En la década de 1990 el salario real era más alto que en la actualidad y había menos pobreza. ¿Por qué? Cada vez que el INDEC publica su índice de pobreza llueven los artículos de especialistas que tratan de explicar el fenómeno. Citan una cantidad de razones. Desde la marcada informalidad del mercado laboral argentino hasta la mala calidad del gasto público en educación y salud. Leí la última tanda de artículos con atención para informarme y aprender un poco; he notado que pasan por alto aspectos macroeconómicos y de comercio internacional que merecen ser tenidos en cuenta.
Hay dos teoremas muy reveladores en esta materia: el de la igualación del precio de los factores de producción y el de Stolper-Samuelson. El primero permite entender un poco mejor el estancamiento que experimentó el salario real durante la década de 1990. Porque a pesar de la caída de la inflación y de una fuerte corriente inversora, el salario real no aumentó gran cosa una vez recompuesto del shock de la hiperinflación. Argentina se había abierto un poco al comercio pero China comenzaba a despertarse de un largo sueño, y sucedió lo que observaría Dani Rodrick, un agudo economista político de Harvard, tiempo después: en un mundo globalizado, la tasa de interés se fija en Nueva York, el salario real en Shangai y el impuesto a las ganancias en las islas Caimán.
El teorema de la igualación del precio de los factores ha probado ser implacable en los últimos 30 años en todas partes, empezando por EEUU. Decenas de millones de trabajadores poco calificados emigran cada año de las zonas rurales del interior chino a Shangai para sumarse a la fabricación de una gran variedad de productos (textiles, juguetes, televisores) destinados a la exportación en gran escala. La invasión de las exportaciones chinas iguala hacia abajo los precios de estos productos en EEUU, Europa, Japón y América Latina, y el salario real de la mano de obra poco calificada de estas economías tiende a igualarse al que se paga en Shangai.
La globalización ha tenido enorme incidencia sobre los ingresos de las personas menos calificadas. En EEUU ya tuvo lugar y ahora se está revirtiendo. En Europa y Japón aún lo están sufriendo. De la experiencia de EEUU surgen cuatro conclusiones: 1) la pobreza es la más baja en 20 años; 2) el ingreso real promedio de las familias es el más alto en 30 años; 3) la participación en el ingreso nacional del 20% más pobre de la población es la más baja de los últimos 30 años; 4) en tanto que la participación del 5% y el 20% más rico es la más alta. O sea que todos se han enriquecido, pero los ricos se han enriquecido mucho más que los pobres. Rudiger Dornbusch, el gran economista internacional fallecido en 2002, creía que tal vez la equidad fuera un lujo demasiado caro; por este motivo aconsejaba concentrar el esfuerzo en la reducción de la pobreza.*

El segundo teorema está más presente en los artículos que tratan de explicar la pobreza argentina en la década de 2000. De acuerdo con Stolper-Samuelson, la reducción del precio relativo de los servicios reduce el precio del factor que se emplea intensivamente en su producción: el trabajo. La devaluación de 2002 licuó el precio relativo de los servicios de todo tipo (gas, luz, teléfono, transportes, educación, salud, bancos y seguros); luego, el salario real debía caer. Como ilustra el gráfico, eso es exactamente lo que sucedió.
Mientras el dólar real (tipo real de cambio) se mantenga alto, el salario real será bajo. Por cierto, el crecimiento económico generará empleos y contribuirá así a disminuir la pobreza. Pero el salario real seguirá siendo bajo porque, además de la política de dólar alto, el crecimiento chino es a la economía mundial lo que fue el descubrimiento de América para Europa.
* De Pablo, Dornbusch y Nogués: La globalización, la Argentina y cada uno de nosotros. CEA, 2001.



