La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

noviembre 29, 2006

País sin rumbo

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 10:08 pm

La Nación publicó un artículo el pasado domingo 19 que no tiene desperdicio. Quiero rescatarlo y tenerlo a mano como triste recordatorio de la marcada desorientación que aflige al pueblo argentino respecto del lugar que debería ocupar el país en el mundo. El artículo sintetiza y evalúa los resultados de una encuesta de opinión que hizo en octubre pasado la consultora Ipsos en Argentina, Chile, México y Brasil a partir de estas tres preguntas: a) ¿Con cuál de estas regiones o países considera más beneficioso promover relaciones comerciales: América latina, EEUU, Unión Europea, Asia?; b) ¿Ud. considera que es bueno para el país integrar el ALCA?; c) ¿Cómo describiría la situación económica actual del país?

Tres conclusiones llaman la atención. 1) La aguda dispersión, o contraposición, de visiones que se verifica en los cuatro países sobre la orientación comercial preferida. 2) La posición latinoamericanista de Argentina. 3) La posición pragmática de los otros tres países, y sobre todo el interés y la confianza en las posibilidades que brinda el mundo que revela la opinión pública de Chile, país que demuestra por qué se lo considera el líder conceptual de la región.

Para la mayoría de los argentinos, la prioridad es integrarse a América latina. En cambio, para los brasileños la prioridad es EEUU; para los chilenos (tras el acuerdo con EEUU), la prioridad son los vastos mercados de Asia, y para los mexicanos la prioridad sigue siendo EEUU. El rechazo al ALCA llega a 45% en Argentina y a 25% en Brasil. La adhesión trepa a 80% en Chile y a poco más de 60% en México.

Santiago Palma Cané, un especialista en economía internacional, define el cuadro de situación de esta manera: "Lo que veo es que los dos países que están más alineados con la realidad comercial del mundo son Chile y México. Chile mira al Pacífico y México a su vecino, Estados Unidos. Son países que están habituados a ver los beneficios de comerciar con ellos. Tienen políticas comerciales de años, consensos entre los partidos políticos sobre estos temas y claras políticas aperturistas. Mi visión es que, en Brasil y la Argentina, pecan de desconocimiento."

Parte de la desorientación de la opinión pública argentina se debe a la larga historia de proteccionismo y aislamiento internacional del país. Pero otra parte, nada despreciable, se debe a que la dirigencia política argentina cree que el arte de gobernar consiste en hacer o repetir lo que dicen las encuestas, circunstancia que refuerza el círculo vicioso, en vez de presentar una visión, defenderla e instar a la población a seguirla. Visión es igual a liderazgo.

noviembre 24, 2006

Pronóstico de 2007

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 11:36 am

Hace más de tres años me invitaron a hablar sobre las perspectivas de crecimiento de la economía argentina en la Academia Nacional de Ciencias Económicas. En aquella ocasión pronostiqué lo siguiente: “Si en el período 2004-2007 la prima de riesgo-argentino cayera tanto como cayó la de riesgo-ruso en el período 1998-2002 (de 6000 puntos básicos a 450), la tasa de crecimiento económico argentino promediará 9% por año en el mismo período.” Como se apreciará, no me equivoqué en el supuesto sobre la prima de riesgo-argentino ni en el pronóstico de la tasa de crecimiento.

Entusiasmado con el escenario que había presentado, uno de los asistentes al seminario de la Academia me preguntó: ¿qué se debería hacer para que el riesgo-argentino cayera tanto como el ruso? Respondí con un listado de políticas y reformas que creía indispensables a tal efecto:

* Estabilidad monetaria permanente. Que era difícil de garantizar sin una convertibilidad; de hecho, desde mayo de 2002 el país funcionaba con una convertibilidad informal, sucia y de banda ancha. Esta exige, a su vez, superávit fiscal.

* Una buena renegociación de la deuda, que no dejara la impresión de una expropiación salvaje de los bonistas.

* Estabilidad bancaria permanente. Difícil de lograr sin la posibilidad de una banca bajo jurisdicción internacional.

* Libre comercio con EEUU.

* Descentralización a las provincias de la recaudación de los grandes impuestos nacionales.

¿Qué se hizo? Se sostuvo el superávit fiscal y también la convertibilidad informal del peso, se renegoció la deuda pero con una quita salvaje sobre los bonos y no se hizo ni se prometió nada en materia de reforma estructural. Peor todavía. En la actualidad, la economía argentina está más cerrada al comercio internacional (restricciones a las importaciones de Brasil y a las exportaciones de carnes y cereales) y el atraso tarifario y la inseguridad jurídica que afectan a las empresas de servicios públicos son mayores que entonces.

Conclusión: Acerté el pronóstico sobre la trayectoria de la prima de riesgo-país y la tasa de crecimiento pero fallé en el diagnóstico sobre lo que debía hacerse para que la prima bajara. Hasta ahora, la reforma estructural no fue necesaria para que el PBI creciera. Bastó con que hubiera superávit fiscal, convertibilidad informal y gobernabilidad.

La falta de reforma estructural ha tenido un costo que se percibe difusamente. Por un lado, la participación de las exportaciones argentinas en las exportaciones mundiales se redujo en un 10% entre 2001 y 2005 (de 0,42% a 0,38%); Chile nos ha igualado y Brasil, triplicado. Por otro lado, la IED es menor que en la de la década pasada; Chile y Colombia nos han superado, y México y Brasil nos han sacado una enorme ventaja.

Pronóstico para 2007: La prima de riesgo-país ha caído a razón de 40% por año desde 2003. Si el año que viene se repitiera esta tendencia, la prima se ubicaría en 220 puntos y el PBI crecería un 8%. La situación financiera internacional puede contribuir a que el pronóstico se cumpla y la situación política interna puede contribuir a que no se cumpla.

Sobre la situación financiera internacional, cabe anotar que la tasa de inflación de EEUU se situó recientemente dentro del rango buscado por la Reserva Federal: 1%-2% por año, mientras la tasa de crecimiento del PBI de aquel país parece disminuir con más fuerza que la esperada. Es probable, entonces, que en marzo próximo el directorio de la Fed decida reducir la tasa de interés. Esta medida consolidaría un escenario de estabilidad financiera en el mundo e intensificaría el flujo de capitales a la región y la tasa de crecimiento económico argentino.

Sobre la situación política interna, cabe repetir que 2007 será un año de elección presidencial y que desde el retorno a la democracia estos años tienden a ser tumultuosos. Por el lado del oficialismo, mi sensación es que el candidato final será el presidente Kirchner, dado que si fuera su esposa se arriesgaría a una segunda vuelta, un fenómeno político que se ha puesto de moda en América Latina. Por el lado de la oposición, tengo la impresión de que Macri se va a conformar con la candidatura a Jefe de Gobierno de la Ciudad, que la candidatura de Lavagna no va a levantar vuelo porque no representaría un cambio auténtico, y que en la recta final, como sucede normalmente en las competencias presidenciales, se impondrá un tapado: Blumberg. Este líder social ofrecería una lucha a fondo contra la inseguridad, una amplia amnistía, respeto del principio de división de poderes, superávit fiscal y ninguna reforma estructural. Hoy por hoy, Kirchner ganaría la elección, pero todavía tiene que pasar mucha agua por debajo del puente. Por esto digo que 2007 puede ser un año turbulento capaz de frustrar aquel pronóstico de crecimiento. (Sobre Blumberg, vea un post que escribí el mes pasado y uno de Jorge Asís de hace unos días.)

Más allá de 2007, sin reforma estructural, el crecimiento convergerá en poco más de 3% por año; esta es la tasa de crecimiento consistente con una inversión bruta fija interna de 21% del PBI como la actual. Después de descontar las amortizaciones, este guarismo arroja una inversión neta fija interna de 8% del PBI. Como la relación entre el PBI y el capital fijo se estima en 0.4, la tasa de crecimiento sostenible es 3.2% anual. Para que el PBI pueda crecer en forma sostenida un 6% anual la tasa de inversión neta debería trepar a 15% del PBI y la bruta, a 28%.

noviembre 19, 2006

Un hombre de suerte

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 8:40 pm

Milton Friedman 1912-2006

Conforme al criterio de John Maynard Keynes, un gran economista debe combinar condiciones de matemático, historiador, filósofo y estadista. De un gran economista no se espera genialidad en cada una de estas áreas sino una rara combinación de talentos. Hay sobrada evidencia de que Milton Friedman fue uno de los grandes economistas del siglo XX. Además de tener esa canasta de talentos, fue un hombre de suerte. Nació en el país justo, EEUU, donde se gestan las grandes corrientes mundiales, y llegó a la madurez en la época justa, alrededor de 1960, cuando empezaba a fallar el paradigma keynesiano.

Impresiones personales

Decidí estudiar en la Universidad de Chicago porque quería conocer y escuchar a Friedman, el líder de la escuela económica de Chicago. Llegué a la Universidad en 1980, cuando Friedman ya había ganado el premio Nobel, se había convertido en una celebridad mundial y no formaba parte del staff permanente de profesores. Pero mi viaje no fue en vano. Me perdí el aspecto turístico aunque no el sustantivo: en Chicago continuaban enseñando, debatiendo y escribiendo sus colegas de toda la vida, había una visión económica coherente y la atmósfera social, intelectual y científica de la escuela era omnipresente. Durante mi estadía, Friedman visitó la Universidad dos veces y cada vez fue un gran acontecimiento. Una nube de profesores lo rodeaba y los estudiantes se apiñaban en los angostos pasillos del edificio de Ciencias Sociales. Tenía una presencia inusual. Recuerdo en particular la primera vez que lo vi. Medía alrededor de 1 metro 60, era calvo y de cabeza grande (una versión bajita del fallecido periodista argentino Jacobo Timerman). Se vestía con desaliño; en aquella ocasión llevaba un traje celeste y la corbata bordó con escuditos de la Universidad, y calzaba un par de botas de color naranja y gruesa suela de goma como las que usan los obreros y los estudiantes durante el largo invierno de la ciudad de los vientos. Iba a dar una conferencia en el salón de actos del edificio gótico, austero y no muy espacioso de Ciencias Sociales.

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Friedman en su época dorada, alrededor de 1964

Subió al estrado de un salto (rondaba 68 años), se apoyó informalmente sobre el atril y preguntó a una audiencia que rebalsaba el salón de qué temas quería hablar. Un estudiante negro preguntó sobre la discriminación en el mercado laboral, una estudiante preguntó sobre una polémica ley de aborto y, entre muchas otras preguntas, alguien quiso saber sobre la marcha de la política monetaria de Margaret Thatcher. A todos les contestó con fluidez y ejemplos ilustrativos. Tenía fama de provocador y gran polemista, aunque en aquella ocasión no fue necesario que tales atributos salieran a relucir pues todos profesábamos la misma fe. De las respuestas sobre discriminación laboral y la ley de aborto no recuerdo nada que me sorprendiera; eran las clásicas de sus libros de difusión. Pero la respuesta sobre la política monetaria británica fue memorable, una síntesis perfecta de sofisticación monetaria y vuelo histórico. Arrancó definiendo la política de control de la oferta monetaria que se aplicaba en Gran Bretaña, luego destacó la incertidumbre que prevalecía sobre el cumplimiento de las metas de crecimiento monetario, después identificó el origen de la incertidumbre con las divisiones que provocaba la nueva política en el gabinete de Thatcher y el Parlamento, y por último reconstruyó el impacto que había tenido la composición del Parlamento sobre las políticas cambiaria y monetaria entre el gobierno del primer ministro Gladstone, a fines del siglo XIX, y el de Thatcher. Sólo una vez más tuve el privilegio de presenciar otra muestra de tanto virtuosismo; fue en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, a fines de la década de 1990, cuando Henry Kissinger respondió una pregunta sobre la situación rusa remontándose hasta el Congreso de Berlín de 1878.

Su relación con los estudiantes argentinos fue muy buena y fructífera. Carlos Rodríguez lo definió para Ámbito Financiero como un gran teórico monetario y como un gran profesor que promovía el debate y mantenía la absoluta atención de los estudiantes; agregó que no era un político sino un ideólogo. Adrián Guissarri y Víctor Elías dan su opinión sobre el gran hombre en las páginas de La Nación del día de la fecha. Pero antes de dejar estos párrafos de impresiones personales, quiero consignar dos circunstancias que quizá ayuden a conocerlo mejor. Un compañero de estudios argentino se acercó a conversar con Friedman; éste le preguntó de dónde venía; apenas lo supo, le recriminó que Argentina hubiera protegido a criminales nazis y en adelante la conversación se volvió imposible. Un estudiante de una promoción anterior a la mía quiso escribir la tesis doctoral bajo su dirección y recibió en el intento una lección ruda pero invalorable. El estudiante fue a su oficina con un paper preliminar; Friedman le preguntó cuál era el punto del paper y el estudiante respondió que no tenía un punto sino tres; furioso, golpeó el escritorio y exclamó: “I only want a big point!” Esta anécdota deja como lección que un paper debe tener sólo un punto, en lo posible, grande; dos puntos son una fuente de tensión interna y confusión, y ninguno es una estafa.

Filosofía y contribuciones científicas

Cuando Friedman arribó como estudiante a Chicago en 1932, el líder del Departamento de Economía de la Universidad era Frank Knight, un economista filósofo. Para Knight lo más probable era que el Estado, aun cuando quisiera hacer el bien, terminara haciendo el mal. Era Knight profundamente pesimista sobre el género humano y sus pretensiones altruistas. Creía que el rasgo dominante de la humanidad es la avaricia. Luego, pensaba que lo esencial es construir un sistema económico que reconozca esta característica de la conducta humana, la encauce hacia propósitos útiles y la disperse entre muchos centros de poder que compitan entre sí. En un plano más general, consideraba que el gobierno debía mantenerse a un costado del proceso económico. Que no debía inmiscuirse en la cuestión monetaria pues, en vista de la inclinación a gastar de reyes y políticos, iba a generar inflación y después sobrevendrían intentos del gobierno de bajarla por medio de controles de precios, amenazas y estatizaciones, con el consiguiente aumento del tamaño del Estado en la economía. Era mejor que el verdadero dinero viniera de las minas de oro. Esta doctrina, definida por Abba Lerner como capitalismo 100% puro, sintetiza la filosofía predominante en Chicago cuando nuestro hombre comenzó sus estudios de post-grado. Friedman la hizo propia, con un único cambio: reemplazó el patrón oro por la regla X de crecimiento monetario a cargo de un banco central, en la idea de que si la economía carecía de una oferta de dinero elástica remataría en la deflación, la recesión y el desempleo. Pero si el banco central era capaz de aumentar la oferta de dinero a una tasa constante de 3-5% por año, podría crecer con estabilidad de precios mientras se le ataban las manos al gobierno y se prevenía la inflación y el subsiguiente intervencionismo.

La Escuela de Chicago nació con Knight y floreció con Friedman. Arnold Harberger, quien conoció a Knight y fue alumno y luego colega de Friedman en Chicago durante 25 años, ha redefinido la filosofía de la Escuela con tres proposiciones: “1) El mundo es realmente complicado. Necesitamos una teoría, que es una abstracción, para poder apreciarlo y entenderlo. 2) La teoría no es buena si está aislada de las observaciones del mundo real. 3) En caso de duda, lo mejor es suponer que los mercados funcionan.” Para la Escuela de Chicago, las fuerzas de mercado son tan reales como el viento y las olas. Hay que vivir con ellas y sacar ventaja de ellas en vez de desafiarlas, porque cuando se hace lo último las consecuencias pueden ser terribles.

En una magnífica nota necrológica de The New York Times, reproducida parcialmente por La Nación, Alan Greenspan señala que, “en el largo plazo, lo único importante serán sus aportes académicos, si bien no habría que despreciar el profundo impacto que sus opiniones ya han tenido sobre el público norteamericano”. Samuel Brittan, el famoso periodista británico que escribe sobre temas políticos y económicos, en otra de las tantas notas necrológicas que han invadido los diarios y las páginas de Internet, relata en el diario inglés Financial Times, con conocimientos de primera mano, su vida privada y profesional y su obra académica. Siguen sus principales contribuciones académicas:

1953: Ensayos sobre Economía Positiva. En el artículo sobre Metodología de la Economía Positiva, el autor argumenta que la utilidad de una teoría, en las ciencias naturales y en las sociales, depende del éxito de sus pronósticos y no del realismo descriptivo de sus supuestos. Y establece una diferencia entre la economía positiva y la normativa: la primera trata con lo que es y la segunda, con lo que debe ser. Aduce que la economía positiva es independiente de cualquier posición ética, y que debe proveer un sistema de generalizaciones (ecuaciones) que se pueda emplear para hacer predicciones correctas sobre el impacto de cualquier cambio de las circunstancias. Friedman creía que a medida que la economía positiva fuera progresando las diferencias normativas (de política económica) tenderían a desaparecer o por lo menos a reducirse. Tras la ola de indignación que provocara en la profesión un artículo escrito con George Stigler (Roofs or ceilings? The present housing problem), el ensayo tenía como fin investigar si los valores éticos son ajenos o inherentes al análisis económico.

1957: Teoría de la Función Consumo. Para algunos es su principal logro científico. Postula en la teoría y prueba con la evidencia empírica que el consumo depende del ingreso permanente. Es decir, a) el consumo de las familias o el país no depende del ingreso corriente, que contiene elementos transitorios, sino del ingreso esperado de largo plazo; b) el ahorro como proporción del ingreso permanente es básicamente una constante. Estos resultados tienen un par de implicancias importantes: por un lado, no habría razón por la cual el capitalismo deba experimentar estancamiento por sub-consumo, como el keynesianismo postulaba hasta entonces; por el otro, la política fiscal contra-cíclica no debería tener un impacto significativo sobre la demanda agregada y la producción pues los consumidores ignorarán cambios transitorios del ingreso disponible asociados a una rebaja o un aumento de impuestos.

1963: Una Historia Monetaria de EEUU, 1867-1960, con Anna J. Schwartz. Para muchos, entre los que me cuento, es su obra maestra. Narra y prueba convincentemente el papel activo de la oferta de dinero en la historia macroeconómica de EEUU. Y argumenta, en particular, que la Gran Depresión se debió a errores del directorio de la Reserva Federal y no a la inherente inestabilidad de la inversión en el sistema capitalista como se postulaba en la post-guerra. El impacto de tales errores habría sido magnificado por la existencia de un encaje fraccionario sobre los depósitos bancarios.

1967: El Rol de la Política Monetaria. Este ensayo es el discurso que pronunció al asumir la presidencia de la American Economic Association. Para muchos constituye un aporte más importante que cualquiera de sus estudios sobre historia y teoría monetaria. Con líneas que rozan la poesía, elabora sobre la intuición de que el sistema keynesiano adolece de una falla fundamental y concluye con este pronóstico: “Esperen que el desempleo aumente y que la inflación suba, (todo) al mismo tiempo”. En otras palabras, la relación entre inflación y desempleo no es negativa, puede eventualmente adquirir pendiente positiva y finalmente es nula; la Curva de Phillips se hace vertical en el largo plazo. Para Paul Krugman éste fue uno de los logros intelectuales decisivos de la post-guerra. La mezcla sin precedentes de desempleo e inflación crecientes se bautizó stagflation y arrasó la credibilidad del keynesianismo en la década de 1970.

Militancia y reconocimiento

Milton Friedman sufrió insultos y muchas demostraciones de repudio durante su vida. Los economistas académicos lo consideraban un flat-earther (el que cree que la Tierra es plana). Los izquierdistas le echaban en cara su colaboración con el régimen de Pinochet mientras olvidaban que también asesoró al gobierno comunista de China. Para otros era nada más que un lunático. Los links que contiene el post permitirán que cada uno forme su opinión al respecto. Aunque esta reseña estaría incompleta si pasara por alto el carácter fogosamente libertario del personaje.

Friedman fue un firme defensor de las libertades individuales. Pensaba que el derecho de propiedad es la piedra angular de la organización económica capitalista. Escribió y militó a favor de la derogación del servicio militar, la despenalización de la droga, la introducción del voucher en el sistema educativo y la abolición del carnet para manejar autos y la licencia para ejercer la medicina. Cuando en una ocasión lo acusaron de que se le iba la mano en la campaña anti-estatista, replicó: “en cada generación tiene que haber alguien que vaya hasta el fondo; creo que esa es mi función”. Fue un liberal clásico o un libertario como se dice en EEUU. Hasta donde sé, aparte de las tres funciones básicas del Estado: defensa, seguridad y justicia, la única función adicional que admitía es el control de la oferta monetaria.

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Me queda por consignar que fue feliz. Se consideraba un hombre de suerte porque: a) sus padres adolescentes habían emigrado a tiempo a EEUU y él pudo nacer como ciudadano pleno de este país; b) un profesor de geometría de la escuela secundaria le mostró la conexión estética entre el poema Ode to a Grecian Urn de Keats y el teorema de Pitágoras y pudo apreciar la belleza matemática; c) ganó una beca para estudiar en la Universidad de Rutgers y pudo conocer a dos profesores que le señalarían su camino profesional; d) en la primera clase como alumno en la Universidad de Chicago le tocó sentarse, por orden alfabético, al lado de Rose Director y así pudo conocer a su futura esposa y compañera hasta el día de su muerte. Pero en su vida hubo algo más que suerte. George Stigler, su entrañable compañero de estudios y colega en Chicago, escribió que “Milton tenía un don maravilloso para despertar el interés de la gente importante”. Quizá el don fuera la suma de aquella canasta de talentos, confianza en la propia capacidad para razonar y persuadir, perseverancia e ingenuidad.

noviembre 15, 2006

Apertura mexicana

Filed under: Académica — Jorge Avila @ 3:12 pm

Este post forma parte de una serie dedicada a la evaluación de algunas aperturas comerciales clásicas. En esta ocasión, trataré el caso mexicano. Seguirán el caso español, el caso japonés y un comentario estadístico sobre el impactante caso irlandés. El caso chileno fue resultado de una férrea determinación nacional. En el mexicano, si bien el esfuerzo unilateral de apertura fue importante, el NAFTA jugó el papel decisivo.

Para leer las conclusiones globales de la serie de posts dedicados a las aperturas comerciales, haga click aquí.

La apertura bilateral de México

La segunda guerra mundial alentó en México un proceso espontáneo de sustitución de importaciones y desarrollo industrial. A su término, llegó la hora del proteccionismo legal y el coeficiente de apertura fue cayendo hasta tocar un piso de 5% del PBI a principios de la década de 1970. Durante esta década el gasto público trepó de 20% del PBI a casi 60%, en 1982 el déficit fiscal llegó a 17% del PBI y la inflación a 100% anual, el gobierno entró en default y la economía mexicana se estancó luego de varias décadas de crecimiento estable y moderado. Durante la presidencia de De la Madrid Hurtado (1982-88) se gestó en el plano político el cambio de régimen que se concretaría en el sexenio de Salinas de Gortari (1988-94). El objetivo del cambio de régimen, que los mexicanos denominaron Salinastroika, era revertir el estancamiento económico y transformar a México en un nuevo tigre asiático del comercio internacional. (Almansi, 1989.)

Hacia 1985 confluyeron tres circunstancias que determinaron la apertura, en principio unilateral y luego bilateral: estancamiento económico, deslegitimación del proteccionismo y aparición de un equipo de reforma liderado por Salinas, un tecnócrata con formación de post-grado en EEUU, como los chilenos de Castro, de la Cuadra y Büchi, y capacidad para reconocer tradeoffs políticos. En 1986, México se convirtió en miembro pleno del GATT y comenzó a reducir unilateralmente los aranceles de importación. En el período 1985-93, el arancel promedio, mayormente referido a las importaciones industriales, cayó de 25,2% a 12%. (Lederman, Maloney y Servén, 2005, pág. 340.) La protección a la agricultura, por su parte, permaneció básicamente inalterada hasta 1990; recién en 1990-91 se abolieron los precios sostén y las licencias de importación que beneficiaban a la producción de nueve cultivos tradicionales (trigo, arroz, sorgo, soja, girasol, cebada, semilla de algodón y copra; antes se había eliminado el precio sostén para las semillas de sésamo) y se redujeron en forma drástica los subsidios a los insumos, el crédito y el seguro para la agricultura. Aunque se mantuvo la protección para la producción de maíz y porotos. (Ibid, pág. 137-138.)

Las negociaciones comerciales entre México, EEUU y Canadá se iniciaron de manera informal en 1990 y se volvieron más formales en 1991, una vez que el Congreso de EEUU otorgó a la Casa Blanca el poder para negociar por la vía rápida (fast-track authority). El acuerdo de libre comercio norteamericano (NAFTA) se firmó en diciembre de 1992 y entró en vigencia en enero de 1994. Pero el auge del comercio exterior mexicano había empezado algunos años antes, como consecuencia demorada de la apertura unilateral o como producto de la señal de irreversibilidad de la apertura que emitían las negociaciones para el ingreso al NAFTA. En 1992-93 México ya se había convertido en un exportador neto de maquinaria y las exportaciones de bienes y servicios habían crecido notablemente. (Ibid, pág. 10-11.) El ingreso al NAFTA profundizó y amplió sustantivamente la apertura mexicana. La mayoría de los aranceles y otras restricciones al comercio entre México, Canadá y EEUU fueron abolidas en los diez años siguientes. El arancel promedio cayó a 1,3% en 2001. Mientras el arancel promedio de EEUU sobre las importaciones mexicanas caía de 2% a 0,2%. Y pese a que se acordó el mantenimiento hasta 2008 de algunas cuotas para productos agrícolas sensibles, la mayoría de las importaciones agrícolas de Canadá y EEUU entran al mercado mexicano desde entonces sin pagar aranceles. (Ibid, pág. 3.)

Aparte del capítulo específico sobre liberalización comercial, el NAFTA incluye otros capítulos paralelos: liberalización del sector servicios (por ejemplo, bancos), protección de inversiones, protección de la propiedad intelectual y liberalización de compras oficiales, así como cierta convergencia en materia laboral y de medio ambiente. En estas áreas, al menos, México ha procedido en sentido literal a importar instituciones de países más avanzados. El capítulo sobre protección de inversiones y apertura financiera es especialmente revelador del alcance del acuerdo. Contiene cuatro principios clave: a) De la nación más favorecida, que asegura que ningún inversor no norteamericano recibirá mayores beneficios que los acordados a inversores de los países del NAFTA; b) Del tratamiento nacional, que garantiza que no habrá discriminación entre los inversores de cada uno de los tres países firmantes; combinado con el primero, este principio garantiza que los residentes en países del NAFTA califican para recibir el mejor tratamiento disponible en cada uno de los países firmantes; c) Ausencia de requisitos de desempeño exportador para los inversores externos; d) Libertad para comprar y transferir divisas de un país a otro (royalties, dividendos, ganancias). Hubo excepciones (a veces temporarias) en la aplicación de estos principios. Por caso, la industria automotriz mexicana continuaría sujeta a requisitos de desempeño exportador neto por un plazo de diez años (debe generar 80% de las divisas que necesite para importar), y en la industria de auto-partes y componentes habría un límite a la propiedad extranjera por un plazo de seis años. Asimismo, el sector bancario debía permanecer sujeto a un límite sobre la propiedad extranjera por un plazo de seis años. Pero la liberalización de este sector tuvo que acelerarse para facilitar la capitalización de los bancos después de la crisis financiera de 1995. En los años siguientes, una serie de cambios legales resultó en la plena liberalización de la propiedad de la banca comercial mexicana. (Ibid, pág. 180.)

El NAFTA fue el primer acuerdo amplio de libre comercio que se celebró entre un país en desarrollo y países desarrollados. Suscitó incontables temores y críticas. Entre ellas, que arrasaría la agricultura mexicana, parte de la cual era de subsistencia; que provocaría desvío de comercio, en la opinión de los países centroamericanos que iban a competir con México en la exportación de productos textiles y de indumentaria a Canadá y EEUU, y que causaría pobreza. Conforme a la evidencia acumulada en la primera década de vigencia del acuerdo, aquellos temores y críticas eran mayormente infundados. En un principio, el coeficiente de comercio agrícola (importaciones más exportaciones) aumentó y la producción cayó a raíz de la conmoción de 1995; desde entonces, sin embargo, el coeficiente se ha mantenido más o menos constante como porcentaje del valor agregado por la agricultura y la producción ha recuperado el nivel previo al ingreso al NAFTA. (Ibid, pág. 143.) A partir de un meticuloso análisis de flujos comerciales, Lederman, Maloney y Servén encontraron poca evidencia de desvío de comercio a nivel agregado, corroborándose así investigaciones anteriores sobre el NAFTA. Sobre el temor a un eventual desplazamiento de exportaciones centroamericanas, dichos autores concluyeron que no existe evidencia sólida de que estas exportaciones hayan cedido terreno por las preferencias de mercado que otorga el NAFTA; de hecho, la mayoría de los países centroamericanos aumentó su participación en los mercados del NAFTA. (Ibid, pág. 15.) Por último, respecto de la evolución de la pobreza, no hay una conclusión definitiva. De acuerdo con la Secretaría de Desarrollo Social (organismo oficial mexicano), el índice de pobreza aumentó de 22,5% de las personas en 1992 a 24,2% en 2000; según la CEPAL, el índice disminuyó de 47,8% en 1989 a 41,1% en 2000. Sobre el comportamiento del salario, la historia está más definida: el salario real (deflactado por el IPC) observaba en 2001 un nivel algo superior al de 1985, año del lanzamiento del proceso de apertura; por su parte, el salario expresado en dólares era en 2001 casi un 50% superior al de 1985. Ambas mediciones registran un aumento significativo hasta 1994, una fuerte contracción en 1995 y un crecimiento sostenido desde entonces (la volatilidad del salario real es menor que la del medido en dólares). (Ibid, pág. 5.)

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La apertura comercial mexicana se inició doce años después que la chilena. No obstante su trayectoria comparativamente corta y la grave perturbación macroeconómica asociada al efecto Tequila, sus logros son importantes. El cuadro de arriba sintetiza el comportamiento de las variables de confianza (percepción de irreversibilidad) y de impacto (crecimiento de largo plazo). El balance correspondiente al primer grupo de variables en los primeros años de la apertura fue favorable: el aumento del índice accionario (en moneda constante) fue notable. También fue apreciable el aumento del coeficiente de apertura. Aunque la trayectoria de la inversión fue levemente declinante como porcentaje del PBI. Cabe recordar que durante el período 1986-88 hubo fuertes devaluaciones, un elevado tipo real de cambio y probables reducciones de la inversión pública (el gasto público se contrajo en 12 puntos del PBI). Por su parte, el balance del segundo grupo fue notable en cuanto al coeficiente de apertura (se registró asimismo una impresionante diversificación de la canasta de exportaciones; ibid, 100), entre notable y moderado en cuanto al ingreso per cápita y entre estable y moderado en cuanto a la tasa de crecimiento. Por último, es ilustrativo puntualizar que la apertura de este país, contrariamente a la chilena, exhibió un moderado déficit fiscal y una fuerte caída del tipo real de cambio. Esta variable no funcionó aquí como instrumento para compensar la reducción de protección efectiva que afectó a la industria manufacturera.

Referencia Bibliográfica

Almansi, A. (1989): Del Desarrollo Estabilizante a la Salinastroika, informe no publicado.

Lederman, D., W. Maloney y L. Servén (2005): Lessons from NAFTA. Stanford University Press and World Bank.

noviembre 8, 2006

¿Ajuste tarifario=Rodrigazo?

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 7:55 pm

En el curso de este año me invitaron varias veces a hablar sobre la crisis energética; nunca quise aceptar. En el país hay unos pocos especialistas en economía de la energía y no soy uno de ellos. A lo sumo, podría haber argumentado esto: el tipo de cambio aumentó un 210% en los últimos cinco años y las tarifas públicas se mantuvieron más bien fijas; luego, el precio en dólares de la energía cayó a un tercio del nivel previo a la devaluación; luego, la demanda de energía tenía que crecer más rápidamente que la oferta; así ha surgido la crisis, que es la brecha entre la primera y la segunda. ¿Qué hacer? Subir las tarifas para desestimular el consumo y estimular la producción. ¿Cuándo? Lo antes posible, pues la oferta tarda en reaccionar. ¿Se viene un Rodrigazo (explosión del dólar y la inflación)? Pasó en 1975. Se dice que cuando aumenta la nafta aumenta todo. ¿Hay motivo para que vuelva a pasar?

Esta mañana asistí a un seminario de FIEL sobre el problema tarifario. Antes que la situación que describieron los expositores, me llamaron la atención los comentarios de algunos asistentes. Reflejaban una mezcla de terror y desorientación. El fantasma del Rodrigazo los persigue.

Abel Viglione, economista y viejo amigo en cuya opinión confío, escribió hace poco un par de artículos (uno, dos) sobre el problema energético. En resumen, Viglione dice lo siguiente: a) la devaluación y el congelamiento tarifario bajaron el precio relativo de la electricidad y el gas natural; b) también el de los combustibles: el gas-oil y la nafta cuestan la mitad de lo que deberían costar; en los países de la OCDE, la nafta cuesta el doble que acá; c) recién a principios de 2006 la industria sufrió restricciones en la oferta de electricidad, pero desde 2004 sufre restricciones en la oferta de gas; d) el aumento de la demanda de estos insumos se debe al fuerte crecimiento económico y al bajo precio relativo de los mismos; e) el consumo actual de electricidad es 60% mayor que en 1998 (año del más alto PBI hasta 2005) y el de gas es 25% mayor; f) en 2008 el país importará derivados del petróleo.

Viglione, en definitiva, señala lo mismo que señalé al principio: la crisis se supera con una recuperación tarifaria. La importante diferencia es que él conoce los números y los tiempos del sector. Supongamos que el gobierno permitiera un aumento de las tarifas de todos los servicios públicos que figuran en el índice de precios al consumidor (IPC) de igual magnitud que la inflación acumulada entre diciembre 2001 y octubre 2006. ¿Cuál sería su impacto sobre el IPC?

La inflación acumulada entre diciembre 2001 y octubre 2006 es 86%; la ponderación de los servicios regulados (teléfonos, naftas, ómnibus, trenes, gas, luz) en el IPC es 21%. Luego, el IPC debería aumentar un 18% de una vez y para siempre.

A la pregunta: ¿y el arrastre sobre los otros precios?, seguirá la respuesta: si el gobierno mantuviera fijo el dólar en 3,1 pesos (sería mejor y más simple que lo bajara a $3), algo que está en condiciones de hacer porque tiene un buen stock de reservas internacionales en el BCRA y un buen superávit en la Tesorería, y si no se dejara acorralar por el lobby devaluacionista, la tasa de inflación del año se elevaría a 22% (4% por inflación mayorista de EEUU + 18% por el ajuste tarifario). Si permitiera un ajuste en dos años, la tasa de inflación anual se elevaría a un 13% en 2007 y en 2008. Si la confianza en la economía argentina aumentara, habría un poco más de inflación, y si disminuyera, un poco menos. Pero el BCRA debería abandonar la política de devaluación que siguió entre agosto 2005 y septiembre 2006 (el tipo de cambio subió 8% en 13 meses).

Y a la pregunta por la pobreza, es decir, por los salarios, seguirá esta respuesta: la inflación adicional debida al ajuste tarifario aumentará en forma proporcional las ventas de las empresas y la recaudación; luego, los salarios se podrían aumentar al ritmo de la inflación. En síntesis, el ajuste tarifario no debería ocasionar un Rodrigazo esta vez. A menos que el presidente se vea afectado por el síndrome De la Rúa y el ministro de Economía, por el síndrome Remes Lenicov.

Roberto Frenkel, quizá el mejor economista progresista entre los que escriben para los diarios, opina que las condiciones no están dadas para otro Rodrigazo. Creo que tiene razón. Repito, de todos modos, la operación ajuste tarifario exige cabeza fría y mano precisa.

noviembre 3, 2006

Apertura chilena

Filed under: Académica — Jorge Avila @ 7:24 am

En los próximos meses publicaré una serie de posts narrando algunos casos clásicos de apertura comercial. En esta oportunidad, me referiré al caso chileno. Seguirán los casos mexicano, español y japonés, y más tarde el caso argentino.

Para leer las conclusiones globales de la serie de posts dedicados a las aperturas comerciales, haga click aquí.

La apertura unilateral de Chile

La liberalización del comercio exterior chileno se ha transformado en un caso clásico. Fue, hasta hace pocos años, enteramente unilateral; fue impulsada por una férrea determinación y siguió un proceso mayormente lineal. Entre los pocos antecedentes que registra, brilla la apertura unilateral británica del siglo XIX que desembocó en la red de acuerdos bilaterales Cobden-Chevalier y en la instauración del libre comercio en Europa.

La apertura chilena reconoce cinco etapas (Lederman, 2005, cap. 4). En septiembre de 1973, cuando fue derrocado el gobierno socialista de Allende, la economía era bastante cerrada: los aranceles de importación promediaban un 105% y mostraban fuerte dispersión; algunos productos estaban gravados por aranceles superiores a 700% y otros, exentos; regía una batería de restricciones cuantitativas (prohibiciones directas de importación, depósitos previos de importación por hasta un 10.000% y licencias de importación), y un régimen de control de cambios que comprendía quince tipos de cambio. La primera etapa de la apertura comprende el período 1974-79. Se caracterizó por una dramática reducción y simplificación de las barreras al comercio en el contexto de un ambicioso plan de estabilización y reforma estructural. En enero de 1974, se eliminaron las licencias de importación; en junio de 1976, tras una seguidilla de rebajas, el arancel máximo cayó a 65% y el promedio a 33% (desde 94% a fines de 1973); en agosto de 1976, se limitaron las prohibiciones de importación a seis productos y se eliminaron los depósitos previos; al final de la etapa, en junio de 1979, se redujo a un 10% uniforme el arancel de importación para todos los productos, excepto los automóviles. Se atenuó así la dispersión que observaba la tasa de protección efectiva de las distintas ramas industriales y se elevó la protección efectiva para el sector agropecuario, que fuera históricamente discriminado por medio de controles de precios y aranceles sobre sus insumos (en 1974 la protección efectiva del agro era igual a -34%).

La segunda etapa de la apertura comprende el período 1979-82. Cobró primacía la lucha contra la inflación y el proceso de liberalización comercial se estancó. Hacia el final de esta etapa, la economía entró en una crisis profunda. En medio de una situación internacional hostil, el peso sufrió una gran devaluación, hubo muchas quiebras de bancos y empresas, la recesión fue incluso más aguda que la del período 1974-75, y la tasa de desempleo aumentó marcadamente. La tercera etapa comprende el período 1983-85. En rigor, fue una etapa de retroceso. Durante este breve período, el arancel se elevó de 10% a 35%, se fijaron recargos sobre una variedad de productos y se reintrodujeron bandas de precios para tres productos agrícolas: trigo, azúcar y aceite comestible, a fin de proveer una tasa media de protección efectiva similar a la que proveía el arancel a la industria. (En 2003 las bandas todavía no se habían eliminado.) Pero el arancel siguió siendo uniforme y las restricciones cuantitativas no se reintrodujeron. La cuarta etapa comprende el período 1985-90. Se reanudó la apertura unilateral. En junio de 1985, el arancel uniforme se rebajó a 20%; en mayo de 1988, á 15%. Esta fue la última reforma del gobierno de Pinochet. La transición a la democracia estuvo teñida de incertidumbre sobre el curso futuro de la política económica. El partido socialista Concertación Democrática ganó la elección presidencial de 1989 y Aylwin asumió el poder en 1990.

La quinta etapa comprende el período 1991-presente. En esta prolongada etapa hubo definiciones tan importantes como las de la primera. En junio de 1991, se rebajó el arancel uniforme a 11%, consolidándose así una liberalización comercial que había sobrevivido la crisis económica de 1982-83 y la transición a la democracia. Al mismo tiempo, se empezó a implementar una nueva estrategia fundada en acuerdos preferenciales de comercio, con el Mercosur y EEUU. Se desató un intenso debate entre el gobierno y la Sociedad Agrícola Nacional y los economistas de la Universidad Católica de Chile. La SNA temía el ingreso libre de aranceles de trigo y aceite comestible de Argentina y Brasil, puesto que el potencial acuerdo con Mercosur eliminaría las bandas de precios en un cierto plazo. Los economistas de la Universidad Católica temían la posibilidad del desvío de comercio que podría resultar de un acuerdo preferencial (sustitución de un proveedor eficiente cuyos productos pagan el arancel uniforme por uno ineficiente pero favorecido por la desgravación del acuerdo) y no querían deshacer el arancel uniforme (el 11% parejo degeneraría en una escala 0%-11%). En noviembre de 1998, tras dos años de debate, la legislatura nacional aprobó un nuevo programa de reducción del arancel uniforme. En enero de 1999, el arancel se redujo a 10% y se estableció que caería un punto porcentual por año hasta estabilizarse en 6% en 2003. El arancel uniforme se redujo según lo previsto, con el asentimiento del Mercosur. En enero de 2004, después de tres años de negociaciones, entró en vigor el tratado de libre comercio con EEUU. En la actualidad rige un arancel uniforme de 6% para los países sin acuerdo de libre comercio y de 0% para los que tienen acuerdo; el arancel promedio es inferior a 1%.

Cuatro instancias emitieron claras señales de irreversibilidad en los treinta años de este infrecuente proceso de apertura. 1ª) Durante la profunda crisis económica de 1982-83, y en sentido contrario a la experiencia histórica, no se apeló a las restricciones cuantitativas y el aumento del arancel fue transitorio. 2ª) En sus primeros meses de gobierno, la Concertación Democrática explicó cuidadosamente que los únicos cambios que pretendía introducir en el modelo económico de Pinochet consistían en una reforma tributaria para financiar nuevos programas sociales y una reforma de la legislación laboral, y a continuación rebajó a 11% el arancel uniforme. 3ª) A pesar de la intención de convertir a Chile en miembro pleno del Mercosur, el gobierno de Lagos preservó la política de arancel uniforme. 4ª) Además de garantizar el acceso de los productos chilenos al mercado de EEUU, el TLC ha fijado un techo a la capacidad de lobby de los grupos de presión locales. Lederman (2005, pág. 136) sostiene que el procedimiento de resolución de disputas comerciales que contiene un TLC con una importante potencia mundial estaría en mejores condiciones de resistir las fuertes presiones a favor de mayor protección que surjan en futuras recesiones y crisis de balance de pagos. Según Lederman, estos tratados gozarían una ventaja de estabilidad institucional que no gozan normalmente las aperturas unilaterales.

La apertura unilateral británica del siglo XIX fue determinada por la confluencia de cuatro fuerzas: el desplazamiento del poder económico y político del sector terrateniente y proteccionista al sector industrial y librecambista, la hipótesis sobre la eficiencia superior del libre comercio, la comprobación empírica de que el salario real industrial respondía en forma positiva a la liberalización del comercio exterior, y el liderazgo del primer ministro Peel, quien declinó su futuro político al aceptar la nueva realidad. La apertura unilateral chilena fue determinada por la confluencia de tres fuerzas: una fase de deslegitimación del proteccionismo (1956-73) seguida por otra de institucionalización del liberalismo (desde 1974) (Lederman, pág. 66), la grave crisis económica del gobierno de Allende, y la presencia de un equipo de reforma (change team) con un plan consistente y una clara noción de los trade-offs políticos que debía sortear. Ese equipo estuvo encabezado por Sergio de Castro y Sergio de la Cuadra en la década de 1970 y por Hernán Büchi en la de 1980. (Lederman, cap. 4). Ambas aperturas insumieron treinta años aproximadamente y análoga determinación.

El compromiso del equipo de reforma, y del gobierno militar, con la apertura comercial fue permanente. El superávit fiscal fue permanente, salvo aquellos años de fuerte recesión. La apertura fue asistida desde el principio por una flexibilización laboral de facto, pues la actividad sindical estaba prohibida, el salario mínimo había bajado mucho y el resto de la legislación había sido relajado. No obstante el carácter autoritario del gobierno hasta 1990, hubo una preocupación permanente por mantener un elevado tipo real de cambio a modo de compensación de la pérdida de protección efectiva que experimentaban la industria y la agricultura (productores de bienes importables). De hecho, no se encuentra otra explicación para la continuada devaluación del peso y la alta inflación hasta fines de la década de 1990, en un contexto de superávit fiscal. (La asistencia de liquidez a la banca comercial durante la crisis de 1982-83 seguramente obligó a una importante expansión monetaria; sin embargo, el período bajo análisis abarca treinta años.) (Ibid.)

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La tabla precisa aspectos importantes de la marcha de la economía chilena durante la apertura. El notable aumento del índice bursátil, de la inversión fija y de exportaciones e importaciones (ya en los dos primeros años de la reforma) es testimonio de la credibilidad de la reforma. El sostenido aumento del coeficiente de apertura, de la tasa de crecimiento del PBI y del ingreso per cápita es testimonio del éxito de la reforma. El aumento del salario real habría sido parecido al del ingreso per cápita. La trayectoria del desempleo es ambigua.

Referencia Biblográfica

Lederman, D. (2005): The Political Economy of Protection (Theory and the Chilean Experience). Stanford University Press.

noviembre 1, 2006

Bochorno en la UNLP

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 5:14 pm

Ricardo López Murphy visitó ayer la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de La Plata para dar una conferencia sobre la economía argentina. Fue un bochorno. Un estudiante cuenta su desesperanza:

Estimado Jorge: Mi nombre es Oscar Natale, tengo 22 años y tengo un problema: soy argentino y liberal. Al igual que usted, estudio Economía en la UNLP. Y me siento
extremadamente desilusionado por lo que ocurrió ayer en nuestra facultad, cuando invitamos a Ricardo López Murphy a dar una conferencia. Decenas de militantes de izquierda impidieron que una persona con más de 30 años en la docencia pública pudiera expresarse libremente. Estoy muy triste por lo ocurrido, ya la violencia y el patoterismo no se limitan a los espectáculos deportivos, ahora los tenemos en el claustro mismo. Quisiera conocer su opinión al respecto, cómo hacemos los jóvenes para no perder las esperanzas, para que nuestros hijos puedan habitar este suelo… en fin unas palabras de ánimo.

Oscar: Pensá en los ciclos del humor político nacional. Los 90 fueron del liberalismo, bajo el gobierno de Menem y montados sobre una prédica de 30 años por parte de Álvaro Alsogaray. Los agresivos de hoy se llamarán a silencio y los cínicos se convertirán en liberales en el próximo ciclo, que comenzará cerca de 2008. Cuando yo era estudiante en esa Facultad, pasó algo similar. Un día fue Alsogaray a dar una conferencia y los izquierdistas de entonces, que hablaban y actuaban como los de ahora, lo encerraron en el pasillo de acceso al salón auditorio, lo cubrieron de insultos, huevazos y tomatazos, y me parece que tampoco pudo hablar. Alsogaray toleró estoicamente la agresión. Quince años después, el país cumplía su programa.

Apertura británica

Filed under: Académica — Jorge Avila @ 1:53 pm

En los próximos meses publicaré una serie de posts narrando casos clásicos de aperturas comerciales exitosas. En esta oportunidad, me referiré al ejemplar caso británico. En éste aparecieron las principales fuerzas (ideas e ideologías, personalidades y equipos de reforma y circunstancias políticas y económicas) que determinan la suerte de una apertura. Seguirán el caso chileno, el mexicano y el español, algo del impactante caso irlandés y un panorama sobre el lineal caso japonés. Por último, narraré la historia comercial argentina del siglo pasado.

La política comercial británica siguió un proceso fascinante en el período 1815-1860, que condujo a la apertura unilateral de Gran Bretaña y al establecimiento de un régimen de libre comercio en Europa. Una sinopsis de esta singular experiencia nos permitirá entender un poco mejor el juego de ideas, instituciones y circunstancias económicas y políticas que, eventualmente, determinan el vuelco de un país al libre comercio internacional.

Las guerras del período 1792-1815 pusieron fin al clima de intercambio liberal que había predominado en Europa en las últimas décadas del siglo XVIII.* La interrupción del comercio aumentó el precio de los productos agrícolas en Gran Bretaña, la renta de la tierra aumentó aún más y, como la propiedad estaba muy concentrada, los terratenientes ganaron una fuerte influencia política. Para preservar poder y riqueza, este grupo social hizo aprobar la ley de granos del año 1815. La ley prohibió de hecho la importación de cereales. Pero a medida que cedían las tensiones de la guerra, tomó cuerpo un debate entre proteccionistas y librecambistas, entre representantes del campo y de la ciudad, entre conservadores (partido Tory) y progresistas (partido Whig) y, hacia el final, entre el primer ministro Peel y el líder industrialista Cobden. Con el paso de los años fue imponiéndose la posición librecambista. En 1828, se reemplazó la prohibición de importación de granos por un arancel que variaba en forma inversa al precio interno del grano. En 1833, se redujeron una vez más diversos aranceles. En 1842, se reabrió la exportación de maquinaria, se abolió un impuesto a la exportación de lanas, y se redujeron todavía más los aranceles de importación de granos y otros productos. En 1845, los aranceles se redujeron una vez más. Hasta que finalmente, en 1846, se derogó la ley de granos y Gran Bretaña se inclinó decididamente al libre comercio. El proceso de apertura insumió 30 años pero avanzó sin retrocesos importantes. El arancel implícito sobre la importación de granos cayó de 70% en el período 1815-1827, a 50% en 1828-1841 y a 7% en 1842-1845. El tratado de libre comercio Cobden-Chevalier, entre Gran Bretaña y Francia, fue firmado en 1860. Luego sobrevino una seguidilla de tratados entre los principales países europeos. (O’Rourke y Williamson, 1999, cap. 3.)

¿Cómo se explica la “paradoja de Peel”, el defensor de los intereses terratenientes que tomó partido por el libre comercio, favoreció a la industria y arruinó su futuro político? Dos posiciones clásicas se disputan la explicación. La primera posición está asociada a Stigler (1982) y la segunda, a Keynes (1936, cap. 24). Stigler descalifica la teoría de la historia movida por la influencia del gran economista (Smith-Ricardo-Torrens) y destaca el papel que jugaron los grupos de interés; afirma que el cambio de régimen era inevitable en vista del desplazamiento del poder político y económico de los terratenientes a los industriales. Keynes enfatiza la importancia de las ideas y las ideologías; quienes siguen esta posición ven en Peel un estadista formado en la tradición económica clásica que finalmente debió abrir la economía para que Gran Bretaña pudiera capitalizar la eficiencia superior del libre comercio. Más tarde, Irwin (1989) señalaría que ambas posiciones son incorrectas. Según nuestra interpretación, el argumento de Irwin corre así: Peel carecía del modelo apropiado para formular una expectativa racional sobre el impacto de la apertura sobre el salario real de los obreros industriales; después de todo, el modelo de Heckscher-Ohlin recién llegaría en el siglo XX. Conforme a los modelos de su tiempo (Malthus, Ricardo), el salario real era una constante en el largo plazo; los datos del período 1792-1815 así lo indicaban. Luego, ¿con qué fin iba Peel a abrir la economía? Hacia 1840, sin embargo, el pesimismo clásico relativo al estancamiento del salario fue esfumándose: el salario real industrial del período 1840-1845 casi duplicó el de 1810-1815. Según Irwin, esta pieza de evidencia tuvo un peso fundamental en la decisión de Peel. (O’Rourke y Williamson, 1999, cap. 5.)

Referencias:

Irwin, D. (1989): “Political Economy and Peel’s Repeal of the Corn Laws”, Economics and Politics, 1 (spring).

Keynes, J. M. (1936): The General Theory of Employment, Interest and Money. Reimpreso por Harcourt Brace Jovanovich, 1964.

O’Rourke, K. y J. Williamson (1999): Globalization and History. MIT Press.

Stigler, G. (1982): “Do Economists Matter?” The Economist as a Preacher. The University of Chicago Press.

* Gran Bretaña era importadora neta de alimentos y exportadora neta de manufacturas. El caso opuesto al de Argentina.

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