Las retenciones se han puesto de moda. Los economistas argentinos las conocemos de toda la vida. Los productores rurales las sufrieron durante gran parte del siglo XX. Los políticos se habían olvidado de ellas y las redescubrieron en 2002. Al Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, se le iluminaron los ojos hace un par de años cuando las imaginó como una "sofisticada herramienta de política económica" que posibilita, en su opinión, la recaudación y la redistribución de cuantiosos recursos sin reducir la producción.
Desde que irrumpió el paro agropecuario, unos cuantos lectores y comentaristas del blog me piden que escriba sobre el tema. Voy a ordenar a continuación información y conceptos básicos sobre el origen histórico, el impacto económico y la importancia fiscal de las retenciones.
1) Una retención es un impuesto a la exportación.
2) Así como un arancel de importación eleva el precio interno del producto importado para favorecer al fabricante local de un producto similar, la retención reduce el precio interno del producto de exportación para quitar recursos al productor rural que compite en los mercados del mundo.
3) Luego, cuando un país cobra aranceles de importación y retenciones a la exportación cierra dos veces su economía. O sea que estimula doblemente la salida de recursos del sector exportador, donde tienen alto rendimiento, para reasignarlos al sector sustitutivo de importaciones (el industrial, en nuestro país) donde tienen bajo rendimiento. De ahí la continua necesidad de ayudar a la industria mediante el pulmotor de la devaluación.
4) Lo dicho en el punto anterior explica la caída de las exportaciones como fracción del PBI del país y de las exportaciones mundiales. Por este motivo, la economía argentina es más cerrada en esta década que en la pasada.
5) No existe el impuesto neutral. Dicho en otras palabras, todavía no se descubrió un impuesto que no genere ineficiencia en la asignación de recursos. Cabe preguntarse, entonces, qué tipo de gravamen genera la menor ineficiencia para igual recaudación. Elías Baracat escribió un interesante artículo sobre el tema.
6) Un impuesto presuntamente eficiente es el poll tax (impuesto a la mera existencia de las personas). Se lo creía neutral. Pero es obvio que tiene efectos demográficos. Si por cada persona nacida sus padres debieran pagar u$s 30.000 al Fisco, la cantidad de hijos disminuiría. Un impuesto a la tierra libre de mejoras, tanto agrícola como urbana, podría ser un tributo neutral. Pero para que lo sea es vital que el catastro distinga con precisión el valor de las mejoras del valor de la tierra virgen. Caso contrario estaríamos gravando la acumulación de capital y, por ende, desalentándola.
7) Los impuestos a la tierra y a las ganancias son equivalentes. Ambos gravan la riqueza. El primero grava el stock; el segundo, el flujo. El valor del stock (la tierra agropecuaria) es el valor descontado del flujo de futuras rentas agropecuarias. Creo que el impuesto a las ganancias es mejor. Pues es un impuesto general; grava toda la riqueza de la economía y no sólo la inmobiliaria rural, y además si en determinado ejercicio el productor tuviera una pérdida, no pagaría y podría descontarla de futuras obligaciones.
8) Las retenciones son un impuesto a la venta de la producción exportada. No son un impuesto a la renta de la tierra. Gravan el producido conjunto de la tierra, el trabajo, el capital y la capacidad empresarial.
9) Como las retenciones se llevan una parte de la renta que recibe la tierra, el precio de la tierra cae. La hectárea de tierra agrícola vale menos cuando hay retenciones que cuando no las hay. Luego, para incrementar sus ganancias, el productor rural sustituye maquinaria y agroquímicos por tierra abaratada. No debería llamarnos la atención que la producción agropecuaria argentina sea comparativamente tierra extensiva. Es decir, que se use aquí relativamente más tierra por unidad de producto (quintales de trigo) que en EEUU. El proteccionismo industrial, que encarece insumos como la maquinaria agrícola, las camionetas y los agroquímicos, vuelve a abaratar, siempre en términos relativos, el uso del factor tierra, haciendo que la producción sea todavía más tierra extensiva. El responsable de este hecho es el proteccionismo y no la desidia de los productores rurales.
10) Rentas, por otra parte, se ganan en todas las actividades económicas. La tierra de la Pampa Húmeda gana más renta que la de San Luís porque es más productiva y porque está más cerca de los puertos de exportación. Manu Ginóbili gana más renta que la mayoría de los chacareros que vemos últimamente por TV, pues es un jugador en extremo hábil, sin haber sudado para llegar a serlo; se lo sacó en la lotería de la genética y del medio ambiente familiar. Algo parecido puedo decir del mismo Kirchner, cuya fortuna es producto de rentas ganadas por arbitraje de información e influencias a las que un ciudadano común no tiene acceso. Llama la atención que el gobierno tan sólo quiera repartir la renta agropecuaria.
11) Las retenciones están expresamente reservadas por la Constitución a la Nación. En su origen (década de 1860) se pretendió que fueran un recurso provincial, como en EEUU. La Guerra del Paraguay y la inercia posterior lo impidieron. Isidoro Ruiz Moreno escribió un informativo artículo sobre el origen histórico de este singular tributo.
12) Otro costado de la cuestión es la distribución de la recaudación entre la Nación y las provincias. A los chacareros no les gustan las retenciones porque van al Tesoro nacional y no vuelven a las provincias en la forma de buenas rutas, por ejemplo. El impuesto a las ganancias les gusta un poco más porque, por lo menos, se coparticipa. El impuesto a la tierra puede gustarles como no. Por un lado, iría a los Tesoros de las provincias en forma directa; por el otro, deberían pagarlo incluso en años de malos precios o malas cosechas. Hablo de un impuesto a la tierra oneroso.
13) Pero aun cuando los chacareros se decidieran por el impuesto a la tierra, todavía deberíamos convencer a los gobernadores de su conveniencia. A los gobernadores no les hace ninguna gracia cobrar impuestos a sus amigos ricos e influyentes. Prefieren que Buenos Aires, o sea el gobierno nacional, ponga la cara, cobre y después les gire, aun cuando esto conlleve el riesgo de transformarse en mendigos del presidente de la Nación. Este es el corazón de la discusión fiscal argentina hace casi 20 años. El paro del campo le ha conferido una súbita actualidad.
14) En los últimos meses, la recaudación de retenciones a las exportaciones del campo ascendió a cerca de 2.3% del PBI, o sea, unos u$s 6.900 millones anuales. El superávit fiscal primario de la Nación en 2007 ascendió a igual monto. El superávit de 2008 es un poco más alto y las retenciones explican una menor fracción del mismo. Sin retenciones casi no habría superávit.