La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

Marzo 21, 2006

Reportaje de c-mail Nº 51

Filed under: Periodística — Jorge Avila @ 5:40 pm

Melancolía, introspección y envidia

Jorge Ávila acaba de lanzar un blog (www.jorgeavilaopina.com). La página reza: “La Argentina es el problema; el mundo es la solución; el ALCA es la puerta al mundo”. ¿Hay algo más políticamente incorrecto que eso en estos días? Fiel a su estilo, Ávila defiende su postura con la misma vehemencia con que defendió la convertibilidad y criticó el desequilibrio fiscal.

¿Por qué se te ocurrió hacer un blog?

Por una confluencia de circunstancias. La primera es que había visto cómo Howard Dean había tomado la punta sobre John Kerry en las primarias de New Hampshire, cosa que los analistas atribuían a haber desarrollado un blog, algo interactivo. La segunda es que es muy económico. Es decir: es eficaz y barato. Además, me permite tener una vasta red de contactos y publicar artículos de una manera más informal, sin el grado de pulimento que necesita un artículo para Ámbito Financiero, por ejemplo. Y no necesito esperar a que lo publiquen. Es un medio propio de comunicación y es más personal.

¿Y vas a contestar todos los mails?

Es mi deseo. Algunos, no; las puteadas, no. Hay mucha gente que odia a Menem, y como yo defendí la convertibilidad, me agreden. Además, tengo tiempo. Yo desarrollaba actividades de consultoría y eso mermó a partir del colapso bancario…

Dicen que cuando uno llega a los 50 pierde la paciencia… ¿vas a tener la suficiente paciencia como para contestar preguntas del tipo del ama de casa que lo paraba a Einstein por la calle para preguntarle ‘qué es la relatividad’?

Creo que sí. Habrá respuestas cortas en lo posible, y otras más largas. Tengo todo para hacerlo: estadísticas que mantengo actualizadas, artículos, papers… Cuando vea que hay un tema que se repite voy a escribir un artículo. Eso va a servir para orientarme y así escribir sobre temas que interesan.

Si te querés comunicar es porque tenés algún grado de esperanza; que pensás que Argentina pueda ser algún día España, o Portugal o Chile…

Efectivamente, tengo la esperanza de que Argentina se convierta algún día en una potencia media. Hace diez o quince años yo creía que Argentina iba a lograrlo antes del bicentenario. Ahora no; luego de la gran crisis que tuvimos creo que va a tardar más. Y yo creo que puedo contribuir en esa tarea, fundamentalmente abogando por el ALCA, por la descentralización fiscal y tributaria, y también por el establecimiento de sistemas monetarios y bancarios internacionalizados.

Esto de poner como tema central el ALCA…

Es que se trata de un blog. Yo no lo inventé. Antes de lanzarme con esto estuve un mes viendo blogs, particularmente blogs económicos. Aquí no hay ninguno y en EEUU hay muchos. Todos ellos tienen escrita en la página principal la idea que está en la cabeza del editor. Este blog tiene un propósito: abogar por el ingreso de la Argentina al ALCA. Junto al faro del cabezal puse una frase: La Argentina es el problema; el mundo es la solución; el ALCA es la puerta al mundo. No es un slogan mío, sino una adaptación que hice de una frase de Ortega y Gasset. En 1910, después de tres siglos de tribulaciones y desencuentros, España era una ballena anclada en los Pirineos (la frase es mía). Nosotros, que somos hijos dilectos de esa nación, hemos vivido desorientados por décadas. Ortega dijo “el problema de España es España; la solución de España es Europa”. Es una gran frase, porque la mayoría , para encontrar la solución al problema de España, se zambullía en la historia española. Y Ortega dijo no, salten el laberinto, porque la solución de España no está en su historia, en su modo de ser, en sus costumbres; está en la falta de enlace con el mundo. Y por entonces, para España el mundo era Europa. En 1982, Marcelino Oreja, el canciller español en la transición, tradujo la frase de Ortega: “en el plano económico, la integración a la CEE; en el plano político, la integración a la magistratura europea (es decir, transformarse en una democracia, porque luego del viaje de Franco a Bélgica, mientras éste saludaba a la reina el principal diario belga titulaba: “el dictador fascista saluda a nuestra reina”); y en materia de defensa, el ingreso a la OTAN. O sea que la solución de España era la firma de tratados o acuerdos internacionales de algún modo irreversibles, porque si daba marcha atrás, España se caería al cuerno del tercer mundo. Es decir que se integraron en libre comercio a los países europeos, suplantaron su moneda y tienen, a decir verdad, una banca off-shore. Toda su política, comercial, monetaria, de derechos humanos, de defensa, está supervisada internacionalmente.

¿Cuál es tu interpretación de lo que pasó en España en materia de voluntades? Porque a la muerte de Franco la mitad del país era bien de izquierda…

A mí me parece que España fue afortunada, porque a fines de la década del ’70 coincidieron una serie de dirigentes que iban desde el comunismo de Santiago Carrillo, pasando por el socialismo de Felipe González (que era muy joven) hasta la derecha de Adolfo Suárez y Fraga Iribarne. Esta gente coincidió en lo siguiente: 1) mirar al futuro y no mirar al pasado; 2) la importancia de una república democrática; y 3) la importancia de una organización de libre empresa. Se firmó el Pacto de la Moncloa, surgieron las políticas de estado y luego vino Marcelino Oreja que tradujo la frase de Ortega como ya señalé. España se integró, y vale recordar a Felipe González, con lágrimas en los ojos, pidiéndole a los españoles que le dieran el voto cuando el plebiscito para la entrada en la OTAN. Era una especie de rendición: la necesidad de supeditar voluntariamente la autonomía de España en materia de defensa a la NATO. Porque eso era condición de integración al mundo, de ganancia de horizonte, de previsibilidad. Luego de eso, el riesgo español –medido de alguna manera– se desvaneció, y el país comenzó a atraer capitales. Hoy España tiene un ingreso superior al promedio europeo, de alrededor de 24.000 dólares, y el stock de capital por habitante debe ser similar. Y está el caso de Irlanda, mucho más contundente, de un país chico y más abierto.

Yo te escucho e inmediatamente pienso en lo que preguntaría un argentino promedio: ¿de dónde cree Ávila que van a salir los dirigentes argentinos capaces de hacer lo mismo que en España?

Te digo dos cosas: primero, yo no creo que aparezcan; segundo, alguna vez aparecerán. La derrota de Rosas a manos de Urquiza (que no está debidamente reconocido por la historia) fue exactamente eso. Vino una nueva generación argentina, cuyo líder político-militar era Urquiza, con la asistencia intelectual de Alberdi, Sarmiento, etc., y luego Mitre acá en Buenos Aires… Se armó una estructura, vino el libre comercio con Gran Bretaña y ahí se armó el país. ¿Cómo va a suceder eso en Argentina? Hay dos alternativas: yo no creo en la asamblea y el consenso… sí, como forma de organización político institucional, pero no para pegar un viraje como el que pegó España con el Pacto de la Moncloa…

…un consenso de cinco tipos… como si aquí se juntaran Macri, Carrió, Kirchner…

… y los diversos peronismos. Pero eso no va a ocurrir.

¿Pero no era que eras optimista?

No. Yo no soy optimista. Era muy optimista hace diez o quince años, hasta que vino la gran crisis y perdí el optimismo. Pero creo que está en el futuro de Argentina transformarse en una potencia media, y que hasta tanto eso ocurra, hasta tanto no compita en las grandes ligas, Argentina va a ser un país enfermo. Y se va a sanar el día en que sea ella misma, en que vuelva a ser lo que fue: una potencia media, y un faro en Latinoamérica. Entonces, ¿cuáles son las salidas? Una es la asamblea y el consenso. Probabilísticamente, no se va a dar. La otra: una gran crisis y una intervención internacional, como el caso de Austria con la hiperinflación…

¡Pero eso fue en la década del veinte!

Sí, o la propuesta de Dornbusch-Caballero cuando la crisis del 2002. Yo creo, en cambio, que el gran giro se va a imponer por la fuerza de los acontecimientos internacionales. Por ejemplo, vayamos al caso del ALCA, que es lo que nos ocupa: Argentina se opuso –incluso de un modo humillante para los argentinos bien pensantes– al ALCA, al punto de impedirle a Bush hacer una conferencia de prensa en la cumbre de Mar del Plata. Sin embargo, dos años antes, Chile ya había firmado un acuerdo bilateral de libre comercio con EEUU. El año pasado Centroamérica firmó el CAFTA. Colombia acaba de firmar un tratado bilateral con EEUU, cuya entrada en vigor depende de su aprobación por parte de los dos congresos nacionales involucrados. Perú y Ecuador se mueren por entrar al ALCA o por firmar acuerdos bilaterales de libre comercio con EEUU. México fue pionero. ¡A Uruguay sólo le falta tiempo!, porque Tabaré, que antes estuvo en contra, no sabe cómo llevar el país al acuerdo. ¡Los paraguayos han aceptado la instalación de bases militares!, y tienen primordial interés en el ALCA porque han comprendido que el MERCOSUR no los lleva a ninguna parte. Entonces, por la fuerza de los acontecimientos internacionales, por la lógica geopolítica, yo creo que Argentina va a entrar al ALCA antes de diez años. Gracias a Dios, porque va a ser nuestra tabla de salvación. El ALCA nos va a proveer de los mismos servicios que proveyeron los romanos a Europa, pero de manera no violenta. Los romanos invadían, imponían sus tributos, y a cambio proveían el servicio de su moneda, de su ley y sus tribunales, de su gran comercio, abriendo las colonias al mundo. Está probado que ésa fue una época muy próspera, ¡y sin innovación tecnológica! Simplemente por la especialización y la continua ampliación de los mercados hacia el Mediterráneo.

Vos decís que Argentina seguirá enferma hasta tanto eso ocurra. Pero los enfermos, si no hacen nada, empeoran… ¿Cómo es eso de que seguimos enfermos y no nos morimos?

La Argentina viene muy enferma desde 1930, empeoró en 1973/4, y ahora sigue enferma a raíz de la pugna entre el peronismo de izquierda y el de derecha y, en última instancia, entre el nacionalismo y el liberalismo, o entre la autarquía proteccionista y la apertura.

…es decir, que estamos peor…

El ingreso per cápita es el mismo que el de 1973…

…pero con una distribución sustancialmente distinta…

… con una distribución muy regresiva que no teníamos. Por ejemplo, en la década del ’70 el 10% más rico ganaba unas diez veces lo que ganaba el 10% más pobre y actualmente esa proporción es 31 veces. Pero yendo a tu pregunta, a mí me parece que la Argentina está enferma de melancolía, introspección y envidia…

Bueno, eso te puede llevar al suicidio…

Claro, al suicidio o a la parálisis; a la insignificancia. Los enfermos de envidia no mueren, pueden vivir mucho y terminar reducidos a la insignificancia. El comercio de Argentina fue alguna vez el 4% del comercio mundial; hoy es el 0,3%. Su PBI representaba el 3% del PBI mundial, y hoy es el 0,4%. Por eso lo que yo postulo es lo mismo que postulaba Alberdi. Alberdi le aconsejaba a Urquiza: lo importante no es la constitución; lo importante es la sujeción de la constitución y sus leyes orgánicas a acuerdos internacionales prolongadísimos e irrevocables. Porque sin esa sujeción a pactos internacionales, hoy tenemos una constitución y mañana tenemos una “contra-constitución”; hoy tenemos una ley y mañana tenemos la derogación de la ley. En consecuencia, vivimos bajo el imperio de la inestabilidad, y cuando hay inestabilidad no hay futuro, no hay inversión. Los acuerdos internacionales estabilizan.

Bueno, pero hasta ahora todo esto es estática comparativa. Yo quiero saber cómo es la transición… Es más, miremos el punto de partida: la educación es un desastre, no hay castigos y premios, menos, se incentiva a la gente a no trabajar, ser pobre es un mérito, en lugar de una tragedia, las leyes no las cumple ni quien tiene que aplicarlas…

Yo creo que si en 1852, después de Caseros, hubieran contratado a tu tatarabuelo para que hiciera una lista de impedimentos para hacer un país en serio, le habría salido un rollo más largo que el tuyo. Es lo mismo que decían Sarmiento y Alberdi sobre los gauchos: vagos y malentretenidos. En el punto de partida, Argentina era un país básicamente analfabeto, con menos de 1,6 millones de habitantes, de los cuales unos 200 ó 300 mil descendían de europeos; el resto estaba compuesto por nativos y mestizos, sin educación ni hábitos de trabajo a la usanza occidental. Ahora, ¿cómo es la transición? Dividamos por sectores: al sector agrícola y energético exportador le va a ir de maravillas, no porque vayan a exportarle a EEUU, sino porque los vamos a tener de socios en la pelea por los subsidios en vez de estar solos en el mundo; los servicios también estarán de parabienes, porque el ALCA significa una legislación laboral común, normas comunes de contrataciones públicas, regulaciones ambientales comunes, es como una camisa de fuerza. Cuando un país es incapaz de darse instituciones eficientes y estables, importarlas es una solución superior. ¿Por qué no un acuerdo con China en vez de EEUU? Por la sencilla razón de que China no tiene instituciones eficientes y estables.

Vos que sos fanático de Sarmiento, ¿era ése el elemento que para él diferenciaba la civilización de la barbarie? ¿las instituciones?

El concepto de civilización de Sarmiento es mucho más “blando”, comparado con el de Alberdi. Para Alberdi, civilización es el cumplimiento de los pactos, cumplir con la palabra empeñada. Que es el mismo concepto de civilización de los romanos: para ellos, una tribu que cumpliera los pactos era civilizada, sin importar si hablaba latín o no. “Pacta sunt servanda”. Para Sarmiento el concepto de civilización tiene que ver con la escolaridad. Alberdi, en una famosa carta, le dijo: Sarmiento, no sea ingenuo; la revolución francesa de 1848 fue hecha por abogados y doctores que sabían leer y escribir. El corralito, la pesificación, ese trágico y masivo incumplimiento de los pactos, fue hecho por grupos altamente alfabetizados. Pero se trata de gente no partidaria del cumplimiento irrestricto de los pactos, en materia tarifaria, impositiva, de contratos de depósitos, de alquileres… ¡¡ni siquiera cumplimos el acuerdo proteccionista que tenemos con Brasil!! ¿Por qué? Porque el tipo real de cambio ya le ha caído un poquito a la UIA. Entonces, en la transición, el núcleo duro es la UIA, que es el enemigo histórico de la apertura argentina. En el siglo XIX, junto con los ganaderos, abogaron sistemáticamente por la devaluación. Y además hace lobby por altos aranceles. Quieren un mercado chiquito pero cautivo. Este gobierno, que está copado por la UIA, que cumple al pie de la letra el plan de la UIA (alto superávit fiscal para mantener el dólar alto, financiado por el campo y el petróleo; aranceles y cuotas para frenar no ya las importaciones de Oriente sino las de nuestro “socio comercial” Brasil; tarifas congeladas; salarios bajos…). No es un plan antiinflacionario y de crecimiento. Es un plan de concentración del ingreso en los capitostes de la UIA, de las familias que figuran en el directorio de la UIA. En consecuencia, es el enemigo jurado del ALCA. ¿Qué hay que hacer entonces? Bueno, yo creo que por la lógica de los acontecimientos internacionales el ingreso al ALCA va a llegar. Es ineluctable; ésa es la palabra. Como sucede en todo el mundo. Y entonces uno tiene que estar preparado. Preparado para habilitar partidas del presupuesto nacional para el reentrenamiento de la fuerza laboral que quede desempleada durante la transición. La reconversión tecnológica también ayuda.

¿Y este “plan de la UIA”, cuánto dura?

Este plan es muy distinto a los que tuvo la Argentina antes porque tiene superávit fiscal; un importante superávit fiscal. Algo hemos aprendido. Pero superávit fiscal significa muchas cosas: en primer lugar, elimina el lobby devaluatorio (que ha sido el interruptor clásico de todos los planes anteriores) porque el tipo de cambio se mantiene alto por el superávit y por las retenciones. En segundo lugar, se vuelve innecesario contraer nueva deuda pública. En consecuencia, congela el nivel de endeudamiento mientras las exportaciones crecen, y lo que se mira en el mundo para fijar la prima de riesgo de un país es la relación deuda/PBI, o mejor, la relación deuda externa/exportaciones. En tercer lugar, Kirchner se ha dado cuenta de que el superávit fiscal es una fuente prodigiosa de poder político. Así que yo no veo que esto vaya a caerse mañana.

¿Hicimos bien en cancelar la deuda con el Fondo?

Yo creo que no. Financieramente hablando, podríamos haberlo hecho en mejores términos; por ejemplo, pagando en cuotas. Pero lo grave del caso no es eso. Lo más grave es que hemos gastado el 40% de las reservas internacionales o, si vos querés, el 20% de los depósitos de los bancos. La verdad es que esto lo pagaron los depositantes y que se ha creado un problema: ante una eventual corrida de depósitos, ahora tendremos menos reservas para enfrentarla.

Al final, termino convencido de que tu blog no es para cualquiera…

Es para los diez millones de navegantes de Internet que hay hoy en Argentina. Es decir, gente con cierto grado de información e inquietudes. Fijate que vos y yo, que tenemos muchas cosas en común, hemos tardado una hora en entendernos. ¡¡Imaginate el tiempo que necesitaría para entenderme con un desconocido que cae en la página por casualidad!! Yo no aspiro a convencer a nadie; simplemente a que me tengan confianza. La gente no es influenciable. En algún momento algo hace “click” en sus cabezas. Tal vez el blog contribuya a precipitar ese click.

(LO SIGUIENTE VA EN UN RECUADRO)

Fue la lucha, tu vida y tu elemento

¿La llave está en la economía o en la educación, como pensaba Sarmiento?

Creo que Sarmiento se equivocó. Yo, que soy un gran admirador suyo (mi padre decía que éramos descendientes suyos por vía ilegítima), luego de 40 años me di cuenta de eso. Sarmiento era un “proto-radical”. Era un gran dirigista en materia económica, si bien en sus libros defendía el libre comercio, así como un gran liberal en materia política. En su juventud, antes de ser presidente, Sarmiento recorría San Juan e iba fundando escuelas y bibliotecas… que luego quedaban a cargo del erario público… No es mi intención descalificarlo, máxime considerando la revolución en la educación primaria que produjo en su período presidencial, pero tampoco quiero dejar de señalar un aspecto de su personalidad. George Stigler me dijo una vez que en el S XIX en Inglaterra se discutía qué era lo mejor para la India: unos decían que había que dar educación. Era la escuela de la “educación obligatoria, pública y gratuita”. Una segunda corriente decía a la India hay que darle libre comercio y libre empresa. Hay que darle un marco institucional adecuado, derecho de propiedad, policía y tribunales. Luego ellos se van a encargar de educarse, por el esfuerzo, por la severidad del mercado. Esa discusión fue replicada en Argentina por Alberdi y Sarmiento. Sarmiento adscribía a la primera escuela y Alberdi a la segunda, ambos quizás sin saberlo. Alberdi decía que no era la educación lo que iba a salvar al país, sino la inmigración, porque importar gente y capital humano de Europa contribuiría a agrandar el mercado, y con ello vendría la especialización y la mayor riqueza. ¡¡Es un argumento de Adam Smith!! Él creía que la educación era endógena: que en la medida que tuvieras una estructura institucional estable en virtud de acuerdos internacionales que hicieran que fuera muy costoso revertir esas instituciones, el comercio y el andar del tiempo te obligaban a la adopción de hábitos que se transformaban en culturales, pero que eran derivados del respeto cotidiano a esas normas. Desde su exilio de 40 años decía: la única política de este país es la política económica. Si en el medio de la pesificación, de la hiperinflación o de la autarquía, vos decuplicás el presupuesto educativo, al cabo de un tiempo vas a tener una fenomenal fuga de cerebros. La educación no es la vía. La educación es un bien privado, como la salud. Otra cosa es que yo me oponga a que haya un buen presupuesto de salud y educación financiado con el impuesto a las ganancias. Eso está bien, porque iguala y lleva a una mejor sociedad. Pero no es lo que nos va a terminar salvando si no tenemos instituciones estables ancladas en pactos internacionales.

Y aún así seguís siendo un admirador de Sarmiento…

Sí, por supuesto. Incondicional. Me emociona hasta las lágrimas. El tipo escribía en 1850 sobre Argentina, desde Chile, sin haber pasado jamás de San Luis. Era un profeta, un loco, un tipo con un gran liderazgo, porque la visión es liderazgo. Cómo no voy a admirarlo.

A otro que admirás es a Keynes…

Admiro a Keynes por su vida y por su personalidad. Como economista lo admiro por esa conjunción de vuelo histórico y razonamiento económico que tenía. También por su vuelo literario. Y por haber puntualizado una gran cosa, que nadie antes había dicho, y que es que el nivel de producción y empleo presente se debe a lo que la gente cree que va a ocurrir en el futuro. Es decir, “lo que vos creas del futuro es lo que determina el presente”. No la política monetaria o la fiscal, como luego diría el “keynesianismo” (Hicks y otra gente).

Marzo 17, 2006

Plataforma Cero

Filed under: Periodística — Jorge Avila @ 3:32 pm

PUBLICADO EL 2 DE MARZO DE 2006

www.plataformacero.com.ar

PC -¿Estamos tan bien económicamente como dicen desde el gobierno y publican los diarios en sus tapas?

JA – Desde un punto de vista agregado, estamos mejor, no hay duda. El PBI ha aumentado casi un 30% en tres años. Sin embargo, cuando se tiene en cuenta la distribución del ingreso salta a la vista un grave deterioro. La cantidad de familias que se encuentran en situación de pobreza no baja del 40% del total, y el 10% más rico de la población gana 31 veces lo que gana el 10% más pobre. Estos guarismos son escandalosos. Peores que los de la década de 1990 y mucho peores que los de la década de 1970. Agravan el problema, la baja calidad del gasto público social, la extensión del fenómeno del trabajo en negro y los impuestos al trabajo.

PC – El gobierno tiene plata para gastar y sigue aumentando el gasto público. Algunos lo comparan con el último tramo del gobierno de Menem, que se fue Cavallo, y aquí, Lavagna. Y llegó un momento en que no hubo más plata para gastar y la fiesta terminó. ¿Está sucediendo lo mismo ahora?

JA – Ha sucedido en el último año. El gasto público creció más rápidamente que la recaudación impositiva, y el superávit fiscal se redujo. Pero mi sensación es que el presidente Kirchner no permitirá que el gasto público siga creciendo tanto. La estabilidad económica y su poder político dependen del superávit fiscal, es decir, de la “caja”. Sin superávit o, peor, con déficit, él quedaría a merced de la buena voluntad del Congreso, y de los gobernadores (potenciales rivales en la lucha por el poder), quienes hoy comen como palomitas de su mano.

PC -¿Qué puede devenir en la Argentina si nuestro gobierno se planta y dice que no hay más recursos?

JA -Kirchner correría en tal caso una suerte distinta y mejor que la que corrió De la Rúa. Tiene más respaldo político que el ex presidente radical. También tiene más capacidad personal de decisión. Aunque el contexto económico nacional e internacional invalidan la comparación. Habría que verlo a Kirchner tratar de imponer recortes del gasto en una situación como la del año 2000, que es poco probable en 2006 y 2007.

PC -¿Está bien que se emita dinero para comprar dólares y recuperar así el monto que pagamos al FMI?

JA – No; es una muestra patética de irresponsabilidad monetaria. Por cada dólar que ingresa como activo en el balance del BCRA se emite un peso, o un bono, que figura como pasivo. Bueno sería que el BCRA acumulara dólares a raíz del superávit fiscal. Sólo para algunos funcionarios y periodistas delirantes puede ser bueno comprar dólares a cambio de pesos o de bonos que, en cualquier momento, pueden transformarse en pasivos exigibles por los bancos. Por lo visto, no se aprendió mucho del efecto tequila, el default ruso, las devaluaciones en cadena en el Sudeste asiático, la devaluación brasileña o el pánico bancario argentino de 2001.Cuando la crisis llega, no importa la cantidad de dólares en el BCRA; lo único importante es si son más o son menos que la cantidad de pesos y bonos exigibles en circulación. Cuando son más, no hay problema; el sistema aguanta. Pero cuando son menos, quiéraselo o no, termina imponiéndose como salida la devaluación, la emisión y el golpe inflacionario.

PC -Ningún control de precios dirigido desde el Estado es efectivo para combatir la inflación que sube y sube. Esta inflación, ¿está relacionada con la constante emisión monetaria que hace este gobierno?

JA -Hasta octubre, la inflación argentina fue una consecuencia tardía de la devaluación de 2002. Fue una inflación residual, no ligada a la emisión de moneda. La economía mejoró y el precio de los servicios, que había quedado inicialmente planchado mientras los precios de los productos de la industria y el campo aumentaban con el dólar, empezó a recuperarse.

Desde octubre pasado, a esta fuerza de nivelación de precios según una suerte de principio de los vasos comunicantes, se ha sumado una devaluación del peso de 7% con respecto al dólar. Estos factores agregan presión inflacionaria. Si el gobierno optara por seguir devaluando el peso, la inflación dejaría de ser residual y se convertiría en una variedad permanente y tradicional.

PC -Y la última. Nuestros lectores están preocupados por el aislamiento, tipo cerrojo, en que nos encontramos. No tenemos relaciones exteriores, solo tratos comerciales, no tenemos fuerzas armadas, y la policía está para salir en la foto de los diarios. ¿No estamos a merced de cualquier proyecto externo e interno de federalizar nuestro territorio, rico y despoblado?

JA -Muchas cosas son posibles en la dimensión desconocida. Por de pronto, está claro que o Argentina carece de una política exterior o tiene una muy mala, en vista del creciente aislamiento que experimenta el país. Malquistado con EEUU desde la vergonzosa contra-cumbre de Mar del Plata, en malos tratos con Francia e Italia debido a una política extraviada para las empresas de servicios públicos y muy agresiva para la deuda en default, sin llegar a un entendimiento franco con España (a pesar de la buena voluntad del socialismo español), habiendo dejado una imagen poco seria ante China, subestimados por Brasil y desconfiados hasta por Uruguay, nuestro país está al borde de la insignificancia. Si nuestro tiempo fuera el siglo XVIII, ya estaríamos ocupados por fuerzas extranjeras.

El respeto de las Fuerzas Armadas es una condición necesaria para la unidad nacional. Sin embargo, a los efectos de revertir el aislamiento hay una solución más expeditiva, que nos integraría de una buena vez al circuito internacional del comercio, la defensa y la política exterior de las grandes potencias. Es el ingreso al ALCA. Ya ingresaron Canadá, México, Centroamérica y Chile; acaba de firmar su ingreso Colombia; están en la cola para firmar Perú y Ecuador, y miran con ojos inquietos Uruguay y Paraguay. Nosotros vamos, con Bolivia y Venezuela, a ninguna parte.

Marzo 13, 2006

Irresponsabilidad monetaria

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 4:29 pm

A fines de 2001, cuando flotaba en el aire la posibilidad de una caída del sistema bancario y una devaluación, Marcelo Longobardi me preguntó en un reportaje de televisión: ¿y ahora qué? Le respondí que habría una explosión y una nueva convertibilidad en un plazo de seis meses.

En febrero de 2002, en medio de la explosión, le aconsejé humildemente al Dr. Duhalde, en el programa A Dos Voces, que dolarizara, que adoptara una convertibilidad de 3 pesos por dólar o bien que fijara el tipo de cambio de alguna manera, si quería evitar la hiperinflación.

En abril de 2002, una periodista del diario Clarín me preguntó por teléfono adónde creía yo que iba a llegar el dólar. Le respondí que era realmente imposible pronosticarlo, que podía llegar a cualquier precio, a juzgar por la experiencia hiperinflacionaria de 1989-91. Le traje a la memoria que el tipo de cambio había pasado de 17 australes por dólar a principios de febrero de 1989, a 50 en marzo, a 100 en abril, a 600 en julio, a 1000 en diciembre, a 5000 en marzo de 1990, y a 10000 en marzo de 1991. En 24 meses el tipo de cambio se multiplicó por un factor igual a 588. En consecuencia, reiteré a la periodista, con el tipo de cambio podían pasar muchas cosas; por ejemplo, quedarse en torno de 3 pesos, o bien saltar a 7, 15, 30, 50, 100 ó 600 pesos, según que el país entrara o no en la vorágine de una hiperinflación. Al día siguiente, Clarín tituló: “Avila dice que el dólar llegará a 7 pesos.”

A fines de 2002, cuando la situación monetaria y macroeconómica se había estabilizado, el ministro Lavagna, que se oponía a todo lo que oliera a convertibilidad y que pregonaba las bondades de la libre flotación del peso, me acusaba, sin nombrarme, de haber pronosticado erradamente una hiperinflación. ¡Pero yo había pronosticado una hiperinflación en caso de que no se adoptara una convertibilidad o un esquema similar! Justamente, pudo evitarse la hiperinflación porque hacia julio se había adoptado una convertibilidad tácita e informal del peso, cumpliéndose mi pronóstico para Longobardi. Así es la política. El que decía a dice ahora b y le hace decir a al que decía b.

Los párrafos precedentes son anécdotas personales que decidí incluir en el artículo porque ponen en perspectiva el problema que quiero tratar en la ocasión. Entre 1929 y 1989, el país tuvo un sistema monetario fiduciario, o de moneda nacional, que hacía posible que el peso flotara en el mercado de cambios sin que la economía se desestabilizara. Según mi tesis, a partir de 1989, debido a cambios que nadie impulsó concientemente, el país funciona en un sistema de dinero mercancía (el dólar norteamericano cumple el papel de la mercancía o el metal). En este contexto, la única forma de asegurar la estabilidad monetaria de largo plazo consiste en establecer una política de fijación del tipo de cambio. La actual convertibilidad de hecho es una forma precaria de hacerlo. La ley de convertibilidad de la década del 90 es la forma correcta de hacerlo, aunque no la mejor. La dolarización, o la adopción del euro como la moneda de curso legal, es la mejor forma de hacerlo porque excluye obviamente la posibilidad de devaluación por vía de una contra-ley aprobada, entre gallos y medianoche, por un Congreso arrinconado por la confluencia de los lobbies industrial y sindical.

Pero no voy a ser ambicioso cuando no es tiempo de serlo. Voy a limitarme a considerar la administración de la presente convertibilidad, la cual, aunque informal y sucia, demanda el cumplimiento de dos condiciones: a) que el BCRA intervenga en el mercado comprando y vendiendo dólares a cambio de pesos toda vez que éste lo exija; b) que el BCRA tenga en sus bóvedas un respaldo en dólares de sus pasivos monetarios igual a 100%, sino superior.

En la presente fase de re-monetización y consiguiente compra de dólares, que es la etapa dulce de la estabilización que sigue a la crisis, el BCRA ha cumplido la primera tarea con celo. Queda por ver si se animará a vender dólares en una situación de crisis. Sin embargo, en el cumplimiento de la segunda tarea advierto irresponsabilidad. Cuando nos golpee una crisis, como el efecto Tequila, las devaluaciones en el Sudeste asiático, el default ruso, la devaluación brasileña o el pánico bancario argentino de 2001 (cinco en apenas seis años), el público correrá a los bancos exigiendo la conversión de sus depósitos a circulante en pesos, para luego convertirlo en dólares contado. Por esto digo que, en la Argentina, la estabilidad del sistema bancario, monetario y cambiario depende vitalmente del respaldo en dólares de los pasivos monetarios emitidos por el BCRA.

Dichos pasivos superan largamente a la base monetaria (circulante en poder del público no bancario + encajes sobre los depósitos bancarios). Al 6 de marzo pasado la base monetaria representaba sólo el 66% de los pasivos del BCRA. El 34% restante correspondía a pases pasivos, que vencen en cuestión de días; a letras, que vencen en cuestión de semanas, y a notas, que vencen en cuestión de meses (pases, letras y notas constituyen deuda del BCRA contraída sobre todo con los bancos). Y aun cuando vencieran en años, el punto es que, en el medio de la corrida, el BCRA se vería forzado a anticipar la devolución de la deuda para evitar la caída de los bancos a manera de dominó.

grafico2.jpg

El gráfico muestra la evolución del respaldo internacional de los pasivos monetarios entre enero de 2002 y enero de 2006. El coeficiente de respaldo es igual al producto del tipo de cambio por las reservas internacionales, dividido por los pasivos monetarios. El período se divide en tres fases. En la primera, hasta noviembre de 2002, el respaldo era superior a los pasivos monetarios y la posición del sistema bancario, cambiario y monetario, muy fuerte. En la segunda, de diciembre de 2002 a diciembre de 2005, el respaldo se debilitó y fluctuó bastante; en un inicio, se debilitó por la caída del tipo de cambio; luego, por la emisión de letras, notas y pases pasivos, y hacia el final la depreciación del peso, dentro de la arbitraria banda de la convertibilidad informal, fue fortaleciendo el respaldo. En la tercera, a partir de enero de 2006, salta a la vista una fuerte contracción del respaldo debida al pago anticipado de la deuda pública con el FMI.

Sin una necesidad apremiante, el gobierno canceló la deuda apropiándose del 40% de las reservas internacionales; en otras palabras, se apropió de los encajes sobre los depósitos y de otras reservas de liquidez que guardaban los bancos para afrontar una emergencia. De esta forma, el respaldo de los pasivos monetarios ha caído a menos del 70% y el tipo de cambio de conversión (el que sería necesario para volver a respaldar en un 100% a los pasivos monetarios del BCRA) ha trepado a 4,5 pesos por dólar, indicando una devaluación potencial del 50% en caso de crisis.

Pero el gobierno, y el BCRA, que en dicho acto de apropiación perdió todo vestigio de independencia, nos aseguran que antes de doce meses recuperarán las reservas pues se proponen comprar cuanto dólar se ofrezca en el mercado de cambio. ¡No es posible que subestimen tanto la inteligencia del público! Por cada dólar que ingrese como activo en el balance del BCRA se generará un monto equivalente en el pasivo, por emisión de deuda o de base monetaria. Lo que importa no es la cantidad de dólares que tenga el BCRA sino la relación entre los dólares y los pasivos monetarios.

Me temo que la salida más probable a ese chaleco de fuerza será un proceso de depreciación del peso en busca del tipo de cambio de conversión. Esto significa el retorno del impuesto inflacionario en el contexto de un control de precios cada vez más represivo.

(Sobre el grado de dolarización en Argentina y la inviabilidad de largo plazo de un sistema distinto a la convertibilidad o a la dolarización o la eurización, haga click aquí.)

Internacionalización monetaria y bancaria

Filed under: Académica — Jorge Avila @ 1:30 pm

En los párrafos que siguen expongo la fundamentación de mi propuesta de internacionalización de la moneda (dolarización o eurización) y del sistema bancario argentino. El objeto de la propuesta es poner en pie un sistema que haga virtualmente imposible la devaluación de la moneda local y la expropiación de los depósitos bancarios, para evitar otra crisis como las que padecimos en 1980, 1982, 1989, 1995 y, sobre todo, 2001.

El Problema

La peculiaridad del caso argentino, compartida probablemente por aquellos países que también experimentaron hiperinflaciones y expropiaciones bancarias en el siglo XX, reside en la marcada inestabilidad de la velocidad de circulación del dinero. Este fenómeno vuelve muy riesgoso, sino imposible, el funcionamiento de un prestamista de última instancia y la práctica de una política monetaria activa o de tipo de cambio flotante. Desde luego, que la velocidad de circulación sea inestable o estable es una cuestión empírica. Muchos podrán interpretar que, después de todo, el aumento relativamente moderado del nivel de precios minoristas desde la devaluación del peso a principios de 2002 es evidencia firme de que la velocidad no es tan inestable y que, en consecuencia, la propuesta de internacionalización del sistema monetario y bancario es una exageración. Sin embargo, esta forma de pensar puede resultar peligrosa en vista del fenómeno de sustitución de monedas. Esta sección tiene por objeto introducir dicho fenómeno en nuestro análisis y presentar estimaciones recientes de dolarización.

Afirmar que una economía se caracteriza por una marcada inestabilidad de la velocidad de circulación o por reasignaciones de cartera súbitas, frecuentes y en gran escala, desde la moneda nacional a la de reserva y viceversa, es afirmar la misma cosa. Para un shock dado, la intensidad de una corrida contra la moneda nacional es función de tres grandes variables: a) la sensibilidad del público a shocks presentes o esperados; b) la flexibilidad del nivel de precios; c) la elasticidad de la demanda de dinero con respecto a su costo de oportunidad (tasa nominal de interés, tasa esperada de inflación o tasa esperada de devaluación). La primera variable depende de experiencias traumáticas, de la información disponible y de la capacidad del mercado para procesar esa información. La segunda variable depende de la historia inflacionaria, pues ésta determina la cobertura contractual de una economía; cuando existe memoria hiperinflacionaria, los contratos son contingentes o informales y el nivel de precios se ajusta rápidamente a los shocks. La tercera variable depende de la existencia de buenos sustitutos de la moneda nacional. El papel de estas variables en el proceso de ajuste monetario en condiciones de hiperinflación ya fue discutido con alguna amplitud en Ávila (1997b). A continuación, nos concentraremos en el impacto de la sustitución de monedas sobre la elasticidad de la demanda de dinero.

Una de las leyes fundamentales de la demanda señala que la elasticidad de demanda de un producto respecto de su precio depende de la calidad de los sustitutos del producto que circulan en el mercado. ¿Cuál es la elasticidad de demanda del transporte automotor? Casi cero, pues el avión, el barco, el caballo o caminar son sustitutos muy lejanos o imperfectos del auto, el ómnibus o el camión. ¿Cuál es la elasticidad de demanda de un Ford Ka verde? Infinita, dado que si las concesionarias pretendieran cobrar un mínimo sobreprecio por una unidad verde, el público se volcaría de inmediato a las unidades rojas, amarillas y de otros colores, que son prácticamente perfectas sustitutas de las unidades verdes. De forma que las concesionarias enfrentan una curva de demanda que es una línea horizontal a la altura del precio del Ford Ka de un cierto color.

El mismo razonamiento es aplicable a la demanda de dinero. ¿Cuál es la elasticidad de la demanda de dinero nacional con respecto a su costo de oportunidad? Muy baja en países tradicionalmente estables, donde la moneda nacional no compite con monedas extranjeras, como EEUU, UE y Japón, o Argentina hasta la década de 1960. Muy alta o altísima en países cuyos gobiernos retienen el monopolio de la emisión de moneda de curso legal pero en donde el público emplea una moneda de reserva como unidad de cuenta, reserva de valor y medio de cambio para las transacciones grandes. Esta es la situación de Bolivia, Nicaragua, Rusia y Argentina, países que ocupan las cuatro primeras posiciones en el ranking internacional de dolarización o de uso de una moneda de reserva, calculado por Feige (2003) y Feige y otros (2000, 2002). Dichos países tienen en común historias de hiperinflación, restricciones bancarias, inestabilidad política y fragilidad institucional, que impulsaron a sus residentes a demandar monedas y depósitos bancarios bajo jurisdicción extra-nacional.

El primer índice de dolarización del cuadro 4 muestra la participación de las tenencias de circulante y depósitos en moneda de reserva en la oferta monetaria ‘efectiva’ (circulante y depósitos en moneda nacional + circulante y depósitos en moneda de reserva) en cada país; el segundo índice muestra la participación del circulante en moneda de reserva en la oferta total de circulante en cada país. El índice de dolarización relevante para inferir la inestabilidad de la velocidad de circulación sería uno intermedio.

Queda así en claro que si la moneda de reserva fuera aceptada también en las pequeñas transacciones, en los pagos de impuestos y en los de sueldos y salarios, se convertiría en un perfecto sustituto de la moneda nacional. Luego, la curva de demanda de dinero se volvería una línea horizontal a la altura de su costo de oportunidad, la velocidad se volvería en extremo inestable y el nivel de precios (en moneda nacional) quedaría indeterminado. Este escenario fue imaginado con anticipación por Girton y Roper (1981) y Kareken y Wallace (1981), y expuesto lúcidamente por McKinnon (1996). Berg y Borensztein (2000, pág. 291) capturaron el impacto de la dolarización sobre la demanda de dinero nacional en una ecuación similar a la que sigue:

ecuacion1.jpg

Cuadro 4

 

Ranking

Índice 1 Dolarización

Circulante en MR Dólares per cápita

Índice 2 CMR/CT

Bolivia

83.5%

144

       75%

Nicaragua

77.3%

135

       84%

Rusia

77.2%

903

       87%

Argentina

68.5%

1478

       80%

Letonia

56.8%

1209

       79%

Perú

54.0%

67

       57%

Yemen

50.7%

S/D

Turquía

50.0%

S/D

Bulgaria

49.8%

125

       41%

Mozambique

10º

45.5%

S/D

Costa Rica

11º

40.8%

209

62%

Armenia

12º

36.1%

55

62%

Arabia Saudita

13º

36.0%

S/D

Rumania

14º

28.9%

61

       55%

Hungría

15º

26.7%

25

         6%

Ucrania

16º

26.3%

131

       64%

Tanzania

17º

23.3%

S/D

Indonesia

18º

20.9%

S/D

Polonia

19º

19.5%

93

       27%

Jordania

20º

19.3%

S/D

Estonia

21º

18.6%

414

       59%

Kyrgyzstan

22º

18.1%

20

       48%

Israel

23º

18.0%

S/D

Kuwait

24º

16.9%

S/D

Venezuela

25º

9.2%

104

53%

Angola

26º

6.3%

S/D

Fuente: Columna Dolarización: Feige y otros, 2000, cuadro 2. Columna Circulante en MR: países de América Latina, Feige y otros, 2002, cuadro 1; países de Europa Central, Feige, 2003, cuadro 2.

Aclaraciones: MR significa moneda de reserva; CMR es MR como circulante en poder del público; CMR/CT es CMR como porcentaje del circulante total en poder del público.

ecuacion2.jpg

grafico1.jpg


Referencia bibliográfica

Avila, J. (2004): "Internacionalización Monetaria y Bancaria", UCEMA, documento de trabajo Nº 285, diciembre.

Marzo 2, 2006

Escrache de Ambito Financiero

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 3:04 pm

Hace cinco años y medio que aparezco con frecuencia en la televisión. Los productores de los programas empezaron a llamarme unos nueve meses después de la llegada al poder del progresismo radical-frepasista y han seguido llamándome durante el gobierno del presente progresismo peronista-frepasista. ¿Lo hacen porque soy un buen polemista, porque erizo la piel de un sector del público para la algarabía de otro, o porque soy un payaso que divierte a los televidentes? Creo que no lo hacen por ninguna de estas razones sino por una bastante más simple: no tienen a quién llamar. De los más de 200 funcionarios de primera línea que instrumentaron la convertibilidad y las privatizaciones durante las presidencias de Menem, los productores no pudieron encontrar a ninguno disponible, salvo raras y muy ocasionales excepciones. Como hiciera Casildo Herreras apenas supo del golpe de Estado de marzo de 1976, se borraron. No juzgo a nadie; me limito a relatar los hechos.

Sin haber sido funcionario ni conocido de Menem, quedé solo para defender, sin ambages y en público, aquel conjunto de grandes reformas que nos demanda restauración, corrección y profundización: la convertibilidad, las privatizaciones y la política de franco entendimiento con EEUU. Se desencadenó un frenesí de debates televisivos, reportajes radiales y artículos en revistas y diarios. Nunca recibí pago de ninguna clase; la actividad me exigió esfuerzo y concentración, pero la encaré con gusto porque ha sido una oportunidad dorada para aclarar y defender cuestiones esenciales para la organización y el éxito económico del país.

El debate televisivo es una actividad de alto riesgo. Como cuando se maneja un auto a alta velocidad, en cualquier momento se puede derrapar por error propio o ajeno. Excepto dos invitaciones que me cursaron apenas tres horas antes del comienzo de los programas y que cometí el error de aceptar sin la debida preparación: un debate en A Dos Voces a mediados de 2001 con el presidente de la UIA, De Mendiguren, quien ya alistaba la devaluación que poco después perpetraría, y una intervención deslucida en un debate con varios economistas en Hora Clave (uno de ellos era Lozano, de la CTA, extraño aliado pasivo del proyecto de devaluación que pulverizaría los ingresos reales de los más humildes), puedo afirmar que siempre me fue bien. Lo digo por los reiterados testimonios de aprobación que he recibido por email, por teléfono y de la gente en la calle, pero sobre todo lo digo porque es mi íntima convicción. Cuando uno mira para sus adentros, sabe sin edulcorantes si estuvo bien o mal.

A lo largo de esa agitada carrera de intervenciones periodísticas, fui objeto de dos escraches. El primero estuvo a cargo de Horacio Embón. Este personaje, a quien no sabría clasificar de otra forma, me invitó a debatir en su programa de cable; le respondí que no aceptaba; luego, me propuso hacerme una entrevista a solas. Apostando a la integridad de su palabra, acepté el reportaje, y además le anticipé que tendría que retirarme del canal antes de que terminara el programa. Así, en un set de televisión de Palermo, viví una experiencia de deslealtad imposible de imaginar. Me sentó a una mesita de hierro, y a un metro a mi derecha me armó una mesa con cuatro opositores, furibundos y resentidos, entre ellos, el actor-sindicalista Bonín. Embón me hacía una pregunta, yo respondía, los técnicos bajaban el volumen de salida de mi voz y aumentaban el de salida de los cuatro opositores, que se ensañaron en calumniarme y ridiculizarme. No contento con esto, cuando me iba del set, según lo pactado, la cámara me siguió hasta la puerta de calle como si yo escapara con la cola entre las patas. Gracias a una dosis de ingenuidad que me pone a salvo de ataques de mala fe, no sufrí tensiones; apenas un momento confuso por el cotorrerío de la mesa de al lado. Recién me enteré de la verdadera envergadura de la emboscada cuando unos amigos que habían visto el programa me lo dijeron.

El segundo escrache provino del diario Ámbito Financiero, el pasado martes 28 de febrero. Todavía me resulta difícil creerlo, tratándose de un diario que leo todos los días desde 1982 y en el que publiqué mis mejores artículos. La sección Arte, Ocio y Espectáculos me dedicó un artículo de tapa, con foto incluida, en donde el diario procedió a demolerme sin piedad y con mucho sarcasmo. Dice que perdí por knock-out todos mis debates televisivos, trayendo del pasado con una memoria improbable en un crítico de espectáculos, el debate con De Mendiguren y los que tuve con Moyano, y me aconseja que me abstenga de polemizar por TV (otros medios más inofensivos me estarían permitidos) puesto que perjudico las ideas de Adam Smith.

¿Quién fue el instigador de este salvaje artículo de dimafación? ¿Fue Moyano? No lo creo; ese hombre da la cara y le importa un rábano si pierde o gana un debate televisivo. ¿O fue la UIA, cuyos intereses económicos ataco cada vez que propongo el ingreso al ALCA? ¿O fue el mismo diario, que hace unos años informó falazmente que yo había pronosticado un dólar a $7 y que me degradó al décimoquinto puesto en una lista de 14 posibles ministros en la eventualidad de que Menem ganara la última elección presidencial? ¿O fue alguno de esos grandes egos que se sienten heridos cuando ven que a otro le va bien?

Antes de enfermarme, mejor doy por concluido el asunto acá mismo. El escrache del diario me ha causado daño familiar y ha puesto en duda mi credibilidad, pero no tengo la plata ni el tiempo para embarcarme en una investigación ni en una querella judicial. En todo caso, el mensaje realmente importante de este suceso queda sintetizado en una frase del Quijote que lo dice todo: ¡Ladran, Sancho, señal que cabalgamos!

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