Héctor Leis fue combatiente montonero hasta 1976. Entonces emigró a Brasil, obtuvo una maestría en ciencias políticas y un doctorado en filosofía y fue profesor universitario hasta jubilarse hace muy poco. Saltó a la notoriedad pública gracias a una serie de artículos de fondo que publicó en La Nación en los últimos meses. Hace mucho, mucho tiempo que no leía algo importante. Lo que Leis escribe es importante.
En Google podrán encontrar un PDF del texto titulado "Testamento". Lo leí con avidez el fin de semana pasado. Se trata de un ensayo corto que Leis escribió para presentar su libro Un Testamento de los Años 70, que acaba de publicar Katz.
Leis sostiene en Testamento que la Argentina vive en un estado de guerra civil no resuelta, postula que la guerra contra la subversión fue una guerra librada entre padres (de la generación ‘débil’ de 1940) e hijos (de la generación ‘fuerte’ de 1960) y que era obligación del Estado argentino sobrevivir a la agresión subversiva por los medios que fuere, entre otros interesantes pensamientos e interpretaciones sobre las que no me extenderé pues prefiero que cada uno lea el ensayo y saque sus conclusiones. Sigue un párrafo terrible, con un pronóstico muy audaz:
Para algunos politólogos la democracia argentina continua firme su proceso de consolidación. Estoy en desacuerdo, pero no voy a entrar en detalles, el presente no es el foco de este ensayo. Aun así, a titulo de ilustración me permito aventurar que al final de la era Kirchner el país asistirá a un nuevo ciclo de violencia entre argentinos.
La guerra civil argentina todavía no terminó porque la comunidad continúa dividida. Es importante entender la sobredeterminación del presente por el pasado en la Argentina. Eso ocurrió en los 70 y continuará ocurriendo en el futuro, por lo menos hasta que los argentinos se sientan parte otra vez de una historia común.
La fuerza de la explosión dependerá de las circunstancias, podrá haber centenas o millares de muertos, podrán ser degollados, fusilados o desaparecidos, pero en todos los casos ocurrirá siempre la misma tragedia de argentinos matando a otros argentinos sin misericordia, con odio.
La Nación publicó hoy otro artículo de Leis. Se titula Elogio de la Traición. Copio a continuación cuatro sugestivos párrafos.
En Anatomía de un instante, Javier Cercas escribe: "A veces la traición es más difícil que la lealtad. A veces la lealtad es una forma de coraje, pero otras veces es una forma de cobardía. A veces la lealtad es una forma de traición y la traición, una forma de lealtad". Según el autor español, la traición es la condición que definió a los héroes que desmontaron las cuatro décadas del franquismo y construyeron la democracia en España. El héroe principal fue el político Adolfo Suárez, que traicionó al movimiento político franquista. Sus coadyuvantes fueron el general Gutiérrez Mellado, que traicionó a los militares franquistas, y el secretario general del Partido Comunista Santiago Carrillo, que traicionó a sus camaradas. Esos tres héroes, cada uno en su campo de acción, traicionaron los juramentos de lealtad con su pasado y construyeron una democracia moderna como España nunca había conocido.
Volvamos a la pregunta inicial: ¿qué traidores precisamos para impedir este golpe (se refiere a la reforma judicial que impulsa el kirchnerismo ahora mismo)? La respuesta es obvia, precisamos de traidores al kirchnerismo en sus dos principales variantes, peronista y montonera.
Precisamos de peronistas honestos y coherentes, que los hay y son muchos, que se animen a traicionar la mística peronista y le cuenten al pueblo lo que saben. Que le digan que la mayoría de los líderes peronistas han sido traidores al espíritu republicano y a la democracia, y que los honestos tuvieron poco lugar. Incluido Perón, que, entre otras genialidades, primero endiosó a las organizaciones guerrilleras peronistas, antes de que Cámpora subiera al poder, para después acusarlas de la matanza de Ezeiza, en donde habían muerto, sobre todo, militantes de la JP. Fue él también quien dio el golpe de gracia a la precaria república surgida en 1973, cuando obligó a Cámpora a renunciar después de pocas semanas de gobierno, para atender a su vanidad personal de volver a ser presidente junto con la incompetente de Isabelita como vicepresidenta y un brujo como mano derecha.
De la misma forma, precisamos ex guerrilleros honestos, que los hay y también son muchos, que se animen a traicionar la mística montonera. No precisamos de intelectuales o militantes que en los años 60 o 70 la vieron pasar de cerca, precisamos ex guerrilleros, personas que sepan de lo que se está hablando cuando alguien quiere eternizar el gesto idealista y ciego que nos llevó al sacrificio inútil. Precisamos ex combatientes que den testimonio del triste papel cumplido por la revolución cubana, que llevó a numerosos militantes de izquierda a pensar que no había otro camino que la lucha armada. Que digan que la generación del 60, en lugar de reforzar la democracia de los gobiernos de Frondizi e Illia, se preparó ideológicamente para hacer la revolución a cualquier precio. El golpe militar de Onganía funcionó como justificación de intenciones que eran anteriores, por eso a nadie sorprendió que la violencia revolucionaria continuase en 1973. Que digan en voz alta que nuestros líderes quisieron que nos pusiésemos contentos cuando Videla dio el golpe, mientras ellos se marchaban al exterior para preservarse.
Leis cree que es necesario un acto de contrición por parte de los principales representantes de esas grandes corrientes políticas a fin de sepultar la guerra civil soterrada que sufre el país y consolidar la democracia argentina. Creo que hay mucha verdad en sus argumentos y que la Argentina necesita desesperadamente la reparación que él propone.