La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

abril 25, 2008

Superávit fiscal 1961-2007

Filed under: Gráfica — Jorge Avila @ 9:17 pm

Después de considerar los graves riesgos que enfrenta la economía argentina, todos ellos gratuitos, derivados de la miopía y la demagogia kirchnerista, los invito a poner en perspectiva el desempeño fiscal del país. Es un ejercicio reconfortante.

El gráfico que sigue muestra la evolución del superávit fiscal primario consolidado en el período 1961-2006. Dicho concepto alude al superávit de la Nación, las provincias y los minicipios, antes del pago de los intereses de la deuda pública. Son datos oficiales. Me limité a agregar una estimación para el año 2007.

Note que entre 1961 y 1990, jamás hubo superávit. Siempre déficit, que se financió con emisión monetaria (impuesto inflacionario) y emisión de deuda. Note que entre 1991 y 2000, hubo, en promedio, superávit nulo. Se pagaba una parte de los intereses de la deuda y se refinanciaba el resto. La deuda aumentó porque no se pagaba la totalidad de los intereses y porque el gobierno asumió deudas viejas (jubilados y proveedores). Note, finalmente, que desde 2002 hay superávit sostenido. Se paga la totalidad de los intereses y hasta parte de los vencimientos de capital, pero el país corre el peligro de caer de nuevo en default porque ha perdido el acceso al mercado financiero mundial.

Parece mentira, pero medio siglo de evidencia testimonia que los argentinos estamos tomando conciencia de que el equilibrio fiscal no es una patraña derechista, sino una exigencia básica de supervivencia.

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Su propio Ministro

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 8:34 pm

Argentina corre peligro, una vez más. Tengo la impresión de que registró en febrero el pico de felicidad: de consumo, el pueblo, y de popularidad y recaudación, el gobierno. Ahora el país marcha cuesta abajo. Si descenderá suavemente hacia el final o caerá en forma abrupta depende del realismo y la inteligencia del gobierno. Los grandes riesgos son el elevadísimo gasto público, la alta dependencia de la recaudación de retenciones sobre materias primas que exhiben altísimos precios que bajarán a medida que EEUU salga de su crisis financiera, y el rumbo de colisión que parece seguir el gobierno en su puja con el campo. En este contexto, la renuncia del ministro Lousteau es apenas una anécdota. Néstor Kirchner es el verdadero ministro de Economía. No necesita ministros con ideas y veleidades. Traban su forma de trabajo. Lo que necesita es una persona de perfil bajo, pocas palabras, trabajadora, que le lleve la planilla de recaudación todas las mañanas y que no cuestione sus decisiones. Carlos Fernández, el ministro entrante, es exactamente esa clase de persona. Ha elegido bien. Desde que Lavagna se fue, se las arregla solo. Pero desde entonces todo fue para arriba. ¿Quién lo aconsejará cuando la economía se le venga en picada?

abril 18, 2008

Rodrik en Argentina

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 8:04 pm

En la mañana de ayer, asistí a la Jornada organizada por la Asociación Empresaria Argentina sobre Políticas de Desarrollo y Contexto Internacional. Ricardo Arriazu, el prestigioso consultor argentino, y Dani Rodrik, el famoso profesor de la Universidad de Harvard, hablaron más de una hora larga cada uno.

Por primera vez en mucho tiempo, sentí que no estaba perdiendo mi tiempo. Aparte de saludar a una cantidad de apreciados amigos y colegas que no veía hace tiempo, pude escuchar y entender en detalle el pensamiento de Arriazu sobre la crisis bancaria de EEUU y el precio de los commodities, y el de Rodrik sobre el crecimiento económico asiático que él supone que experimenta Argentina desde la gran devaluación y por la gran devaluación. Ambas conferencias fueron muy profesionales.

Arriazu presentó una formidable masa de estadísticas, bien procesada y examinada. Terminó por señalar que EEUU entró en recesión a fines del último trimestre de 2007 y que la economía americana podría repuntar en el último trimestre de 2008 (aclaró que hablaba con optimismo). De paso, destacó que los precios de los commodities caerán cuando se normalice la situación financiera mundial a niveles superiores a los vigentes en la década de 1990, debido a la permanencia de la gran demanda de China e India y de los productores de biocombustibles. Enfatizó que la brusca depreciación del dólar en el mundo (de 0.80 por euro a 1.60) fue un grave error de EEUU y una catástrofe para el mundo. O sea que la caída de los precios será consecuencia de un proceso de apreciación del dólar, que determinará un cambio de la cartera financiera mundial en contra de los commodities. (Traté el tema en este post; vea el punto 12 al final.)

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Rodrik es un hombre relativamente joven, desgarbado, con formación previa en ciencias políticas y descendiente de una familia de origen español que emigró a Turquía tres generaciones atrás. Ayer mismo por la tarde publicó un extracto de su conferencia en su blog. Para Rodrik, la causa del fuerte crecimiento argentino es el alto tipo real de cambio. Un alto TRC genera crecimiento, en su opinión, porque el valor social de la producción industrial es mayor que su valor privado, pues este tipo de producción estimula la creación de instituciones favorables al desarrollo capitalista, además de generar más oportunidades de trabajo y de incorporación de tecnología. Un alto TRC vendría, entonces, a funcionar como una suerte de subsidio a la industria que corrige aquella distorsión y estimula el crecimiento económico nacional.

Rodrik no argumentó directamente a favor de una sostenida devaluación del peso. Sugirió, en cambio, que el TRC se debía mantener alto por medio de un exceso de ahorro sobre inversión, como se hace en el sudeste asiático. Para lo cual, en vista de que la tasa de ahorro argentina es menor que la asiática, sería clave que el gobierno aumentara el superávit fiscal.

El argumento industrialista montado sobre la externalidad positiva de la producción manufacturera es viejo. Hace 15 años, otro economista de Harvard, Larry Summers, escribió un paper en el que sostenía que la inversión en maquinaria industrial debe subsidiarse porque genera efectos benéficos sobre el resto de la economía. Es fácil argumentar en tal sentido; es difícil comprobarlo empíricamente. Pero incluso cuando la hipótesis fuera cierta, cabe preguntarse ¿cómo se calcularían los subsidios?, ¿quién los administraría?, ¿quiénes los recibirían? Estas son preguntas harto relevantes en un país que ha sido capaz de incurrir en un acto de barbarie como el del INDEK.

Pero Rodrik no pide subsidios microeconómicos para la industria; pide un subsidio de tipo macroeconómico: elevado superávit fiscal para que el TRC sea alto y la industria adquiera competitividad. No me parece una mala sugerencia. No porque crea que vaya a estimular el desarrollo industrial sino porque un elevado superávit fiscal contribuiría a crear un clima de estabilidad financiera y monetaria, que es requisito indispensable para la acumulación de capital.

Pablo Gerchunoff, un economista argentino encargado de comentar su presentación, le hizo ver que el campo argentino es muy capitalista, que emplea una tecnología muy sofisticada y que, por tanto, es muy capaz de generar externalidades positivas comparables a las que Rodrik y Summers atribuyen a la industria. No hubo tiempo para que alguno de nosotros le recordara cuatro cuestiones: a) por lo menos desde 1930 la industria nacional está subsidiada por una protección rayana en la autarquía y, a pesar de ello, su desempeño ha sido muy pobre; b) el fuerte crecimiento que lo deslumbra siguió a una de las más profundas recesiones que sufrió el país en 100 años; c) la prima de riesgo-país se desplomó de 2200 puntos básicos en septiembre de 2002 a 180 en enero de 2007 y el efecto expansivo de este fenómeno no puede ser minimizado, y d) los precios de las materias primas subieron más de un 200% a partir de 2002.

Rodrik es un gran acuñador de frases. Esta vez se despachó con una que alude a un trade-off (dilema) que hace las delicias de economistas e industriales: confianza vs. competitividad. Si se concentrara en los meandros de una economía sujeta a elevada volatilidad como la argentina, descubriría que el trade-off no es tal y que la confianza es todo.

abril 14, 2008

Gasto Público en llamas II

Filed under: Gráfica — Jorge Avila @ 3:22 pm

En un sugestivo artículo publicado por Ambito Financiero el viernes 4 de abril, Daniel Artana, economista jefe de FIEL, llamó la atención sobre el preocupante aumento del gasto público. El argumento del artículo gira en torno del lindo gráfico que tomé de la página web del diario y que presento a continuación.

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El gráfico muestra la trayectoria del gasto público primario consolidado (la Nación + las provincias + los municipios, antes de pagar los intereses de la deuda pública) entre los años 1980 y 2008. La trayectoria se mide de dos maneras: en dólares corrientes (línea verde) y en dólares ajustados por el precio de las materias primas que el país exporta (línea roja). Medido en dólares corrientes, el gasto ha protagonizado una muy riesgosa estampida desde 2002 y llegaría a nada menos que u$s 100.000 millones en 2008, su más alto nivel desde 1980. Corregido por el precio de las materias primas, se ubica en unos u$s 53.000 millones, aproximadamente el nivel promedio de la serie desde 1986.

Lo interesante del caso es la pregunta que se hace Artana: ¿Qué pasaría si el precio de los commodities cayera? Su obvia respuesta es que la línea roja se acercaría a la verde. La caída del precio de los commodities desde el altísimo nivel registrado en febrero es muy probable. Ya se advierte una tendencia bajista. La superación de la crisis finaciera en EEUU la acentuaría.

Ahora presento una versión actualizada de un gráfico que publiqué antes. Muestra la trayectoria del gasto público primario consolidado entre 1961 y 2008, expresado como porcentaje del PBI.

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El gasto registra un promedio de 32% del PBI desde 2005. No está demás repetir que cada vez que el gasto perforó la banda de 24%-25% del PBI sucedió una desgracia. No está demás repetir tampoco que si este año el gobierno tuviera la prudencia de elevar el gasto en pesos corrientes un 15%, la relación gasto-PBI se reduciría a un 29% y así la economía podría volver a una zona más segura.

La confianza pública en el liderazgo presidencial ha sufrido una fuerte erosión a raíz del mal manejo del conflicto con el campo. Es probable que los precios de los commodities hayan tocado niveles máximos en febrero y que en adelante caigan; la recaudación por retenciones está en serio peligro. Entre 2008 y 2011, hay vencimientos de capital de la deuda pública de u$s 10.000 por año; será difícil refinanciarlos sin poder colocar bonos en el exterior. Mientras tanto, la prima de riesgo-argentino se ha triplicado respecto del nivel de enero de 2007; rara vez este fenómeno pasa desapercibido. Cuando el precio de las materias primas baje sostenidamente, el alto riesgo-argentino se hará sentir a pleno. El gobierno debería llamarse a la reflexión.

(Sobre posibles escenarios fiscales en 2008, vea el artículo de Nadín Argañaraz en el diario La Nación del pasado domingo 30 de marzo.)

abril 7, 2008

Tragedia y farsa

Filed under: Periodística — Jorge Avila @ 7:09 pm

Este artículo fue publicado por el diario La Tercera, de Santiago de Chile, el pasado viernes 4. Aunque no me olvido que la dirigencia rural violó el derecho constitucional de libre circulación, que violan sistemáticamente los piqueteros en todo el país y los "ambientalistas" que cortan los puentes a Uruguay, el artículo es más favorable al campo que el post que le dediqué hace un par de semanas.

Los piqueteros cortan calles, rutas y puentes con el objeto de que el resto de la sociedad argentina los subsidie. Los "ambientalistas", por el peligro que representan para la flora y la fauna del Río Uruguay los efluvios de la planta Botnia, pese a los estudios del Banco Mundial y a la evidencia cotidiana en contra de dicha hipótesis. El campo, por lo menos, lo hace porque el gobierno pretende cobrarle un gravamen del 44% de sus ingresos brutos. Algunos lectores me señalaron que la rebelión del campo es la rebelión de Atlas. No es una mala comparación.

Sin detenerse en un estudio exhaustivo, el pasado 11 de marzo, el ministro de Economía anunció un profundo cambio de la política de impuestos a la exportación, conocidos en la Argentina como "retenciones". Dispuso que a partir de entonces las exportaciones de soja y girasol paguen una retención igual a 44% del valor exportado y que la alícuota sea móvil, es decir, que fluctúe con el nivel de los precios internacionales, de manera que el ingreso de los productores permanezca congelado en el nivel ampliamente satisfactorio (en opinión del gobierno) de fines de 2007. Los productores entendieron al vuelo que la nueva política los condenaba a percibir un ingreso fijo hasta 2011, mientras sus costos de mano de obra y, en especial, de insumos agroquímicos suben aceleradamente. Se vieron yendo a la bancarrota justo en medio de un boom mundial de commodities sin paralelo desde la década de 1970.

El paro comenzó el día siguiente al anuncio ministerial, pronto desbordó a los dirigentes rurales que lo habían convocado y se generalizó como reguero de pólvora. Incluso en las provincias en las que la Sra. de Kirchner había ganado la elección presidencial de octubre pasado con más de 60% del voto, indignados productores cortaron rutas y provocaron un creciente desabastecimiento de carnes, productos lácteos y verduras.

El paro se levantó el 2 de abril. El abastecimiento de esos alimentos básicos se normaliza con rapidez. Los productores decidieron suspender el paro por no más de 30 días a fin de levantar la cosecha y porque temían perder el apoyo de la clase media de las grandes urbes que salió a las calles a sabiendas del riesgo de desabastecimiento. El campo es el primer sector que se rebela contra el maltrato oficial en 5 años de gobierno kirchnerista. Cree que salió fortalecido. Yo también lo creo. En adelante, el gobierno pensará dos veces antes de tomar medidas inconsultas.

En el fondo, la rebelión rural se debió a una gruesa falla de funcionamiento de la República. El Poder Legislativo cedió al Ejecutivo facultades extraordinarias para gastar sin contralor grandes sumas y para decidir sin la aprobación del primero el nivel de las alícuotas de las retenciones. Sobre esta base, el kirchnerismo ha instrumentado un gobierno unitario en un país federal por tradición y organización constitucional. Si la medida hubiera pasado por el Congreso, las partes habrían tenido ocasión de discutirla y se habrían evitado los cortes de ruta y el desabastecimiento. Y la Sra. de Kirchner se habría evitado una sensible pérdida de autoridad.

Desde un principio, la táctica oficial para desactivar el conflicto consistió en dividir a los productores rurales. Para ello, procedió a ofrecer un paquete de subsidios a los productores chicos: reintegros a la exportación, fletes subsidiados para los de zonas alejadas y créditos blandos del Banco de la Nación. Pero los productores chicos los rechazaban debido a una historia de atropellos e incumplimientos: precios máximos, retenciones ya muy altas antes de estos hechos y prohibiciones de exportar, por ejemplo, carne y trigo, justamente en el país de las vacas y el trigo.

Los productores levantaron el paro pero se mantienen en estado de "alerta y movilización". No quieren que les vuelvan a "versear" (mentir). Quieren comprobar día a día cómo avanza una negociación más amplia.

El panorama se ha complicado considerablemente para el gobierno. Ahora se empieza a pedir que las retenciones sean discutidas en el Congreso y coparticipadas a las provincias, temas impensables hace un mes. El más carismático de los dirigentes rurales que surgió del paro, De Angeli, un cabecilla de los cortes de puentes al Uruguay, ha pedido públicamente a la Sra. de Kirchner que no "apriete" (presione) más a los gobernadores e intendentes, que les permita ponerse del lado de sus votantes de las provincias. Va ser una discusión difícil. El gobierno nacional razona en términos muy distintos. Para que se entienda de qué hablo, transcribo una respuesta en tal sentido de Agustín Rossi, el jefe de la bancada de diputados oficialistas en el Congreso: "las retenciones son una herramienta de materia económica, no una herramienta fiscal, y por ello su tratamiento en el Congreso implica una demora que no se puede sostener". Esta es la clave del problema. El oficialismo no entiende de qué se trata la República. Insiste en convocatorias masivas a Plaza de Mayo como las de Perón hace 60 años y en lugar de entender los problemas con pragmatismo opta por denunciar intentos de golpe de Estado. ¿Tragedia o farsa? Creo que ambas a la vez.

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