La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

February 27, 2014

Posible giro

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 8:22 pm

Carlos Pagni, reconocido columnista del diario La Nación, publicó hoy un revelador artículo. Sugiero leerlo porque permite entender un poco mejor la confusa coyuntura política y económica argentina y formarse una perspectiva defendible sobre el futuro del país hasta el traspaso del poder al próximo gobierno. A continuación, puntualizo lo que entendí del artículo:

a) La investigación judicial por corrupción de Lázaro Báez involucra a la familia de la presidente Kirchner y, en especial, a su hijo.

b) Para detenerla, la presidente Kirchner necesita tiempo. Tiene que mantenerse en el poder hasta el fin de su mandato para desactivar o neutralizar el caso Báez.

c) Pero con una tasa de inflación que apunta al 50% anual y sin plata para comprar voluntades, el tiempo y el poder son cada vez más escasos.

d) La inflación depende del déficit fiscal cubierto con emisión monetaria y de la velocidad de circulación del dinero. El déficit es grande porque el gasto en sueldos y pensiones y los subsidios a la energía y el transporte han alcanzado un nivel demasiado alto. La velocidad es función inversa del tamaño de la emisión monetaria que el público espera. De forma que la inflación depende en lo fundamental del déficit fiscal que se financia con emisión. A mayor déficit, mayor emisión y mayor inflación de manera directa e indirecta. Puesto que la mayor emisión induce una mayor velocidad y por consiguiente una todavía más alta inflación. En otras palabras, la velocidad refuerza el efecto inflacionario de la emisión monetaria.

e) Para asegurarse ese tiempo, la presidente necesita entonces bajar en términos reales los sueldos y subir las tarifas de los servicios públicos. La devaluación de enero, sumada a una paritaria del 25%, es un paso en dicha dirección. La actualización tarifaria tendría por objeto disminuir los subsidios a las empresas de energía y transporte, y reducir un poco más el déficit fiscal.

f) Si el gobierno pudiera acompañar el ajuste fiscal con la indemnización de Repsol-YPF, la normalización del INDEC y de las relaciones con el FMI, la cancelación de la deuda con el Club de París y la solución de los juicios en el CIADI y el problema de los hold outs, estaría en condiciones de conseguir préstamos que aliviarían el ajuste fiscal y aumentarían sus chances de llegar a diciembre de 2015 con una inflación políticamente aceptable y gobernabilidad.

g) La presidente Kirchner lograría así dos objetivos: tiempo para desactivar el caso Báez y, si fuera posible, el voto de cerca de 25% del padrón en las elecciones presidenciales de 2015 para formar un bloque de legisladores que defiendan a su proyecto político y a su familia.

Si la argumentación de Pagni no fuera una fantasía, tenemos motivos para alegrarnos por primera vez en muchos años. Por un lado, el gobierno habría dejado atrás la etapa de "populismo radical" que anunciara el diputado Feletti en 2011. Por el otro, estaría en marcha un giro hacia la racionalidad económica, desprolijo, tardío, con contradicciones, como cabe esperar del kirchnerismo, pero un giro que evitaría una catástrofe económica y un naufragio político.

February 8, 2014

The WSJ sobre dolarización

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 4:29 pm

Con la firma de la conocida e incisiva periodista Mary Anastasia O’Grady, The Wall Street Journal publicó el pasado lunes 3 un artículo sobre "la vieja costumbre argentina de devaluar". Me impresionó el artículo por su contundencia. Si la dirigencia política argentina tuviera alguna cuota de realismo y pudiera razonar sin prejuicios nacionalistas, el aporte de O’Grady la ayudaría a simplificar la vida de los argentinos. Reproduzco la nota en su totalidad. Presten atención a la opinión del ministro de Irlanda sobre los beneficios de la adopción del euro en reemplazo de la libra irlandesa. Y no dejen de repasar los 200 años de devaluaciones de la moneda argentina.

 

A medida que caen las reservas internacionales de Argentina, una megadevaluación parece inevitable, nuevamente. Algunos países aprenden las lecciones de su historia monetaria, pero Argentina es un caso aparte.

A fines de los años 90, en Buenos Aires se hablaba de reemplazar el peso con el dólar estadounidense. El posible impacto de una dolarización se me vino a la mente la semana pasada, cuando el ministro de Finanzas irlandés, Michael Noonan, visitó las oficinas de The Wall Street Journal en Nueva York para conversar sobre la recuperación de su país de la crisis bancaria de 2008.

A Noonan se le consultó si se arrepentía de que Irlanda formara parte de la zona euro, lo que en la práctica impide que los irlandeses recurran a la política monetaria para arreglar una crisis de deuda. El ministro respondió que sin las restricciones del euro, la economía pequeña y abierta de Irlanda habría probablemente sufrido una suerte mucho peor: una devaluación de grandes proporciones cuando sus bancos colapsaron.

Devaluar la moneda es la senda menos dolorosa cuando un gobierno no es capaz de cumplir con sus obligaciones. Sin embargo, como señaló Noonan, sus efectos sobre la población son brutales. La devaluación reduce el poder adquisitivo del país. Los salarios reales y el valor real de los ahorros de las personas comunes y corrientes disminuyen de un día para otro.

Lo que es peor, observó Noonan, es que son pocos los países que pasan por una megadevaluación solamente una vez. "Se vuelve un hábito", subrayó.

Tales palabras son demasiado amables para describir el caso de Argentina. Una historia de 200 años de devaluaciones recurrentes es una condición más seria que una adicción. Es patológico.

La última devaluación se produjo la semana pasada, cuando Argentina anunció que comprar un dólar del banco central costaría 8 pesos, en lugar de 6,9. La relación en 2006 era de 3 pesos por dólar. La cotización en el mercado negro es de más de 12 pesos, lo que sugiere que aún queda un doloroso camino por recorrer.

Esta crisis tiene lugar poco más de una década después de la última, que ocurrió poco más de una década después de la anterior. No obstante, socavar el valor del peso no es un fenómeno moderno en Argentina.

Según el economista chileno Sebastián Edwards, profesor de la Universidad de California en Los Ángeles y autor del libro de 2010 "Dejada atrás: América Latina y la falsa promesa del populismo", la costumbre argentina de devaluar se remonta a la década de 1820. En 1827, el peso papel que circulaba en Argentina se devaluó en 33,2%, señala Edwards. La divisa perdió otro 68% en 1829. Hubo una devaluación de 34% en 1838, de 65,5% en 1839, de 95% en 1845 y de 40% en 1851. Un sistema de convertibilidad impuesto en 1868 fracasó en 1876 y otro establecido en 1891 sobrevivió hasta 1914.

Para los políticos, era apenas el comienzo. Según Edwards, hubo crisis cambiarias en 1938, 1948, 1949, 1951, 1954, 1955, 1958, 1962, 1964 y 1967.

En 1971, escribe Edwards, hubo una nueva crisis cuando el peso fue devaluado en 116,8%. (El porcentaje puede exceder 100 porque se calcula usando pesos por dólares). La inestabilidad económica en Argentina se agravó después de 1974. La inflación ascendió a 444% en 1976. Esta recurrencia de las crisis tuvo un impacto negativo en el crecimiento: el ingreso per cápita cayó a una tasa anualizada de 1,7% entre 1975 y 1985. Para 1985, la inflación llegaba a 672%. Entre 1981 y 1991, la tasa de devaluación del peso promedió un asombroso 1.346% al año señala el economista.

Las políticas que ha seguido el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner como la expropiación, la anulación de contratos, la fijación de impuestos a las exportaciones y la imposición de topes a las tarifas de servicios públicos han destruido el capital. Mientras tanto, el gasto fiscal como porcentaje del Producto Interno Bruto se duplicó en los últimos 10 años. Ni los extranjeros ni los argentinos quieren tener pesos porque el banco central erosiona su valor al imprimirlos en exceso. Cuando eso ocurre, casi no hay forma de detener una corrida contra las reservas internacionales del banco central, una espiral inflacionaria y el empobrecimiento del país.

Las reservas de Argentina en moneda extranjera cayeron en US$1.250 millones la semana pasada conforme su banco central se empeñaba en defender el peso. Las reservas llegan ahora a apenas US$28.300 millones, frente a un máximo de US$52.600 millones en enero de 2011.

La agudización de la escasez de divisas extranjeras está destinada a tensionar una economía que depende de materias primas importadas y bienes intermedios en los sectores industrial y agrícola. Los argentinos ya reportan problemas para encontrar medicamentos que provienen de otros países. Los controles de precios, que se aplican en forma informal mediante la intimidación, complican aún más la situación. Los importadores pueden comprar dólares en el mercado negro para pagar a sus proveedores extranjeros, pero pierden dinero a menos que puedan ajustar sus precios minoristas.

El gobierno, que teme un alza de la inflación, anunció la semana pasada que aumentaría la competencia en los mercados locales al introducir más importaciones si los productores argentinos tratan de subir los precios. Aparentemente, a los genios del banco central se les olvidó decirles a los controladores de precios que no tienen los dólares necesarios para traer más importaciones.

Jorge Capitanich, el jefe de gabinete, dice que los especuladores, en su afán por ganar dinero rápidamente al castigar el valor de los activos para luego comprarlos, son la causa del colapso del peso. Esta clase de ignorancia económica de los gobernantes de una nación de 41 millones de personas es aterradora. Pero en Argentina no es de extrañar.

 

Dice bien el ministro irlandés, la devaluación genera una adicción y puede tener un costo brutal para una sociedad. Por algo los irlandeses, los españoles y los griegos la han evitado por todos los medios no obstante escalofriantes tasas de desempleo. Contradiciendo a Krugman, desde el principio pronostiqué que los países de la periferia europea iban a superar la crisis sin abandonar el euro (vea uno y dos.) En efecto, la devaluación es una manía en Argentina. Importantes sectores (productores rurales, industriales, incluso los sindicalistas) la desean y hay políticos que la consideran una suerte de lubricante de la economía.

En cuotas o de golpe, con este gobierno o el que viene, vamos por enésima vez en los últimos 60 años hacia un nuevo ajuste. Nos espera una nueva pesadilla de devaluaciones, llamaradas de inflación, abruptas reducciones de sueldos e inversiones públicas y privadas y tarifazos, con riesgo de default. ¿No es hora de probar algo diferente? Dolarizar (o eurizar) la economía simplificaría mucho este trámite inevitable. Además, el impacto del ajuste sería bastante menor puesto que la dolarización abriría una inédita expectativa de estabilidad.

February 3, 2014

Paraíso del disidente

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 8:46 pm

Siempre lamenté que Rivadavia y los gobernantes de la época no se hubieran esforzado por retener al Uruguay dentro de la Argentina. Pero, ahora, con la perspectiva que dan tantos años de desaciertos, creo que es una bendición que el Uruguay sea un estado aparte. Es el ideal del disidente. Quien cruce el charco, tiene la posibilidad de seguir viviendo, de alguna manera, en la Argentina aunque bajo una jurisdicción respetuosa de las libertades individuales.

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El semanario inglés The Economist eligió al Uruguay como el "país del año 2013" por haber implementado una reforma sin precedentes, que mejorará su situación y que, si fuera emulada, podría beneficiar al resto del mundo. La reforma es la legalización y regulación de la producción, la venta y el consumo de la marihuana. El semanario encuentra elogiable que el presidente Mujica haya definido a la nueva ley como un "experimento" y considera que este paso permitirá al Uruguay concentrarse en crímenes más graves.

Ojalá el Uruguay tuviera la audacia y la claridad económica de Chile y firmara tratados de libre comercio con los EEUU, la China y otras potencias. Imaginen un país en libre comercio a tiro de piedra de la costa argentina. ¡Qué paraíso! Para los argentinos de pensamiento liberal y también para la mayoría socialista que quiere comprar ropa, calzado y productos electrónicos a precios de Miami. Me abstengo de considerar el influjo que el potencial régimen de libre comercio uruguayo ejercería sobre la organización económica argentina puesto que, a juzgar por la evidencia, nuestro país es impermeable a los buenos ejemplos.

December 23, 2013

Costos de Transacción

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 8:09 pm

La importante idea de los costos de transacción se inspiró en un artículo de Ronald Coase, el economista inglés que obtuvo el premio Nobel de Economía en 1991 y que falleciera el pasado septiembre. Estos costos aluden a los costos de negociación, de formulación de contratos y de supervisión de su cumplimiento. Cuando se elevan a niveles prohibitivos, los mercados tienden a desaparecer. Buenos ejemplos del efecto de esta suerte de gravamen son el colapso de la inversión en una hiperinflación, la fuerte contracción de las operaciones inmobiliarias cuando rigen excesivas regulaciones, o el apagón del mercado del dólar paralelo los días en que el infausto Moreno amenazaba por teléfono a las cuevas y se abría un enorme spread entre el tipo vendedor y el comprador.

El viernes de la semana pasada, mientras veía una entrevista al director de cine italiano Roberto Rosellini en el programa A Fondo (TVE 1977), me topé con un ejemplo elocuente (de la ausencia) de comportamiento oportunista y de su subvalorada consecuencia sobre el sistema económico: (la desaparición de) los costos de transacción. Joaquín Soler Serrano, el conductor del programa, interrogaba a Rosellini acerca de su filmografía. Quiso conocer los motivos que lo llevaron a filmar Alemania Año Cero. Rosellini contestó que quería proyectar una imagen realista de Alemania, país que era visto como una tierra de monstruos a fines de la década de 1940. Añadió que había viajado a Alemania con una cámara de mano y con regalos para Marlene Dietrich y otros amigos que pasaban penurias. Llevaba para ellos ropa, zapatos, cigarrillos y otros bienes escasos en aquel país. Pero cuando intentó regalárselos, sus amigos alemanes no los aceptaron porque su consumo estaba cuotificado por el gobierno. Entonces, Rosellini los vendió en el mercado negro y les entregó la plata. Mientras contaba esta historia, de pronto exclamó con gesto de sorpresa: ¡Los alemanes son tan obedientes! ¡Eran incapaces de imaginar la posibilidad del mercado negro!

La historia ilustra a las mil maravillas lo fácil que es implementar políticas económicas y sociales en países como Alemania. Esa obediencia (u honestidad) que le llamó tanto la atención a Rosellini también ilustra el escaso oportunismo de dicha sociedad, sus bajos costos de transacción y la consecuente profundidad que adquieren sus mercados en tales circunstancias. La honestidad, finalmente, se refleja en eficiencia; es decir, riqueza.

¡Feliz Navidad, les deseo una vez más, y Próspero Año Nuevo! 

December 19, 2013

¡Es el gobierno, romántico!

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 7:53 pm

Todos los días, a eso de las 5 de la tarde, me corro hasta el Florida Garden a tomar un café en la barra. Adquirí esta costumbre en mis años de universitario en La Plata. Me gusta airearme unos minutos; me parece una costumbre productiva. De vuelta en mi oficina, veo más simple el problema que me ronda la cabeza.

Ayer no pude tomarme el café. El Florida Garden estaba cerrado al público. Les pregunté por qué motivo a unos mozos que parecían hacer guardia resignadamente en la puerta que da a la calle Paraguay. Me respondieron que no tenían luz desde las 3 y media de la mañana y que habían perdido las propinas del día. Para un mozo las propinas son parte importante del ingreso mensual.

Les pregunté a qué causa atribuían el desperfecto. El mayor de ellos me dijo que era el destino. Le respondí enfáticamente que no, que era el gobierno. Un mozo joven que estaba a su lado me miró extrañado. Sin pretenderlo, les di una lección de precios relativos.

Les informé que, en 2001, el café que sirven en la barra costaba $1,20 y que hoy cuesta $14. Un aumento de 1067%.

Les dije que si el sueldo de ellos aumentó como el promedio del sector privado, entonces, hoy ganan un 864% más que en 2001.

Les informé que el dólar paralelo ha aumentado un 900% desde 2001. Luego, les pregunté si sabían cuánto aumentaron las tarifas de energía desde 2001.

Tuve la impresión de que no lo sabían. Arriesgué que habrían aumentado no más de un 100%. Y les aclaré que no habían aumentado en línea con el costo de vida o el dólar porque el gobierno no lo había permitido. No quise hablar de populismo tarifario. Quería hablar de cosas concretas. Les dije que la brutal caída del precio relativo de la energía, por un lado, había elevado mucho la demanda porque ahora los consumidores tienden naturalmente al despilfarro y, por el otro, había limitado la oferta porque las empresas de electricidad y gas no han tenido incentivos para invertir. Les reconocí que las empresas privatizadas reciben subsidios del gobierno, sin los cuales no podrían pagar los sueldos del personal hace rato. Pero agregué que con subsidios, que son volubles como los favores, nadie en su sano juicio invierte un peso.

Estoy seguro de que o no entendieron lo que les dije o no me creyeron. Es posible que piensen que les hablé así porque debo ser un representante o asesor de una empresa eléctrica. La verdad es que les hablé por impulso, ya que no creo en la claridad de la opinión pública en materia de organización económica.

Hacia el final de su vida, el sabio James Buchanan estableció que el capitalismo florece cuando en un país se cumplen tres condiciones:

a) que una buena mayoría de sus habitantes confíe en sus propias fuerzas, es decir, que no se piense débil y busque la protección del cacique, el Estado o la Iglesia;

b) que una buena mayoría de sus habitantes sea honesta, es decir, que no observe un comportamiento oportunista, que cumpla la ley aun cuando la probabilidad de ser descubierto en infracción no sea muy alta, que pague lo pactado y no embrome a sus empleados o proveedores;

c) que una buena mayoría de sus habitantes no esté formada por tontos románticos en materia económica y cívica, es decir, por gente que cree que la inflación es un fenómeno atmosférico, que el libre comercio es un genocidio o la independencia de poderes, un prejuicio burgués.

El pueblo argentino no cumple esas condiciones. Buchanan sugería que se impulsara la enseñanza de Economía Política y de Educación Democrática en las escuelas. Valoro su opinión. Creo, sin embargo, que la enseñanza de estas asignaturas aumentaría las chances de cumplir la tercera condición, si bien en el largo plazo, y que no ejercería impacto alguno sobre las chances de mejorar el cumplimiento de las dos primeras condiciones. No obstante esta desalentadora visión, permítanme desearles una Feliz Navidad.

December 9, 2013

Sueldos y costo de vida

Filed under: Gráfica — Jorge Avila @ 7:20 pm

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El diario La Nación publicó hoy un artículo sobre la evolución del costo de mirar por TV el campeonato mundial de fútbol con amigos. Se refiere, por cierto, al costo de la comida y la bebida que se consume con amigos durante los partidos del mundial. De paso, publica también, como infografía, un recuadro con el salario privado promedio de junio de 2002 (Mundial de Japón-Corea), junio de 2006 (Mundial de Alemania), junio de 2010 (Mundial de Sudáfrica) y octubre de 2013.

Lo que más me llama la atención del artículo son los datos de la infografía. Note que el salario privado promedio pasó de $914 en junio de 2002 (nivel similar al de diciembre de 2001, cuando se abandonó la Convertibilidad) a $8791 en octubre de 2013. Esto significa que el salario promedio que paga el sector privado se multiplicó por un factor de 9.64; en otros palabras, implica que el salario privado aumentó en igual medida que el dólar paralelo en los últimos doce años. Algo notable.

No es notable desde el punto de económico. Dicho comportamiento está explicado básicamente por el principio de paridad del poder adquisitivo, y por un aumento de la productividad laboral imputable a la fuerte suba de los términos de intercambio y el gasto público. En rigor, la evolución del salario privado me toma por sorpresa por la falta de información estadística confiable. Desde enero de 2007, cuando se intervino el INDEC, reina la especulación. Los niveles de importantes variables (tipo real de cambio, salario real o pobreza) se estiman con mayor o menor ciencia, a ojo de buen cubero.

Lo cierto es que el salario privado promedio ha aumentado algo más que el costo de vida y lo mismo que el dólar paralelo. Si el promedio se multiplicó por casi 10, hay salarios que se habrían multiplicado por 15 (camioneros, empleados del subte, empleados en la industria protegida por aranceles y bloqueos de importación) y salarios que se habrían multiplicado por 5 (profesores de universidades privadas, médicos en consulta privada, peluqueros). ¿Cómo le fue a Ud. y en qué sector trabaja? Está demás aclarar que todo comentario viene con nombre de fantasía y que el objeto del pedido es darnos un panorama más amplio al respecto.

November 29, 2013

¿Cambio de rumbo?

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 5:49 pm

A fines de junio pasado, no bien los inversores olieron la posibilidad de que Massa derrotara al candidato del gobierno nacional, fijando un límite cierto a la duración del kirchnerismo gobernante en diciembre de 2015, empezó una persistente suba de las cotizaciones de las acciones argentinas y se invirtió la relación entre el costo de salida de capitales y el de entrada (se abarató la salida o se encareció la entrada; es decir, empezó a fugarse menos capital). En los dos meses posteriores a las elecciones internas del 11 de agosto, este movimiento se acentuó hasta rozar el vértigo. En la semana anterior a las elecciones legislativas del 27 de octubre, se frenó y la Bolsa cayó con la confirmación de la aplastante victoria de Massa. La Bolsa sube con el rumor y baja con la noticia.

El fallo de la Corte Suprema de Justicia en contra del Grupo Clarín fue visto como otro ataque al derecho de propiedad y la Bolsa sufrió un severo golpe. Pero bastó que la Sra. de Kirchner reapareciera e hiciera algunos cambios en su gabinete para recrear las favorables expectativas financieras.

Cristina Kirchner saludó por TV al pueblo, después de una suerte de internación que duró 47 días, tan provocadora como siempre. Tenía en brazos a un perrito que le había regalado un hermano del extinto presidente venezolano Chávez durante su convalecencia. Mofándose del sentimiento anti-chavista que ahora impera en el país, llegó a pedirle al perrito que se portara bien a fin de evitar que la gente se quedara con una mala impresión del chavismo. Sobre un costado del sillón desde el que hablaba al país, descansaba un gran pingüino de paño que le habían regalado las Madres de Plaza de Mayo. En dos palabras, Cristina K. le dijo al país que no escuchaba el mensaje de las urnas y que el modelo se iba a profundizar.

Dos o tres días después, anunció los cambios en el equipo de gobierno. A juzgar por lo hecho y, sobre todo, por las declaraciones de los nuevos funcionarios, queda la impresión de que los inversores quieren creer que el gobierno ha abandonado sus sueños nac & pop para abrazar políticas pro-mercado. La sensibilidad con que reaccionan es una buena señal del gran atractivo económico del país después de 2015, cualquiera sea el nuevo gobierno, en tanto y en cuanto no sea kirchnerista.

De la mano de Capitanich, el nuevo Jefe de Gabinete, se ha iniciado una maratón de arreglos con el objeto de reabrir las puertas de los mercados de crédito internacional. Se pagaría una indemnización de u$s 5000 millones a Repsol por la expropiación de YPF, se estaría conversando con el FMI para que mande auditores de las cuentas fiscales y monetarias y el nuevo índice de precios del INDEC, y habría en carpeta inminentes planes para solucionar los juicios en el CIADI y salir del default con el Club de París y los fondos "buitres" (hold-outs).

Sin bien lo dicho no es poco como indicador de un sentido de dirección de las políticas económica y exterior del país, en rigor, nada se ha dicho sobre problemas económicos que enloquecen a la sociedad argentina: inflación, cepo cambiario, pérdida de reservas intern’les del BCRA, bloqueos de importaciones, exuberante presión impositiva, riesgo de cortes de luz y gas, desinversión en transporte público. No se ha dicho nada al respecto porque el origen casi exclusivo de estos problemas es el gasto público, el cual registra en la actualidad el nivel más alto de la historia.

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Del aumento en términos absolutos del gasto público durante el kirchnerismo, según IDESA, el 34% corresponde a los subsidios a las empresas de electricidad, gas y transporte (sus tarifas aumentaron desde 2003 un 150%, como mucho, mientras el nivel de precios subió un 800%, algo menos que el dólar paralelo); un 24% se debe a los haberes de jubilados que no hicieron aportes y un 18%, a los sueldos de los nuevos empleados públicos. Estos rubros explican 86% de un aumento del gasto público básicamente insostenible, que ha desembocado en un déficit fiscal que diversos analistas ubican entre 4% y 7% del PBI. En los últimos doce meses, casi 3/4 de este déficit se cubrió con emisión monetaria. Así se explica la creciente inflación, la disparada del dólar paralelo, las pérdidas de reservas, los bloqueos de importaciones y los congelamientos tarifarios con los que se pretende atenuar la inflación.

Luego de una década de comportamiento recalcitrante, ¿es realista plantearse la posibilidad de que el gasto se congele o suba por un tiempo menos que el nivel de precios, de forma que se achique el déficit fiscal? Kirchner y Kicillof (el nuevo ministro de Economía) no parecen garantías de nada. De Capitanich no opino por ahora.

Habrá que esperar hasta marzo para emitir un juicio definitivo. El desafío fiscal es demasiado grande, lo mismo que los prejuicios y la incompetencia técnica general del equipo gobernante. Este tiene a su favor el cinismo y la capacidad política para darse vuelta en el aire.

October 31, 2013

Gasto público desbordado II

Filed under: Gráfica — Jorge Avila @ 5:42 pm

En 2000 el gasto público consolidado representaba el 27.4% del PBI, según una reciente medición del Iaraf, un instituto que se dedica al seguimiento del gasto y los recursos fiscales correspondientes a los tres niveles de gobierno. Puesto que en aquel año la economía argentina experimentaba recesión con deflación, vale la pena aclarar que el gasto público en 1999, cuando Menem entregó el poder a De la Rúa, era incluso menor que dicho nivel.

(La medición de Iaraf surge de dividir el gasto en moneda corriente por el PBI en igual moneda. Como el PBI, que es el denominador del cociente, caía por la recesión con deflación, aumentaba el gasto así expresado.)

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La gran devaluación de 2002 redujo un poco el gasto consolidado, sobre todo por la caída del gasto provincial. En 2003 se inició una etapa de sostenido aumento, con parecido ritmo en la Nación, las Provincias y los Municipios, hasta más o menos igualar en 2006 los niveles de principios de la década. Pero entre 2007 y el año en curso el gasto ha aumentado más rápidamente en los tres niveles de gobierno. Las erogaciones municipales han aumentado casi un punto del PBI (de 2.8 puntos a 3.6, un 29%), las provinciales, casi 2 puntos del PBI (un 25%) y los nacionales, casi 11 puntos (un 92%). En síntesis, el gasto ha aumentado peligrosamente a nivel sub-nacional y escandalosamente a nivel nacional.

El 67% del aumento del gasto está explicado por los subsidios a la energía eléctrica, al gas y al transporte ferroviario, en primer lugar, y los mayores pagos a jubilados (aumentó masivamente la cantidad de jubilados, sin aportes previos al sistema) y un fuerte aumento del empleo público, en segundo lugar.

El gasto público registra un récord histórico. Puede ser incluso más alto que en la década de 1980, cuando todos los servicios públicos, incluida la telefonía, el gas y la electricidad, eran provistos por empresas estatales. Para financiarlo, el gobierno kirchnerista ha revivido el impuesto inflacionario, abusa del impuesto a las ganancias, prolonga el impuesto al cheque (creado en la emergencia de 2001) y las retenciones parecen haberse vuelto un gravamen permanente.

La presión tributaria sobre quienes pagan impuestos es asfixiante, la ineficiencia del gasto es alarmante y la corrupción en el manejo de los fondos públicos parece evidente. Si a lo dicho se agrega que el gobierno nacional tiene serias dificultades para colocar deuda en el mercado de bonos y que la emisión monetaria para cubrir el déficit fiscal es la causa de una inflación de 30% anual, se apreciará que el tamaño del gasto público es la clave del problema económico argentino de corto plazo. Quiero decir que es la causa del cepo cambiario, el bloqueo de importaciones, exportaciones y giro de dividendos al exterior, además de la ya mencionada inflación y sus consecuencias en materia de discusiones de salariales, huelgas y piquetes.

Hasta el aumento de los precios de las materias primas de exportación, se afirmaba que un gasto público consolidado superior a 26% del PBI no era consistente con la estabilidad, es decir, con un estado de paz financiera y social. Yo no sé en cuántos puntos del PBI se habría elevado el límite a raíz de la suba de los precios de las materias primas. Si el aumento de los precios fuera permanente, podría arriesgarse que el nuevo límite ronda 30 y tantos puntos del producto. Pero jamás los casi 45 actuales (42.5 por gasto primario + el servicio de la deuda).

(Este post es una actualización de otro que publiqué en abril de 2011, sobre una serie más larga de FIEL.)

October 2, 2013

El fracaso económico K II

Filed under: Gráfica — Jorge Avila @ 4:40 pm

En el seminario de Economía de la Universidad del CEMA del viernes pasado, Ariel Coremberg, profesor de Crecimiento Económico en la UBA y director de un proyecto de investigación sobre fuentes de crecimiento, productividad y competitividad de la economía argentina ligado a la Universidad de Harvard, presentó un paper necesario. Se trata de una investigación que pone las cosas en su lugar respecto de las mentadas ‘tasas chinas’ que habrían caracterizado el crecimiento argentino durante el kirchnerismo. La resultados de Coremberg confirman lo que presumíamos sobre evidencia con respecto a la escasa inversión externa directa que recibió el país en los últimos diez años y el achicamiento relativo de su PBI y sus exportaciones.

El paper de Coremberg, que ha tenido considerable atención de la prensa en los últimos días, dice una cantidad de cosas importantes. Voy a concentrarme en tres gráficos y una tabla. El primer gráfico muestra la trayectoria del PBI argentino entre 1993 y 2012 tanto en la versión oficial como en la calculada para el proyecto de Harvard. Puede apreciarse que las trayectorias divergen recién a partir del IV trimestre de 2007. El entonces presidente Kirchner dispuso la intervención del INDEC a fines de enero de 2007. Habría insumido cerca de 8 meses la tarea de falsificación de datos básicos para la elaboración del PBI. Note que antes del IV trimestre de 2007, el PBI oficial no se apartaba en forma significativa del PBI calculado para el proyecto de Harvard. Este proyecto tuvo el cuidado de aplicar el método que había aplicado la oficina de cuentas nacionales hasta 2006. Si el PBI actual rondara 500.000 millones de dólares como se afirma, ese desvío representaría unos 60.000 millones menos; en otras palabras, cada argentino sería, en realidad, 1.500 dólares más pobre.

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El siguiente gráfico informa sobre la magnitud absoluta del desvío de cada año. En 2007, el desvío habría sido de apenas 0.5 punto porcentual; fue un año de fuerte crecimiento; no había necesidad de mentir ni tiempo para falsear las estadísticas básicas sobre las que se arma la serie del PBI. En 2008 el crecimiento se desaceleró y el desvío se agrandó a 2.2 puntos. En 2009, la economía cayó en una recesión, el desvío aumentó a 4.1 puntos y, como si esto fuera poco, ¡se ocultó la recesión! En 2010 la economía creció rápidamente una vez más y el desvío disminuyó a -0.1 puntos. En 2011 la tasa de crecimiento disminuyó y el desvío, como era de esperar, subió a 2.4 puntos. Por último, en 2012 la economía cayó otra vez en una recesión, y el desvió aumentó a 2.6 puntos, ocultándose otra vez una recesión.

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Sobre la tabla de abajo caben las siguientes observaciones. 1º En el período 1990-1998, las tasas de crecimiento oficial y de Harvard coinciden. Lógico, Kirchner todavía no había intervenido el INDEC ni la oficina de cuentas nacionales. 2º Para el período 2002-2007, la tasa de crecimiento de Harvard es 8.1% anual pero para el período 2007-2012, la tasa calculada también por Harvard es 3.0% anual. Esto quiere decir que en la primera parte del gobierno kirchnerista, mientras bajaba agudamente la prima de riesgo-argentino, el PBI crecía con fuerza; por el contrario, en la segunda parte, mientras el precio de los commodities argentinos de exportación aumentaba con fuerza, el PBI crecía lentamente en razón del significativo aumento del riesgo-argentino.

Un sugestivo dato que informa la tabla 2 del paper de Coremberg, que no reproduzco aquí, es que la tasa de crecimiento del PBI por habitante en el período 1990-1998 fue 4.2% anual, en tanto que en el período 2002-2012 fue 4.0%. Esta diferencia a favor de los ‘90, y en contra de ‘la década ganada’, merecería una detenida reflexión de parte de los observadores honestos de la economía argentina.

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El último gráfico corresponde al ranking latinoamericano de crecimiento en el período 1998-2012. Mide el crecimiento acumulado entre picos de actividad. 1998 fue el pico de los ‘90 y 2012 sería el de ‘la década ganada’. Medir el crecimiento a partir de 2002 es trampa, ya que ese año la economía argentina tocó fondo, lo mismo que otras economías de la región, como la uruguaya, que fue arrastrada por la argentina. Perú es el gran campeón (¿en qué medida habrá influido el TLC con EEUU?). El dolarizado Ecuador está segundo en el podio. Chile, tercero. ¡Bolivia, cuarta! Colombia es el 5º (de nuevo, ¿cuánto habrá influido aquí el TLC con EEUU?). Argentina está en la última posición del ranking, por debajo de Brasil, Uruguay, Venezuela, Paraguay y México (que fue arrastrado por la recesión en EEUU motivada por la crisis de las hipotecas sub-prime).

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August 30, 2013

Friedman en ESEADE

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 8:24 pm

El pasado miércoles 31 de agosto, el ESEADE organizó una conferencia para celebrar el 101º aniversario del nacimiento de Milton Friedman. Compartí el panel con Osvaldo Schenone, un ex-alumno y admirador de Friedman. Fue grato escucharlo. Me enteré de aspectos para mí desconocidos de la personalidad y el pensamiento del padre del monetarismo. Sigue mi exposición, que repite partes de un post que escribí cuando Friedman murió.

Cuando Friedman arribó a Chicago en 1932, el líder del Departamento de Economía de la Universidad era Frank Knight, un economista filósofo. Knight pensaba que lo más probable era que el Estado, aun cuando quisiera hacer el bien, terminaría haciendo el mal. Era profundamente pesimista sobre el género humano y sus pretensiones altruistas. Creía que el rasgo dominante de la humanidad es la avaricia. A raíz de lo cual pensaba que era esencial construir un sistema económico que reconociera este hecho, encauzara la avaricia hacia propósitos útiles y de esta forma la dispersara entre muchos centros de poder que compitan entre sí. Opinaba que el gobierno debía mantenerse a un costado del proceso económico, incluyendo la creación de dinero. No le parecía conveniente que el gobierno se metiera en la cuestión monetaria porque, en vista de la inclinación a gastar de los políticos, generaría inflación y luego intentaría frenarla por medio de controles, después con amenazas y finalmente con estatizaciones que terminarían por aumentar el tamaño del Estado en la economía. Lo mejor, pensaba Knight, era que el verdadero dinero proviniera de las minas de oro. Esta doctrina, que Abba Lerner definió como capitalismo 100% puro, sintetizaba la filosofía predominante en Chicago cuando Friedman inició sus estudios de post-grado. Friedman hizo de esta filosofía su propia filosofía, con un único cambio: reemplazó el patrón oro por la ‘regla X’ de crecimiento monetario a cargo de un banco central.

La Escuela de Chicago nació con Knight y floreció con Friedman. Arnold Harberger, quien conoció a Knight y fue primero alumno y luego colega de Friedman en Chicago durante 25 años, ha redefinido la filosofía de la Escuela con estas tres proposiciones:

1) El mundo es realmente complicado. Necesitamos una teoría, o sea una abstracción, para poder apreciarlo y entenderlo.

2) La teoría no es buena si está aislada de las observaciones del mundo real.

3) En caso de duda, lo mejor es suponer que los mercados funcionan.

Para la Escuela de Chicago, las fuerzas de mercado son tan reales como el viento y las olas. Hay que vivir con ellas y sacar ventaja de ellas. No hay que desafiarlas, ya que las consecuencias pueden ser terribles.

Friedman fue un convencido defensor de las libertades individuales. Consideraba que el derecho de propiedad es la piedra angular de la organización económica capitalista y de la prosperidad. Escribió y militó a favor de la derogación del servicio militar, la legalización de la droga y el voucher escolar, y en contra de la regulación de la cantidad de médicos y el monopolio estatal en la concesión de licencias de conducir. Militaba a favor del ensanchamiento de los mercados. Cuando lo acusaban de que se le iba la mano en la campaña anti-estatista, acostumbraba replicar: "en cada generación hace falta alguien que vaya hasta el fondo y eso es lo que creo que hago". Fue un liberal clásico.

Sufrió ofensas y demostraciones de repudio durante gran parte de su vida. Los economistas académicos lo consideraban un flat-earther (el que cree que la Tierra es plana). Los izquierdistas le echaban en cara su colaboración con el régimen de Pinochet, olvidando que también había asesorado al gobierno comunista de China. Para otros era apenas un lunático. Hoy sabemos que Friedman fue el primer economista monetario de su tiempo (1950-75) y uno de los tres o cuatro grandes economistas del siglo pasado.

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