La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

julio 29, 2008

Dólar K = Dólar 90s

Filed under: Gráfica — Jorge Avila @ 2:22 pm

La ley de un solo precio establece que el precio de una mercadería en Buenos Aires debe ser igual al precio de la misma mercadería en Nueva York, expresados ambos en igual moneda. El comercio internacional es el mecanisno que conduce a la igualación de los precios en la misma moneda.

El principio de paridad del poder adquisitivo establece que una canasta de mercaderías y servicios en Buenos Aires debe costar lo mismo que idéntica canasta en Nueva York, en igual moneda. Este principio fue enunciado por el economista sueco Gustav Cassel en la década de 1920. Es un método para estimar el tipo de cambio de largo plazo de un país. A la igualación de los costos en dólares de las canastas contribuyen el arbitraje mundial de mercaderías y el efecto de la normalización de la demanda interna sobre el precio en dólares de los servicios (educación, transporte, restaurant, salud). Los costos de las canastas se igualarían rápidamente después de una devaluación, si la prima de riesgo-país no variara significativamente. Pero si la devaluación fuera catastrófica y la prima de riesgo-país se disparara a la estratósfera, como sucedió en Argentina entre 2002 y 2005, la paridad del poder adquisitivo tardaría varios años en concretarse.

A mediados de la década de 1980, el staff de economistas-periodistas de la revista The Economist concibió y empezó a calcular un eficiente indicador de la paridad del poder de compra de las monedas. Se trata del índice Big Mac, que surge de comparar los precios internos de la famosa hamburguesa en los países donde se la vende. El método es eficiente porque:

a) la hamburguesa es la misma en todas partes; b) la hamburguesa no es un alimento crudo (commodity que tiene igual precio en todos los países por la fuerza del comercio mundial) sino un servicio no exportable, cuyo precio viene determinado por la demanda interna de cada país, y c) la recolección y procesamiento de la información estadística casi no tiene costo.

The Economist publicó la semana pasada una actualización del índice. (Por un resumen en castellano, vea esta nota de La Nación.) El mensaje del índice actualizado es doble:

1º Argentina ya es más cara que EEUU. El peso argentino está sobrevaluado un 2% con respecto al dólar. Una hamburguesa Big Mac cuesta $11 en nuestro país, es decir, u$s 3.64 al tipo de cambio de 3.02 pesos por dólar. El precio en dólares de la hamburguesa en Argentina es, por tanto, un 2% superior al precio en EEUU (u$s 3.57). La tabla que sigue contiene información para el mes de julio de 2008.

2º La tabla que está más abajo, de fondo azul, presenta la misma información para el mes de enero de 2000, cuando recién se iniciaba el gobierno de De la Rúa y todavía el peso era convertible. Por entonces, el peso argentino estaba sobrevaluado un 2.5% con respecto al dólar. Una hamburguesa Big Mac costaba aquí $2.50, es decir, u$s 2.50 al tipo de cambio de 1.00 peso por dólar. De lo cual se deduce que el precio en dólares de la hamburguesa en Argentina era un 2.5% superior al precio en EEUU (u$s 2.44).

De forma que el peso se encuentra actualmente tan sobrevaluado como en tiempos de la convertibilidad. ¿Por qué, entonces, hay menos mal humor? Porque el precio medio de las materias primas de exportación es el triple del que recibíamos a fines de los 90s. ¿Era la convertibilidad el problema? Parece que no. Parece que el problema era el nivel de los precios mundiales de los commodities. ¿Dónde quedará el "modelo productivo" del gobierno de Kirchner? En la historia. ¿Por qué? Porque su exclusivo sustento era un tipo real de cambio alto o, lo que es lo mismo, un peso subvaluado. Pero como predice el principio de paridad del poder adquisitivo, un peso subvaluado es un ave pasajera. A pesar de ello, la UIA no se dará por enterada de este principio y bregará sin descanso por una nueva devaluación "para volver ‘competitiva’ la industria y aumentar el crecimiento y el empleo". Tachín, tachín.

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julio 23, 2008

Consejos para jóvenes economistas

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 3:49 pm

Hace ya varios años que recibo visitas y preguntas de orientación profesional de parte de jóvenes economistas. Se trata de muchachos y chicas de entre 20 y 24 años de edad, que cursan el tramo final de la licenciatura en Economía o que se recibieron hace poco. Los agobian dudas elementales. ¿Hacer carrera académica o gerencial? ¿Hacer un post-grado en Economía, en Administración o bien ninguno? ¿Hacerlo en el país o en el exterior?…

Se los nota llenos de interrogantes e incertidumbres; a veces, hasta faltos de confianza en las propias fuerzas. Yo no pasé por esa circunstancia. Gracias a las charlas de mi padre, un economista de café que leía cuanto artículo y libro de Economía encontraba a su paso, supe con seguridad que la Economía era mi destino profesional a los 14 años. Y con ese envión hice toda mi carrera hasta aquí. Pero la seguridad puede ser, al mismo tiempo, una virtud y un vicio. Por ejemplo, cuando me doctoré en EEUU un profesor me invitó a dar un seminario en una universidad de aquel país con el objeto de buscar empleo de profesor asistente y, de esta manera, encaminarme hacia una carrera de publicaciones científicas y docencia full-time. Mi seguridad respecto de lo que quería me llevó a descartar de plano la invitación. Tal vez me equivoqué. Quizá hubiera sido mejor hacer carrera allá. Comento esta experiencia personal para subrayar que la duda (moderada) es algo saludable.

El éxito profesional, y de vida por extensión, consiste en obtener al cabo de los años algo parecido a lo que uno esperaba de sí mismo durante la adolescencia, cuando se sueña sin límites. No exactamente lo que uno esperaba; basta con algo similar. En la Grecia clásica se decía que la tragedia sobreviene cuando no se consigue lo que se desea o cuando se lo consigue demasiado bien. Por lo dicho, la primera pregunta que un joven debería hacerse es ¿cómo me veo a los 40 años?, ¿qué me gustaría estar haciendo a esa edad?, ¿quiero ser alguien influyente?, ¿por dinero, por obra intelectual, por obra de gobierno?, o ¿aspiro sin vueltas a tener una familia bien constituida y pasar con ella mis mejores momentos? Con una buena dosis de sentido común, se podrá argumentar que no hay contradicción entre la formación de una sólida familia y una distinguida carrera intelectual o ejecutiva. Me temo que sí la hay. Miren sino a su alrededor. La vida puede ser mezquina. Sobre todo para las mujeres. O es una cosa o es la otra, en la mayoría de los casos.

Las siguientes líneas desarrollan modelos de economistas profesionales y están dirigidas a jóvenes que aspiran a ganarse la vida como economistas. Si lo que en verdad te interesa es el dinero, esta nota no es para vos. Mi consejo en tal caso es que lo abandones todo y te dediques a los negocios. Para transformarte en un empresario exitoso no te hace falta ni siquiera una licenciatura. Recordá la opinión de Bill Gates, de Steve Jobs y de otros por entonces jóvenes que se enriquecieron en la industria del hardware y el software: un buen empresario no puede permitirse el lujo de terminar el primer año de la universidad porque en su cabeza bulle un proyecto y necesita ese tiempo para concretarlo como sea.

Según la revista inglesa The Economist hay cuatro tipos de economista. El académico, el city economist, el business economist y el Treasury economist.

El economista académico es el que trabaja en una universidad. Enseña e investiga. Dicta cursos de grado y de post-grado, lleva adelante una agenda de investigación y publica sus resultados en journals internacionales, también en revistas científicas del país y en libros. De vez en cuando escribe para diarios y responde reportajes, aunque puede opinar sobre cuestiones públicas con mucha independencia; de vez en cuando puede ganar unos pesos en trabajos de consultoría para gobiernos, cámaras y empresas, y alguna vez en su vida se puede dar el lujo de asesorar a un candidato presidencial, un ministro o un presidente de la Nación. Es quien tiene el mayor entrenamiento formal de todos los economistas. En la década de 1970, bastaba con un Master of Arts. En la de 1980, con un Ph.D. A partir de la de 1990, es imprescindible un Ph.D. más publicaciones en journals internacionales. Si no cumpliera este último requisito, el economista será un académico de cabotaje.

Para ciertos temperamentos no hay mejor alternativa que convertirse en un economista académico de cabotaje. En estos tiempos de alta especialización, ser considerado como tal equivale a una descalificación profesional. Los académicos lo miran con desdén pues no publica en journals internacionales; los consultores, como se mira a un pariente pobre, y la mayoría, como a un ideólogo (que es una mala palabra). Creo, sin embargo, que este tipo de economista, si ha escrito con rigor y ha defendido propuestas relevantes desde el punto de vista conceptual, es el más útil para un país que se halla en trance de reorganizar sus instituciones y el que hace el mejor uso de la posibilidad de emitir una opinión independiente.

El city economist es el economista que trabaja como consultor de bancos y empresas o bien como parte del staff de investigadores de grandes bancos. La diferencia entre estas dos ocupaciones no es menor. Un buen consultor debe estar bien informado, debe tener habilidad comercial y necesita capacidad de análisis de la coyuntura. Está metido en un negocio y su éxito se mide por la plata que gane. Depende más de la información que del análisis. Una maestría en Economía, en el país o en el exterior, es suficiente. Le conviene hablar un inglés fluido. Le convendría tener un dominio de la econometría básica. Puede alcanzar mucha influencia mediática. Puede llegar a ser ministro de economía, presidente del banco central. No cabe esperar que tenga una opinión realmente independiente que lo lleve a enfrentarse al gobierno o a banqueros y empresarios, puesto que perdería valiosas fuentes de información y clientes. No hace aportes al pensamiento económico. Tampoco pretende hacerlos. Alan Greenspan, ex-presidente de la Reserva Federal, es un soberbio ejemplo de un city economist que logró fama, riqueza y poder.

A su vez, el city economist que trabaja para un banco necesita una formación académica similar pero, antes que un comerciante, es un funcionario. Debe saber alguna econometría y escribir buenos reportes, debe conocer detalles de su industria y tener la capacidad para sobrevivir en el inestable mundo corporativo. Ganará más dinero que un académico pero menos que un consultor. A menos que abandone su cargo en el departamento de research del banco y abrace una carrera ejecutiva que lo transformará en un manager.

El business economist es una especie de city economist que en lugar de trabajar para un banco lo hace para una empresa no bancaria; por ejemplo, una importante constructora, una importante petrolera o un importante fabricante de productos de consumo masivo. Si la empresa no fuera importante no tendría necesidad de tener economistas en su staff. En términos generales, necesita igual preparación académica que el city economist. Tendrá un perfil profesional similar, no será una personalidad mediática, no asesorará a políticos ni formará parte de gobiernos. No escribirá artículos que esclarezcan a la opinión pública. Y como su par bancario, si optara por una carrera ejecutiva incrementaría sus ingresos en buena medida.

El Treasury economist es el economista que opta, por vocación o por las circunstancias, por un trabajo en el gobierno. Los economistas son muy demandados como funcionarios de carrera en áreas como Hacienda, Comercio, Cancillería y Banco Central. Son útiles en el gobierno. De jóvenes, recolectan y procesan estadísticas, escriben memos y contestan expedientes y pueden asistir a excitantes reuniones de formulación de política económica. Para ingresar al gobierno basta una licenciatura en Economía, como en los casos del city economist y el business economist, pero para escalar posiciones se impone una maestría local o internacional. La carrera como funcionario público puede ser ingrata años después de la experiencia inicial. Se ganan sueldos relativamente bajos, aunque del gobierno uno se va porque quiere y no porque lo echan. El gobierno suministra de hecho un tenure, es decir, un puesto inamovible. Un profesional capaz puede alcanzar rápidamente una Dirección Nacional, que es el techo de la carrera técnica. Para mantenerse en ella le hará falta una buena dósis de habilidad política. En especial, mucho tacto y paciencia para colaborar con los impetuosos improvisados que rotan a gran velocidad en los cargos políticos (subsecretarías, secretarías, directorios y ministerios). También deberá tener la prudencia de no opinar con firmeza sobre nada. Como norma, un funcionario de carrera no llega a ministro ni a presidente del banco central. A estos cargos políticos se llega desde afuera, por la vía de la militancia política, la consultoría de alto perfil y, quizá, la academia.

Por cierto, existen otras ocupaciones que escapan a la taxonomía de The Economist. Es el caso del economista que trabaja para un organismo multilateral (FMI, Banco Mundial, BID, FAO). Es una interesante opción laboral para aquéllos que tengan vocación por el servicio civil pero le teman a la inestabilidad política nacional y aspiren a un sueldo más alto. Para entrar en esta carrera hace falta un Ph.D.; en lo posible, de una universidad norteamericana o inglesa. O el caso del economista que trabaja en una fundación privada de investigación (FIEL, Fundación Mediterránea). Para llegar a economista-jefe en estas instituciones se ha vuelto necesaria una formación de Ph.D., aun cuando las fundaciones se dedican a la consultoría sobre cuestiones de naturaleza pública (regulaciones laborales, mercado de la energía, sistema tributario, mediciones del gasto público). De forma que este economista es una combinación de académico y consultor. El trabajo es interesante, mejor pagado que el académico y goza de mayor visibilidad pública.

El periodismo es el último híbrido que se me ocurre. Por el tipo de formación que recibe en la universidad, un licenciado en Economía es ideal para el periodismo económico. Antes que una profunda formación, para destacarse en esta actividad hace falta curiosidad y versatilidad. Desde luego, el entrenamiento de una maestría agrega definición conceptual y perspectiva y por tanto puede servir para escribir buenos editoriales; sin embargo, el periodismo exige por encima de todo curiosidad y versatilidad. No sé si un buen periodista gana mucho o poco. Pero no me cabe la menor duda de que para volverse rico el periodista debe ser, además, un hábil comerciante. Julio Ramos, el fallecido fundador del diario Ámbito Financiero, es un magnífico ejemplo de este tipo de economista.

Acabo de tratar una cantidad de aspectos que ayudan a definir los caminos que tiene un joven economista ante sí. He empleado un criterio exigente, para jóvenes ambiciosos. Si tu ambición fuera otra, espero no haberte descolocado. Tenés que saber que la inversión que hiciste en la licenciatura en Economía ha valido la pena, aunque no vayas a trabajar como economista. Pocas carreras universitarias pueden ofrecerte la amplitud de visión y la capacidad de análisis que caracteriza a la que elegiste. Si no eligieras convertirte en un economista de profesión, serás sin duda un empresario, una ama de casa o un rentista con una formación inusual.

julio 21, 2008

Informe Asegurador IV

Filed under: Periodística — Jorge Avila @ 3:55 pm

El Informe Asegurador me hizo el reportaje que sigue a fines del mes pasado y lo publicó en su edición aniversario del 14 de julio. Salvo acotaciones marginales, al día de la fecha respondería lo mismo que entonces.

1. ¿Considera que existe un proceso de desaceleración económica o de enfriamiento de la economía? ¿Por qué?

Sí, con seguridad. La tasa de crecimiento de la economía argentina, sin maquillaje, debe rondar el 3% anual a esta altura del año. O sea que el ritmo de aumento del PBI ha caído a la mitad del que experimentábamos el año pasado. La causa obvia es la triplicación de la prima de riesgo-argentino. Para la gente de la calle, el riesgo-país significa poco y nada. Por el contrario, un empresario ducho en las idas y venidas de la economía nacional sabe de sobra que este fenómeno tiene el impacto de una bomba neutrónica. Cuando la prima de riesgo-país sube se recorta el crédito mundial al país y, dentro del país, el crédito de los bancos a los empresas y de las empresas a los consumidores. Luego, en cuestión de dos o tres meses la retracción de la demanda conduce a una retracción de la producción.

Interesa saber por qué motivo se ha más que triplicado la prima de riesgo-país entre enero de 2007 y la actualidad. En dicho período, la prima ha aumentado desde 180 puntos a nada menos que 600 puntos, un nivel sólo comparable en la región al de Venezuela y Ecuador. Mientras tanto, la prima brasileña ha aumentado acotadamente de 180 puntos a 200. Algo está podrido en Dinamarca. Resulta claro que la crisis hipotecaria subprime de EEUU no es la causa básica del salto de la incertidumbre en Argentina.

La causa fundamental del aumento de la incertidumbre y, por ende, de la reducción de la tasa de crecimiento, es de orden interno. Se trata de un cóctel difícil de digerir por cualquiera que esté considerando la posibilidad de hundir un dólar en el país: a) El aumento desaforado del gasto público. El gasto primario consolidado se ubica cerca de 34% del PBI, el mayor nivel desde 1961. b) La intervención del INDEC, la desfiguración de las estadísticas oficiales de inflación y actividad y el default técnico sobre la deuda pública indexada por CER. c) Los continuos faltantes de energía. d) El desconocimiento de la deuda con los bonistas. e) Y en último lugar aunque no lo menos importante, el muy mal manejado conflicto con el campo por las retenciones móviles.

2. ¿La economía argentina se encuentra a las puertas de la estanflación?

Estanflación = estancamiento + inflación. La tasa de crecimiento, como señalé arriba, se ha reducido a la mitad. Todavía no hay estancamiento. Lo habrá si el gobierno persevera en su política de enfrentamiento con el campo, de aumento loco del gasto público y de mentira estadística, y si los precios de los commodities argentinos se estancaran o bien cayeran. En cuanto a la inflación, depende de tres factores: a) tipo de cambio, b) gasto público y c) precios de commodities. Si el tipo de cambio se mantuviera en $3.05 por dólar como a fines de junio, si el gasto público aumentara un 20% anual en lugar del actual 40%, y si los precios de los commodities dejaran de crecer, la inflación se desvanecería en pocos meses. En tal escenario, no habría estanflación sino sólo bajo crecimiento con baja o nula inflación.

Pero la realidad suele presentarse de manera menos limpia y nítida. Como síntesis puedo decir que un tipo de cambio en aquel nivel o menor y un freno al gasto público nos asegurarían una marcada reducción inflacionaria; por caso, una caída del 25% anual presente a un 15%. Tal vez menos, en vista de la desaceleración del crecimiento económico que comenté arriba.

3. ¿Cuál debería ser hoy el tipo de cambio en la Argentina? ¿El peso ha perdido competitividad? ¿Por qué?

Que el peso, o el tipo de cambio, es un factor de competitividad es un argumento en el que sólo creen los lobistas y los idiotas útiles. Una devaluación es seguida, a la corta o a la larga, por un aumento del nivel de precios equi-proporcional. De lo cual se desprende que el peso no puede ganar ni perder competitividad en forma sostenida.

El nivel apropiado del tipo de cambio no surge de consideraciones de competitividad sino monetarias. La pregunta es qué tipo de cambio permite crear el mejor clima de inversión y negocios en el país. La respuesta es aquél que el BCRA pueda mantener estable, sin variaciones arbitrarias y sorpresivas. El tipo de cambio debería fijarse indefinidamente en $3, con un fuerte respaldo en dólares. O sea, lo mismo que se hace hasta ahora pero con mayor transparencia y compromiso.

4. ¿Una inflación de 25%-30% anual es el precio que está pagando el gobierno por no haber asumido la existencia de este problema y seguir postergando su solución? ¿Hay peligro de una espiral inflacionaria?

Esa alta inflación se debe al desbocado crecimiento del gasto público y el excepcional aumento de los precios de los commodities. Este último aumento eleva el nivel de precios interno (acelera la inflación) por una vía directa, que es obvia, y por una indirecta. Ésta última merece una aclaración. Cuando mejoran sus términos de intercambio, el país se vuelve más rico ya que por iguales volúmenes exportados recibe más dólares; luego, gasta más (boom de consumo del verano) y fuerza un aumento del nivel de precios.

En la medida que el BCRA disponga de un stock apropiado de reservas internacionales y de la voluntad de fijar el tipo de cambio en un nivel cercano a $3, la inflación no se va a espiralizar. La espiralización ocurre cuando el banco central no tiene reservas suficientes y el déficit fiscal lo obliga a emitir moneda sin respaldo.

5. ¿Cómo impactará el conflicto entre el Gobierno y el sector agropecuario en el ritmo de crecimiento económico?

Como hasta ahora. Seguirá promoviendo un fuerte aumento del riesgo-argentino, salida de capitales y contracción de la demanda agregada y reducción del crecimiento económico. Todo esto acompañado por pérdidas de depósitos bancarios, ventas de dólares y caída de la recaudación de gravámenes internos (IVA, Ganancias, Ingresos Brutos). Quizá gracias a este último impacto el gobierno tome conciencia del severo daño macroeconómico del conflicto.

6. ¿Cómo evalúa el accionar del BCRA para frenar la especulación con el dólar?

Me parece bien su dirección, en cuanto a la fijación del tipo de cambio en niveles que se aproximan a $3 por dólar. Me parece mal la arbitrariedad y falta de transparencia con que actúa. Me parece muy poco profesional su intento de sostener el precio de algunos bonos por medio de compras que paga con reservas internacionales. El objeto de las reservas es preservar el tipo de cambio. No es evitar que suba la prima de riesgo-país. Esta variable depende de circunstancias que difícilmente el BCRA pueda controlar. En consecuencia, lo único que consigue así es desperdiciar reservas y poner en peligro el objetivo superior de la estabilidad monetaria y bancaria.

7. En un escenario mundial de crisis de alimentos y de petróleo, ¿cuáles son los desafíos y las oportunidades que se le presentan a la Argentina?

El desafío es evitar la demagogia y que el gobierno haga lo que debe hacer por el bien del país. Dos cosas deben hacerse: a) actualizar las tarifas de la energía y renegociar los contratos de las empresas del sector para promover una eficiente generación y uso del gas, la electricidad y el petróleo; b) reducir las retenciones y abrir de par en par las puertas de la exportación para que el campo aumente su producción y saque provecho de la excepcional coyuntura internacional, mientras se aplican mecanismos de asistencia a los grupos sociales más necesitados. El dinero que el gobierno ahorre en los subsidios a la energía podrá aplicarlo al subsidio de grupos sociales vulnerables al aumento de tarifas de la energía y precios de los alimentos.

8. En el contexto del Mercosur, ¿Argentina ha quedado definitivamente relegada a ser la sombra de Brasil?

Argentina se ha transformado en la sombra de Brasil. No sólo de Brasil, también de Chile y Colombia, países que reciben mucha más inversión extranjera. Lo importante es que ha llegado a esta situación por decisión propia. Y que por decisión propia podrá salir, cuando cambie el viento político.

9. ¿Cuál es su proyección para la economía argentina para el segundo semestre del 2008?

Riesgo-argentino alto y sostenido, depósitos bancarios inestables, inversión frenada, bajo crecimiento, desempleo en alza. Este clima podría darse vuelta si el gobierno cambiara su postura de todo o nada en el conflicto con el campo y otros sectores (bonistas, servicios públicos). No lo veo probable. Lo que suceda con la inflación dependerá de las razones que enumeré al responder las preguntas 2 y 4.

julio 14, 2008

¿Se viene la estanflación?

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 6:53 pm

Tener claridad sobre las causas de la inflación es condición necesaria para encontrarle una solución. Las causas dependen del régimen cambiario. La inflación en EEUU, UE y Japón obedece a causas muy distintas a las de Argentina, por ejemplo.

En esas tres grandes islas de estabilidad económica la causa básica es el crecimiento de la oferta de dinero por encima del crecimiento del PBI. Por consiguiente, el método para bajar la inflación consiste en reducir la emisión de moneda sin respaldo. Pero sólo pueden aplicar este método los países que están en condiciones de emitir moneda sin respaldo sin correr el riesgo de caer en hiperinflación. Este es el caso de dichas islas de estabilidad, cuyos bancos centrales emiten monedas de reserva (dólar, euro y yen).

Argentina no emite moneda de reserva. En consecuencia, se ve en la necesidad de respaldar su oferta de dinero con una moneda emitida por alguna de las grandes islas de estabilidad. Desde la hiperinflación, nuestro país está condenado a seguir una política de tipo de cambio fijo. En este sentido, la convertibilidad de la década de 1990 fue una política correcta. Y la convertibilidad informal de la década de 2000 también es una política correcta por idéntica razón.

En Argentina rige desde marzo de 2003 una política de tipo de cambio fijo. ¿Qué factores han causado el aumento del nivel de precios, que el hombre de la calle denomina inflación?

1º La recuperación del precio de los servicios privados. En enero de 2002, el precio de los servicios medido en dólares cayó a 1/3 del nivel previo. Desde entonces, la normalización de la economía y el consecuente aumento de la demanda agregada originó dos fenómenos paralelos: reducción del superávit comercial y suba del precio de los servicios. Lo último se conoce como inflación residual. Todavía hay un margen de inflación residual en razón del congelamiento de las tarifas públicas.

2º A la inflación residual se le sumó a partir de 2006 un aumento adicional del precio de los servicios motivado por un desbocado crecimiento del gasto público. La tasa de aumento del gasto público rondó un 50% en 2007. Aunque en los 5 primeros meses de 2008 bajó a 39%, sigue siendo excesiva. Este fenómeno encarece los servicios privados y aumenta el nivel de precios. Para el hombre de la calle, genera inflación.

3º A la inflación generada por el aumento del gasto público se le sumó desde 2007 una suba de precios tanto de mercaderías como de servicios motivada por el extraordinario aumento del índice de precios de materias primas de exportación. En el primer semestre de 2008, el índice creció a una tasa de 65% anual. Este aumento ha ejercido un doble impacto sobre el nivel general de precios: uno directo sobre los alimentos, y uno indirecto sobre los servicios por el efecto riqueza resultante de la mejora de los términos de intercambio. Este efecto es importante en Argentina puesto que nuestro país es exportador neto de alimentos y todavía de petróleo. El efecto es negativo y, en principio, deflacionario en países como China, Japón o UE, que son importadores netos de alimentos y petróleo. Y es más bien indefinido en varios países de la región, como Chile, Uruguay, Paraguay y Perú, que exportan caro e importan también caro.

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La primera conclusión de lo dicho hasta aquí es que la inflación argentina debería bajar si el gasto público aumentara menos. La segunda conclusión es que debería bajar todavía más si el gobierno fijara el tipo de cambio en $3 por dólar por largo tiempo. La tercera conclusión es que si los precios de las materias primas siguieran aumentando como lo hicieron en los últimos 12 meses, la inflación continuaría siendo un problema.

¿Qué debería hacer el gobierno en este escenario? En primer lugar, esclarecer a la opinión pública; en segundo, preocuparse de que los subsidios lleguen efectivamente a los pobres.

Pero hay dos desarrollos que aliviarán la presión inflacionaria incluso cuando el gobierno no modere el gasto ni fije el tipo de cambio en un nivel más bajo. Son el brutal ascenso de la prima de riesgo-argentino y la muy probable reversión de la política de tasas de interés de EEUU.

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El ascenso de la prima de riesgo-argentino promueve la salida de capitales, como se verifica desde octubre del año pasado, y frena la demanda agregada y el crecimiento del PBI. Si en 2007 el PBI creció alrededor del 8% anual, ahora debe estar creciendo a una tasa del 3%. Sino fuera por la suba excepcional del precio de las materias primas, estaríamos en recesión hace rato.

Cuando la situación del sistema bancario de EEUU se estabilice (algo probable en 2009), la lucha contra la inflación será prioritaria para la Reserva Federal. Se iniciará así una fase de suba de la tasa de interés de corto plazo y de baja del precio de las materias primas. En este escenario, la economía argentina entraría en franca recesión. Y si el peso no se devaluara, la inflación caería en picada. Por el contrario, si frente a la caída de los precios de las materias primas el gobierno empezara a devaluar el peso (por necesidades fiscales), el país caería en la tan mentada estanflación: recesión (o mejor, estancamiento) más inflación. Este es un escenario lineal.

Pero la estanflación puede ser el resultado de un escenario no lineal, de desorden, puja distributiva y devaluación. En tal caso, también tendríamos recesión más inflación aun cuando los precios de las materias primas no cayeran. Éste es el escenario que Domingo Cavallo cree más probable hasta 2011.

(En este post hay un desarrollo más analítico de mi enfoque de la inflación argentina. En este otro, hay una charla que di en marzo en la que dije, con otras palabras, más o menos lo mismo que en esta ocasión.)

PD: Hoy, 16 de julio, 16:49, introduje leves cambios en el post a fin de precisar mi pensamiento un poco más.

julio 4, 2008

Álvaro Uribe

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 7:20 pm

Asumió su cargo en 2002 en medio de un fuerte ataque de morteros lanzado por la guerrilla sobre el palacio presidencial. La economía se arrastraba en el fondo de una recesión que había comenzado en 1999. El desempleo afectaba al 17% de la fuerza laboral. Además de la guerrilla, el país era presa del crimen y el narcotráfico. El nuevo presidente reaccionó de inmediato. Declaró el estado de conmoción interna cinco días después de asumir, comenzó una guerra sin cuartel contra la guerrilla y se acercó sin medias tintas a EEUU.

La liberación de Ingrid Betancourt, merced a una brillante operación de inteligencia, ha consolidado su status de estadista. Álvaro Uribe ya es visto por muchos observadores y políticos como el mejor gobernante sudamericano de su tiempo. Si finalmente lograra erradicar la guerrilla, ahora muy debilitada y desprestigiada, y si antes de que finalice su segundo mandato (2010) el Congreso de EEUU aprobara el TLC con Colombia, Uribe se convertiría en un gran presidente, pues habría marcado un antes y un después en la historia de su país, con inevitables consecuencias sobre la estrategia política y la forma de gobernar en el resto de los países de la región.

Uribe, en tal caso, les habría demostrado a los seguidores de Pinochet que un gobierno democrático y republicano puede luchar exitosamente contra la guerrilla armada. A los Kirchner, a Rafael Correa y a Hugo Chávez, y a Obama y a los líderes europeos, que la política de apaciguamiento y concesiones, no funciona. También les habría demostrado a aquellos políticos y empresarios del Mercosur que quieran ver la realidad tal cual es y no como querrían que fuera, que EEUU es un socio insoslayable para cualquier país que se disponga en serio a progresar. Porque el progreso requiere comercio e inversiones, y el comercio y las inversiones requieren apertura y estabilidad institucional en un sentido amplio. La sociedad con EEUU parece condición sine qua non a tales efectos.

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Uribe nació en 1952, en Medellín, la capital del departamento de Antioquía, en el centro geográfico de Colombia. Su padre fue un importante terrateniente, asesinado en 1983 por la guerrilla, y su madre hizo carrera política. Se recibió de abogado en 1977 y luego cursó estudios de post-grado en administración y resolución de conflictos en EEUU. A los 30 años de edad fue intendente de Medellín, a los 40, gobernador de Antioquía y a los 50, presidente de Colombia. Es delgado, de apariencia frágil y aspecto intelectual. Para los periodistas que lo conocieron siendo presidente fue una sorpresa que este hombre pudiera ser un halcón. Durante su juventud universitaria leyó sin descanso sobre las revoluciones socialistas de Rusia, China y Cuba, pero, según ha declarado, nunca dejó de pensar que el estado de derecho era una forma de gobierno superior.

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La tabla, que tomé de The Economist, muestra la performance la economía colombiana en el período 2003-2007. Buen ritmo de crecimiento, con un registro de 7.5% en 2007, y tasa de inflación bastante moderada en estos años de abrupto aumento del precio de los alimentos y las materias primas en general. Notable inversión externa directa; un promedio anual de 8.000 millones de dólares para el período; el promedio argentino en años recientes ronda 5.000 millones (si se tiene en cuenta que el PBI argentino es el doble del colombiano, la brecha es mayor). ¡Ya le tocará a la pobre Argentina gozar del inmenso beneficio que representa para un país un gran presidente o, por lo menos, una racha de presidentes modestos pero de buen juicio!

(Jorge Asís publicó ayer un buen artículo sobre Uribe y la chatura comparada del resto de los presidentes y políticos sudamericanos.)

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