La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

noviembre 30, 2007

El Economista del Mes

Filed under: Periodística — Jorge Avila @ 11:32 pm

Ambito Financiero me pidió que escribiera un extenso artículo para su habitual sección El Economista del Mes. Debía incluir un balance de la gestión económica del presidente Kirchner y de la herencia que deja a su esposa, un comentario sobre la situación actual, perspectivas, alguna reflexión especial y un par de gráficos reveladores. Lo escribí el fin de semana pasado y el diario lo publicó el martes 27. Aunque tiene la extensión de cuatro posts de tamaño normal, en vez de fraccionarlo y reproducirlo en partes, he preferido reproducirlo completo. Creo que así resulta más fácil leerlo. Destaco en letra cursiva, a mitad de camino, la descripción de los gráficos y, al final, mi reflexión especial.

En pocos días más se cumple el mandato presidencial de Néstor Kirchner. Según las urnas, una amplia primera minoría opina que el país está mejor. La oposición no fracasó por falta de unión sino porque la población aún no tiene sed de cambio. Kirchner ha atropellado mil instituciones económicas y políticas. Por ejemplo, el piquete a la petrolera Shell arrumbó la libertad de precios; la anti-cumbre de Mar del Plata selló nuestro aislamiento internacional, y la intervención del INDEC ha promovido el descrédito institucional del país y ocasionado un segundo default. Pero Kirchner consiguió en su mandato dos cosas valiosas para un país atormentado por una inestabilidad crónica: aseguró la estabilidad y alejó el fantasma de la hiperinflación, y aseguró la gobernabilidad y alejó el espectro de la anarquía. En este orden. Primero, la estabilidad monetaria; luego, la estabilidad política.

Kirchner tuvo la sabiduría de mantenerse dentro del cauce que habían abierto en 2002 el ex presidente Duhalde y su ministro Lavagna. En 2002, Duhalde no fue el cirujano de bisturí que exigían las circunstancias; fue un carnicero de hacha improvisada y eficaz. Lavagna no aplicó la libre flotación que iba a conjurar todos los males de la convertibilidad, sino una convertibilidad disfrazada e informal de 3 por 1, tan efectiva que todavía perdura. El aporte fundamental de Kirchner consistió en reforzar el superávit fiscal y no toquetear el dólar. Su otro aporte fue la suerte, que no es un atributo menor en un gobernante. El índice de precios de las materias primas argentinas creció durante su mandato un excepcional 107%, luego de una larga declinación durante los gobiernos de Menem y de De la Rúa.

La convertibilidad informal, el elevado superávit fiscal (mayor que el de Menem, quien a su vez lo tuvo mayor que Alfonsín) y la reestructuración del 76% de la deuda pública en 2005, determinaron una aguda reducción de la prima de riesgo-argentino, una reversión notable del flujo internacional de capitales y un importante crecimiento de la demanda agregada. Esta es la causa primaria de la expansión del PBI argentino en el período 2003-07. La causa secundaria es el viento de cola que sopla desde los mercados de commodities del mundo. Digo que este es el orden de causalidad porque es improbable que un viento de cola genere un aumento de 50% del PBI en presencia de desborde fiscal y disparada del dólar. El dólar quieto tiene poderes mágicos.

El gráfico Nº 1 ilustra la relación inversa que se verifica entre la prima de riesgo-argentino y el flujo de capitales. Los datos corren entre enero de 2002 y noviembre de 2007. Mide la prima anual (en puntos porcentuales) sobre el eje derecho y el ingreso mensual en dólares (como promedio móvil) sobre el eje izquierdo. El ingreso de capitales luce como la imagen especular de la prima de riesgo-país. Esta relación tiene un papel clave en la explicación de la recuperación económica argentina. La aguda reducción del riesgo-argentino transformó a la salida de capitales de 2002 en una creciente entrada. El impacto macroeconómico de una menor salida de capitales es igual al de una mayor entrada. Digo impacto macroeconómico porque el ingreso de capitales puede verse como una adición a la demanda agregada. Una entrada mensual de u$s 1.500 millones representa el 7.5% de la demanda agregada de un mes (con un PBI de u$s 240.000 millones por año, algo menor que el actual). El gráfico Nº 2 ilustra la relación inversa que existe entre la prima de riesgo-argentino y la producción. En este gráfico los datos corren entre enero de 1998 y noviembre de 2007. El eje derecho mide la variación anual de la prima (en puntos porcentuales) y el eje izquierdo, la variación anual de la producción industrial (en puntos porcentuales). Advierta que entre octubre de 2002 y junio de 2007 la variación anual de la prima de riesgo-país fue siempre negativa mientras la variación anual de la producción industrial fue siempre positiva. Estos gráficos son obviamente complementarios.

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La estabilidad y la expansión económica elevaron la base imponible en mayor proporción. La estampida de la recaudación impositiva sumada al carácter nacional de las retenciones, al régimen de coparticipación federal de impuestos (que es más unitario que federal) y a los superpoderes, convirtió al Presidente en el gran cajero de la Nación. Los gobernadores, que en un régimen auténticamente federal son sus rivales naturales por el poder, se convirtieron en mendigos. Y la oposición legislativa, en espectadora, pues el superávit le evita al PEN el desgaste político de pedir favores. Por el uso hábil, pero no republicano ni federal, de la caja, por su carácter más bien autoritario y por la gracia que le ha concedido un pueblo agobiado por la inestabilidad, Kirchner recuperó entonces la gobernabilidad.

El presidente saliente deja a su esposa, la presidente electa Cristina Fernández de Kirchner, un ramillete de éxitos y de urgencias. Los lineamientos generales de la política económica asociada al modelo productivo no cambiarán, pero habrá retoques a fin de asegurarle la supervivencia. Hay cuatro grandes áreas de retoque: El gasto público y el superávit fiscal. Los vencimientos de la deuda pública y el Club de País. El reajuste tarifario y la crisis energética. La inflación y la credibilidad del INDEC.

El superávit primario (antes de pagar los intereses de la deuda) del gobierno nacional ha caído de casi 4% del PBI en 2004 a casi 2% en 2007. Esto significa que el superávit financiero (después de pagar los intereses) quedará reducido este año a un mero 0%. El presidente Kirchner es el primer presidente, desde antes de Perón, que se dio cuenta de que superávit fiscal es igual a poder. Frente a los gobernadores, como dije antes, y frente a los mercados, cuya volatilidad un déficit agudiza y puede tumbar presidentes (Alfonsín y De la Rúa).

Kirchner reforzará el superávit durante 2008 y creo que el ajuste fiscal será más fácil que en otras ocasiones. Una simple comparación bastará para aclarar lo que quiero decir. En marzo de 2001, el ministro López Murphy intentó realizar una modesta rebaja del gasto público; fue misión imposible; en parte, por el contexto político dentro del cual se movía el gobierno de la Alianza y, en parte, porque la economía argentina sufría una recesión con deflación. En esta ocasión, con solo hacer que el gasto público crezca en 2008 un 15% con respecto a 2007, en vez del 50% que creció en 2007 respecto de 2006, el superávit primario saltaría a un 4% del PBI a fines de 2008. Note que no estoy diciendo que el gasto deba bajar. Apenas sugiero que si en 2006 fue igual a $100 y en 2007 fue igual a $150, en 2008 debería ser igual a unos $172. El superávit aumentaría, de todos modos, pues la recaudación impositiva seguiría subiendo a un ritmo de 30% anual (puede ser menos) de la mano del PBI nominal. Esta variable viene aumentandoa una tasa de 8% por año en virtud del crecimiento real del país, más un 20-25% por año en virtud de la inflación que se verifica en los mostradores. En consecuencia, una suba del gasto de un 15% y un aumento de la recaudación del 30% obrarían, en conjunto, el milagro de recomponer en forma dramática el superávit fiscal y así restaurar el poder político y financiero de los Kirchner.

Con el objeto de minimizar cualquier error de cálculo, el gobierno acaba de aumentar las retenciones sobre las exportaciones de soja, cereales, petróleo y naftas. El aporte al Tesoro rondará $8.000 millones, que equivalen a 0.8% del PBI. Con esta contribución adicional del campo y las empresas petroleras, el gobierno podría aumentar el gasto por encima de aquel 15%.

A riesgo de caer en otro farragoso default en 2008, algo tendrá que hacer el gobierno con las deudas que mantiene con el Club de París y con los bonistas (hold outs). Ambas suman u$s 35.000 millones. Debe reestructurarlas y empezar a servirlas. Pero para esto se impone recuperar el acceso al mercado mundial de crédito voluntario. De otra manera, el gobierno no podrá refinanciar los vencimientos de capital a partir de 2009.

Si el gobierno no avanzara en el par de puntos anteriores, el país perdería la estabilidad y el ritmo de crecimiento de la producción y el empleo del período 2003-07, incluso cuando los precios de las materias primas argentinas siguieran exhibiendo altos niveles. Por esto creo que avanzará.

Luego viene la cuestión tarifaria, de cuya resolución depende la atenuación de la crisis energética. En esta área me queda la impresión, quizá apresurada, de que el gobierno no pretende avances significativos. Apuntaría, más bien, a autorizar las subas estrictamente necesarias para que las empresas privatizadas no quiebren. Tampoco parece apurado por renegociar con criterio de mercado los contratos que regulan la actividad de las empresas. No debería esperarse un boom inversor en rubros como electricidad, gas y transporteen los próximos años.

Por último, viene la cuestión inflacionaria. La sociedad argentina se ha vuelto adicta a la inflación. Cree que la inflación es parte inextricable del crecimiento. El gobierno no la quiere pero la necesita para licuar el gasto público. Su principal aliado, la UIA, la tolera porque es consecuenciade la devaluación, que es la fuente de su rentabilidad. El agro, pese a las retenciones, es una suerte de cómplice pasivo de la UIA; no hace lobby para devaluar pero no repudia la devaluación. Los sindicatos encuentran en la inflación la justificación de su existencia; las discusiones salariales les devuelven la vida frente a los asalariados (de ahí tanto odio a Menem y a la convertibilidad). En tanto que el sector servicios, que representa el 65% del PBI y que es el gran perjudicado por la devaluación, se mantiene al margen de la discusión; por un lado, los bancos y las empresas privatizadas temen el escrache, y por el otro, los médicos y los peluqueros no tienen voz y no entienden la relación causa-efecto. Por todo lo dicho creo que el tema no es prioritario. Para el gobierno, abatirla es un lujo que no se puede dar. Para la industria y el campo, no es negocio. Lo mismo que la credibilidad del INDEC. Si el precio a pagar por la restauración de la credibilidad es el peso fuerte, el tema tampoco es prioritario para el gobierno y la dirigencia industrial y rural. Prefieren no hacer olas.

Kirchner acaba de anunciar con bombos y platillos que la producción industrial aumentó un 9.5% anual en octubre. Cuesta mucho creer que tan alto ritmo de crecimiento económico se mantenga en el segundo semestre de 2007. A juzgar por el fuerte aumento de la prima de riesgo-argentino desde enero, la tasa de crecimiento de la producción industrial (y del PBI) debería exhibir una clara tendencia bajista desde agosto a más tardar. Sin embargo, a juzgar por la fuerte suba del precio de las materias primas que el país exporta, hay motivo para esperar que el PBI siga creciendo a buen ritmo.

Un aumento de la prima de riesgo-país es un shock de demanda negativo. Determina una menor entrada (o una salida) de capitales, y por tanto una menor tasa de crecimiento de la demanda agregada. Luego, la oferta agregada (el PBI) tiene que aumentar a menor ritmo. El riesgo-argentino observa desde julio un cambio de comportamiento altamente significativo. Ese mes, la prima fue casi igual a la de un año atrás, y en agosto, en septiembre, en octubre y en noviembre fue un 42%, un 28%, un 23% y un 32% mayor que en los mismos meses de 2006. Desde agosto de 2007, hay motivo entonces para pensar que la producción crece cada vez más lentamente. Esta presunción se fortalece al comprobar la evolución del flujo de capitales. El último tramo del gráfico Nº 1 muestra una suba abrupta de la prima de riesgo-argentino junto a un giro abrupto del flujo de capitales. Este pasó de una entrada de u$s 1.400 millones por mes en julio a una salida de 200 millones en septiembre.

Un aumento del precio internacional de las materias primas que exporta el país es un shock de oferta positivo. Determina un aumento proporcional de la oferta agregada y, por tanto, del PBI. En los últimos 12 meses, el índice de precios de materias primas aumentó un 46%. Esto implica que el PBI de 2007, sólo por esta razón, debería ser un 3% más alto que el de 2006.

De manera que el efecto negativo del aumento del riesgo-país habría sido compensado por el efecto positivo del aumento de los términos de intercambio del país. Con respecto al año 2008, me resulta difícil pronosticar el PBI y comparativamente fácil, la inflación. No creo que la crisis hipotecaria de EEUU afecte negativamente el precio de las materias primas argentinas; creo que el refuerzo del superávit fiscal debería contribuir a una reducción de la prima de riesgo-argentino; es aventurado pronosticar los desenlaces de los temas tarifario y hold outs. El sentido común lleva a pensar que una reducción de la tasa de crecimiento a un 6% es probable, pero subrayo que la tasa de crecimiento es muy sensible a dicho abanico de variables. Con respecto a la inflación, hay también varias fuerzas en conflicto. Pero en vista de que nadie quiere reducirla seriamente, se repetiría un nivel cercano al actual: 23% anual según FIEL.

Hacia 2011 el escenario económico se vuelve mucho más interesante. Será la oportunidad del tercer intento de modernización. El inevitable desgaste político del gobierno Kirchner, la inconsistencia técnica del modelo productivo y los cambios que experimenta el comercio mundial crearán el escenario para una reorganización económica nacional.

El desgaste político del gobierno en los meses precedentes a las elecciones de octubre fue alarmante. Su capacidad para cometer errores parece creciente y la tolerancia de la sociedad parece decreciente. Es probable que la gente no quiera en 2011 más de lo mismo.

La piedra angular del modelo productivo es el dólar alto. El gobierno ha logrado sostenerlo por medio de tres políticas: a) alto superávit fiscal; b) altas retenciones a la exportación no industrial; c) una suma de declaraciones y actos hostiles a la empresa privada, la inversión extranjera, los EEUU y el libre comercio. Todo indica que mantendrá las dos primeras. Aún no sabemos qué hará la presidente electa respecto de la tercera política (o no política). Si la mantuviera, el dólar seguiría alto pero el modelo productivo entraría en crisis por la falta de energía e infraestructura. Si la modificara, podría estimular la inversión externa directa en los sectores críticos pero el dólar alto sería menos alto. Estos son los términos del dilema.

Mientras tanto, casi todos los países de la región Pacífico de América Latina han firmado o están por firmar acuerdos de libre comercio con EEUU, y China coloca sus manufacturas a precios muy bajos en todos los rincones del mundo. La emergencia económica china ejerce sobre el comercio mundial un impacto similar al que ejerció la reducción vertical del costo de transporte oceánico en el siglo XIX. Crea comercio a la fuerza, aunque los aranceles de importación no bajen.

Este conjunto de argumentos me lleva a pensar que el péndulo económico-político nacional retornará, hacia fines del gobierno de Fernández de Kirchner, a una posición favorable a la apertura comercial y la inversión extranjera. El tercer intento será el vencido. Preparémonos para evitar los errores del pasado. Deberemos recordar la principal enseñanza de Kirchner: el poder del superávit fiscal, y la principal enseñanza de la experiencia chilena: la obsesión por una apertura radical combinada con un dólar alto en la transición.

noviembre 8, 2007

Más de lo mismo

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 7:16 pm

Antonio Laje me entrevistó anoche en su programa En Off que transmite América 24. Fue un reportaje (o una conversación) agradable. Me preguntó de entrada si venía más de lo mismo en materia económica. Le respondí lo mismo que vengo diciendo aquí desde un post de septiembre. Que sí, que los lineamientos básicos de la política económica conocida como "el modelo productivo" no cambiarán, pero que habrá retoques a fin de asegurarle la supervivencia. Luego, pasé a precisar las áreas de retoque y, más tarde, hablé sobre la dificultad del ajuste fiscal en comparación con otros de nuestra historia.

Hay cuatro grandes áreas de retoque:

1º El gasto público y el superávit fiscal.

2º Los vencimientos de la deuda pública y el Club de País.

3º El reajuste tarifario y la crisis energética.

4º La inflación y la credibilidad del INDEC.

El superávit primario (antes de pagar los intereses de la deuda) del gobierno nacional ha caído de casi 4% del PBI en 2004 a casi 2% en 2007. Esto significa que el superávit financiero (después de pagar los intereses) quedará reducido este año a un mero 0%. El presidente Kirchner es el primer presidente, desde antes de Perón, que se dio cuenta de que superávit fiscal es igual a poder. Poder frente a los gobernadores, que son sus rivales naturales en la lucha por el poder. Poder frente a los mercados, cuya volatilidad un déficit agudiza y puede tumbar a presidentes (Alfonsín y De la Rúa).

Mi impresión es que Kirchner tratará de reconstituir el superávit durante 2008. Y que el ajuste fiscal será más fácil que en otras ocasiones. Para entender lo que digo bastará una simple comparación. En marzo de 2001, el ministro López Murphy intentó realizar una modesta rebaja del gasto público; fue misión imposible; en parte, por el contexto político del gobierno de la Alianza y, en parte, porque la economía argentina sufría una deflación con recesión. En esta oportunidad, con solo hacer que el gasto público crezca en 2008 un 15% con respecto a 2007, en vez del 50% que creció en 2007 respecto de 2006, el superávit primario saltaría a un 4% del PBI a fines de 2008. Note que no estoy diciendo que el gasto deba bajar. Apenas señalo que si en 2006 fue igual a $100 y en 2007 fue igual a $150, en 2008 debería ser igual a unos $172. El superávit aumentaría, de todos modos, pues la recaudación impositiva seguiría subiendo a una tasa del 30%, más o menos, de la mano del PBI nominal. Esta variable viene aumentando a una tasa de 8% por año, en virtud del crecimiento económico, más un 20-25% por año, en virtud de la inflación que se verifica en los mostradores. En consecuencia, una suba del gasto de 15% y un aumento de la recaudación del 30% obrarían, en conjunto, el milagro de recomponer dramáticamente el superávit fiscal y restaurar el poder político y financiero de los Kirchner.

Con el objeto de minimizar cualquier error de cálculo, el gobierno elevó ayer no más las retenciones sobre las exportaciones de soja y cereales. En un extremo, la soja pagará un impuesto de 35% y en el otro, el maíz, uno de 25%. El aporte al Tesoro rondará los 2.100 millones de dólares (0.7% del PBI). Con esta contribución adicional del campo, el gobierno podría elevar el superávit mientras aumenta el gasto por encima del referido 15%.

A riesgo de caer en otro farragoso default en 2008, algo tendrá que hacer el gobierno con la deuda que mantiene con el Club de París y con los hold outs (deuda con bonistas particulares que sigue en default). Las dos suman 35.000 millones de dólares. Debe el gobierno reestructurarlas y comenzar a servirlas. Es condición necesaria para recuperar el acceso al mercado mundial de crédito voluntario y así poder refinanciar la deuda que sí se reestucturó en 2005.

Si el gobierno no avanzara en el par de puntos anteriores, se perdería la estabilidad y el crecimiento de la producción y el empleo de los últimos años. Aun cuando los precios de las materias primas argentinas sigan altos. Por eso creo que sí avanzará.

Luego viene la cuestión tarifaria, de cuya resolución depende la atenuación de la crisis energética. En este área me queda la impresión, quizá apresurada, de que el gobierno no pretende avances significativos. Que apuntaría, más bien, a autorizar los aumentos estrictamente necesarios para que las empresas no quiebren. Tampoco lo veo apurado por renegociar, con criterio de mercado, los contratos que regulan las actividades de las empresas privatizadas. No deberíamos esperar un boom inversor en rubros tales como electricidad, gas y transporte en los próximos años.

Por último, viene la cuestión inflacionaria. La sociedad argentina se ha vuelto adicta a la inflación. Cree que la inflación es parte inextricable del crecimiento. El gobierno no la quiere pero la necesita para licuar el gasto público. Su principal aliado, la UIA, la tolera porque es consecuencia de la devaluación, que es la fuente de su rentabilidad. El agro, pese a las retenciones, es una suerte de cómplice pasivo de la UIA; no hace lobby para devaluar pero tampoco repudia la devaluación de la moneda. Los sindicatos encuentran en la inflación la justificación de su existencia; las discusiones salariales les devuelven la vida frente a los asalariados (de ahí tanto odio a Menem y a la Convertibilidad). Por todo esto creo que el tema no es prioridad para nadie. Lo mismo que la credibilidad del INDEC; ni al gobierno ni a la dirigencia rural e industrial les importa un rábano.

Cuando salía del set de televisión me encontré con López Murphy, que entraba. Lo vi apesadumbrado por la derrota del 28 de octubre. Creo que no debería estarlo tanto ya que la centro-derecha en conjunto no llegó a 11% del total de los votos. No hay sed de cambio en el país.

noviembre 2, 2007

Mirtha Legrand en el diván

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 6:15 pm

Sigue a continuación el artículo de Pilar Rahola, ex Vice-alcaldesa de Barcelona, que publicó recientemente el diario El País, de Madrid. En un post de hoy mismo hice un balance del país que nos ha dejado la elección presidencial del domingo pasado para los próximos cuatro años, que puede servir como introducción a este artículo brillante y de fondo.

En el diván, con Mirtha Legrand

La barroca elegancia de las grandes divas. Sus tacones de espanto en esos pies que han pisado décadas de éxito, glamour y belleza. Sus brillantes joyas, adornando una inteligencia mordaz, en un cuerpo que se enfunda en rosas imposibles. La contemplo en su atalaya divina, y el respeto adquiere el sentido de la admiración.

Si Argentina se observa desde la mesa elegantemente parada de Mirtha Legrand, los tiempos y los hechos se ablandan como mantequilla, se vuelven algo tiernos. Comparto esa mesa televisiva, codiciada y amable, con mujeres de alta categoría y más alta voz: Estela Carlotto, la presidenta de las Abuelas de la plaza de Mayo; Olga Riutort, que aspira a dirigir los destinos de la ciudad de Córdoba, y una de esas mentes lúcidas que la política argentina sabe dar en los tiempos del desconcierto, Gabriela Michetti, mano derecha de Mauricio Macri en el Gobierno de Buenos Aires.

Empieza el programa y el glamour acomoda el debate de las ideas: la memoria de la represión, los mitos intocables, el hambre entre la riqueza, el papel de la mujer… Vista desde la perspectiva que da la complicidad lejana -la mirada extranjera- Argentina preocupa tanto como seduce, sorprendente en sus logros y en sus déficit. Vidas paralelas en muchos aspectos, la
dictadura, la represión, la memoria, el terrorismo, Argentina no tomó el camino que el pacto de la transición marcó para la vieja Sefarad, y esa bifurcación cambió los destinos mutuos. Sé que decirlo remueve y araña mi alma antifranquista, pero viendo el círculo de odios, venganzas, juicios inacabables y toda suerte de denuncias cruzadas que aún atenazan -y condicionan severamente- la política argentina, creo que el camino que tomó la democracia española fue tan valiente, como necesario para garantizar el futuro.

A Argentina le pesa tanto el pasado, que a veces parece que habita en él, como si la realidad no fuera más que su derivada. Un pasado, además, mirado con ojo tuerto, donde los dictadores y sus cómplices reciben el legítimo repudio y lentamente van pisando los suelos de la justicia; pero cuyos terroristas son considerados héroes del pueblo.

Héroes. Lacra de toda Latinoamérica y no sólo de Argentina, la actitud de una parte del espectro social, que minimiza, justifica e incluso avala el terrorismo, es un penoso síntoma del relativismo ético que practican muchos líderes de izquierdas, hasta el punto de no conmoverse ni con la muerte masiva.

Ahí está, para vergüenza de Argentina y para vergüenza de la humanidad, el brindis que Hebe de Bonafini -la antigua presidenta de las madres de Mayo- hizo, celebrando el atentado del 11-S. Un total de 4.000 muertos, 4.000 personas con sus vidas, sus esperanzas, sus ilusiones,
convertidas en humo en manos del terror, y la risa de Bonafini bendiciendo la matanza. Y su famoso ¡Viva ETA! En la España que la había invitado y aún lloraba la muerte de Ernest Lluch. Hebe representa el paradigma de una izquierda violenta, revanchista hasta la locura, inequívocamente reaccionaria. Sin embargo, ¿es ella lo alarmante? Al fin y al cabo, personajes como Hebe o como otros que pululan por el continente, con el delirante Chávez a la cabeza, no son nuevos en el mercado del populismo demagógico. No. Lo alarmante es que el día después del brindis de muerte, las Hebes continúen teniendo micrófonos, vida social activa, miles de pesos de ayuda pública y hasta el aval institucional. "Todos somos hijos de Hebe", me aseguran que dijo Néstor Kirchner.

Sobran palabras… Eso es el relativismo ético, ésa es la quiebra de valores que, con angustiosa naturalidad, se puede respirar en la Argentina que avala determinado progresismo. En esa Argentina, y en alguna de las Españas… Como dijo el sabio, "habrá que defenderse de una derecha muy diestra, y de una izquierda muy siniestra".

Más allá de la minimización del terrorismo, las víctimas de la dictadura están presentes, devoradas en los agujeros negros del horror, y no parece fácil enterrarlas. Estela Carlotto me lo dijo de forma descarnada y frontal: "tienen que pagar". En su caso, por una hija muerta y una nieta desaparecida. Difícil cuestión, décadas después. Si no pagan por los crímenes, la impunidad ganará cruelmente la partida. Si pagan, ¿cómo dejar fuera de la justicia a los que, en nombre de la libertad, también asesinaron? Chile y Uruguay encontraron su camino, atribulado, doloroso y valiente, hacia la reconciliación. Argentina prefiere chapotear en un
eterno barrizal. Personalmente, no estoy segura de que alcance justicia, pero conseguirá niveles notables de venganza. Y eso, que alimenta a las furias del pasado, puede ser dinamita para el futuro.

Reflexión post-electoral

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 6:14 pm

El pasado domingo 28 de octubre el país reeligió en primera vuelta, con el 45% del voto, a Kirchner como presidente de la República, esta vez en la persona de su esposa, la Sra. Cristina Fernández. Digo reeligió y no eligió porque creo que se trató de una reelección encubierta. Cristina Fernández dispuso de todo el apoyo político, mediático y económico del Poder Ejecutivo Nacional para su campaña electoral y la fiscalización de la elección. El gobierno elector, que los reformistas de principios del siglo XX quisieron erradicar de las prácticas políticas argentinas, irrumpió de nuevo con fuerza de bestia en el escenario nacional. También quedó abierta la posibilidad de otro swap de funciones entre el esposo y la esposa en 2011.

Los Kirchner gobernarán un país dividido y confundido. En el que la izquierda castiga a la derecha por crímenes ocurridos hace 30 años, ya juzgados en tiempos del presidente Alfonsín, sin considerar sus propios excesos, y donde la industria se aprovecha del resto de la economía por medio del dólar alto y la protección, aun de la producción de Brasil.

La importación de instituciones, que servirá para inducir al país a funcionar dentro de un marco de reglas irreversibles dado su alto costo de repudio, ha quedado relegada por otros cuatro años más. Llegará algún día, sin embargo, como la salida de una crisis terminal o como el producto del consenso de una dirigencia ilustrada que dejó de mirar hacia atrás y empezó a poner el interés del conjunto por encima del interés sectorial. Pero el gobierno de los Kirchner no es el más apropiado para crear esta predisposición y clima de opinión. Pilar Rahola, la política española que habló en el acto de la AMIA hace unos meses y pudo conocer algo más a la sociedad argentina, acaba de decir por qué en un muy buen artículo del diario El País. Léalo aquí.

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