La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

junio 30, 2006

Uno más

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 8:13 pm

Reproduzco a continuación un artículo del diario El Comercio, de Lima, del pasado 28 de junio. El Congreso del Perú aprobó el día anterior, en rápido trámite, el tratado de libre comercio entre este país y EEUU, cumpliendo así un pedido del presidente Toledo, quien deseaba dejarle ese “regalito” a su pueblo antes de entregar el poder. Los legisladores del partido de Alan García, el presidente electo, se sumaron al voto favorable. Pocos días antes, García había viajado a Santiago para afianzar relaciones y expresar su intención de firmar un acuerdo de libre comercio con Chile. Pretende transformar a Perú en una importante potencia comercial del Pacífico. Para que el tratado comience a regir el 1º de enero de 2007 hace falta ahora la aprobación del Congreso de EEUU. Felicitaciones para los peruanos, y también para los mexicanos, los centroamericanos, los dominicanos, los colombianos y los chilenos, que transitan un camino de cooperación y libre comercio internacional acorde con el espíritu de este tiempo. (Luis Calviño tuvo la gentileza de mandarme el artículo.)

Congreso aprobó ratificación del TLC con Estados Unidos por amplia mayoría

Luego de una maratónica jornada, el pleno del Congreso aprobó esta madrugada la ratifica- ción del tratado de libre comercio entre el Perú y Estados Unidos por 79 votos a favor, 14 en contra y7 abstenciones. El Congreso también aprobó la ley de compensaciones a los productores de algodón, maíz duro y trigo.

Antes de la aprobación, el congresista Javier Diez Canseco insistió con una cuestión de orden para que el dictamen del Acuerdo de Promoción Comercial Perú-Estados Unidos, más conocido como tratado de libre comercio (TLC) sea derivado a la Comisión de Constitución para que analice si colisiona con la Carta Magna.

La propuesta fue rechazada por 82 votos en contra, 12 a favor y 4 abstenciones. El titular de la Comisión de Constitución, Ántero Flores-Aráoz, aclaró que ese tema ya fue visto en la Comisión y fue desechado.

El legislador Diez Canseco adelantó que acudirá ante el Tribunal Constitucional para presentar una acción de inconstitucionalidad contra esta norma.

Posteriormente, a las 02:33 de la mañana, y después de seis horas de debate, el pleno del Congreso ratificó la suscripción de dicho acuerdo con 79 votos a favor, 14 en contra y 7 abstenciones.

El viceministro de Comercio Exterior y Jefe del Equipo Negociador, Pablo de la Flor, saludó la decisión del Congreso de la República y destacó la importancia e implicancia del TLC para los millones de peruanos.

"Cuando iniciamos este proceso lo hicimos bajo el cometido que un acuerdo comercial con Estados Unidos podría cambiar la historia económica del país, al permitir que la oferta exportable peruana tenga asegurado el acceso preferencial -de carácter permanente- a la economía más grande del mundo, y al mismo tiempo facilite la eliminación de las barreras no arancelarias que limitan el acceso real de las exportaciones peruanas a Estados Unidos", resaltó.

junio 27, 2006

Sobre macroeconomía y macroeconomistas

Filed under: Académica — Jorge Avila @ 5:55 pm

El profesor de la Universidad de Harvard, Greg Mankiw, publicó en mayo pasado un artículo que ha llamado la atención de una cantidad de gente, entre ella, alguna que lee y opina en este blog. Se trata de El macroeconomista como científico e ingeniero (21 páginas, en inglés). No creo que diga muchas cosas nuevas para un macroeconomista, sea académico o profesional. Pero vale la pena leerlo.

En primer lugar, está muy bien redactado, con sencillez, gracia, agudeza y, sobre todo, información actualizada, un atributo valioso para los que vivimos, como diría Borges, en un arrabal del mundo. En segundo lugar, presenta un balance del progreso de la teoría macroeconómica a partir de 1970, un período lleno de reformulaciones, falsos avances y controversias. En tercer lugar, postula la existencia de dos tipos de macroeconomistas: los científicos, que apuntan a entender cómo funciona el mundo, y los ingenieros, que quieren, antes que nada, solucionar los problemas del mundo real.

A cada momento debo resistirme a la tentación de repetir algunas de sus frases y conceptos; mucho mejor es ir directamente a la fuente. Me limitaré a opinar sobre ciertos aspectos y afirmaciones del artículo.

Sobre el progreso de la ciencia macroeconómica, Mankiw afirma que el impacto de la nueva macroeconomía clásica (las contribuciones de Lucas, Sargent, Wallace, Prescott y Kidland, en especial) ha sido casi nulo en el campo de la política económica, es decir, en la formulación de las políticas fiscal y monetaria en Washington y en otras capitales del mundo desarrollado; insignificante en los manuales de macroeconomía intermedia que se usan en las universidades, y apreciable pero fundamentalmente instrumental, y no conceptual, en el campo de la investigación. En dos palabras, la obra de los nuevos macroeconomistas clásicos habría sido una promesa no cumplida.

Dicho juicio puede estar teñido de parcialidad. Mankiw fue alumno de célebres keynesianos en el MIT, como Samuelson y Solow, y forma parte hace tiempo de un departamento de Economía más bien neokeynesiano. De todas maneras, tengo una vieja sensación de que está en lo cierto. Saqué del balance a Friedman por varios motivos. Uno, hizo sus contribuciones antes de 1970; dos, enfatizó la neutralidad del dinero en el largo plazo; tres, colocó en el centro de la escena a las expectativas. Ni la neutralidad del dinero ni el papel de las expectativas han pasado desapercibidos en la formulación de la política económica y en los manuales intermedios de macroeconomía.

Sobre el posible conflicto entre científicos e ingenieros, me queda la impresión de que Mankiw está confundido. Señala que ambos tipos son necesarios para el avance de la "ciencia macroeconómica" y que no se trata de un enfrentamiento entre pensadores profundos y practicones. También observa que, normalmente, los ingenieros son neo-keynesianos y los científicos, neo-clásicos. Es un tema álgido. Conviene reconsiderarlo porque, también en Argentina, existe un prejuicio contra el macroeconomista ingeniero, policy-maker o consultor.

Soy un macroeconomista de ambos mundos. Por experiencia de vida, creo estar en condiciones de opinar sobre el tema. El ingeniero y el científico tienen habilidades y temperamentos distintos y complementarios. El macroeconomista ingeniero tiene una mejor percepción del timing de la política económica, una mejor apreciación de la elasticidad de respuesta de la economía a una medida y una mejor comunicación con políticos y empresarios. A su vez, el macroeconomista científico tiene, en esencia, una mayor capacidad para la abstracción y la generalización; tiene la habilidad de modelar, es decir, de simplificar y formalizar relaciones entre variables para entender un fenómeno con mayor claridad y perspectiva.

Con perspicacia, Milton Friedman observó una vez que el desempeño de los equipos económicos en Washington es inversamente proporcional a la brillantez académica de sus integrantes. Esta observación está en línea con lo que dije en el párrafo de arriba. Y condensa el punto que Mankiw no termina de ver. Lo que separa al científico del ingeniero no es la altura o la chatura intelectual, la simpatía por la derecha o por la izquierda política, o el tamaño del desafío, sino la propia naturaleza del trabajo. Cuando un brillante profesor acepta un cargo público encuentra una tarea que exige habilidades distintas a las que demanda la tarea académica. Es nada más que una cuestión de especialización y división del trabajo. Mientras Stanley Fischer, Larry Summers, Joseph Stiglitz, John Taylor y el mismo Mankiw evitaron errores en su paso por Washington, Paul Volcker, Robert Rubin y Alan Greenspan, consultores o financistas sin un Ph.D., dejaron huellas indelebles en la historia económica norteamericana.

junio 25, 2006

Descarado estatismo

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 3:01 pm

La Nación del sábado 24 de junio informó que el Estado argentino se quedará con el 5% de las acciones de la empresa Aerolíneas Argentinas, con posibilidad de elevar la participación hasta el 20%. El presidente Kirchner anunció simultáneamente en España que el eje de su política económica es el aumento de la inversión estatal, por la cual entiende obra pública, restatizaciones y proyectos mixtos de inversión en rutas, trenes, petróleo y gasoductos. Un calco del estatismo impulsado por los gobiernos de Perón, de los militares y de Alfonsín en el período 1946-1989.

Un párrafo del artículo de La Nación señala: El caso más resonante en esta materia ha sido últimamente el de Aerolíneas Argentinas. Aquí, el Presidente acordó con la empresa que el Estado recuperará al menos el 5% de las acciones (y un máximo de 20) a cambio de destrabar la aprobación de los balances. En el párrafo siguiente añade: Es una incógnita cómo seguirá la negociación con la empresa, envuelta en conflictos gremiales y en reclamos de aumentos de tarifas.

Durante la semana pasada Ámbito Financiero había informado que el Estado se quedaría con el 5% de las acciones de la línea aérea en concepto de capitalización del beneficio que reportaría el aumento de las tarifas internas que cobra la empresa. También había señalado que Aerolíneas Argentinas no veía con malos ojos el trato ya que es una forma de ponerle un freno a las huelgas salvajes de los trabajadores que comanda un sindicalista que es, a la vez, subsecretario del gobierno nacional.

De acuerdo con los dos párrafos precedentes, la política de restatizaciones estaría fundada en la extorsión. A más de cuatro años de la gran devaluación, las empresas de servicios públicos tienen sus tarifas congeladas; son hostigadas por sindicalistas cercanos al gobierno y, de yapa, ¡les traban la aprobación de los balances! Estos son los instrumentos al servicio del objetivo estatista.

En una sarta de contradicciones, cinismo y tomadas de pelo, el presidente Kirchner no se cansó de convocar a la inversión extranjera durante su estadía en España. Prometió “reglas claras” y “previsibilidad” a los inversores españoles. Y ahí no más pasó a defender a Evo Morales (que acaba de nacionalizarles Repsol), se dijo impulsor de una “visión global del capitalismo” y firmó el acuerdo para restatizar parcialmente la línea aérea. ¡El primero que vea un euro tiene premio!

Un gobierno formado por exmontoneros, que entró en la Casa Rosada por la banderola del baño, impone su agenda al país, sin el consentimiento del voto y sin encuestas que reclamen un giro mayúsculo en la organización económica argentina. Aunque cabe destacar que cuenta con el apoyo incondicional de los empresarios de la Unión Industrial Argentina, que según Ámbito Financiero han constituído “el partido de los que no quieren el tipo de cambio fijo”; es decir, el partido de los que hicieron y harán todo el lobby necesario para devaluar el peso, mantener deprimidos los salarios reales y licuadas las deudas con los bancos. Después de todo, ya sabemos que en la economía estatista los únicos privilegiados son los empresarios amigos del poder: contratistas, proveedores y oportunistas diversos. En fin, la tan mentada burguesía nacional que un gobierno de imberbes quiere enriquecer para que invierta aquí, en el país, mientras ella lo hace allá, en Miami.

El Correo fue la primera concesión que se restatizó, bajo el compromiso nunca cumplido de reprivatizarla en seis meses. Luego cayeron, cantando bajito para que nadie se diera cuenta, el ferrocarril General San Martín, Yacimientos Carboníferos Río Turbio, el espacio radio-eléctrico y Aguas Argentinas, mientras se creaban Enarsa y Arsat, dos nuevas empresas estatales. En los últimos días, han caído una parte importante de Aeropuertos 2000 y el referido porcentaje de Aerolíneas. Esta es la lista de empresas que el próximo gobierno de centro-derecha, o centro-progresista como querría Lavagna, deberá reprivatizar.

Que la privatización de esas empresas no haya sido la mejor no justifica su restatización. La empresa estatal es intrínsecamente ineficiente, deficitaria y corrupta. Para los argentinos, la razón debería ser tan clara como el agua. La empresa estatal no tiene dueño pues pertenece a todos los habitantes del país, es decir, a nadie. Por tanto, carece de capacidad empresarial, que es el factor de producción que suministra el propietario de la empresa. Es tierra baldía, arrasada por los sobreprecios que le facturan sus proveedores, por empleados que se vuelven ñoquis y por clientes que tienden a evadir el pago de sus servicios.

junio 23, 2006

¿Es Ud. un trufo?

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 8:39 pm

Daniel Naszewski me hizo llegar el siguiente artículo sobre los trufos. Parece una novela de Cortázar. Es divertido y puede ayudar a caracterizar personalidades. Creo que en la comunidad blogger, de la que ustedes y yo somos miembros, abundan los trufos. Sarmiento habría sido uno de ellos. Ojalá que el futuro argentino permita la aparición de muchos trufos realizadores exitosos. Escribe Naszewski:

Los trufos, ¿una vieja especie en vías de extinción o de reaparición?

(…) las cartas del ciberespacio son para reflexionar sobre nosotros y nuestro mundo. Esta vez, también. Les copio un escrito de Luis Rappoport, economista, empresario, amigo.

Yo sé que pensar a veces es un esfuerzo, siempre un desafío, en general una aventura, hoy una necesidad para sentirnos vivos en medio de tanta chatura.

Por eso les envío esto. Para divertirnos y jugar un poco.

El misterioso mundo de los trufos

Discurríamos en la mesa de las doce de la noche en el bar Suárez sobre los cronopios, los famas y los esperanzas, cuando Brian Carmona —el filósofo y psicoanalista— salió con que lo de Cortázar es un esteticismo estéril, propio de un realismo mágico vacío. Que la cultura hispanoamericana —literaria, productiva, política o amorosa— siempre termina optando por la fantasía en lugar de la imaginación: elige la ilusión y abandona la realidad que es más rica, excitante y peligrosa.

Se hizo el silencio habitual que sigue a las explosiones de las bombas de Brian. Obviamente el interés del tirabombas era producir ese silencio.

—Lo que pasa e´ que´l bolu ni siguiera se apioló que de la fauna, lo interesante no son los cronopios, famas o esperanzas inexistentes, sino los trufos que están entre nosotros. Dijo Brian.

Yo no sé nada de trufos y —con franqueza— a Cortázar lo leyó mi viejo pero yo no. Lo que sigue es un intento de trascripción de la conversación sobre el tema en el bar Suárez.

Conversación sobre los trufos

Decía Brian Carmona:

Decime qué es para vos el mundo y te diré qué sos:

Si para vos el mundo es un escenario, vas a transitar la vida actuando. Te vas a llenar de alegría cuando en una reunión social o en un ámbito cualquiera desplegás tu histrionismo y recibís los aplausos.

Si para vos el mundo es un mercado, tu vida es una eterna compra venta. Te distinguís de los actores visceralmente: con tal de ganar una transa podés andar en silencio por cualquier lugar. Te vas a reír para tus adentros de los histriónicos que salieron contentos con los aplausos. Tu alegría está en los pesos que ganaste mercando cuando sonaban esos aplausos.

Para los trufos, el mundo ni es un mercado, ni es un escenario: es un lugar injusto, desquiciado e incompleto que requiere reparaciones urgentes.

Además de los trufos esta visión la tienen los intelectuales de izquierda y algunos pensadores de café o de taxi.

Pero los trufos se distinguen de los intelectuales en dos aspectos. Primero, los intelectuales saben razonar con delicadas filigranas, conocen el arte de la refutación, son como cadetócratas judíos o ciertos monjes eruditos católicos, los unos podían escribir tratados sobre la implicancia de que una pequeña gota de leche caiga a media vara de la vajilla especial para comer carne, los otros discutían si, frente a un pecado que requeriría diez oraciones de penitencia, sería equivalente realizarlas juntas que separadas a lo largo del día. Los trufos van al bulto, no se detienen en silogismos. Piensan con los sentidos más que con la razón: tienen un eterno rumiar de las ideas entre los sentimientos, el cerebro y la realidad.

La otra diferencia con los intelectuales es que los trufos son gente de acción. Arrancan a la vida con una omnipotencia reparadora urgente. En su rumiar tripartito, la realidad es la acción. La compulsión al hacer los lleva a la equivocación y saben nutrirse de ella. Son cultores del error porque descreen de la quietud y prefieren pedir perdón antes que pedir permiso. Pero cuando están en acción son implacables —como Patton en operaciones— no hay equivocación o derrota que los saque de sus convicciones.

A no confundirse, los trufos no son primarios. Elaboran planes de reforma sofisticados. Estudian mucho. Saben que no pueden arreglar todo el mundo. Su pragmatismo los lleva a elegir un terreno para la reparación. Se concentran allí y vuelven regularmente a visiones globales y al eterno rumiar tripartito: sentimientos, reflexión, acción.

La principal diferencia que tienen los trufos con los pensadores de café es que, mientras estos son fatalistas, los trufos se sienten responsables y vislumbran el cambio a partir de su voluntad. Aunque van aprendiendo, poco a poco, que su propia omnipotencia es una ilusión, no dejan ni de actuar, ni de estudiar, ni de corregirse a partir de sus errores.

En el arranque juvenil el mundo parecía lleno de trufos. Pero los trufos de verdad se fueron descubriendo en el correr de las tentaciones.

Es como en Megafón o la guerra, de Marechal. Toda la barra iba a buscar a la “mujer celeste” pero casi todos se fueron quedando en el camino. A la primera puta apetecible, los personajes dejaban la utopía.

La política y el tiempo fue desgajando a los falsos trufos: pequeñas y grandes mezquindades, traiciones, arrugadas, corrupción, celos, miedo.

Los trufos son generosos, son una mezcla rara de omnipotencia y humildad. En su costado humilde, asumen que su capacidad es limitada, por eso convocan a gente que sabe más; se esfuerzan en buscar compañeros de ruta más capaces que ellos mismos. No tienen miedo de que alguien les mueva el piso. Si es que piensan que ese alguien puede limpiar el pedazo de cielo mejor que ellos, ceden gustosos su lugar, porque lo importante es el cielo limpio.

Algunos falsos trufos se muestran como si tuvieran los conocimientos y la convicción para reparar algo del planeta y con ese verso buscan su cuota de poder. Pasan la vida detrás de la famosa cuota de poder y cuando la consiguen deben ser sus esclavos. Condicionados desde arriba y disputados por los costados, se rodean de gente de confianza pero carente de habilidades, ni ellos ni sus clientes están para reparar nada.

Los trufos verdaderos, construyen solos las palancas para la acción o, cuando ven un resquicio para su compulsión, aceptan el poder para cumplir su misión aunque el entorno tenga poco que ver con ellos. Mientras pueden hacer, hacen y —a veces— se los ve elegantes, alegres y limpios en medio de olores nauseabundos. Pero no son complacientes. La complacencia los repugna, para ellos el poder es poder hacer, si la posibilidad de la acción no existe o si esa acción no es la que buscan se van, tienen la capacidad de irse porque son independientes, no roban ni medran ventajas en los entornos de la autoridad.

En medio de los delirios trúficos de Brian Carmona, el chueco — siempre fuera de lugar— salió con una pregunta que no resultó ser tan estúpida:

— ¿El Quijote era un trufo? Preguntó.

La cosa dividió a la mesa: la mitad decía que el afán redentor de los trufos los asimilaba al Quijote, la otra mitad, que el sentido práctico los alejaba, los trufos —decían— no son buscadores de aventuras sino de resultados.

Brian Carmona sacó a relucir su Quijote de la Mancha de bolsillo.

Leyó un capítulo en que el pobre Quijote volvía apaleado a su casa y era atendido por su sobrina y su Ama. El Ama le reclamaba diciendo que la Corte estaba llena de caballeros, pero ninguno volvía apaleado como él.

Brian leyó —como si fueran dichos del Quijote— algo más o menos así: “no todos los caballeros pueden ser cortesanos, ni todos los cortesanos deben ni pueden ser caballeros andantes; de todos ha de haber en el mundo”… “aunque todos seamos caballeros, va mucha diferencia de los unos a los otros: porque los cortesanos, sin salir de sus aposentos ni de los umbrales de la Corte, se pasean por todo el mundo, mirando un mapa, sin padecer calor ni frío, hambre ni sed; pero nosotros los caballeros andantes verdaderos, al sol, al frío, al aire, a las inclemencias del cielo, de noche y de día, a pie y a caballo, medimos toda la tierra con nuestros mismos pies…”

— Acá, dijo Brian, están los puntos de contacto con el Quijote: los trufos pelean contra enemigos de afuera del Palacio, no se detienen en juegos cortesanos y saben dormir a la intemperie. Cuando ven que se limita su posibilidad de acción, que no pueden cumplir con su función reparadora, salen de los escritorios llenos de botones y duermen alegres al aire libre.

El gordo José Luis preguntó qué primaba entre las tres cosas del rumiar de los trufos: el sentir, la razón o la acción. Cabe aclarar que la pregunta del gordo no era filosófica, no buscaba una mejor comprensión del devaneo de Brian. Para José Luis, el mundo era un casino y, habiendo tres posibilidades, quería ver donde estaba la chance. Ya iba a inventar algún juego para apostar.

— El “sentir”, respondió Brian a los gritos, los trufos son unos tiernos apasionados que se escudan en la acción y piensan con el corazón, antes que con la cabeza. Además —dijo en tono un poco más reflexivo— tienen una armadura de humor: se ríen de si mismos, de los demás, de la vida y del mundo. Se defienden de las piñas con una ironía poco estridente, sin agresividad pero penetrante y permanente. Si no fuera por el humor y por la voluntad de acción se les notaría la endeblez de personalidades inocentes que se podrían deshacer con un símbolo o con una flor. A medida que van creciendo y ganan una incierta seguridad, los trufos aprenden a llorar y se permiten, en soledad, algún desarreglo, algún desborde afectivo. Pero en público, se disfrazan con el humor.

El “sentir” los condena y los salva: los condena a la generosidad y a la compulsión de cumplir con su misión redentora; los salva porque les permite vibrar con la música, la ópera, la danza, los libros, el cine, el vino, la poesía y, sobre todo, con la conversación. En esa mezcla de humor desopilante, que mal disimula la exposición de sentimientos, los trufos son conversadores intensos y provocadores. Los trufos nunca te regalan un libro que no leyeron ni un disco que no escucharon. No regalan objetos, tratan de compartir sensaciones: la de la lectura o la de la música. Además los trufos aman la vida, cuidan su cuerpo, están activos, hacen deportes, no fuman. Los trufos no quieren dinero, porque lo tienen o porque gastan lo justo para preservar su libertad y no quedar enredados en las intrigas de la Corte o en el intercambio desvergonzado de favores e influencias. Para poder cumplir con su misión, los trufos se esforzaron siempre con tres tareas absorbentes: primero la misión redentora; segunda el trabajo fuera de las influencias del poder, para vivir libres de condicionamientos; tercera la lectura y el estudio para llenar con contenidos sus obsesiones reformadoras.

— ¿Pero alguna vez arreglaron algo? preguntó el flaco Anchorena. Para el flaco el mundo es un juego de Monopoly donde gana el que llega al final con más guita y propiedades. No le va tan mal, es dueño de porcentajes crecientes de docenas de bares porteños y tiene acá y en el exterior una buena cantidad de morlacos. Tampoco le falta mucho para el final, entre lo que fuma y los dos by pass, tiene la meta cerquita.

No me acuerdo bien de la respuesta de Brian —que parecía defender a los trufos—, hablaba de éxitos que tenían más que ver con la historia de la humanidad que con el presente. En el juego de pavadas que dijo, entraban como trufos desde Sarmiento hasta el padre Mujica, desde el Perito Moreno hasta Washington.

Sobre nuestros trufos criollos del presente a mi me quedó la siguiente idea: hay dos clases, las dos con destinos de mierda. Algunos se prepararon toda la vida para hacer algún pequeño arreglito reparador de injusticias pero nunca pudieron realizarlo. Se parece a la película “El desierto de los tártaros”: una guarnición de soldados que gastan su vida preparados para una batalla incierta que nunca llega, contra un enemigo ignoto que no aparece.

La segunda clase de trufos tuvo su cuarto de hora, transformaron al mundo desde la redacción de un diario, detrás de un escritorio ministerial, trabajando en una organización pública, en una asociación no gubernamental o en la gestión de un sindicato o de una cámara empresaria. Realizaron transformaciones profundas y se mataron laburando con convicción y garra. Pero cuando pasaron sus quince minutos fueron testigos de un mundo de logreros que hicieron tabla rasa con lo construido y se afanaron hasta los ceniceros.

Pensando en aquellos que en el pasado de nuestro país, se asimilarían a los trufos de Brian Carmona, yo diría que murieron en el peor de los desengaños. Más que humoristas los trufos parecen personajes trágicos.

Creo que el viejo Brian escuchó mis murmuraciones porque se le puso en la frente la misma tenue rayita que le vi el día que le dijeron que Racing iba camino a ser liquidado y que desaparecía como club y como pasión.

Los trufos saben de su destino trágico, no comen vidrio, ni se hacen demasiadas ilusiones —dijo—; ellos, como ninguno se guían con el pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad. Por eso algunos están encantados con el mito de Sísifo, aquel tipo del trabajo sin esperanzas, que sube una piedra pesada hasta la cima de la montaña, para verla caer y volverla a subir. Otros siguen masticando utopías redentoras en silencio. Para colmo, su sentido del pudor y la escasez de trufos los limita: los trufos son personajes solitarios. La grandeza de los trufos no está en el éxito, el sentido de su existencia es resistir.

Lo lamentable —decía Brian— es que el destino trágico es el de nuestros trufos. En Europa y Estados Unidos, los trufos son ponderados y reconocidos como servidores públicos, tienen una vida feliz.

Yo hablo poco en el Suárez porque soy el más pendejo, pero en ese punto —me acuerdo— me calenté mal. El tema —dije— es que tus trufos son unos hijos de puta. La van de redentores y terminan enamorados de sus propias mentiras. La diferencia con Europa o Estados Unidos es que, como esas sociedades están organizadas, los trufos no hacen falta y cuando aparecen, actúan chiquito, bien y sin mesianismo. Acá nos vendría bien un trufo o un cronopio que se deje de joder con ilusiones redentoras y piense en una organización social que no requiera ni de trufos reparadores ni de caudillos salvadores.

Se hizo un silencio. Brian me miró con un aire paternal. Me dieron ganas de llenarle la cara de dedos.

— Tené cuidado pichón —me dijo— estás pensando como un trufo, ya hablás de una sociedad mejor.

En ese punto intervino Laurita, la única mina de la barra. Cuarentona pero bastante fuerte. Para ella el mundo es una telenovela. Normalmente interviene una sola vez en toda la noche, escucha con atención pero después habla para si misma, no dialoga.

— ¿Cómo sería el amor entre los trufos? Se preguntó.

En seguida se respondió sola: Si se da un encuentro debe ser una explosión maravillosa, llena de alegría (ella usa esas palabras del kitch femenino). Comparten la angustia, pueden enfrentar su soledad y encima son apasionados. Pero hay cosas que los limitan —dijo en tono un poco más reflexivo—, los trufos son dadores universales. El amor es dar y recibir, a alguien preparado para ayudar y para reparar, le debe resultar difícil aceptar a un par que también desea hacer su ofrenda amorosa. Los trufos son independientes hasta el hartazgo, no les debe resultar fácil la pérdida de autonomía que supone un vínculo profundo. Además, si son sensibles y se protegen con la acción y con el humor, deben ser medio miedosos para entregarse sin reservas. Pero si se da, puede tener la intensidad de un choque de planetas.

En ese punto intervino Brian para poner orden:

— Pará piba —dijo— a esta mesa apenas si le da la estatura para analizar a los trufos, este tema es más difícil, más misterioso. Además —como dicen en una película— “el amor es una cuestión de coordinación. Es inútil encontrar a la persona correcta si no es el momento adecuado”, si a eso le agregás que hay muy pocos trufos, estamos hablando de una probabilidad casi inexistente.

Pese a Laurita y sus desbordes románticos, yo seguía escéptico, pero no sabía cómo transmitir mi desazón con los trufos.

El broche lo dio Pepe —clarinetista del Colón—, compone además unas piezas de cámara que están estrenando en Madrid con alguna aceptación. Él no viaja a Europa porque le tiene miedo a los aviones pero después de pasar hambre durante siglos gana en euros y paga —a su turno— las rondas de cafés. Nunca agrede, dice las cosas con dulzura.

— Los trufos —dijo— están a medio camino entre los políticos y los artistas. Son demasiado buenos tipos para la política, les falta instinto asesino y les sobra talento, sensibilidad y escrúpulos. Por el otro lado no se desprenden de la tierra para volar con sus sentidos. Su legado es vano por la pretensión pragmática de hacer algo útil: lo que hacen muere antes de nacer. No saben —como los artistas— que las únicas cosas que tienen sentido son las que no sirven para nada. El sentido no está en los trufos, está en los cronopios, los famas y los esperanzas de Cortázar.

Por Luis Rappoport (lrap@datamarkets.com.ar), abril 8, 2006

La crisis financiera y su impacto local

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 8:09 pm

A fines de abril, Bernanke, el nuevo presidente de la Reserva Federal, dio a entender que la suba de tasas de interés había finalizado. El mercado le creyó. Pero con el correr de los días fue dejando de creerle a raíz de nuevos datos macroeconómicos y de declaraciones en sentido contrario del propio Bernanke y de otros directores de la Fed. El mercado empezó a ver nuevos aumentos de tasas en el horizonte y las bolsas empezaron a caer por temor a una recesión.

Entre mediados de 2004 y principios de 2006, mientras la tasa de interés pasaba de 1% anual a 5%, no había temor a una recesión. Desde el mes pasado, hay temor porque la tasa empieza a "morder" y porque el mercado duda de que Bernanke tenga la mano del viejo Greenspan (el mentado riesgo-Bernanke).

El mercado no le teme a la inflación; sabe que la Reserva Federal la bajará. Le teme a la recesión que le seguiría al aumento de la tasa de interés.

Según información reciente, la Fed elevará la tasa de interés del 5% actual a un 5.5% en agosto. Bernanke habría preferido correr el riesgo de un enfriamiento de la economía al de una disparada de la inflación, que llegó en mayo a nada menos que 4.2% anual. En consecuencia, es probable que en el segundo semestre de 2006 el PBI de EEUU crezca menos y que la inflación empiece a caer hacia el final. Van a ser meses de acomodamiento y de prueba para Bernanke.

O sea que habrá un cambio de escenario. De uno muy bueno a otro que no sería tan malo. Si la prima de riesgo-argentino no subiera demasiado por arriba de 400 puntos básicos, el crecimiento del PBI en 2007 podría andar en 5%-6% anual. Los precios de las exportaciones argentinas caerían algo y, si Bernanke pasara la prueba, los precios de los bonos y las acciones argentinas y emergentes iniciarían una recuperación. Este escenario se vuelve más probable en la medida que el gasto público crezca bastante menos que la recaudación.

junio 13, 2006

Sobre lecciones de macroeconomía

Filed under: Académica — Jorge Avila @ 3:24 pm

El blog de Greg Mankiw, profesor de economía de la Universidad de Harvard y ex-chairman del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, es uno de los mejores que conozco. Es ameno, es muy claro y trata temas interesantes. Tiene un marcado tono docente. Se dedica principalmente a responder las preguntas que le hacen sus estudiantes sobre temas macroeconómicos.

Por ejemplo, ayer respondió una pregunta sobre la yield curve. ¿Qué es? ¿Cómo se forma? ¿Predice una curva invertida una recesión? Mankiw explica estos interrogantes con parsimonia y claridad, además de proveer links a otros trabajos que enriquecen la respuesta.

Otro ejemplo interesante es su explicación sobre cómo se forma la tasa de fed funds. Mankiw dice en sus clases lo que todos los profesores de Teoría Monetaria decimos: que la Reserva Federal fija la oferta monetaria. Pero un estudiante se manifiesta muy confundido y pide una aclaración, porque los diarios informan que la Reserva Federal fija la tasa de interés y no la oferta monetaria. La respuesta de Mankiw es esclarecedora incluso para un economista profesional.

junio 8, 2006

TLC para Perú. ¿También para Brasil?

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 5:29 pm

Los diarios de Buenos Aires publicaron ayer varios artículos sobre los primeros pasos de Alan García una vez que asuma la presidencia de Perú. García dice que hay que revisar el TLC que negoció el actual presidente Toledo, que habría que introducirle algunas correcciones y compensaciones, sin embargo, la impresión subyacente es que García estaría decidido a firmarlo cuanto antes. El párrafo relevante del artículo de La Nación dice así:

Para acabar con las suspicacias que genera en la comunidad empresarial, y en Estados Unidos, García comenzaría por dar la venia a su partido para que se apruebe en el Congreso el Tratado de Libre Comercio (TLC) con ese país, que comenzará a ser debatido la semana próxima. La ratificación del acuerdo podría ocurrir a principios de julio, antes de la asunción de García, prevista para el 28 de ese mes. Según señalan los líderes del Partido Aprista Peruano (PAP), esa fuerza aprobará el tratado firmado por el presidente Alejandro Toledo siempre y cuando se incluya una serie de compensaciones para los agricultores que resultarían afectados por la apertura del mercado a los productos subsidiados de Estados Unidos. Para leer el artículo, haga click aquí.

Por su parte, Infobae informó que Brasil y EEUU firmaron una carta de intención para agilizar el comercio e impulsar las exportaciones de etanol al mercado norteamericano. Suena a una negociación disfrazada de un TLC. El principal párrafo de Infobae dice lo siguiente:

Los ministros establecieron un plazo de 60 días para que cuatro grupos de trabajo elaboren un informe sobre las perspectivas y potencialidades de las relaciones comerciales entre los dos países. Este "Mecanismo de Consultas" incluye discusiones sobre barreras técnicas; promoción de exportaciones e inversiones; facilitación de negocios y cooperación entre organismos responsables de la propiedad intelectual e industrial. Furlan (ministro brasileño de Industria) dijo que el asunto del etanol será uno de los primeros que serán tratados en la reunión de septiembre próximo. Para leer el artículo, haga click aquí.

Así funciona la lógica de los acontecimientos internacionales a la que me referí en otros artículos del blog. O la lógica de las cosas, como decía Juan Bautista Alberdi. De una forma u otra, el libre comercio continental será una realidad en pocos años más, incluso para un país confundido como la Argentina. ¿Cómo responderá el gobierno argentino a esta iniciativa de Brasil, después de haberle organizado la triste contracumbre de Mar del Plata a Bush hace apenas seis meses?

junio 4, 2006

¿Cambio de escenario?

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 7:19 pm

Pasados más de tres años de fuerte expansión, motivada por una política más bien conservadora en materia fiscal y cambiaria y por una coyuntura mundial muy favorable, se acumulan indicios de un cambio de escenario. Que no se me malentienda. No pronostico una crisis; menos aún, una gran crisis como la que el público argentino tiende a imaginar en forma instintiva. Merced a la reestructuración de la deuda pública y a la poco comprometida situación de los bancos, la economía argentina es ahora menos vulnerable a un shock negativo que en 2001. (No cuento al superávit fiscal entre los puntos fuertes de la economía porque la experiencia enseña que es la primera víctima de la recesión.)

Hay tres indicios bien definidos a la fecha. 1º) Ha concluido un ciclo mundial de política monetaria expansiva, que redujo la tasa de interés a su nivel más bajo en casi medio siglo, y que determinó una suba generalizada del PBI y de los precios de commodities, bonos y acciones de todos los países, ricos y pobres. 2º) El gasto público consolidado entró en zona de riesgo en 2005 y en el curso de este año llegaría a casi 26% del PBI de no mediar un significativo cambio de rumbo. La historia reciente destaca que cada vez que el gasto traspasó la banda de 24%-25%, la economía entró en grave crisis. 3º) El precio de las exportaciones argentinas registró en el 1er. trimestre del corriente año el segundo pico más alto desde 1986. Su suerte está mayormente en manos de Ben Bernanke, el nuevo presidente del banco central de EEUU. Es muy probable que baje todavía más que en los dos últimos meses. El tema es preocupante porque las retenciones a las exportaciones aportan el 60% del superávit primario del gobierno nacional.

Si el precio de las commodities cayera sensiblemente, si la prima de riesgo-país se ubicara arriba de 400 puntos básicos en los próximos trimestres, el estancamiento (o la recesión) estaría a la vuelta de la esquina. En tal contexto, no descarto que el Dr. Kirchner adelante las elecciones presidenciales a marzo de 2007.

(Para ver el gráfico sobre la evolución del gasto público, haga click aquí; para ver el referido a la evolución del precio de las exportaciones, haga click aquí.)

junio 3, 2006

Precio de las Exportaciones 1986-2006

Filed under: Gráfica — Jorge Avila @ 4:10 pm

El siguiente gráfico muestra la evolución del precio promedio de los productos que exporta la Argentina. Los datos son trimestrales y corren entre el 1er. trimestre de 1986 y el primero de 2006. La fuente es el INDEC.

Note que la serie tocó en el 1er. trimestre de 2006 el segundo pico más alto en 20 años. Los precios de exportación argentinos están muy altos. ¿Caerán mucho? La pregunta no es ociosa, pues si cayeran en medida apreciable el gobierno se vería en figurillas para recaudar las retenciones a la exportación. Estos tributos explican el 60% del superávit primario del Tesoro nacional.

La fuerte demanda de commodities por parte de China e India puede haber elevado el piso de los precios de nuestros productos. De todas maneras, cabe preguntarse si los actuales precios resistirán nuevos aumentos de la tasa de interés mundial. Según la regla GTT, formulada por mi amigo Guillermo Toranzos Torino, profesor y consultor de agronegocios, cuando la tasa de interés llega al 4% anual, en términos reales, los mercados de commodities "se derriten". En estos momentos, la tasa real ronda el 1.5% anual (tasa nominal de 5% menos tasa de inflación de 3.5%).

La tasa real va a subir. Es improbable que llegue al 4% anual. Sin embargo, un error de Ben Bernanke, el nuevo presidente de la Reserva Federal, puede hacernos daño.

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junio 1, 2006

Gasto Público 1961-2006

Filed under: Gráfica — Jorge Avila @ 4:50 pm

Mire con cuidado esta serie. Ilustra la evolución del gasto primario (antes del pago de los intereses de la deuda) del sector público consolidado de la Argentina, entre 1961 y 2006. La fuente de los datos para el período 1961-2004 es el Ministerio de Economía de la Nación. El dato para 2005 proviene de FIEL, y el correspondiente a 2006 es una estimación propia (supone que se mantiene durante todo 2006 el aumento del gasto verificado en el primer cuatrimestre, que el PBI crece un 8% y que la inflación es un 12% anual).

La conclusión del gráfico es peligrosa, muy peligrosa. Según FIEL, en 2005 el gasto primario trepó a 25% del PBI, claramente por arriba del gasto medio del período 1961-2005 (23.8%). Según mi estimación, este año treparía un peldaño más, a nada menos que 25.8%.

Note ahora que cada vez que el gasto primario perforó la banda de 24%-25% del PBI sucedió una desgracia. O porque el sector privado no pudo financiarlo o porque trajo mala suerte. El gasto cruzó esa banda 5 veces y al cabo de uno o dos años hubo una grave crisis económica: en 1974 (siguió el Rodrigazo), en 1980 (siguió el Cavallazo), en 1987 (siguió la hiperinflación), en 1994 (siguió el efecto Tequila), en 2001 (siguió el default, la devaluación y el corralito). Cada 6 ó 7 años "rifamos" el país.

Si el gobierno nacional (y los provinciales) no tomara los recaudos del caso, el país quedaría expuesto a otro desastre en breve plazo. Pero esos recaudos no son nada espectaculares. Si el gasto aumentara según la tasa de inflación y punto, en dos años el gasto como porcentaje del PBI regresaría a la zona de seguridad, por debajo del promedio histórico.

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