos de importaciones, exuberante presión impositiva, riesgo de cortes de luz y gas, desinversión en transporte público. No se ha dicho nada al respecto porque el origen casi exclusivo de estos problemas es el gasto público, el cual registra en la actualidad el nivel más alto de la historia.

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Del aumento en términos absolutos del gasto público durante el kirchnerismo, según IDESA, el 34% corresponde a los subsidios a las empresas de electricidad, gas y transporte (sus tarifas aumentaron desde 2003 un 150%, como mucho, mientras el nivel de precios subió un 800%, algo menos que el dólar paralelo); un 24% se debe a los haberes de jubilados que no hicieron aportes y un 18%, a los sueldos de los nuevos empleados públicos. Estos rubros explican 86% de un aumento del gasto público básicamente insostenible, que ha desembocado en un déficit fiscal que diversos analistas ubican entre 4% y 7% del PBI. En los últimos doce meses, casi 3/4 de este déficit se cubrió con emisión monetaria. Así se explica la creciente inflación, la disparada del dólar paralelo, las pérdidas de reservas, los bloqueos de importaciones y los congelamientos tarifarios con los que se pretende atenuar la inflación.

Luego de una década de comportamiento recalcitrante, ¿es realista plantearse la posibilidad de que el gasto se congele o suba por un tiempo menos que el nivel de precios, de forma que se achique el déficit fiscal? Kirchner y Kicillof (el nuevo ministro de Economía) no parecen garantías de nada. De Capitanich no opino por ahora.

Habrá que esperar hasta marzo para emitir un juicio definitivo. El desafío fiscal es demasiado grande, lo mismo que los prejuicios y la incompetencia técnica general del equipo gobernante. Este tiene a su favor el cinismo y la capacidad política para darse vuelta en el aire.

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