En la mañana del pasado jueves 27, la Asociación de Dirigentes de Empresa organizó en la UCES un panel sobre Inflación y Perspectivas Económicas. Mis compañeros de panel fueron Luciano Laspina, un joven consultor económico, y Rogelio Frigerio nieto, otro consultor y ex Secretario de Programación Económica en tiempos de Menem. En medio de la conmoción que ha causado el paro agropecuario por la aplicación de retenciones más altas y móviles y la desafortunada primera respuesta de la presidenta Cristina Kirchner, resultó arduo concentrarse en la inflación y dejar de lado el momento político. Sintetizo a continuación los principales puntos de mi intervención:
1. Sabemos que la inflación ronda el 20% anual, que el año pasado anduvo en más o menos el mismo nivel y que en años anteriores fue menor. También sabemos que es la más alta inflación de la región, con la posible excepción de Venezuela (26% por año).
2. No conocemos exactamente la dinámica de la inflación argentina. Parece que está aumentado empujada por la suba del precio de los alimentos. En rigor, no sabemos mucho más. Este es el drama de no tener un servicio oficial de estadísticas confiable.
3. Pero lo importante es precisar que Argentina no padece una inflación en el sentido estricto del término sino un aumento del nivel general de precios, comparable al que experimentó entre abril de 1991 (lanzamiento de la convertibilidad) y marzo de 1995 (efecto Tequila). En dicho período, el índice de precios al consumidor subió un 60% y a nadie se le ocurrió que el país corriera el peligro de una "espiralización de la inflación" como a muchos se les ocurre ahora.
4. Si el gobierno, en primer lugar, y el público, en segundo, entendieran que la actual "inflación" es un fenómeno acotado o finito y se difundieran estadísticas fehacientes, la incertidumbre económica, la preocupación social y el desgaste político del gobierno serían mucho menores.
5. La presente "inflación" no es el resultado de un crecimiento excesivo de la oferta de moneda. No es correcto pensar la inflación actual como se la pensaba en las décadas de 1970 y 1980, cuando había déficit fiscal, emisión de pesos sin respaldo y aumento sostenido del nivel de precios. Me refiero a los tiempos de los militares y de Alfonsín, cuando el ing. Alsogaray aconsejaba parar la "maquinita" de impresión de billetes para frenar la inflación. Entonces, el consejo de Alsogaray era acertado. Ahora, no.
6. En una muestra inigualable de cinismo político, el gobierno de Duhalde y del ex ministro Lavagna instrumentó una nueva convertibilidad, esta vez de 3 x 1, sin ley y diciendo que hacían lo contrario. En el contexto de una convertibilidad (formal o informal), el nivel de precios depende del tipo de cambio, el tipo real de cambio y el nivel de precios internacional.
7. Por tanto, si el tipo de cambio permaneciera constante, como sucede en grandes líneas desde marzo de 2003, no debería haber inflación por esta causa. (Por detalles al respecto, vea este post.)
8. La reducción del tipo real de cambio (suba del precio de los servicios) explica el grueso de la "inflación" entre 2003 y 2005. El agudo aumento del gasto público explica el grueso de la "inflación" entre 2005 y 2006, puesto que el aumento del gasto público recalienta la demanda de servicios. Si el gobierno congelara el gasto, no debería haber inflación por esta causa.
9. El aumento de los precios de los commodities argentinos eleva el nivel de precios en el país. De manera directa, vía un aumento del precio de los alimentos, y de manera indirecta, vía un efecto riqueza por mejora de los términos de intercambio que lleva al público a consumir más. Si los precios de los commodities se estabilizaran, no debería haber inflación por esta causa. Y si empezaran a caer, debería haber deflación, en tanto y en cuanto el peso no se devalúe.
10. De lo dicho se sigue que el gobierno podría cortar en seco la inflación por medio de una revaluación del peso a 2.50 por dólar y un congelamiento del gasto público. Este es sólo un ejemplo. Se pueden imaginar muchas variantes a partir del mismo.
11. También cabe imaginar una rebaja abrupta de la inflación en caso de caída de los precios de los commodities. Atento al ya elevado nivel de la prima de riesgo-país (560 puntos básicos versus 180 en enero de 2007) y su reconocido impacto negativo sobre la actividad económica, la caída de los precios de los commodities provocaría una recesión + deflación, en tanto y en cuanto el peso no se devalúe.
12. Los precios actuales de los commodities reflejan el surgimiento de las demandas de China, India y los biocombustibles, más el impacto de la especulación financiera a partir de la crisis bancaria de EEUU. Los commodities se han convertido en una forma de ahorro más segura que el dólar y las acciones. Según Jorge Ingaramo, sin la crema financiera los precios de los commodities deberían ser 35% menores. Esto significa que el día que se vea un piso a la crisis bancaria de EEUU, los precios de los commodities empezarían a bajar.
Entonces, si mi enfoque fuera correcto, ¿por qué tanta preocupación por la inflación? Un posible motivo es la incertidumbre acerca de lo que podría ocurrir en caso de una caída abrupta de los precios de los commodities con un gobierno desorientado y sin poder para sostener el tipo de cambio y frenar el gasto público.




