La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

septiembre 23, 2014

Economía del Tipo de Cambio de Conversión

Filed under: Libros y papers — Jorge Avila @ 6:22 pm

Como a la prima de riesgo-país en 2000, este año le llegó el turno al tipo de cambio de conversión (TCC). Una cantidad de colegas tratan de pronosticar el tipo de cambio paralelo por medio del TCC. Este indicador es el cociente entre alguna medida de los pasivos que el BCRA tendría que cubrir si deseara parar una corrida cambiaria y el stock de reservas intern’les del Banco. (Aquí hay un cálculo para 2011 y aquí hay uno reciente.) A juzgar por los cálculos que regularmente hacen circular mis colegas, parece que el mercado confía en la versión del TCC que surge de dividir la base monetaria por las reservas intern’les. Para los arbitrajistas, los especuladores y los inversores que componen el mercado, esta medición del TCC ofrecería el mejor indicador anticipado del tipo de cambio paralelo o blue.

Sigue un comentario que hice a Las Hiperestabilizaciones sin Mitos, un paper que Juan José Llach presentó en las XII Jornadas de Economía Monetaria y Sector Externo que organizó el BCRA en septiembre de 1990. Reproduzco el comentario porque advierto que no se entiende del todo la razón económica por la cual el TCC sirve para pronosticar el tipo de cambio paralelo. Note que la idea del TCC está encadenada a la Convertibilidad y que ésta no se explica sin la hiperinflación. Por ello, el paper de Llach y mi comentario son una discusión sobre la forma de salir de la hiperinflación en la que introduje el concepto del TCC.

 

I. Llach ha escrito un minucioso estudio comparativo de once experiencias de hiperestabilización, cuya lectura recomiendo a todos por el trabajo de clasificación de un indispensable caudal informativo que estaba disperso y fuera de nuestro alcance.

 

II. El espíritu del artículo oscila entre el ensayo sobre los requisitos fundamentales para una hiperestabilización exitosa, y el informe descriptivo del ambiente institucional e internacional que rodeó al fenómeno, las medidas adoptadas y la performance macroeconómica subsiguiente. Como informe, que ya es bastante, el artículo me ha encantado, pues pone los puntos sobre las íes en una serie de aspectos importantes a la hora de diseñar la política de hiperestabilización, logrando así uno de sus propósitos: aventar mitos. Como ensayo, el artículo es intelectualmente ambicioso: se propone nada menos que probar una tesis alternativa sobre el requisito fundamental para una la hiperestabilización perdurable. Creo que Llach sólo ha logrado hasta ahora desplegar el escenario, sin refinar su hipótesis de manera que sea contrastable; peor todavía, creo que le resultará imposible verificarla, no por falta de estadísticas o de documentación, sino porque su tesis no es independiente de las proposiciones asociadas a Dornbusch o a Sargent, respecto de las cuales él quiere marcar una diferencia.

 

III. El interrogante central del ensayo es la siguiente:

“¿Qué hay que hacer primero: fijar el tipo de cambio à la Dornbusch (1985) o anunciar un cambio de régimen monetario‑fiscal à la Sargent (1986)?”

“La única respuesta que surge de los hechos es que las dos políticas deben adoptarse simultáneamente, pero que ambas serán inútiles si no se resuelven también las cuestiones institucionales e internacionales. Por un lado, no se encuentra ninguna evidencia de que la fijación del tipo de cambio sea el factor crucial (según afirma Dornbusch, 1985). Como muestra el Cuadro 1 del artículo, en todos y cada uno de los países estudiados hubo intentos fallidos de estabilización del tipo de cambio cuando aún no se cumplían los requisitos monetarios, fiscales, institucionales o internacionales. No corre mejor suerte la tesis de Sargent sobre la autosuficiencia del “anuncio” de un cambio de régimen para estabilizar el tipo de cambio y el nivel de precios por la sola acción de la especulación privada. En todos los casos hubo estabilización de facto con tipo de cambio fijo, salvo en Grecia.”

“La evidencia empírica es menos elegante y no permite escribir un manual de técnicas para vencer perdurablemente a la hiperinflación. Aunque resulta claro que cuando la soberanía de un Estado está en jaque, la hiperestabilización es imposible. Una vez solucionada esta cuestión, deben buscarse activamente el apoyo internacional y hacerse todos los anuncios posibles en materia monetaria y fiscal. Recién entonces se puede intentar fijar con éxito el tipo de cambio.”

“Pero la principal característica de los once programas de estabilización considerados es que todos ellos se sustentaron en decisivas opciones político‑institucionales conjugadas con alineamientos o realineamientos de política exterior. Fue sobre estas opciones, que intentaron ser fundacionales, que se encaró la reconstrucción del Estado y se procuró reemprender el camino del progreso económico. Estos son, en realidad, los verdaderos cambios de régimen: las respuestas integrales a la crisis interna y externa del Estado.”

 

IV. Con los párrafos precedentes creo capturar el mensaje de Llach, si bien en su largo desarrollo y en sus numerosas notas de pie de pagina el autor parece sostener un juicio menos terminante. De todos modos, la trascendencia del tema hace oportunas estas reflexiones y aclaraciones:

1º El “debate Dornbusch‑Sargent”. Como balance de la observación empírica, Llach concluye que no hay un triunfador. Por el contrario, como balance del análisis económico antes de la contrastación empírica, yo creo que sí lo hay y que es Dornbusch. Para fundamentarlo es menester reproducir algunos pasajes de sus artículos:

Sargent (1986, página 45): “The hyperinflations were each ended by restoring or virtually restoring convertibility to the dollar or equivalently to gold… Under the gold standard, a government issued demand notes and longer‑term debt it promised to convert into gold under certain specified conditions, that is, on demand, for notes. Presumably, people were willing to hold these claims at full value if the government’s promise to pay were judged to be good. The government’s promise to pay was backed only partially by its holding of gold reserves. More important in practice, since usually a government did not hold 100 percent reserves of gold, a government’s notes and debts were backed by the commitment of the government to levy taxes in sufficient amounts, given its expenditure, to make good on its debt. In effect, the notes were backed by the government’s pursuit of an appropriate budget policy… The public’s perception of the fiscal regime influenced the value of government debt through private agents’ expectations about the present value of the revenue stream backing that debt.” (Note que para Sargent el concepto de deuda pública engloba tanto los títulos que devengan interés como el dinero.)

Dornbusch (1985, página 35): “Nuestro argumento es que aunque un gobierno lleve a cabo todas las medidas correctas en términos de estabilización presupuestaria o control de la emisión monetaria, todavía subsiste el problema de la credibilidad de estas medidas y, por lo tanto, de poder ejecutarlas efectivamente. Dado que las políticas no son exógenas, el tema de la credibilidad es primordial. Nosotros argumentamos que la política de tipo de cambio fijo y de tasas de interés en el período de la transición ha conformado un vehículo para establecer esa credibilidad por medio de una estabilización de hecho.”

¿Qué nos está diciendo Sargent? Que si bien casi todos los países instauraron un sistema de patrón dólar, el factor decisivo fue el cambio de régimen fiscal. Este creó una expectativa de solvencia presupuestaria: en adelante, el dinero y los bonos emitidos por el gobierno estarían respaldados de verdad. Antes del anuncio del cambio de régimen, el stock de reservas internacionales no alcanzaba a respaldar por completo la deuda global del gobierno.

En mi opinión, Sargent comete dos errores:

a) Pasa por alto el papel de la fijación del tipo de cambio en la hiperestabilización, y confunde la deuda pública que no devenga interés con la que lo devenga. Estabilizar es hacer que el nivel de precios permanezca temporalmente más o menos constante en términos de la moneda local (el numerario o la unidad de cuenta adoptada), pero no en términos de las paridades de los títulos del gobierno. El punto es respaldar la oferta de base monetaria y, en caso de extrema fragilidad del sistema bancario, alguna oferta de dinero más amplia. En hiperinflación el público modifica espontáneamente la naturaleza del sistema monetario; sustituye el dinero fiduciario por el dinero mercancía (cuya proxy es el patrón dólar); en vez de un compromiso de equilibrio fiscal, el público demanda la posibilidad de comprobar en forma periódica si la situación fiscal y monetaria mejora o no. El mantenimiento o no del tipo de cambio se vuelve en una situación terminal el semáforo más fidedigno.

La sola especulación privada puede perfectamente estabilizar inicialmente el tipo de cambio, como sucedió en la Argentina en junio de 1989 y en otros ejemplos históricos citados en Heymann (1986). Pero el mantenimiento del tipo de cambio en el tiempo es algo muy distinto. Para esto es condición suficiente una política explícita o implícita de fijación. Ahora bien, como la fijación no es posible sin intervención oficial en el mercado de cambios, esta política tiene como condición necesaria la existencia de un stock de reservas internacionales apropiado. A su vez, el cambio de régimen fiscal y monetario es imprescindible para que el respaldo en divisas de la oferta monetaria se mantenga elevado. En hiperinflación, la política cambiaria adquiere importancia propia. Sargent no piensa así.

b) Sargent escribe como si en hiperinflación fuera válida la hipótesis de información completa o certidumbre. Tengo la impresión de que Sargent fuerza el supuesto de expectativas racionales hasta transformarlo en uno de previsión perfecta (perfect foresight); no lo hace en la letra del artículo pero sí en su espíritu. Sin embargo, la hiperinflación es, por definición, algo muy cercano al paroxismo de la incertidumbre. En una coyuntura así, las primas de riesgo y las tasas de descuento son altísimas, lo cual implica que el flujo de superávits fiscales requeridos para igualar en valor presente a las deudas emitidas por el gobierno debería ser también altísimo, y seguramente fuera de todo alcance práctico. Se impondría un genuino overkilling fiscal. A juzgar por la evidencia que apunta Llach, no fue así, pese a lo cual las estabilizaciones prosperaron. ¿Por qué? Porque para mantener sus saldos monetarios reales el público no exige la promesa de un flujo de superávits debidamente elevados ya que el costo de entrada y salida de la moneda local es mínimo. Basta con la información que arroja la mera vigencia de un patrón dólar. El público sabe que el patrón dólar sólo podrá ser honrado en forma permanente en la medida que esté asistido por un efectivo cambio de régimen fiscal y monetario. Por el contrario, un agente realmente exigirá aquella perspectiva de superávits, que revisará periódicamente, cuando toma activos líquidos de bajo riesgo para “hundirlos” como inversión fija, pues ahora, en efecto, el costo de entrada y salida es alto y la madurez del proyecto demanda largos años de exposición al riesgo del país. Por esto el crecimiento se hace esperar, al contrario de la remonetización y de la reactivación, que son fenómenos prácticamente inmediatos.

¿Qué nos está diciendo Dornbusch? Que la incertidumbre en hiperinflación es sencillamente colosal. Que el cambio de régimen fiscal es condición necesaria pero no suficiente. En concreto, y hasta donde yo entiendo, afirma que para hiperestabilizar no es suficiente anunciar que la tasa de crecimiento de la oferta monetaria se reducirá verticalmente; lo que hay que hacer es estabilizar la cantidad demandada de dinero, o sea la k de la ecuación de Cambridge. Para lo cual es necesario darle seguridades al público sobre el costo de oportunidad de mantener moneda local. Es de importancia clave garantizarle la tasa futura de depreciación. Entre lo dicho y postular la adopción del patrón dólar hay un paso.1

2º Respecto de la posición de Llach en el sentido de que “ambas políticas debieran adoptarse simultáneamente, ya que ambas serán inútiles si no se resuelven previamente también las cuestiones institucionales e internacionales,” me permito discrepar.

¿En qué medida no estamos discutiendo lo obvio? Una fijación del tipo de cambio asistida por un cambio de régimen fiscal exige como condición necesaria la existencia de un Estado no fallido, dado que resulta indispensable reconstituir el poder de señoreaje y de tributación, entre otras facultades esenciales. En este sentido, creo que será arduo sino imposible probar la tesis de Llach como factor independiente de los que destacan Dornbusch y Sargent: la “estabilización institucional” siempre se presentó acompañada por estabilizaciones del cambio y el presupuesto. Incluso más: la experiencia de Checoslovaquia (Sargent, 1986, pág. 95) nos hacer dudar acerca de cuán bien solucionados deberían quedar los aspectos institucionales para que la estabilización sea exitosa. Checoslovaquia fue fundada al cabo de la primera guerra mundial, juntando pedazos de los territorios que habían pertenecido a Austria y Hungría, y aun antes de que fueran aprobados los tratados de paz que definían sus límites y que la reconocían como Estado independiente, estableció una política fiscal y monetaria consistente con la estabilidad de precios, que la transformó en una isla rodeada por un mar de hiperinflación (Alemania, Austria, Hungría y Polonia). Llach podría contra-argumentar que no es lo mismo evitar la hiperinflación que hiperestabilizar. Quizá tenga razón; aunque debería probarlo. Le sugiero reorientar la investigación hacia casos en donde las fallas institucionales hacen que la hiperestabilización fracase, pese a la adopción de las políticas cambiaria, fiscal y monetaria de rigor.

 

V. Algunas observaciones menores

1. No quiero dejar de citar un visionario párrafo sobre las reformas monetarias: “Sin sugerir ningún tipo de causalidad, es curioso consignar que los dos países europeos que realizaron reformas monetarias no redistributivas (sin aplicar conversiones a tasas variadas ‑a veces iguales a cero‑ de depósitos en otros papeles de la deuda) fueron los únicos que tuvieron hiperinflación: Grecia y Hungría.” Llach escribía antes del Plan Bonex.2

2. Parafraseando a Bresciani‑Turroni, el autor alude al “milagro” del 5 de marzo de 1990, día en el que se detuvo la segunda ola de hiperinflación en la Argentina. Pero el “milagro” tiene su explicación. Sin la pretensión de dar por terminada la discusión, note que a fines de febrero las reservas internacionales (incluyendo el oro) ya respaldaban 130% de M4 y 195% de la base monetaria, M0. (Cuando se disparó la primer ola, a principios de 1989, el respaldo no alcanzaba a 35% de M0, y un poco antes de que se dispara la segunda ola, en octubre de 1989, el respaldo era apenas de 45% de M0. A la inversa, en la primera hiperestabilización, en junio‑julio de 1989, el respaldo ya se elevaba a 70% de M0 y a 96% de M4, debido a la licuación de pasivos monetarios provocada por la misma hiperinflación.) El punto es que, con independencia de la política cambiaria existente en el plano formal, la economía ingresaba en un régimen de conversión potencial del austral en el plano de las expectativas.3 En marzo de 1990, el importante respaldo que citamos al principio de este párrafo empezó a gravitar sobre el mercado de cambios de la misma manera en que habría gravitado la expectativa de un préstamo externo.

3º Last but not least. Me veo en la necesidad de reivindicar el buen análisis económico que Llach desestima en el primer párrafo de la Introducción: “Aunque los economistas se han concentrado en el estudio de las hiperinflaciones y de las hiperestabilizaciones como laboratorios de la economía monetaria, es obvio que se trata de fenómenos más complejos y en los que la sola óptica del análisis económico distorsiona su verdadera naturaleza.” No comparto el juicio de Llach. La hiperinflación es un fenómeno eminentemente económico; luego, es natural y apropiado que su análisis sea asimismo económico, es decir, que sea practicado con criterio e instrumental económico. La Teoría Cuantitativa del Dinero suministra el modelo preciso, cuando es empleada con sofisticación. Esta cualidad nace en parte de la lectura de artículos perspicaces, como los escritos en nuestro medio por Llach, ahora, y por Heymann (1986).

 

Referencias bibliográficas

Dornbusch, Rudiger (1985): Freno a la hiperinflación: lecciones sobre la experiencia alemana de los años 1920‑1930. Estabilidad y Crecimiento de la Economía Argentina, ADEBA.

Sargent, Thomas (1986): The End of Four Big Inflations. Rational Expectations and Inflation, Harper & Row, New York.

Heymann, Daniel (1986): Las Grandes Inflaciones: Características y Estabilización. Tres Ensayos sobre Inflación y Políticas de Estabilización, CEPAL.

 

Notas

1. El siguiente ejemplo ayuda a probar la proposición: Imagine una economía en la que se anuncia un programa de hiperestabilización acompañado por un cambio de régimen fiscal y monetario, el cual, tal como anuncia el gobierno y el público cree, se empezaría a materializar desde ese mismo instante. La economía está agudamente desmonetizada (p.e. M0=2% del PBI), sin reservas internacionales y, por lo tanto, sin la posibilidad de que el Banco Central intervenga en el mercado de cambios. Así, por default, el tipo de cambio flota libremente. En tales circunstancias, ¿cuál es el mejor pronóstico sobre el nivel general de precios? Sencillamente, no hay pronóstico; el nivel de precios se encuentra indeterminado; existen infinitos niveles posibles, todos los que sean necesarios para equilibrar un mercado monetario caracterizado por una oferta nominalmente fija y una demanda de saldos reales que podría adoptar infinitos niveles.

Estamos frente a un típico problema de acción colectiva (o de coordinación de decisiones altamente descentralizadas), en donde todos y cada uno de los tenedores de moneda local desearía mantener o incrementar sus saldos reales siempre y cuando el tipo de cambio permanezca estable. Sin embargo, ante la más leve señal de cambio, todos y cada uno de ellos huirá de la moneda local a la extranjera, no en la búsqueda de una ganancia de capital sino con el fin de evitar una pérdida.

En una economía estable raramente tendría lugar un evento de esta naturaleza. Pues rige una verdad circular. La confianza en el mantenimiento del tipo de cambio induce, a un mismo tiempo, un elevado grado de monetización, y una estructura de contratos superpuestos que termina por atar el nivel de precios a expectativas pasadas de inflación. En este contexto, un shock fiscal, sindical o político, de gravedad similar a la de aquél que es capaz de poner en marcha un proceso de hiperinflación en una economía inestable, haría subir, quizá abruptamente, el tipo de cambio, pero carecería del impulso necesario para empujar a la economía hacia la hiperinflación.

En una economía agudamente desmonetizada, en donde una devaluación es probable, y una gran devaluación es mucho más probable, se hace imposible determinar el nivel de precios, por más que el cambio de régimen se esté concretando. La demanda de dinero ha dejado de fundarse en el crédito en sentido amplio al gobierno. El sistema monetario ha evolucionado espontáneamente desde el patrón fiduciario al patrón mercancía, que es dinero con valor intrínseco. El patrón dólar es un sustituto cercano del patrón mercancía.

La estabilización requiere de un acto de política oficial que garantice el tipo de cambio. Para esto hacen falta dos cosas: la voluntad de fijar el tipo de cambio y un nivel adecuado de divisas. A este nivel se llega por dos vías: o se permite que la misma hiperinflación reduzca el valor en divisas de la oferta monetaria hasta un nivel de respaldo apropiado, o se consigue un préstamo externo para completar el respaldo apropiado. Esta es la función histórica que han cumplido los préstamos externos según Llach.

2. Se refiere a casos posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

3. En 1990 regía un sistema de conversión potencial del austral por un par de razones: i) El elevado respaldo en divisas de M0. ii) Los arbitrajistas habían desarrollado cierta seguridad de que el Banco Central intervendría en el mercado de cambios en caso de producirse una depreciación excesiva. (¿Qué significa excesiva? Esta imprecisión generaba entonces la mayor incertidumbre.) La conversión potencial del austral se apoyaba tanto en la posibilidad (objetiva) de defenderlo como en la vocación (subjetiva) de hacerlo.

julio 8, 2014

La tesis de Piketty

Filed under: Libros y papers — Jorge Avila @ 3:10 pm

El economista francés Thomas Piketty publicó Capital in the Twenty-First Century hace un par de meses, en EEUU. Había sido publicado el año pasado en francés sin mayor repercusión. La publicación en inglés, no obstante, ha tenido un éxito espectacular. Parece claro que tocó un nervio sensible. La distribución del ingreso es un tema cotidiano y tradicional en Francia; quiero decir que no es nada nuevo allí. En EEUU es otra cosa. En este país no es común el debate sobre temas distributivos; recién en los últimos años, a raíz de la campaña presidencial de 2012 y el estancamiento que experimenta el salario real desde la década de 1980 (atribuido en parte a la emergencia económica de China e India), el tema ha cobrado interés y divide agriamente a “conservatives” y “liberals”.

Piketty

Aparte del libro de D. Acemoglu y J. Robinson (Why Nations Fail 2012), no recuerdo otro gran libro de investigación económica (científica) que produjera tantas olas en los últimos 30 años. Ambos, el libro de A&R y el de Piketty, presentan sus respectivas tesis desde el principio, desarrollan sus interpretaciones económicas con muy buena prosa e intuición e intentan probar meticulosamente sus tesis por medio del uso de grandes fuentes de datos estadísticos e históricos. Y ambos tratan cuestiones clásicas, tales como el crecimiento, el desempleo o la distribución. Esta suma de cualidades los convierte en lecturas fascinantes. El libro de Piketty tiene dos atractivos adicionales: emplea referencias literarias para ilustrar el grado de concentración de la riqueza en Francia e Inglaterra en los siglos XVIII y XIX, y permite a los economistas formados en la tradición anglo-sajona apreciar “el punto de vista económico francés”.

Desde abril se suceden comentarios del libro por parte de renombrados economistas. Son tantos y tan buenos que me siento eximido de la obligación de dedicarle uno acabado a la obra de Piketty, la cual, por otra parte, no trata un problema específicamente argentino. Por una explicación en cuatro párrafos de la tesis de Piketty, lea el artículo de The Economist. Por una opinión extasiada y progresista, lea el artículo de P. Krugman en The New York Times. Por una interesante crítica liberal, lea el ensayo de T. Cowen en Foreign Affairs. Por un comentario apreciativo y profundo, lea el ensayo de L. Summers en Democracy. Por un examen crítico y técnico, lea el paper de X. Sala i Martín. Y por una opinión argentina, lea el ensayo de J.C. de Pablo.

La tesis de Piketty dice que el capital (también llamado riqueza) crece a la tasa de retorno del capital, la cual es normalmente mayor que la tasa de crecimiento económico. Por tanto, los países tenderán a exhibir una creciente relación entre la riqueza y el ingreso nacional, a menos que ocurran catástrofes como las dos guerras mundiales y la Gran Depresión. Y como la riqueza está altamente concentrada, Piketty infiere que la desigualdad tenderá a aumentar sin límite en tanto no se apliquen políticas que la prevengan o algún tipo de perturbación interfiera el proceso de acumulación. Esta conclusión se formaliza con una simple desigualdad: r>g (la tasa de retorno del capital excede a la tasa de crecimiento económico).

De este resumen de la tesis de Piketty, que tomé de Summers, me interesa repasar dos aspectos. Primero: la remuneración del capital, como fracción del ingreso nacional, está predestinada a aumentar sin límite; esto implica que la fracción del ingreso asignada al trabajo está predestinada a disminuir sin límite. Segundo: el ingreso de los ricos respecto del ingreso del resto de la sociedad está predestinado a incrementarse cada vez más, agravándose la desigualdad en un proceso sin fin. Luego, los países estarían predestinados a ser gobernados por mega-ricos. Tan grande sería la gravitación de su poderío económico que una democracia abierta y competitiva se tornaría imposible. Los plutócratas manejarían las tapas de los diarios, fijarían la agenda pública e influirían en los debates del Congreso en razón de sus ilimitados recursos. A la larga, o surgiría un demagogo (cambio pacífico) o habría una revolución (cambio violento). En ambos casos, sin embargo, el estancamiento económico sería la consecuencia. Entonces, a fin de salvar el capitalismo de su dinámica autodestructiva, Piketty sugiere aplicar un impuesto mundial progresivo a la riqueza.

Aunque el libro me parece recomendable, confieso que su argumentación se me atragantó en los primeros capítulos, en cuanto leí sobre la posibilidad de que la remuneración del capital como fracción del ingreso nacional aumentase ilimitadamente, posibilidad que es directa consecuencia de la desigualdad r>g. Este escenario contraría las regularidades empíricas de N. Kaldor (1963), que han sido aceptadas por el grueso de la profesión económica:

i) El producto por trabajador tiende a crecer a tasa constante a lo largo del tiempo.

ii) El capital por trabajador tiende a crecer a tasa constante a lo largo del tiempo.

iii) La tasa de retorno del capital se mantiene aprox. constante a lo largo del tiempo.

iv) La relación capital-producto se mantiene aprox. constante a lo largo del tiempo.

v) La remuneración del capital como fracción del ingreso (relación capital-producto multiplicada por tasa de retorno del capital) se mantiene aprox. constante a lo largo del tiempo. Lo mismo vale para la remuneración del trabajo.

vi) La tasa de crecimiento del ingreso (producto) varía entre países.

La tesis de Piketty respeta la regularidad iii) pero contraría la iv) y, en consecuencia, también la v), que es igual a la iii) multiplicada por la iv). Tampoco es consistente con el modelo clásico de crecimiento de R. Solow (1956) ni con los modelos neoclásicos posteriores. Estos modelos pronostican el cumplimiento de aquellas regularidades. Destacan que la remuneración del capital como fracción del ingreso será una constante; por ejemplo, si la tasa de retorno del capital subiera, la intensidad de uso del capital disminuiría en proporción y la fracción del ingreso nacional que captura el capital se mantendría constante. Este resultado obedece al uso de una función de producción Cobb-Douglas con rendimientos constantes a escala.

Antes que una “ley fundamental del capitalismo”, la desigualdad r>g es una condición de convergencia de los modelos de crecimiento óptimo. En otras palabras, la desigualdad de Piketty antes que una ley es un supuesto que puede cumplirse o no en la realidad. Por eso sus críticos se concentraron en las razones por las cuales la tasa r podría ser menor o el stock de capital crecer a una tasa menor que r, la tasa g podría ser mayor, o la medición del stock de capital podría estar sobre-estimada. Sigue un extracto de las principales críticas:

* Como parte del interés que devenga el capital se consume, la tasa de crecimiento del stock de capital debe ser menor que la tasa de retorno.

* La tasa de retorno del capital no es tan elevada si se deduce de ella la tasa de depreciación del capital; que debe ser deducida pues estamos hablando de acumulación de capital.

* También hay que deducir la prima de riesgo comercial o país, que los capitalistas cargan en previsión de futuros siniestros que, cuando ocurran, los descapitalizarán.

* La tasa de crecimiento económico es superior a la que arrojan los actuales métodos de contabilidad nacional debido a una subestimación del efecto del progreso tecnológico sobre el sector servicios (Sala i Martín).

* El capital residencial, que tiene mucho peso en el stock total de capital, puede estar sobrestimado. Un grupo de economistas franceses recalcularon la relación capital-producto para Gran Bretaña, Francia, Canadá, Estados Unidos y Alemania en el período 1950-2010, valuando a las viviendas no por su valor de mercado sino por el valor presente de los alquileres. Concluyeron que el capital total, en vez de aumentar, se habría mantenido constante en el período (Sala i Martín).

Si estas críticas fueran incorporadas a la hoja de cálculo de Piketty, sobre todo la referida a la valuación de las viviendas, estaríamos de regreso en el mundo de Kaldor y de Solow, en el cual los capitalistas se llevan a una parte constante del ingreso (y la riqueza).

Sobre la segunda conclusión del libro, Summers es terminante: “Después del trabajo de Piketty y sus colaboradores no pueden subsistir dudas acerca del fenómeno de la desigualdad en la distribución del ingreso y su ubicuidad. La participación en el ingreso nacional del primer 1% de la población de EEUU ha aumentado desde menos del 10% a más del 20% en años recientes. (…) El único grupo que ha superado al primer 1% ha sido el primer 0.1% de la población.” Agrega en otra parte que la brecha que se ha abierto entre el primer 0.1% y el resto del primer 10% de la población es mucho más grande que la brecha que se ha abierto entre el primer 10% y el resto de la población. Esta clase de desigualdad es la que realmente preocupa a Summers.

Pero bien saben Summers y Sala i Martín que la tasa de rotación en las listas de mega-ricos de EEUU de la revista Forbes es muy alta. De hecho, ¡menos del 10% de los mega-ricos que integraba la lista de 1982 seguía figurando en la 2012! Incluso más. Se observa una fuerte caída de los “herederos” en las listas de Forbes, fenómeno que relativizaría el temor de Piketty al desarrollo de un “capitalismo patrimonialista”.

¿Qué nos queda de este gran libro? Además del placer de la narración, una clara noción de la abismal desigualdad que pareciera caracterizar a los países avanzados. De parte de sus críticos, nos queda el mensaje respecto del atenuante que suponen los mercados abiertos y competitivos, pues éstos hacen posible, a un mismo tiempo, la creación de mucha riqueza y su veloz rotación entre familias.

mayo 10, 2014

La tesis de Acemoglu & Robinson

Filed under: Libros y papers — Jorge Avila @ 9:20 pm

WhyNationsFail

En marzo de 2012, Daron Acemoglu y James Robinson publicaron Why Nations Fail, un soberbio libro sobre desarrollo económico que acaparó la atención de medio mundo. Recibió los mejores comentarios de varios ganadores del Premio Nobel de Economía (Becker, Arrow, Diamond, Solow, Spence y Akerloff), de ascendentes economistas que aún no ganaron dicho premio (Levitt y Rodrik) y famosos politólogos (como Fukuyama) y escritores especializados (C. Mann, J. Diamond y N. Ferguson). La obra es el fruto de una corriente de investigación especializada en el análisis de grandes bases de datos estadísticos e históricos, que tomó vuelo a mediados de la década de 1990 gracias al desarrollo informático.

Se trata de una fascinante narración analítica de las causas institucionales del auge y la declinación de diversas sociedades. La narración es una rara mezcla: un 10% de análisis económico, un 30% de análisis político y un 60% de análisis histórico. Los autores reconocen la fuerte influencia de Douglass North, el historiador económico que ganó el premio Nobel por explicar las raíces institucionales del desarrollo capitalista de Occidente. Pero agregan mucho de su propia cosecha. Por ejemplo: a) una serie de ilustrativos e interesantes ejemplos históricos a partir de la Revolución Neolítica en el año 9500 AC (desde la civilización Maya hasta la moderna Botswana, pasando por los casos de la República Veneciana c. año 1000, Gran Bretaña c. año 1700 y la URSS en el s. XX, entre otros), y b) una teoría sobre la formación de las instituciones que pusieron a esas sociedades en el camino del desarrollo o el estancamiento. Con independencia de la exactitud de los datos empleados en los ejemplos y el carácter monocausal de la teoría, rescato el valor de ambas contribuciones.

En dos palabras, la teoría lineal de A&R afirma que: 1) el curso de la historia moldea a las instituciones políticas; 2) las instituciones políticas determinan el comportamiento político; 3) el comportamiento político moldea a las instituciones económicas; 4) las instituciones económicas determinan el comportamiento económico. Y agrega que para que las instituciones políticas cambien para mejor, volviéndose más inclusivas (más pluralistas y competitivas), hacen falta dos cosas: por un lado, una “coyuntura crítica”, es decir, un fuerte shock político, económico, bélico o sanitario; por el otro, una sociedad cuyas instituciones tengan alguna puerta abierta al cambio. Una sociedad de instituciones cerradamente extractivas (autoritaria, plagada de monopolios, sin libertad de prensa ni sistema legal) podría resistir incluso el sacudón de un fuerte shock.

Prefiero dejar la crítica de la teoría de A&R a cargo de economistas y politógos que conocen de cerca el pensamiento de los autores. Voy a criticar el olímpico juicio que les merece el caso argentino. A&R afirman que tanto Argentina como la URSS fracasaron por tener instituciones extractivas. Rusia y la URSS las tuvieron, bajo el zarismo, el comunismo y, ahora, el capitalismo de amigos de Putin. Sin embargo, ¿puede tomarse el caso argentino en bloque? Tengo la impresión que no. En el período 1860-1930, el país recibió oleadas de inmigrantes atraídos por altos salarios, la posibilidad de educar a sus hijos y una chance de volverse propietarios rurales. Si digo que a partir de 1930 el país es otro no creo exagerar. Hasta entonces, tenía instituciones más bien inclusivas; desde entonces, las tiene más bien extractivas. ¿No es acaso el cartel compuesto por gobernadores, intendentes y legisladores peronistas, enriquecidos a costa de los presupuestos públicos, y la asociación UIA-CGT, enriquecida gracias al proteccionismo industrial, la verdadera oligarquía que gobierna el país hace 70 años?

En los links que siguen encontrarán las mejores críticas que encontré al libro de A&R. Aquí está la crítica de Jeffrey Sachs; aquí está la destemplada respuesta de A&R y aquí está la elaborada respuesta de Sachs. Aquí está el interesante comentario de Fukuyama y aquí está la respuesta de A&R. Tanto el libro de A&R como estas discusiones deberían formar parte del programa de lecturas de la materia Desarrollo Económico de la licenciatura en Economía.

noviembre 11, 2011

Control de Cambios

Filed under: Libros y papers — Jorge Avila @ 9:43 pm

Muchos de ustedes me piden que escriba sobre las recientes medidas cambiarias. He contestado que estoy en deuda por falta de tiempo. Pero hace muchos años escribí un libro sobre el tema que, en modesta medida, contribuyó a la repentina liberación y unificación del mercado cambiario ejecutada por el ministro Erman González el 18 de diciembre de 1989.

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El libro se llama El Control de Cambios en la Argentina. Lo escribí por encargo del Dr. Arnaldo Musich, entonces presidente de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL). Fue publicado por Editorial Manantial en 1989, con prólogo del Dr. Roberto Alemann. Contiene una síntesis de la historia cambiaria argentina: el medio siglo anterior a la instauración del control (1885-1931) y el medio siglo posterior a ella (1931 y 1981). Incluye estimaciones de la fuga de capitales en el período 1958-1986 y una revisión de la experiencia internacional en la materia. Hasta donde sé, es el único libro con una interpretación abarcadora (histórica y económica), ampliamente documentada, del control de cambios argentino. Está escrito para un público de empresarios y personas con alguna versación o interés en temas monetarios. El libro entero está aquí.

abril 23, 2011

“Antídotos” es un e-book

Filed under: Libros y papers — Jorge Avila @ 2:53 pm

En mayo del año pasado escribí un post para presentar mi libro "Antídotos contra el Riesgo-Argentino". Durante un año, cualquier interesado pudo bajarlo sin cargo de este blog. Tengo ahora el agrado de comunicarles que la editorial bajalibros.com lo publicó hace unos días. Quien desee comprarlo, a un precio muy accesible, puede hacerlo por aquí.

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La tapa del libro muestra una ruta de reforma institucional que conduce a una ciudad que brilla en el horizonte. Esta ciudad asume la forma en el libro de una confederación de pequeñas repúblicas provinciales, integrada al circuito mundial del comercio y la inversión por medio de tratados con superpotencias, con una moneda y un sistema bancario importados de las "islas de estabilidad del mundo".

septiembre 2, 2010

Costo económico del riesgo-país

Filed under: Libros y papers — Jorge Avila @ 6:22 pm

Con respecto a la economía argentina hay muchas grandes preguntas. Aunque no creo que haya cuatro más grandes que las siguientes:

1) ¿Influye el riesgo-país sobre el desempeño económico del país?

Si la respuesta a esta primera pregunta fuera positiva, cabe entonces formular las tres que siguen:

2) ¿A cuánto asciende el costo económico del riesgo-argentino?

3) ¿Cómo evolucionaría la economía del país si el riesgo-argentino aterrizara perdurablemente en cero?

4) ¿Qué arreglos institucionales (acuerdos internacionales y supranacionales) posibilitarían ese aterrizaje?

Hace casi treinta años que pienso en estas cuestiones. La respuesta a la primera pregunta se encuentra en este link. Es positiva. La prima de riesgo-argentino influye decisivamente sobre el ciclo económico (reactivación y recesión) argentino.

La respuesta a la segunda pregunta se encuentra en este link. El costo económico (de eficiencia o bienestar) del riesgo-argentino es abrumador. Varias veces mayor que el costo del proteccionismo industrial o que el de un monopolio estatal.

La respuesta a la tercera pregunta se encuentra en el cap. III del libro Riesgo-Argentino & Performance Macroeconómica, que voy a reditar en unos meses, revisado, actualizado y sin matemática. Tengo la profunda intuición de que la economía argentina recuperaría su posición de principios del siglo pasado en el ránking internacional. En este link puede verse algo al respecto.

La respuesta a la cuarta pregunta se encuentra en este último link. Se trata del libro Antídotos contra el Riesgo-Argentino, que publiqué en Internet en mayo pasado y que examina arreglos internacionales y supranacionales en moneda, banca y comercio internacional, con alto costo de reversión. La idea es que si el costo de reversión es alto, la probabilidad de una reversión debería ser lógicamente baja, igual que la prima de riesgo-país. Por lo cual las tasas de acumulación de capital y crecimiento económico deberían ser elevadas.

El gráfico que sigue ilustra la trayectoria del costo económico de la incertidumbre en Argentina en el período 1875-2006. Luego sigue un resumen en inglés del contenido del ensayo sobre el costo de eficiencia de la incertidumbre en nuestro país.

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Abstract

Based on econometric estimates, we analyze the relationship between fiscal deficit, macroeconomic uncertainty and growth between 1915 and 2006, and include an estimate of the efficiency cost of uncertainty for the period 1875-2006. We arrive at two conclusions: a) the fiscal deficit, through the uncertainty it generates, is a significant restriction on per-capita income growth in Argentina; b) the welfare cost of the Argentine risk has been extraordinary: for example, in the period 1976-2006 it was around 26% of GDP, several times larger than the cost of any conventional distortion.

Para descargar The Efficiency Cost of Uncertainty in Argentina, haga click aquí.

julio 3, 2010

Desnacionalización

Filed under: Libros y papers — Jorge Avila @ 9:38 pm

Por invitación del Centro de Graduados de la UCEMA, el pasado martes 29 de junio di una conferencia de presentación de mi reciente libro Antídotos contra el Riesgo-Argentino. En este post sintetizaré los comentarios con los que acompañé un powerpoint que preparé para dicha ocasión.

Lámina 1: En esta conferencia no me voy a zambullir en cada uno de los capítulos del libro. Es más interesante que les cuente el motivo por el cual lo escribí, la propuesta básica que contiene y una aplicación a la presente crisis griega. El punto de partida del libro es que el populismo de los sucesivos gobiernos nacionales ha sido la usina del riesgo-argentino y que el riesgo-argentino ha diezmado a la economía argentina, desde 1940 o antes. Si este fuera el problema, la solución consistiría en recortar el campo de acción de la jurisdicción nacional argentina.

Lámina 2: Para explicar tanto el diagnóstico como la solución que propongo, voy a dividir la exposición en cinco puntos. 1) Algunas palabras sobre los modelos económicos de Juan B. Alberdi y de Federico Pinedo (vea el prólogo del libro). 2) Cuatro gráficos para que se comprenda que Argentina es un país especial. Que no es un país como Chile, Uruguay o Brasil. 3) Bosquejo de la solución. 4) Ejemplos internacionales. 5) El caso griego.

Lámina 3: El ingreso per cápita argentino ha regresado al nivel que exhibía en 1880.

Lámina 4: Argentina ha soportado mucho riesgo-país durante mucho tiempo. Once puntos porcentuales sobre el rendimiento del Treasury bond a 10 años en la década de 1980; 6 en la década de 1990 y alrededor de 14 en la de 2000. El riesgo-país es una trituradora de inversiones y riqueza.

Lámina 5: Según datos del Banco Mundial para 69 países, Argentina forma parte del trío de economías más cerradas del planeta, junto a Brasil e Irán (vea el 2º apéndice del capítulo III del libro).

Lámina 6: Argentina experimentó una hiperinflación comparable a las hiperinflaciones europeas clásicas de la década de 1920 (vea el capítulo III del libro).

Lámina 7: La propuesta es desnacionalizar las instituciones económicas básicas. Desnacionalizar no es privatizar. Significa quitarle atribuciones al gobierno nacional. Consiste en poner bajo otras jurisdicciones a grandes sectores de la economía.

Láminas 8, 9 y 10: La apuesta es que el elevado costo de repudio de los acuerdos supranacionales e internacionales ponga a salvo el comercio, la moneda y el sistema bancario de las arbitrariedades de la jurisdicción nacional argentina, y que 24 pequeños populismos provinciales resulten menos dañinos que un gran populismo nacional.

Lámina 11: A estos ejemplos, que comenté en un post anterior, cabe agregar el de Ecuador. Este país desnacionalizó su moneda (reemplazó el sucre por el dólar a principios de la década de 2000). A pesar del chavismo anti-norteamericano del presidente Correa, la economía ecuatoriana sigue dolarizada. Está claro que el presidente Correa piensa que el costo de repudiarla es demasiado alto. En virtud de ello, Ecuador goza de estabilidad de precios y de algún desarrollo del crédito; no mucho, pues Correa juega cada tanto con la idea de no pagar la deuda pública.

Lámina 12: Este es el ideal. La "ciudad que brilla en la colina", en la jerga libertaria que empleaba el presidente Reagan. Así luciría la organización económica del país que propongo.

Lámina 13: A Grecia se la mira desde lejos con horror. No se saben muchas cosas que ayudarían a entender lo que está en juego. a) El ingreso per cápita griego en 2009 fue igual a u$s 32.100 por año, mayor que el italiano y apenas 700 dólares menor que el francés. La fuente de esta medición es el FactBook de la CIA y está corregida por paridad de poder adquisitivo. En valores corrientes, el ingreso per cápita griego ha alcanzado un nivel igual a 2/3 del ingreso per cápita de los países avanzados de la UE; hace veinte años, era más o menos como el argentino. b) El sector servicios representa 76% de su PBI; el agrícola, 3%. Estos datos permiten corroborar que Grecia tiene una economía desarrollada. c) En 2008, el PBI creció 2%, el desempleo fue 7.7% de la fuerza laboral y la inflación fue 4%. En 2009, el PBI cayó apenas 2%, el desempleo saltó a apenas 9% y la inflación cayó a 1%. d) Pero lo más interesante de todo es comprobar que esta economía no ha sufrido fuga de capitales. En rigor, ha experimentado una disminución del ingreso de capitales. De cerca de u$s 45.000 millones por año en 2008 a 34.000 millones en 2009.

¿Por qué no hay corrida cambiaria, no hay pánico bancario, siguen entrando capitales y la recesión griega es módica desde nuestro punto de vista? Porque este país tiene una moneda supranacional, porque un "euroducto" conecta su sistema bancario con el BCE y un corralito es improbable, y porque gracias al libre comercio la economía griega se mantiene unida a la economía del resto de la Unión Europea.

junio 25, 2010

Alberdi y el Costo de Repudio

Filed under: Libros y papers — Jorge Avila @ 8:03 pm

Jorge Streb, el director del Departamento de Investigaciones Económicas de la Universidad del CEMA, me pidió que diera un seminario sobre el primer capítulo del libro Antídotos contra el Riesgo Argentino. El seminario fue esta mañana. Ahora publico la secuencia de 16 láminas en powerpoint que preparé para la ocasión. Me gustó la experiencia. En parte, porque me obligó a revalorar el referido primer capítulo, que en el libro se llama Importación de Instituciones, y en parte por el claro interés que los asistentes me demostraron desde el principio al fin de la exposición.

El seminario llevó por nombre Alberdi y el Costo de Repudio. A continuación, ordeno los comentarios al margen que hice al presentar cada una de las 16 láminas.

Lámina 1: He armado la exposición de forma que al final se pueda apreciar que para Juan B. Alberdi el antídoto contra la barbarie, que 160 años después conocemos como riesgo-argentino, consistía en la subordinación voluntaria de partes de la Constitución a acuerdos con superpotencias. En su tiempo, las superpotencias (potencias extranjeras en su jerga) eran Gran Bretaña, Francia y EEUU.

Lamina 2: Va una anécdota para crear el ambiente apropiado. Luego, una proposición para precisar qué cosa está en juego o qué cosa queremos probar. Después, cinco ejemplos de aperturas exitosas tomados del capítulo 2º del citado libro. A continuación, un extracto del pensamiento de Alberdi en la materia relevante a nuestros fines; tomé las citas de sus dos libros más importantes: Bases, 1852, y Sistema Económico y Rentístico, 1854. Escribió ambos en su quinta Las Delicias, en la ciudad de Valparaíso, Chile, con la imponente vista del gran puerto por delante. Le fascinaban los puertos; veía en ellos, posiblemente, una síntesis de comercio, apertura (también cultural), mundo, movimiento y progreso. Alberdi fue un personaje extraño, ausente, huidizo, no genial pero dotado de una comprensión económica superior. Por último, van las conclusiones.

Lámina 3: Viajé a Australia en enero de 2000, en plan de vacaciones. Sin buscarlo, registré estas observaciones: a) las monedas llevan la efigie de la reina Isabel de Inglaterra; b) el Parlamento aprueba leyes que se aplican una vez que las firma el gobernador general, que es un ciudadano británico designado por la reina; c) aunque las colonias australianas se independizaron de Gran Bretaña en 1901, la moneda nacional continuó siendo la libra esterlina hasta 1910, y desde entonces hasta principios de la década de 1960 rigió una convertibilidad y después un tipo de cambio fijo respecto de la libra por un buen tiempo; d) desde el siglo XIX hasta la década de 1960, Australia funcionó con un régimen de comercio preferencial (especie de acuerdo de libre comercio) con Gran Bretaña; e) en la primera guerra mundial, mandó 330.000 soldados al frente europeo y siguió una política análoga de defensa exterior en la segunda guerra mundial. Estas pocas observaciones informan que durante gran parte de la historia australiana las políticas monetaria, arancelaria y de relaciones exteriores fueron irreversibles. También informan que este carácter irreversible se debía a que Australia era miembro nato de un gran club, el commonwealth británico, cuya primacía política y económica fue incuestionable hasta cerca de 1930. Por su pertenencia a un gran club, el riesgo-australiano era similar al riesgo-británico y para los inversores resultaba tan poco riesgoso hundir capital en Sydney como en Manchester, a pocos kilómetros de Londres. En Australia los economistas y la prensa no hablan de milagro económico para referirse al proceso de rápida convergencia del ingreso per cápita australiano en el ingreso per cápita británico.

Lámina 4: La dimensión importante del costo de repudio es la externa. Para un país pequeño e inestable, repudiar un tratado con una superpotencia implica quedarse a la intemperie, sin ancla en el mundo, desenchufado de la corriente mundial del comercio y la inversión. A esto asciende el costo del repudio. En el citado 2º capítulo de Antídotos contra el Riesgo Argentino he tratado de probar la proposición que muestra la lámina.

Lámina 5: El español es un ejemplo maravilloso de importación pura de instituciones y del beneficio económico de la irreversibilidad institucional.

Lámina 6: El costo de repudiar la apertura mexicana es elevado. Si a México se le ocurriera alterar algún aspecto del NAFTA deberían entrar en deliberación los Congresos de México, de EEUU y de Canadá. El trámite sería tan trabajoso y bochornoso, tan desalentador para los inversores, que sería preferible mantener el tratado sin cambios por tiempo indefinido. Esta percepción baja el riesgo-mexicano y estimula la acumulación de capital en el país. Note que el salto de las exportaciones mexicanas ha sido tan grande como el chileno pero más rápido.

Lámina 7: Experiencia de importación de instituciones similar a la española por su impacto económico. Pero se concretó bajo el protectorado de EEUU. Japón selló su política de defensa hasta la actualidad y adoptó la organización democrática y capitalista occidental.

Lámina 8: En el siglo XIX y parte del XX, Argentina progresó bajo el paraguas de un TLC bilateral con una superpotencia, Gran Bretaña. Y copió con variantes las restantes grandes reglas políticas y económicas.

Lámina 9: La apertura chilena es la excepción a la norma. La trayectoria de la Bolsa, la inversión directa, el ingreso per cápita y las exportaciones permite afirmar que la reforma económica chilena fue vista como irreversible por los inversores del mundo.

Lámina 10: Introducción al pensamiento de Alberdi. ¿Qué aspectos tienen en común las experiencias anteriores de apertura exitosa? Los acuerdos amplios o amplísimos, prolongados o prolongadísimos, con una superpotencia.

Lámina 11: Alberdi escribió en 1852 teniendo in mente a Urquiza, el jefe de la Confederación Argentina que acababa de vencer a Rosas, y a los futuros constituyentes de 1853. a) Si la parte más bella de la Constitución es la externa, ¿cuál es la menos bella o la fea? La parte revocable, reversible o repudiable; la parte vulnerable a inconsistencias intertemporales. b) Con la frase "acrecentamiento de fuera", Alberdi se refiere al concurso de la inversión externa directa. c) Con la frase "por término indefinido o prolongadísimo", quiere expresar su objetivo de irreversibilidad.

Lámina 12: La primera oración del primer párrafo es el remate de la lámina 11. La segunda oración de ese párrafo señala a cuánto ascendía el costo de repudio del tratado con Gran Bretaña: la transformación de Buenos Aires en otro Paraguay.

Lámina 13: Alberdi afirma ahora que el impacto económico de la Constitución depende de tratados internacionales y que la política económica empieza por la política exterior. a) La primera oración del párrafo dice que una Constitución puede ser derogada por otra Constitución. Esto implica que una Constitución efectiva debería reconocer normas superiores a ella. Estos son los acuerdos con las potencias extranjeras. b) Note que para Alberdi una política hostil al libre comercio o a la inversión extranjera es "un cambio reaccionario". Tan reaccionario como una violación de otros derechos individuales como la vida o la propiedad.

Lámina 14: a) ¿Hay diferencia económica sustantiva entre "la guerra civil crónica" a la que se refiere Alberdi y la incesante pugna ideológica del siglo XX que llega hasta ahora? ¿Acaso no desalientan el crecimiento económico de manera parecida la guerra civil del siglo XIX y las políticas de pesificación de depósitos, estatización de AFJP, bloqueo de las exportaciones de carne o el piquete contra la compañía Shell por ejercer la libertad de fijar sus propios precios? b) En el último párrafo, Alberdi hace dos aclaraciones importantes: Que los tratados internacionales valen más que la Constitución misma y que la Constitución debe vivir por ellos. Ni más ni menos.

Lámina 15: Alberdi exhibe aquí una clara conciencia del fenómeno del riesgo-argentino. a) Propone rodear de inmunidad todo banco, ferrocarril, canal, muelle, fabrica en que flote una bandera de la nación amiga que invirtió en el país. Note la precisión de la recomendación y su carácter radical. b) Vea el original párrafo sobre el riesgo-argentino y su forma especial de definirlo: "…obtener la baja del interés por la disminución de los riesgos que hacen subir al interés".

Lámina 16: Parece evidente que para Alberdi la fase última y superior del ordenamiento jurídico argentino consistía en la subordinación voluntaria de parte de legislación nacional a un conjunto de reglas y pactos supranacionales por un tiempo prolongadísimo. Lo cual convertía a dichas reglas y pactos en normas irreversibles en la práctica.

El próximo martes 29 de junio volveré a tocar algunas de estas cuestiones en la Conferencia de Graduados de la UCEMA. Buen fin de semana.

junio 7, 2010

Ciclo económico argentino

Filed under: Libros y papers — Jorge Avila @ 3:00 pm

Con respecto a la economía argentina hay muchas grandes preguntas. Aunque no creo que haya cuatro más grandes que las siguientes:

1) ¿Influye el riesgo-país sobre el desempeño económico del país?

Si la respuesta a esta primera pregunta fuera positiva, cabe entonces formular las tres que siguen:

2) ¿A cuánto asciende el costo económico del riesgo-argentino?

3) ¿Cómo evolucionaría la economía del país si el riesgo-argentino aterrizara perdurablemente en cero?

4) ¿Qué arreglos institucionales (acuerdos internacionales y supranacionales) posibilitarían ese aterrizaje?

Hace casi treinta años que pienso en estas cuestiones. La respuesta a la primera pregunta se encuentra en este link y es afirmativa. La prima de riesgo-argentino influye decisivamente sobre el ciclo económico (reactivación, recesión) argentino. (En el Abstract y en la Introducción al paper consigné que el signo de la relación entre la prima de riesgo-argentino y la cuenta corriente es negativo. Cometí un error de redacción. El signo es positivo. A mayor prima, menor PBI, Consumo e Inversión, y mayor superávit en Cuenta Corriente. Vea la sección dedicada a la evidencia empírica, páginas 10 y 11.)

La respuesta a la segunda pregunta se encuentra en este link. El costo económico (de eficiencia o bienestar) del riesgo-argentino es abrumador. Varias veces mayor que el costo del proteccionismo industrial o que el de un monopolio estatal.

La respuesta a la tercera pregunta se encuentra en el cap. III del libro Riesgo-Argentino & Performance Macroeconómica, que voy a reditar en unos meses, revisado, actualizado y sin matemática. Tengo la profunda intuición de que la economía argentina recuperaría su posición de principios del siglo pasado en el ránking internacional. En este link puede verse algo al respecto.

La respuesta a la cuarta pregunta se encuentra en este último link. Se trata del libro Antídotos contra el Riesgo-Argentino, que publiqué en Internet en mayo pasado y que examina arreglos internacionales y supranacionales en moneda, banca y comercio internacional, con alto costo de reversión. La idea es que si el costo de reversión es alto, la probabilidad de una reversión debería ser lógicamente baja, igual que la prima de riesgo-país. Por lo cual las tasas de acumulación de capital y de crecimiento económico deberían ser máximas.

El gráfico que sigue ilustra la notable correlación inversa que se verifica entre la prima de riesgo-país (eje vertical) y el PBI argentino (eje horizontal). Luego viene un resumen en inglés del contenido del paper sobre riesgo-país y ciclo económico argentino.

ARPvsGDP.jpg

Abstract

The paper holds that the country risk premium is the triggering factor of the business cycle in a small, financially open and highly volatile economy like that of Argentina. A rise of the premium determines a capital outflow, an aggregate demand contraction and a recession; a fall of the premium determines a capital inflow, an aggregate demand expansion and a boom. We build a model where country risk plays a central role in macroeconomic equilibrium. We evaluate the empirical relationship between country risk and GDP, consumption, investment, and the current account balance. We compare our country-risk model with those of various schools of macroeconomic thought. Main conclusions are: a) Country-risk perceptions of foreign and local investors determine the fraction of world income they like to spend in the small country and the country’s GDP adjusts passively to that fraction. b) Country risk causes a sort of labor unemployment that resembles involuntary unemployment. C) Openness softens the impact of a rise in country risk. d) Argentine time series for the period 1985-97 show a strong negative correlation between country risk and those aggregate variables, with causality going from the former to the latter.

Para descargar la última versión (25/10/10) de A Country-Risk Approach to the Business Cycle. With an Application to Argentina, haga click aquí.

mayo 3, 2010

Antídotos contra el Riesgo-Argentino

Filed under: Libros y papers — Jorge Avila @ 1:56 pm

En diciembre terminé de escribir el libro que presento ahora. Entre febrero y abril busqué un editor para que lo publicara y lo distribuyera en librerías. Algunos editores no respondieron a mis llamados. Otros, después de mirarlo por encima, me dijeron que tenían agotado el cupo de impresiones para el año. Y otros se mostraron interesados pero querían que les firmara contratos tan leoninos que prácticamente me obligaron a evaluar la alternativa de la auto-publicación en Internet. Gracias a las exigencias de los editores, me he convencido de que Internet es la mejor alternativa. Lo que volcó el fiel de la balanza hacia este medio es el simple ejercicio de comparar la cantidad de libros que ellos planificaban imprimir con la cantidad de visitas que recibo por día en el blog. En mi caso, parece evidente que la impresión en papel es cosa obsoleta.

PD: El libro fue publicado por bajalibros.com en abril de 2011. Para comprarlo, haga click aquí.

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