La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

Abril 29, 2006

¿Es la educación o la apertura?

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 4:33 pm

Hace unas pocas semanas, Nora Bär, periodista de La Nación, escribió un interesante artículo sobre el ‘milagro’ económico de Nueva Zelanda. Ilustra el fenómeno con dos ejemplos: el notable aumento de las exportaciones de vinos y el impresionante desarrollo de las exportaciones de productos lácteos hasta capturar un tercio de las exportaciones mundiales.

Pero lo que hace al artículo atractivo y engañoso a un mismo tiempo, es la explicación del milagro. De acuerdo con ella, la política de apertura comercial que aplica Nueva Zelanda desde 1984 no tuvo arte ni parte en el boom exportador. Por encima de todo, éste sería consecuencia del estímulo oficial a la investigación científica aplicada, de la colaboración de grupos privados y gobierno, y de la voluntad de innovar y hacer las cosas bien.

Nadie en su sano juicio puede sentirse contrariado por esta interpretación del milagro. De hecho, fue aprobada, según parece, por muchos lectores del diario. Algo que no me extraña, puesto que apela al sentido común, a la voluntad de superación, a los beneficios del trabajo conjunto a largo plazo entre el gobierno y el sector privado y al espíritu sarmientino de nuestra clase media. Pocos días después, una carta de lector daba cuenta de la mezcla de deslumbramiento y desaliento que sintió el ingeniero que la había escrito luego de leer el artículo. Me enteré de la carta gracias a mi suegro, también ingeniero y propenso a creer que todo puede resolverse con voluntad y tecnología. El artículo despertó en él los mismos sentimientos que en su colega. Entre intrigado y resignado, mi suegro preguntó por qué ellos pueden y nosotros no, en vista del potencial argentino en materia vinícola y láctea y de la similitud de ambos países.

Entre otras cosas, el razonamiento económico nos sirve para evitar el desaliento y la resignación por motivos equivocados. Mucho del desaliento y la resignación que se adueña de la población se debe a que el periodismo y los políticos analizan temas esencialmente económicos con sentido común, en el mejor de los casos, y con voluntarismo casi siempre. El sentido común, por lo general, es la negación del criterio económico. Y el voluntarismo es la negación de las fuerzas impersonales que se expresan en los mercados.

La investigación aplicada y el desarrollo tecnológico fueron, en todo caso, condición necesaria para el aumento de las exportaciones de vinos y productos lácteos de Nueva Zelanda. La condición suficiente fue la apertura comercial del país. Si Nueva Zelanda no hubiera abierto sus puertas al libre comercio, no habríamos observado tal crecimiento exportador, y esos científicos y técnicos hubieran emigrado a otros países. Y si no hubieran dispuesto de esos científicos y técnicos, en una Nueva Zelanda abierta al libre comercio, los empresarios habrían detectado el negocio de producir para la exportación vinos y lácteos y habrían repatriado o contratado en el exterior los científicos y técnicos necesarios. La punta del ovillo no es la educación y la investigación sino el negocio exportador.

Todo impuesto a la importación es un impuesto a la exportación. Si el gobierno fijara un impuesto prohibitivo sobre todas las importaciones, las importaciones se anularían, igual que las exportaciones, aun cuando no hubiera retenciones sobre éstas. Un país que no puede importar no necesita exportar para generar divisas. En igual sentido, si el gobierno fijara una retención prohibitiva a las exportaciones, éstas desaparecerían, lo mismo que las importaciones, aun cuando no hubiera impuestos que penalizaran el ingreso de las últimas. Un país que no puede exportar no genera divisas para importar.

Lo contrario sucedería si el gobierno eliminara los aranceles y cuotas a la importación, además de las retenciones que obstaculizan la exportación. Aumentarían de la mano las importaciones y las exportaciones. El país se abriría así al comercio mundial.

En suma, en este campo vale una suerte de mandamiento que dice “exportarás lo que importes”. No es un invento mío. Se trata del principio de simetría de Lerner. La UIA no lo entiende, ni le conviene entenderlo. Aunque el mayor enigma económico-político de la Argentina es que ni siquiera la SRA lo entienda ni lo defienda. (Para leer el artículo de Bär, haga click aquí.)

 

Post Data: La reducción o eliminación de aranceles y cuotas a la importación aumenta la exportación y la importación (se contrae la producción local de alto costo relativo). La exportación aumenta dado que el costo de producción disminuye. Esto sucede por dos causas: 1) se abaratan los insumos importados; 2) se ‘adelanta’ el tipo de cambio; es decir, se reduce el costo en dólares de los servicios laborales y de otro tipo que se emplean en la actividad exportadora. La producción local disminuye y las importaciones aumentan debido a la reducción del precio interno de los productos importados.

Abril 28, 2006

Los términos de intercambio III

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 3:15 pm

Daniel Naszewski volvió a la carga esta semana con su hipótesis de que la célebre teoría de los términos de intercambio declinantes, que fuera el fundamento más sólido de la política de protección a la industria argentina desde los años 40, se está haciendo pedazos. Sigue un extracto de su artículo, que comienza con un relato del impacto que tuvo su primer artículo sobre el tema.

Sobre los chinos, Prebisch, los precios y el perfil productivo…

(…) Alfredo Zaiat (del menú de Página 12) escribió (el pasado sábado 22) sobre los blogs y aledaños, dedicándose en parte a observar el maravilloso fenómeno blog, y también a comentar mi idea aledaña sobre el posible (¿probable?, ¿pendular?, ¿cíclico?, ¿improbable?) agotamiento de la teoría de Raúl Prebish respecto a la tendencia secular al deterioro de los términos del intercambio de los commodities primarios. (…) al otro día (el domingo) Marcelo Zlotowiazda (debe faltar alguna letra, perdón, a mi me pasa lo mismo que a usted) siguió con el tema en Página. (…) Y Horacio Huergo (jefe suple agropecuario de Clarín, el “gran diario argentino”) le escribió a Jorge Avila un eeeeee-mail diciendo que está conmovido por esta posición, que yo llamaría heter-heterodoxa, agregando que él mismo había escrito algo parecido varias veces, qué bueno, no estamos solos en la madrugada. Incluso Gustavo Grobocopatel, un muchacho que entiende algo de soja, me mandó también un mail sosteniendo que “éste no es un ciclo más, es uncambiode paradigma. Son varias las causas: desarrollo de Asia pacifico, biocombustibles, restricciones en el agua y la tierra (argentinos y Mercosur de suerte), nuevas necesidades en los alimentos,losbioplásticos, los biofármacos”… El hombre, amable y entusiasta como pocos, me explicó que “sigo los mercados hace mas de 10 añosy lalógicacambió”, agregando que “dejémonos de boludearycomencemos, como bien decís, aindustrializarel campo, los serviciosytodo aquelsectorque tengaunproductoo serviciocompetitivo sin mamar de latetaajena”. No sé si fue claro el señor, creo que clarísimo. Coman soja, millones de chinos no pueden equivocarse.

Lo que quiero decir con tooooodo esto es que los argentinos, al fin no tan solos, y con unas décadas de atraso, empezamos poco a poco a debatir si el deterioro secular de los Términos del Intercambio (TI) sigue teniendo vigencia, o no, y hasta la misma estrategia de desarrollo (donde la industria debiera ser un sector más, y no “EL SECTOR”).

Ya lo ven, los diarios hablaban de TI.

Capítulo único. Pavada de debate

No es poco discutir esto. El desarrollo (o el subdesarrollo) de la Argentina del último medio siglo, o algo más, viene ligado profundamente a esta premisa que todos hemos comprado como verdad revelada (me incluyo, de mis tiempos de discípulo, asistente y admirador del maestro Marcelo Diamand). En concreto, si el deterioro de los términos del intercambio de los productos primarios es secular, como lo sostuviera Raúl Prebisch entonces quizá se justificarían, como en los recordados tigres asiáticos (países chicos, mucha población, poco verde), la industrialización acelerada a cualquier precio, la sobreprotección, el cierre de la economía, una política de elevados aranceles de importación (y hasta de trabas para-arancelarias como las que hemos conocido), el apoyo a las industrias infantiles (que por alguna razón que se me escapa en la Argentina se resisten a crecer de una vez), las retenciones al sector agropecuario. Y la desatención al campo, al petróleo, a los pececitos de colores (salmones, por ejemplo, producto del que Chile ya exporta cerca de 2.400 millones verdes rosados al año).

Dicho de otra forma, si el deterioro de los TI primarios es, o era, una tendencia como lo observara don Prebisch, y no un sube y baja, hasta quizá tuvo y siga teniendo algún sentido el paradigma del dólar real alto, aunque se coma los salarios (es una metáfora, en realidad los asalariados comen los bienes exportables). Todo sea para promover y proteger y desarrollar al pobrecito sufrido lastimoso sector manufacturero nacional, que sería, bajo esa idea, la única forma de salir de pobres pero honrados. Dicho de otra forma más: si los TI primarios caían y seguirán cayendo de manera persistente, la fórmula era sin duda Jorge Remes al Gobierno, Coniglio de Mendiguren al poder. O sea, deva, deva y más deva para proteger a los pobres industriales desprotegidos, y de paso política arancelaria sobreprotectiva, por si con la deva no alcanzaba.

Pero si la premisa sobre el deterioro secular de los términos del intercambio de los productos primarios no era sustentable, o si cambió, o si está cambiando gracias a Malthus y los chinos, indúes, coreanos, tailandeses y otros países asiáticos “población intensivos” que demandan a lo pavo, incluso otras aves, entonces la teoría que decía que sólo la industrialización de manufacturas salvaría a los argentinos de la debacle era incorrecta, o al menos lo es ahora, y la conspiración internacional y planetaria que sin duda hubo en marcha contra la Argentina en las décadas pasadas fue y es un Gran Equívoco Nacional.

Es así de simple y complicado a la vez, amigos y no tan amigos. Por eso sugiero que nos pongamos a conocer cómo funciona el mundo en realidad, y a entender la teoría de la división internacional del trabajo, la especialización, y aquel viejo dilema de mantequilla o cañones. Es momento en que cambiemos de una vez nuestro obsoleto concepto que el verdadero desarrollo es la producción de manufacturas (made in Argentina), aunque sean costosas para los consumidores, aunque sean poco competitivas o no tengan escala. Es tiempo que nos preguntemos si la solución no será, también (hay que insistir, vieron), industrializar el agro, industrializar la industria, industrializar el arte y la cultura y el cine (cómo la industria de Hollywood, vio), industrializar la producción de soft y hard, industrializar la soja para hacer bioenergía, industrializar nuestro atractivo turístico basado en el tango, las bellezas naturales y de las otras, y tantas cosas más.

Es el momento de pensar en fabricar no sólo tornos sino autopistas de cemento y autopistas informáticas, de producir todo aquello que nuestra famosa creatividad argentina es capaz de generar de manera eficiente, competente, competitiva, con la mente abierta. Hasta podríamos ser grandes productores y exportadores de encuestadores, asesores de imagen y hasta creadores de discursos enojados y enojosos, que tan bien se venden.

Hasta podríamos desarrollar la industria de verdades reveladas y venderlas al exterior como expo no tradicional. Sí, es hora de preguntarnos si debemos tener industria aeroespacial o ser los mejores y mayores productores de caramelos del mundo, así como de tubos sin costura para la industria del petróleo. Y es hora, de una vez, de dejar de seguir pensando que los chinitos son el peligro amarillo (la recurrente pesadilla de Mafalda y de parte de mi generación), para aceptar que el mundo crece, que el consumo crece, que el número de pobres disminuye relativamente en el mundo (pese a lo que digan los desconocidos de siempre que ven el Apocalípsis a la vuelta de cada esquina), que millones de personas se están incorporando año a año a la demanda internacional de alimentos, películas, telenovelas, lencería femenina, tallarines de trigo, toallitas femeninas, choripanes (oia, que mezcla tan rara me quedó), inteligencia aplicada al bien, medicina y tantas otras cosas maravillosas que los argentinos somos capaces de hacer con nuestras ventajas competitivas y comparativas, además de las excelentes manufacturas de origen industrial que producimos, siempre tan bien defendidas por mi gran amigo Coniglio de Mendiguren. Ah, y producir y exportar ambientalistas, of cors, como agregaría Paltrow.

Bueno, digamos que es hora de empezar a pensar, a reflexionar, a debatir, a escuchar lo que piensan los otros (aunque sea diferente a la cultura oficial), a ser un país neuronas intensivas. Eso, sólo eso, nada más que eso. Como escribió Javier González Fraga, Prebisch y sus ideas fueron un reflejo de su época, y debemos respetar y admirar aquellas ideas y su esfuerzo. Pero el tiempo siguió haciendo su trabajo, como siempre, y es hora de un nuevo paradigma. ¿Cómo debe ser? Qué se yo, eso se lo dejo a los hombres prácticos y schumpeterianos, que al final siempre resultan ser los mejores pensadores, porque piensan con el estómago, con el corazón, con la sangre, con el bolsillo, con las vísceras, no sólo con la cabeza.

Un abrazo,

El Hombre Electrónico

Abril 26, 2006

Los términos de intercambio de nuevo

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 6:09 pm

Reproduzco a continuación un artículo que publicó el ingeniero agrónomo y periodista agropecuario Héctor Huergo en Clarín en diciembre de 2005. Señala la falsedad de la célebre "teoría de los términos de intercambio", que ha sido durante 70 años el gran soporte intelectual de la política de protección aduanera a la industria y la justificación de la cerrazón comercial argentina. La protección industrial, que por necesidad lógica implica un desestímulo de la exportación, ha sido la causa de alevosa discriminación practicada sobre el campo (aunque la Sociedad Rural Argentina no se haya dado por enterada) y los consumidores. Huergo sabe de qué habla.

Los dos principales clientes de alimentos argentinos en el 2005 fueron China y la India. El sudeste asiático está que hierve, necesita alimentos y no puede producirlos. Vamos a cerrar el 2005 con un récord absoluto de exportaciones, con embarques por 40.000 millones de dólares. Es una cifra sorprendente, porque a comienzos de los 90, después de experimentar durante décadas con el modelo cerrado, no llegábamos a 10.000 millones. Desde entonces, se viene subiendo a un ritmo de 2.000 millones anuales. Ni la convertibilidad, ni la salida traumática de ella, ni la mano de ningún ministro de economía pudieron frenar el empuje exportador.

Lo más notable es que dos terceras partes de estos 40.000 millones del 2005 vienen del sector agroalimentario. Es casi gracioso, para no decir grotesco, que esto se perciba como algo negativo. "Son materias primas sin valor agregado", dicen unos. "Las afecta el deterioro de los términos de intercambio", sentencian los más formados en la escuela de Raúl Prebisch, el gran economista que introdujo la teoría de que mientras las materias primas bajaban continuamente de precio, los bienes industriales subían por la escalera. Esta teoría llevó a "industrializar" a cualquier costo, negando la planificación en función de las ventajas competitivas naturales y adquiridas.

Industria, según el diccionario de la Real Academia Española, es la actividad que transforma los recursos naturales. Bajo esta acepción, el campo es también industria. Aunque se desarrolle a la intemperie. El chacarero es el capataz de una línea de montaje a la que concurren toda clase de bienes provistos por "otras" industrias: fertilizantes de síntesis química, herbicidas, insecticidas, funguicidas. Tractores y sembradoras. Todo "just in time", como en la industria japonesa. Los productores saben muy bien el riesgo que se corre si la cosechadora llega tarde…O si se fumigó a deshora.

En esta visión, los granos son productos de alto valor agregado. Le agregan valor al fertilizante, al agroquímico, a la maquinaria, que no tendrían sentido sin la cosecha.
Que los cereales y las oleaginosas sean materias primas de otros industrias "corriente abajo", no les quita mérito alguno, sino que revela su extraordinario potencial. Producto final en sí mismo, pero también materia prima para seguir la escala de valor. Pellets de soja, y de allí, junto con el maíz, al pollo, el cerdo o la carne vacuna. Aceite de soja, y de allí, a la mesa, o a la fábrica de biodiesel. De la fábrica de biodiesel sale la glicerina como subproducto, una molécula valiosísima que ingresa en la industria farmacéutica para infinidad de usos. Del maíz al etanol, los almidones que utiliza la industria petrolera, o la fructosa que endulza las bebidas cola y las mermeladas industriales.

Así que chau con la teoría del "valor agregado", que muchos confunden con "grado de elaboración". Lo que importa es cuántos dólares salen por cada dólar que ponemos, y no la sofisticación aparente de un producto determinado. Nada genera más valor, en la economía argentina, que la soja, y por eso su crecimiento incontenible.
Veamos la cuestión del "deterioro de los términos de intercambio". Según Jorge Castro, la teoría de Prebisch pasó a la historia a partir de la experiencia de los últimos tres años. El espectacular desarrollo de China lo ha convertido en una aspiradora de todo tipo de materias primas: minerales, granos, recursos energéticos. Con estos insumos, elabora toda clase de productos industriales, basados en mano de obra barata, y los está exportando a todo el mundo. Son cada vez más baratos, mientras suben los precios de todo lo que compran.

Las evidencias se asoman por todos los balcones. ¿Cuánto costaba una unidad de memoria de computadora hace veinte años? ¿Cuánto hace diez, y cuánto ahora?. En un IPod del tamaño de un tarjetero, usted puede almacenar 3.500 canciones y escuchar la que quiere rozando el índice en un dial fijo. Antes necesitaba un cuarto para el combinado y la discoteca…

Sí, cada vez hacen falta más chips para comprar un quintal de trigo. El deterioro de los términos de intercambio va al revés de los presagios. Un auto cuesta los mismos quintales de trigo que hace veinte años. Pero ahora vienen con doble airbag, ABS, control de tracción, caja automática y motores que consumen la mitad y emiten menos gases nocivos para la salud o el planeta.

Hay un último argumento para atacar el modelo de los 40.000 millones de dólares, dos tercios de agroalimentos, que entre otras cosas permitió saldar la deuda con el FMI. Y es que los países centrales son autosuficientes en agroalimentos, que subsidian y que no nos van a dejar crecer. Lo ocurrido esta semana en Hong Kong desmitifica también esta cuestión. La tendencia a la liberalización agrícola es inexorable. Si no, la Argentina no hubiera triplicado sus embarques en los últimos quince años. Récords de exportación de carne vacuna, un producto que siempre fue problemático. Hay cuotas para entrar a la UE, y altísimos derechos fuera de cuota. Pero así y todo los embarques se expanden a toda velocidad, dentro y fuera de cuota.
Pero lo más notable es que los dos principales clientes de los agroalimentos argentinos en el 2005 fueron China y la India. Entre los dos reúnen el 40% de la población mundial, con 2.400 millones de habitantes. Y son países cada vez más abiertos en materia de alimentos. Ambos en plena expansión económica, exhibiendo tasas de crecimiento extraordinarias (del orden del 9% anual) lo que impulsa la demanda de comida.

El mundo desarrollado achica los subsidios y tiende a liberalizarse. El sudeste asiático está que hierve, necesita alimentos y no tiene cómo producirlos. ¿Será nomás que Dios es Argentino?

Abril 24, 2006

Un estilo agotado

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 4:27 pm

El diario La Nación publicó ayer un editorial punzante y comprensivo de los graves errores de política exterior del gobierno del presidente Kirchner. El detonante fue un extemporáneo reclamo de Kirchner al gobierno de Finlandia para que éste frene la construcción de la fábrica de pasta celulósica que lleva adelante la empresa Botnia en Uruguay. El diario destaca impecablemente que este es "un lamentable ejemplo de una concepción autoritaria, que induce a creer que un gobierno está facultado para ordenarle a una empresa privada lo que debe hacer". Bravo.

Es una buena noticia que La Nación asuma una posición menos complaciente frente al gobierno. También es una voz de alerta que el gobierno debería escuchar, ya que ese diario influye considerablemente sobre la opinión tradicional y moderada del país. Para leer el artículo, haga click aquí.

Abril 21, 2006

¿Quedará algo de la economía de Menem?

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 5:16 pm

Después del gobierno de Kirchner, ¿quedará algo en pie de las reformas económicas del expresidente Menem? Mi impresión es que las reformas básicas quedarán muy trastocadas. Aunque también creo que quedará en la población y en algunos políticos realistas la sensación de que algo necesario, rescatable y perfeccionable se hizo en aquella época que hoy parece tan superada en la ideología y en los sentimientos.

El error de Menem, si me permiten opinar de un tema álgido, no fue un exceso de gasto público, ni la apertura abusiva de la economía, ni el dólar fijo que contrariaba los intereses de la industria y el campo, ni cierta frivolidad simbolizada por la Ferrari Testarrosa. El error fue el halo de corrupción que rodeó su gobierno y que él no supo combatir. La mujer del César debe ser honesta y además parecerlo. El progresismo ha explotado sistemáticamente ese halo desde mediados de la década de 1990, y sobre todo a partir de 2003, con el fin de desacreditar la esencia del gobierno de Menem: el capitalismo y el entendimiento con EEUU. Por ese halo, todo lo que huele a capitalismo y a EEUU ha pasado a ser corrupto. Gran victoria política de la izquierda en el más mezquino de los sentidos. Pero también un gran fracaso político en el más noble de los sentidos, porque la buena política consiste en curar, educar y liderar.

El Correo fue restatizado en forma transitoria y luego definitiva. Aguas Argentinas fue restatizada directamente, sin atenuantes. Los ferrocarriles se han transformado en una dependencia del ministerio de planificación, dado que se les determina el plan de inversiones (nada menos), la política salarial, el precio del gas oil y también las tarifas, que permanecen fijas cuatro años después de un aumento del dólar de un 200%. Las empresas viales por peaje han corrido una suerte análoga.

El congelamiento tarifario mantiene ahogadas a las empresas de servicios públicos. La falta de una compensación de las pérdidas por la pesificación asimétrica quebrantó el patrimonio de los bancos, y de la reforma bancaria de la década de 1990 queda poco y nada. Las AFJP están cargadas de bonos públicos sujetos a alto riesgo de default, y de la privatización del sistema jubilatorio queda la fachada y el recuerdo. El sistema de convertibilidad fue destruido y a los pocos meses reconstruido a 3 pesos por dólar por terror a otra hiperinflación, aunque a la manera informal y discrecional típica de los nuevos tiempos. La libertad de precios va quedando sepultada bajo una montaña de controles, y la precaria libertad de cambios podría dar paso a un severo control en cuanto el gobierno lo sienta necesario. La relación de franco entendimiento con EEUU sufrió un tropezón muy triste e inolvidable en ocasión de la contracumbre de Mar del Plata. Algo parecido puede decirse respecto de las relaciones con otros países, tales como Francia, España, Chile y Uruguay.

Insisto, ¿qué quedará del legado de Menem? Como dije en el primer párrafo, tengo el optimismo que la situación permite. Quedarán los cimientos de las reformas básicas y con el paso del tiempo el público apreciará que no todo fue malo. Veamos la marcha del país en perspectiva. La sociedad argentina ha dado muestras de que aprende las grandes lecciones: "la democracia es mejor que la dictadura"; "la estabilidad monetaria es mejor que la inflación". Aun en este país atribulado y excéntrico se cumple la clásica observación de David Hume en el sentido de que la civilización es un aprendizaje en la historia. Cuando asuma el nuevo gobierno tendremos una larga lista de empresas a reprivatizar, contratos de concesiones a reformular y mercados a desregular.

Abril 13, 2006

Perú a las puertas del ALCA

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 5:50 pm

El movimiento hemisférico hacia el ALCA ha dado un nuevo paso. El cerco alrededor de la Argentina se ha estrechado aún más. Nuestra tabla de salvación está ahora más a mano gracias a la fuerza de los acontecimientos internacionales. Ayer, Perú firmó con EEUU un acuerdo de libre comercio, que entrará en vigor cuando sea aprobado por los Congresos de ambos países.

Aunque los índices de desempleo y de pobreza no han bajado, Toledo ha hecho una buena administración económica desde 2001: muy baja inflación, fuerte crecimiento, gran salto de las exportaciones, triplicación de la inversión, riesgo-país en 200 puntos básicos. El presidente peruano advierte que el próximo presidente no podrá cumplir sus promesas sobre creación de puestos de trabajo para los más pobres sin entrar a un mercado de 300 millones de consumidores. Y puntualiza estos conceptos tan desbordantes de sentido común, que tan bien entienden Chile, México y Uruguay y que son tan ajenos al submundo del presidente Kirchner:

“Ser nacionalista es preocuparse por los más pobres. Ser nacionalista es generar trabajo. Ser nacionalista es abrir mercados. Ser nacionalista es comprender el mundo global,…es pensar en el futuro de Perú más allá de las promesas electorales. Es ser elegido democráticamente y gobernar democráticamente.”

Casi al mismo tiempo, el gobierno paraguayo amenazó con abandonar el MERCOSUR. No saben cuánto me alegro. Las crisis, como dicen los chinos, abren oportunidades, y esta vez, dentro de algunos años, también abrirán la economía argentina al mundo y los mercados del mundo a la Argentina.

                                ¡FELICES PASCUAS!

Abril 7, 2006

Espiral dólar-precios-salarios

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 6:26 pm

Hace un par de días, Moyano, el jefe de la CGT, acordó con el Gobierno un aumento salarial de 19% para los camioneros. Este porcentaje de incremento para el período abril 2006-marzo 2007 es visto por los mercados como el techo o como la medida de lo que el Gobierno juzga razonable en la materia. Ayer, el gremio de los porteros logró un aumento de 18%, muy en línea con el de los camioneros. Las negociaciones de los restantes sindicatos parecen así encaminadas a porcentajes similares. Hasta hace una semana reinaba mucha incertidumbre sobre el tema, pues las demandas de los sindicatos se elevaban a 30% ó 40%.

A raíz de estas aspiraciones salariales, y como una muestra de que los mercados y la prensa tienen muy presentes las desastrosas consecuencias políticas e inflacionarias del descontrol salarial de 1975, recibí muchas consultas de periodistas asustados por el tema. Quieren saber si los aumentos salariares son la causa de la inflación o si provocarán su espiralización.

La "espiralización de la inflación" es una frase con gancho periodístico pero con poco significado económico. Sugiero las siguientes consignas para pensar mejor la relación entre los aumentos salariales y la tasa de inflación:

1. Con dólar fijo, es imposible que el país experimente una inflación sin control. En la medida que el gobierno controle el dólar, veremos una inflación residual como la que hemos visto desde 2004, por un período difícil de estimar, que abarcaría entre 24 y 36 meses más.

2. Durante ese período, se ajustarían los precios de los servicios (privados y también públicos, si el Gobierno levantara el congelamiento impuesto en 2002) y los salarios. Los precios de los servicios y los salarios buscarían acercarse de esta forma al nivel en dólares que exhibían en la década de 1990, sin alcanzarlo, pues las circunstancias económicas nacionales son bien distintas.

3. Con dólar fijo, los salarios no empujan a los precios. Ambas variables suben debido al estímulo de la demanda agregada, y ésta aumenta por la reducción de la prima de riesgo-país, que hoy registra 340 puntos básicos versus 2200 en diciembre de 2002. En otras palabras, los salarios y los precios de los servicios mejoran de la mano de la normalización del país.

4. Si los aumentos salariales fueran moderados y las negociaciones, descentralizadas, la recomposición salarial no debería ser traumática. Luego, las empresas no deberían quebrar por este motivo.

5. La tragedia ocurriría si los aumentos fueran inmoderados (y centralizados), porque entonces las quiebras estarían a la orden del día. A menos que el Gobierno tomara la decisión de aplicar una política cambiaria llamada crawling-peg pasivo. Ésta consiste en devaluar el peso a igual ritmo que la inflación. Es muy peligrosa. Por dos razones: a) la tasa de devaluación quedaría determinada por las exigencias salariales, o sea, por el Sr. Moyano; b) el Gobierno pasaría a cobrar el impuesto inflacionario, ingresándose así en un escenario del que es muy difícil salir.

6. En síntesis, si los aumentos salariales fueran inmoderados, el país quedaría ante una encrucijada: o las quiebras, o el regreso del impuesto inflacionario, como en las décadas de 1960, 70 y 80.

Como se apreciará, la preocupación de los periodistas y la cautela del gobierno en el manejo del tema tienen una seria justificación. Aunque mientras el dólar siga fijo y el Gobierno asegure el superávit fiscal para mantenerlo fijo, los aumentos de salarios no serán la causa de la inflación.

Abril 6, 2006

Uruguay rumbo al ALCA

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 8:20 pm

En el reportaje de la revista c-mail sostengo que una especie de fuerza gravitacional, que denomino "lógica de los acontecimientos internacionales", terminará por forzar el ingreso de Argentina al ALCA, para bien del país. Mencioné la secuencia de países que ya han ingresado, desde México hasta Chile, pasando por los centroamericanos, y por Colombia y Perú, que están al borde de hacerlo. También cité el caso uruguayo. Pues bien, el diario Ultimas Noticias, de Montevideo, publicó recientemente que el 58% de la población de este país apoya la firma de un tratado de libre comercio con EEUU, en tanto que el 46% entiende que Uruguay debe abandonar el Mercosur. Esta mañana leí que el presidente Bush le ha pedido al Congreso de su país que apruebe el tratado de protección de inversiones norteamericano-uruguayo y que mantendría una reunión con Tabaré Vázquez el próximo 4 de mayo en Nueva York, con el objeto básico de mejorar los términos de una propuesta para que Uruguay se sume al ALCA.

También leí que la cancillería argentina está muy preocupada por el avance de las conversaciones entre Uruguay y EEUU. ¿Quién lo entiende al canciller Taiana? Fue él quien orquestó la tristísima e inolvidable contracumbre de Mar del Plata, que nos hizo perder la confianza de EEUU. A pesar de ser responsabilidad de su cartera y una muy grave violación de la libertad de tránsito que garantiza la Constitución, no se opuso en forma terminante al corte de los puentes internacionales que unen a nuestro país con Uruguay. Tampoco se opuso a la clausura de las exportaciones de carne (otra grave violación constitucional; esta vez, de la libertad de comercio); ni se opuso a las trabas a las importaciones de telas, calzados y calefones y heladeras provenientes de Brasil. Esta situación finalmente ha generado en los uruguayos un sentimiento de rechazo de parte de Argentina, país al que históricamente han visto como a un hermano mayor y un líder en las negociaciones internacionales, y la sensación de que el Mercosur, por el que se jugaron repetidamente, es una vía muerta. ¡Qué paradójico! El gobierno del Dr. Kirchner es una de las manos invisibles que operan para que se cumpla la lógica de los acontecimientos internacionales.

¿Los términos del intercambio, están passé?

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 6:58 pm

Este es el último artículo de mi amigo Daniel Naszewski. Contiene una original y muy necesaria apelación a revisar la hipótesis de los términos de intercambio declinantes que gobierna a la política económica argentina desde hace medio siglo, con contadas excepciones, para el regocijo del sector industrial que prospera gracias a aranceles y cuotas que restringen las importaciones, y de subisdios que pagan los contribuyentes y los consumidores.

¿El Chops Suey le gana a Prebisch y el deterioro de los términos del intercambio?

Toda mi generación, los que estudiamos en la universidad en los años setenta, compramos e hicimos comprar muchos buzones, nos engañamos, compramos pececitos de colores, creímos, nos defraudamos, defraudamos, nos la creímos, nos enamoramos del sexo sin amor, de palabras pomposas y prometedoras como la revolución, de las utopías salvadoras del mundo y otros planetas, de ideales más que de ideas, del intercambio desigual y la idea que el mundo se dividía en buenos y malos, en países centrales y países periféricos, en explotadores y explotados, y pocos, muy pocos, nos atrevimos a hacer una severa autocrítica y, menos aún, a reconocer que nos dañamos, y dañamos mucho a quienes nos rodeaban. Ya se sabe, “íbamos a cambiar el mundo y el mundo nos cambió a nosotros”, ¿no habremos soñado demasiado?

Lo concreto es que en la última semana me dediqué a conversar con algunos economistas re-nombrados que ni siquiera puedo mencionar por aquello del perfil bajo (sí, ahora está la onda del perfil bajo, ¿vio?, la última moda de los asesores en coaching media). Por ejemplo, conversé con mi gran amigo Mario Brodershon, a quien le pregunté si creía que la teoría del deterioro secular de los términos del intercambio (traducido, el trigo tiende a bajar, las computadoras a subir) se habría agotado ahora que la soja viene hasta en las milanesas (le regalo la idea a K, que no sabe qué hacer con la carne…), ahora que los chinos crecen 10% anual y no saben como enfriarse y crecer sólo al 9%, ahora que India, China y otros paisitos de aquellos aumentaron la demanda mundial de commodities como el petróleo, los alimentos como el chop suey y todo plato que tenga soja, trigo, carne, aves, cornalitos, salmón rosado, comida, combustible, energía para las personas y para las máquinas. Brodersohn, que está de vuelta y se las sabe todas, me miró detrás de los anteojos y me dijo “mire, uno cuando está arriba de la ola siempre se cree que se va a mantener allí y disfruta sus 15 minutos de gloria, pero luego siempre, tarde o temprano, se cae”. Hombre sabio, sin duda, creo que me estaba dando también una metáfora sobre la vida misma y sus estaciones, sus ciclos, además de decirme (y decirle a Felisa la de la Sonrisa, de paso) que no se entusiasme demasiado con esta idea que los precios agrícolas se mantendrán altos hasta el 2001, o el 2015, por si las dudas, por si re-re, por si Cristina.

Pero en la semana, también, fui a almorzar off the record con mi gran amigo Miguel Braun (el hombre del Cippec), junto a Luciana Freers y Esteban Fernandez Medrano (los dos con el babero puesto),y les hice la misma pregunta: ¿Prebisch no va más?, ¿se equivocó la paloma, se equivocaba?). Las respuestas fueron variadas, quizá lo más complicado fue para Miguel, ya que su padre fue nada menos que Oscar Braun, el economista ídolo que formó a toda mi generación (Felisa incluida) y nos convenció de aquello del Intercambio Desigual (otra forma de ver lo mismo). Insisto, las respuestas fueron variadas porque hay que reconocer que esta es una pregunta no demasiado investigada aún. De hecho, están por un lado los neomalthusianos pesimistas que siguen insistiendo en que los recursos renovables se acaban, obvio, aunque ya no se los ve tan seguros con la premisa aquella sobre que la producción de alimentos crece en progresión aritmética y la población en progresión geométrica. Y están por otro lado los optimistas amantes de aquello que la tecnología todo lo resolverá, como siempre, y ponen como ejemplo a la revolución verde (una revolución en serio, ya que hablamos del tema), y cómo la producción agropecuaria ha seguido expandiéndose a tasas inesperadas, alimentando a más y más millones de personas en todo el mundo, pese a que ya somos más de 6.000 millones de individuos-commodites-personas-despersonalizadas. Todos iguales, todos diferentes. La vida es un commoditie.

Seguí preguntando. El Hombre Electrónico no se cansa de consultar obsesivamente, no para saber si compraba petróleo y soja sino para comprender el mundo en que vivirán mis hijas. En el ciclo económico de mi gran amigo Miguel Angel Broda (tomen este giro literario como un homenaje a Tato Bores, de paso), el miércoles, él solito se mandó con un grafico preguntándose lo mismo, observando durante cinco minutos que Néstor Kirchner es un suertudo si los hay, ya que le tocó gobernar en un período cuando menos largo de maravillosos precios internacionales de cereales, oleaginosas, petróleo y, algo que hay que alegrará especialmente a nuestros hermanos schilenos, los metales preciosos y no tan preciosos, todos muy útiles (de paso, hoy el oro tocó otro récord, ya cerca de u$s 600 la onza troy (en recuerdo del Capitan Adam Troy, el de Aventuras en el Paraíso, qué viejazo lo mío, ¿se acuerdan?)).

“Detrás de ello está también nuestro saludable superávit comercial que barrió con la vieja restricción del sector externo”, sugirió. Al final, como siempre, le hice mi pregunta traviesa: “Miguel, ¿se equivocó don Raúl Prebisch?” (nótese el respeto por el maestro). Y Broda, luego de hacer unos comentarios académicos muy amables sobre la Cepal y su paradigma industrialista y sustitutivo de importaciones, se jugó como siempre, y dijo “Mire, me parece que aquí hay un cambio estructural con el ingreso de China e India al mercado mundial como grandes demandantes de alimentos”. Creo que tenemos precios de commodities altos por muchos años, sugirió, mientras sus ojos mostraban que estaba pensando otra vez “qué suerte que tiene Kirchner, ¿la aprovechará?, que es la pregunta del millón de paso, en un país asesino serial de grandes oportunidades. Sí, todos somos medio commodities en este mundo.

Pero eso no fue todo, de allí me fui a un seminario secreto de la Universidad Austral (y dale con el pefil bajo) que organizaba mi gran amigo Juan Llach esa misma tarde (terminé cansado, ¿vale la pena agregarlo?, me tomé un Tafirol porque ya tenía un secular dolor de cabeza, obvio). El tema también estaba en el ambiente, hay que decir que allí estaban los economistas masters y Pehachesde de varias universidades de aquí y de los Usas, y en un momento le tocó a hablar a mi gran amigo Pablo Gerchunoff, un entendido en temas de campo si los hay por sus antecedentes familiares. No puedo decir lo que dijo porque esto es secreto en serio, pero se lo veía optimista y de hecho lo que sostuvo es que el paradigma está cambiando, y uno de los puntos sería, justamente, el cambio en los términos del interambio a favor de nuestro país (y de Kirchner, otra vez, qué suertudo el Presi, ¿aprovechará la oportunidad?). Para terminar, Juan José (otro con babero cuando le tocó el turno de hablar a su hijo Lucas) al final también se la jugó con mi pregunta y sostuvo que sí, que hay salto cualitativo, que lo del chop suey habría venido para quedarse y que tenemos precios internacionales buenos , aunque en la tribuna alguien sostuvo que ojo, que las computadoras también estáb bajando de precio año a año. Y tuvo un gesto noble de los suyos recordándolo a mi gran amigo Marcelo Diamand, quien desarrolló toda esta idea de la Argentina como una estructura Productiva Desequilibrada, la idea ahora en cuestión.

Conclusión. Muchachos, como diría el simpático Juan Carlos de Pablo (que no es mi gran amigo), todo este rollo del intercambio desigual deberíamos reverlo, toda esta vaina (como diría el Yeneral Comandante Chávez) que la industria vale más que el sector agropecuario a la hora de hacer estrategias de política económica (política económica, ¿qué es eso?) cuando menos es hora que la discutamos a la hora de debatir si apertura o sobreprotección, si economía cerrada o abierta, si vacas sí o vacas no, si hay que explorar para buscar más petróleo o dejar de ser exportadores justo ahora cuando orilla los 70 dólares el barril. Dicho de otra modo, si el Gran Maestro de mi Generación, Don Raúl Prebisch, pudo no tener del todo razón (¿vieron que lo digo con delicadeza?, no sea cosa que mis amigos economistas no me saluden más) y el deterioro secular de los términos del intercambio a lo mejor no era tan secular, sería bueno saberlo, asumirlo, aceptarlo, resignarnos a que la vida te da sopresas, y en vez de seguir insistiendo con industrializar la industria tratar de industrializar el campo, industrializar el turismo, industrializar los servicios, industrializar la producción cultural (promover las expos de las telenevelas de Suar, por ejemplo) e industrializar el soft y el hard, en vez de seguir aferrados a ciertos prejuicios setentistas que quizá estén obsoletos. Digo, ya que el mundo sigue andando y no nos va a esperar.

Un abrazo,

El Hombre Electrónico

Abril 5, 2006

Carta a Bernanke (por Mankiew)

Filed under: Académica — Jorge Avila @ 7:46 pm

Hay dos grandes tipos de política monetaria: la que se guía por reglas, y la que actúa con discrecionalidad, conforme a las circunstancias. El grueso de los macroeconomistas se inclina por la aplicación de reglas. Hay tres reglas alternativas: a) control de la tasa de crecimiento de la oferta monetaria; b) fijación del tipo de cambio (la convertibilidad pertenece a esta clase); c) fijación de una meta de inflación (inflation targeting). La llegada de Bernanke a la presidencia de la Reserva Federal ha puesto sobre el tapete este interrogante: ¿girará la política monetaria de EEUU desde la política más bien discrecional de Greesnpan a la regla de inflation targeting que Bernanke propicia hace años?

Para todos aquellos que quieran enterarse de que Greenspan, en rigor, ya venía aplicando una regla encubierta de inflation targeting, y que el giro de Bernanke no sería más que un cambio comunicacional, recomiendo la lectura de la carta que le escribió hace muy poco Gregory Mankiw a Ben Bernanke para felicitarlo por su nombramiento al frente de la Fed y para darle algunos consejos sobre ese tema y otros tales como la conveniencia de opinar libremente, tener un perfil alto y el papel de la suerte en la gestión de la Fed. Para leer la carta, haga click aquí.

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