La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

Marzo 31, 2008

Inflación & Perspectivas

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 7:26 pm

En la mañana del pasado jueves 27, la Asociación de Dirigentes de Empresa organizó en la UCES un panel sobre Inflación y Perspectivas Económicas. Mis compañeros de panel fueron Luciano Laspina, un joven consultor económico, y Rogelio Frigerio nieto, otro consultor y ex Secretario de Programación Económica en tiempos de Menem. En medio de la conmoción que ha causado el paro agropecuario por la aplicación de retenciones más altas y móviles y la desafortunada primera respuesta de la presidenta Cristina Kirchner, resultó arduo concentrarse en la inflación y dejar de lado el momento político. Sintetizo a continuación los principales puntos de mi intervención:

1. Sabemos que la inflación ronda el 20% anual, que el año pasado anduvo en más o menos el mismo nivel y que en años anteriores fue menor. También sabemos que es la más alta inflación de la región, con la posible excepción de Venezuela (26% por año).

2. No conocemos exactamente la dinámica de la inflación argentina. Parece que está aumentado empujada por la suba del precio de los alimentos. En rigor, no sabemos mucho más. Este es el drama de no tener un servicio oficial de estadísticas confiable.

3. Pero lo importante es precisar que Argentina no padece una inflación en el sentido estricto del término sino un aumento del nivel general de precios, comparable al que experimentó entre abril de 1991 (lanzamiento de la convertibilidad) y marzo de 1995 (efecto Tequila). En dicho período, el índice de precios al consumidor subió un 60% y a nadie se le ocurrió que el país corriera el peligro de una "espiralización de la inflación" como a muchos se les ocurre ahora.

4. Si el gobierno, en primer lugar, y el público, en segundo, entendieran que la actual "inflación" es un fenómeno acotado o finito y se difundieran estadísticas fehacientes, la incertidumbre económica, la preocupación social y el desgaste político del gobierno serían mucho menores.

5. La presente "inflación" no es el resultado de un crecimiento excesivo de la oferta de moneda. No es correcto pensar la inflación actual como se la pensaba en las décadas de 1970 y 1980, cuando había déficit fiscal, emisión de pesos sin respaldo y aumento sostenido del nivel de precios. Me refiero a los tiempos de los militares y de Alfonsín, cuando el ing. Alsogaray aconsejaba parar la "maquinita" de impresión de billetes para frenar la inflación. Entonces, el consejo de Alsogaray era acertado. Ahora, no.

6. En una muestra inigualable de cinismo político, el gobierno de Duhalde y del ex ministro Lavagna instrumentó una nueva convertibilidad, esta vez de 3 x 1, sin ley y diciendo que hacían lo contrario. En el contexto de una convertibilidad (formal o informal), el nivel de precios depende del tipo de cambio, el tipo real de cambio y el nivel de precios internacional.

7. Por tanto, si el tipo de cambio permaneciera constante, como sucede en grandes líneas desde marzo de 2003, no debería haber inflación por esta causa. (Por detalles al respecto, vea este post.)

8. La reducción del tipo real de cambio (suba del precio de los servicios) explica el grueso de la "inflación" entre 2003 y 2005. El agudo aumento del gasto público explica el grueso de la "inflación" entre 2005 y 2006, puesto que el aumento del gasto público recalienta la demanda de servicios. Si el gobierno congelara el gasto, no debería haber inflación por esta causa.

9. El aumento de los precios de los commodities argentinos eleva el nivel de precios en el país. De manera directa, vía un aumento del precio de los alimentos, y de manera indirecta, vía un efecto riqueza por mejora de los términos de intercambio que lleva al público a consumir más. Si los precios de los commodities se estabilizaran, no debería haber inflación por esta causa. Y si empezaran a caer, debería haber deflación, en tanto y en cuanto el peso no se devalúe.

10. De lo dicho se sigue que el gobierno podría cortar en seco la inflación por medio de una revaluación del peso a 2.50 por dólar y un congelamiento del gasto público. Este es sólo un ejemplo. Se pueden imaginar muchas variantes a partir del mismo.

11. También cabe imaginar una rebaja abrupta de la inflación en caso de caída de los precios de los commodities. Atento al ya elevado nivel de la prima de riesgo-país (560 puntos básicos versus 180 en enero de 2007) y su reconocido impacto negativo sobre la actividad económica, la caída de los precios de los commodities provocaría una recesión + deflación, en tanto y en cuanto el peso no se devalúe.

12. Los precios actuales de los commodities reflejan el surgimiento de las demandas de China, India y los biocombustibles, más el impacto de la especulación financiera a partir de la crisis bancaria de EEUU. Los commodities se han convertido en una forma de ahorro más segura que el dólar y las acciones. Según Jorge Ingaramo, sin la crema financiera los precios de los commodities deberían ser 35% menores. Esto significa que el día que se vea un piso a la crisis bancaria de EEUU, los precios de los commodities empezarían a bajar.

Entonces, si mi enfoque fuera correcto, ¿por qué tanta preocupación por la inflación? Un posible motivo es la incertidumbre acerca de lo que podría ocurrir en caso de una caída abrupta de los precios de los commodities con un gobierno desorientado y sin poder para sostener el tipo de cambio y frenar el gasto público.

Marzo 24, 2008

Tres piedras en el zapato

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 6:49 pm

Las retenciones, el proteccionismo agrícola europeo y el proteccionismo industrial argentino son las tres piedras en el zapato del campo argentino. Los dirigentes rurales (SRA, CRA, FAA y CONINAGRO) y el resto de la dirigencia argentina (política, sindical y empresaria) están convencidos de que las piedras en el zapato son nada más que dos: las retenciones y la política agrícola de la UE. Ni la dirigencia rural ni el resto de la dirigencia argentina entiende que el proteccionismo industrial de la propia Argentina representa un importante costo que también paga el campo argentino.

El campo sabe que la protección que favorece a la industria (UIA) constituye un importante subsidio a los propietarios de las fábricas. Pero cree que sólo lo pagan los consumidores; que para él es un costo menor. Piensa entonces que si la industria tiene un "curro", él merece el suyo propio. Esta es la justificación política de los históricos subsidios que ha reclamado a la sociedad argentina: crédito barato del Banco Nación, gas oil a precio promocional, un bajo impuesto inmobiliario y tolerancia en el incumplimiento del impuesto a las ganancias. Su mirada corta lo lleva a conformarse con un plato de lentejas. No se da cuenta de las enormes ganancias que sacrifica por permitir que el país se mantenga al margen de las corrientes mundiales de comercio e inversión. Quedó en el olvido la receta del éxito económico del siglo XIX: 1º libre comercio con la superpotencia de la época; 2º fuertes inversiones externas directas en servicios públicos; 3º grandes fortunas expresadas en altísimos precios de la tierra agrícola.

El libre comercio pactado con una superpotencia elimina el subsidio que paga el campo a la industria por la vía del proteccionismo, fija un límite internacional a las arbitrariedades del estado argentino (alícuota de 40% para la retención a la exportación de soja; prohibición de exportar carne o trigo) y sienta al país a la mesa mundial de negociaciones de los subsidios agrícolas en calidad de socio de la superpotencia. No sé cuál de estos beneficios es el más importante. Pero no tiene mucho sentido ponerse a averiguarlo; todos ellos vendrán, uno detrás del otro, a partir de la firma de un tratado de libre comercio con una superpotencia. Aclaro que ni Brasil ni China son superpotencias. Brasil representa poco más del 2% del PBI mundial y tiene una tradición de informalidad apenas menos grave que nuestro país. Tan pocas consecuencias negativas tiene no cumplir lo pactado con Brasil que el Mercosur ya es un colador y nadie se ha rasgado las vestiduras por ello. China representa cerca del 6% del PBI mundial pero su baja calidad insitucional generaría toda clase de incumplimientos y alentaría, a su vez, toda clase de arbitrariedades por parte de los gobiernos argentinos. Queremos un socio que nos ordene perdurablemente. Un socio que tenga una talla comparable a la que tiene la Unión Europea para España.

Vaya un hecho ilustrativo de la ceguera de la dirigencia rural. Sucedió en un programa de A Dos Voces en el que defendí la firma de un TLC con EEUU contra todos: entre otros, Moyano y Buzzi, el jefe de la FAA y por entonces muy amigo de Moyano y del kirchnerisno, en noviembre de 2005, cuando el gobierno de Kirchner le organizó la anti-cumbre de Mar del Plata al presidente Bush y permitió que el venezolano Chavez gritara ¡ALCA, ALCA, al carajo!, para la felicidad de Maradona y de la mayoría de los argentinos. Moyano, Buzzi y otros dirigentes rurales me replicaron: "¿Por qué tenemos que ir al libre comercio con un país que subsidia sus productos agrícolas en detrimento de nuestras exportaciones? ¡Que primero eliminen los subsidios y después hablamos!" Insólito: los ruralistas no querían que les sacaran la piedra del proteccionismo industrial argentino si antes no les sacaban la piedra del proteccionismo agrícola de EEUU, que es una consecuencia del proteccionismo agrícola europeo. Pues bien, ahora el campo sufre una tercera piedra que se ha vuelto variable y permanente: las retenciones del ministro Lousteau.

En los últimos días, recibí varias llamadas de periodistas radiales que querían saber mi opinión sobre las retenciones móviles que dispuso Lousteau la semana pasada y sobre la reacción de los dirigentes rurales sublevados. Dividí mi opinión en dos. Dije que el nuevo nivel de las retenciones es confiscatorio; en rigor, el campo no debería tributar ningún impuesto excepcional y pagar como corresponde los impuestos inmobiliario y a las ganancias. Y añadí que, desde un punto de vista más amplio, el campo merece el trato que le propinan los Kirchner. Triste destino. En vez de potencial abanderado del libre comercio, se ha vuelto piquetero.

Marzo 20, 2008

Postales contrapuestas

Filed under: Gráfica — Jorge Avila @ 5:44 pm

En su edición del pasado domingo 16, La Nación publicó dos notas que pintan dramáticamente el contraste que ha vivido y confundido a Argentina en los últimos años. Por un lado, Miguel A. Broda y Elisabet Bacigalupo informan en su nota el altísmo nivel que exhiben los términos de intercambio en la actualidad y señalan que la política de sistemática discriminación del campo (vía prohibiciones y retenciones a la exportación y precios máximos sobre ventas internas) implica un claro desperdicio de una extraordinaria oportunidad. Por el otro, Martín Kanenguiser, periodista del diario, informa en su nota sobre la evolución de la inversión externa directa (IED) en Argentina y destaca la fuerte contracción que ha experimentado desde 2003 con respecto a la década pasada y a otros países de América latina.

Ambas notas incluyen sendos gráficos. Como La Nación on line publica los textos de las notas pero no los gráficos, me he visto en la necesidad de reproducirlos vía scanner. Las imágenes no son buenas pero revisten gran interés. Conviene tener este par de gráficos a la mano para mirarlos de vez en cuando e imaginar escenarios alternativos al actual. El primero ilustra la evolución de los términos de intercambio (TDI) argentinos desde nada menos que el año 1800; se trata de información estadística preciosa en caso de estar bien calculada. La variable TDI es el cociente entre el precio de la canasta de productos que el país exporta y el precio de la canasta de productos que importa; una suba de los TDI implica una ganancia "de arriba" para el país. El gráfico de Broda y Bacigalupo nos dice dos cosas importantes: a) a principios de marzo de 2008, los TDI registraron un nivel incluso mayor que los niveles récord de 1908-1910 y 1946-1949; b) a lo largo de más de 200 años, la volatilidad de los TDI ha sido muy grande: un año pueden estár muy arriba y el siguiente, muy abajo. Como se leerá en la nota, Broda y Bacigalupo creen que desde inicios de la presente década opera un cambio estructural alcista en virtud de la incorporación plena de China e India a la economía mundial. Muchos economistas profesionales creen lo mismo. Algunos discrepan. Sin embargo, más allá de los cambios estructurales, los mercados son cíclicos. O sea, un giro de la situación monetaria y financiera mundial podría mandar la soja a u$s 300 por tonelada. ¿Qué ocurriría entonces con el superávit fiscal, la tasa de crecimiento económico y la inflación? Las dos primeras variables caerían bruscamente y, si no se devaluara el peso, la tercera también caería con brusquedad y el inefable Guillermo Moreno se quedaría sin ocupación.

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El segundo gráfico muestra la evolución de la IED. Esta clase de inversión es parte de la inversión interna fija que computan la cuentas nacionales. Pero es una parte especialmente importante, pues viene con tecnología y management extranjero. De alguna manera, mide el avance tecnológico y la confianza que despierta el país en el mundo. Este gráfico nos muestra el lado oscuro del planeta Kirchner. La performance de la IED desde 2003 es catastrófica, se diga lo que se dijere. Con u$s 5600 millones por año en el período 1993-1997, Argentina recibía más de la mitad de lo que recibía Brasil, y con 9200 millones por año en el período 1998-2002, recibía la mitad de lo que recibía el vecino país. Desde 2003, con u$s 4800-5500 millones por año, Argentina recibe entre un 1/4 y un 1/7 de lo que recibe Brasil y bastante menos de lo que recibe Chile (casi 1/3 en 2007). Colombia también nos ha superado en este período, a pesar de la guerrilla, y Perú se nos acerca raudamente. ¿Por qué fracasa tan miserablemente el modelo productivo? Porque la inversión en servicios públicos como gas, agua, electricidad, telecomunicaciones, puertos y caminos, depende vitalmente de las tarifas, que están mayormente congeladas desde antes de la gran devaluación, y de la seguridad jurídica de las concesiones, que se mueve al compás del humor de la dupla Kirchner-De Vido.

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Marzo 6, 2008

Conclusiones de “Aperturas”

Filed under: Académica — Jorge Avila @ 2:27 pm

Entre noviembre de 2006 y febrero de 2008 publiqué 9 posts dedicados a aperturas exitosas al comercio internacional. Hoy publico mis conclusiones. No las sintetizo en una línea porque el texto que sigue es suficientemente conciso.

La profesión económica está de acuerdo prácticamente en un 100% sobre los beneficios del libre comercio. El debate se concentra en la oportunidad social, política e internacional y en la forma de llegar al libre comercio: gradualismo versus shock, el calendario sectorial de la apertura. Pero la profesión no ha considerado seriamente el costado de la credibilidad de la apertura. La prueba de ello es que prefiere en forma casi unánime la apertura unilateral, à la chilena. Esta preferencia se basa en dos hipótesis: a) la apertura unilateral a todos los países evita el costo del desvío de comercio que conllevan los acuerdos bilaterales, y b) la apertura es creíble. Esta hipótesis se cumple en casos excepcionales. Las aperturas de Argentina y de Perú a fines de la década de 1970 son buenos ejemplos de intentos unilaterales que pronto fracasaron por indefiniciones ideológicas, problemas fiscales y presiones sectoriales (Ávila 1989c y 1989d).

Las señales de irreversibilidad que emite un proceso de apertura tienen una importancia capital en su éxito. La apertura determina un aumento del precio relativo de la producción exportable (o una reducción equivalente del precio relativo de la producción importable), y así pone en marcha un proceso de reasignación de capital, capacidad empresarial y trabajo desde el sector que compite con las importaciones al que exporta. Pero si el mercado percibiera que el esfuerzo de apertura es reversible, el país quedaría entrampado en un drama de buenas intenciones: por un lado, el sector sustitutivo de importaciones dejaría de invertir; por el otro, el sector exportable no tendría incentivos suficientes para invertir. La recesión, el desempleo, la presión del lobby proteccionista y el descontento social se acumularían y el gobierno terminaría por ceder.

La tesis del ensayo es la siguiente: mientras más amplio sea el acuerdo comercial y más importante el país o el bloque económico del cual el país se haga socio, más exitosa será la apertura. En otras palabras, una integración económica supranacional debería resultar en un éxito más temprano que una simple apertura unilateral, sobre todo para países signados por una historia de inestabilidad.

Los cinco casos examinados en el ensayo sugieren que la tesis es verdadera. La apertura chilena fue unilateral, fue guiada por una férrea convicción ideológica por parte del equipo de reforma que la instrumentó y fue percibida como irreversible. La apertura mexicana fue bilateral y fue percibida como irreversible en vista de su alto costo de repudio. La apertura española fue supranacional, fue guiada por la convicción de que España debía integrarse a Europa en materia económica, defensiva y política, y las señales de irreversibilidad fueron contundentes; el abandono de la Unión Europea era y es impensable. La apertura japonesa fue sui generis: unilateral, porque el país se abrió al resto del mundo sin pedir reciprocidad, pero obligada por las fuerzas de ocupación de EEUU; las señales de irreversibilidad fueron también contundentes; el gobierno de EEUU quería un Japón fuerte como aliado en Oriente contra el comunismo en expansión en la ex Unión Soviética, China y Corea, y el propio Japón entendió que la apertura significaba lo opuesto al nacionalismo cultural y económico que lo había conducido a la derrota militar. Todas estas aperturas aceleraron el crecimiento económico, pero éste adquirió características de “milagro” solamente en los casos español y japonés. El milagro español insumió apenas dos décadas; el japonés, también dos décadas. México y Chile no han conseguido éxitos tan grandes en procesos que ya acumulan más de dos décadas, aunque la bilateral mexicana ha conseguido en menos tiempo que la unilateral chilena un aumento de las exportaciones casi tan espectacular.

Por su parte, la apertura argentina del siglo XIX, aunque unilateral, condujo a un tratado con Gran Bretaña que encauzó las relaciones anglo-argentinas. Recién cuando Argentina se pudo unificar sobre una base constitucional, 40 años después, se inició un boom económico y el país devino en parte informal del Imperio Británico. El boom se acabó ya en el siglo XX, cuando el país perdió, por una crisis mundial sin precedentes, su relación especial con aquella superpotencia comercial y financiera. Desde 1930, sin la disciplina que imponen los compromisos políticos y económicos inherentes a una sociedad con una superpotencia, el país se aisló y se deslizó hacia el ultra-proteccionismo.

En síntesis, la conclusión del ensayo es que los aspectos institucionales de un tratado de libre comercio pueden ser más importantes que los comerciales. Pues detrás del comercio viene la inversión directa extranjera, y lo que determina el éxito de una apertura es, sobre todo, la acumulación de capital y el aumento del ingreso per cápita. Un país no se abre para exportar unos dólares más a determinado mercado sino para importar instituciones, pese a los incuestionables beneficios de la especialización y el intercambio internacional.

Referencias Bibliográficas

Ávila, J. (1989c): “Argentina: La inmoderación fiscal y la apertura no son conciliables.” Informe no publicado.

Ávila, J. (1989d): “Perú: Mucho de lo que debe evitarse.” Informe no publicado.

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