La secuencia de posts que dediqué a la crisis bancaria mundial con epicentro en Wall Street ha promovido una gran cantidad de preguntas y dudas. En este post voy a tratar de responder algunas preguntas y aclarar algunas dudas. Resulta claro que la crisis no ha terminado aún; nos aguardan muchas sorpresas todavía. Sin embargo, tengo la impresión de que los lineamientos generales de la política de salvataje han quedado bien definidos en los últimos días. Ahora viene la etapa de implementación. Creo que la crisis financiera va a ser superada antes de marzo de 2009. A partir de entonces, la recesión será el motivo de preocupación y agobio. Ya lo vemos en la Bolsa, que no cae por corridas sino por una expectativa de ganancias casi nulas en 2009-2010. Sigue un listado de respuestas y comentarios a diversas cuestiones que algunos bloggers inquietos me plantearon en los posts pasados:
1. El salvataje no es una medida corrupta y anticapitalista. Por el contrario, creo que es una iniciativa ética y liberal. Para Milton Friedman, la intervención del banco central a fin de evitar la caída del sistema bancario es la única clase de intervención oficial que tiene justificación económica. La razón es que el encaje fraccionario genera riesgo sistémico y la necesidad de acción colectiva (intervención oficial). El banco central, en el papel del prestamista de última instancia, es el encargado de suministrar liquidez durante la crisis o de facilitar fusiones y absorciones bancarias. Pero el banco central debe practicarla con un límite: que no se dispare el riesgo moral. Porque si ante el menor indicio de desestabilización salvara de la quiebra a los bancos en problemas, éstos descontarían futuros rescates y tomarían mayores dosis de riesgo, circunstancia que garantizaría una cadena de crisis y salvatajes sin fin.
2. Suponga que un depositante coloca $100 en un banco. Por medio de un cálculo de probabilidades, el banco llega a la conclusión de que debe formar un encaje o reserva de liquidez por $20; luego, presta los $80 restantes. El banco constituye la reserva en razón de que el plazo de devolución de los préstamos supera al de los depósitos, como norma. Ahora suponga que estalla una burbuja inmobiliaria, como en 2007-2008, una tecnológica, como en 2000, o una similar a la de los tulipanes, en Holanda, hace cuatro siglos. Sigue entonces un desmoronamiento del precio de los activos y los inversores y depositantes presumen una fuerte pérdida patrimonial en el balance del banco. Como saben que la reserva de liquidez del banco cubre apenas el 20% del valor de la deuda del banco, el pánico está garantizado. Sólo el primer 20% de los acreedores del banco lograrán rescatar sus ahorros. Habrá, entonces, una corrida masiva a las ventanillas del banco; nadie querrá quedarse atrás. Y la situación podrá complicarse aún más en caso de que otros bancos que se sienten relativamente bien parados hagan correr el rumor de que nuestro banco tiene un peor balance del que se presume o menos encajes que los previstos. Por este preciso motivo nuestro banco se mostrará renuente a pedir plata prestada a otros bancos.
3. La riqueza no es realmente algo material; es una percepción. Cuando la bolsa y los inmuebles cotizan alto, la riqueza y las valuaciones de los activos de los bancos también son altas. Cuando la percepción del mercado se modifica, la riqueza y las valuaciones también se modifican. Por tanto, la burbuja es nada más que un error de percepción. Es parte inherente al proceso humano de ensayo y error; es inevitable. Tan solo una economía híper-regulada y estancada nos podría dar la seguridad de que no aparecerán nuevas burbujas.
4. Si el problema ejemplificado en el punto 2 afectara tan solo del banco en cuestión, si no se hubiera extendido al resto del sistema bancario, el gobierno tendría la opción de dejarlo caer y punto. La cuestión es que, por lo general, el problema de insolvencia que afecta a uno afecta a todos. E incluso cuando no fuera así, los restantes bancos pueden creer que sí lo es, lo mismo que el público ahorrista. Se corta, entonces, el crédito entre los mismos bancos y entre éstos y los inversores no bancarios y los depositantes. A la insolvencia se le suma la iliquidez. Surge el problema sistémico. Se paraliza el mercado de crédito y puede cortarse la cadena de pagos (empiezan a rechazarse cheques sobre otros bancos). El problema aqueja a todos.
5. Ingresa a escena el banco central. Su función consiste en aceptar los pedidos de liquidez del banco en problemas. Para ello procede a redescontar hipotecas, prendas y pagarés a cambio de efectivo. Con el efectivo en la mano, el banco comercial devuelve en tiempo y forma sus depósitos y el banco de inversión evita el default de commercial papers u obligaciones negociables. Con el paso de los días, depositantes e inversores se tranquilizan y advierten que por tener efectivo en sus casas están dejando de ganar una atractiva tasa de interés, vuelven así a depositar sus ahorros en el banco comercial o a comprar bonos al banco de inversión. Los bancos proceden entonces a devolver los redescuentos que les prestara el banco central y la situación vuelve a la normalidad. El banco central opera como un factor catalítico.
6. Lo dicho hasta aquí es la justificación del salvataje de los bancos. El ejemplo clásico de lo que puede suceder si el banco central no actuara como un prestamista de última instancia es la Gran Depresión de 1929-1933. El bail out es consistente con la filosofía liberal clásica. Para eludir el salvataje habría que eliminar primero el sistema de encaje fraccionario.
7. Sin encaje fraccionario no habría necesidad de un banco central. Sin banco central el sistema monetario y bancario sería radicalmente distinto. Se han diseñado no menos de cuatro propuestas de reforma. Si se aplicara la de Simons no habría salvatajes pues no serían necesarios. Si se instrumentara el sistema de banca libre, el banco comercial afectado negociaría la devolución de sus depósitos con cada depositante en materia de plazo y tasa de interés y contemplaría la posibilidad de canjear el depósito por acciones del propio banco. En el sistema de Hayek no habría corridas en vista de que los bancos que reciben depósitos serían al mismo tiempo bancos emisores de circulante. A su vez, en el sistema de Mundell se crea un banco central supranacional que es gobernado por un board compuesto por representantes de EEUU, UE y Japón; bajo este sistema habría corridas como en la actualidad, que serían atendidas por el banco central supranacional en forma expeditiva.
8. La causa primaria de la crisis fue la bajísima tasa de interés que mantuvo la Fed por mucho tiempo. Otra causa fue el reciclaje de los excepcionales ahorros chinos en EEUU. Otra fue la deficiente supervisión bancaria norteamericana, que no supo ni pudo regular la innovación financiera en derivados (¿cómo se hace para regular lo que no se conoce?). La última causa, aunque no la menos importante, fue la desregulación que aprobó el Congreso norteamericano en tiempos de Clinton con el objeto de permitir el acceso de los más pobres al crédito hipotecario. Gracias a esta medida, en la última década, una gran cantidad de familias accedió al crédito para la vivienda sin evidencia de un ingreso estable y apropiado y sin tener buen registro crediticio. La crisis sub-prime sobrevino en cuanto la situación económica empeoró. Muchas de esas familias no pudieron pagar sus préstamos hipotecarios. El camino al infierno está poblado de buenas intenciones.

9. Estas hojas de balance del sistema bancario ilustran: a) el impacto de la crisis de las hipotecas sub-prime; b) el swap de hipotecas por bonos del Tesoro, y c) el impacto de la recapitalización de los bancos. La primera hoja ilustra el impacto de la pérdida de valor de las hipotecas por la caída de precio de los inmuebles y el correspondiente quebranto patrimonial (note que el patrimonio neto va de +$10 a -$10). La segunda hoja muestra el impacto del swap de esos activos tóxicos por bonos del Tesoro. Supongamos que los cambian a razón de $60 de activos tóxicos por $70 de bonos. El patrimonio neto sube a $0; se elimina el quebranto patrimonial, el banco queda en pie y es más probable que reciba un aporte de capital privado. La tercer hoja ilustra cómo afecta la capitalización a cargo del Tesoro el balance del sistema bancario. Supongamos que el Tesoro adquiere commercial papers (letras que amortizan capital e intereses en un pago y que cotizan en el mercado) por $10 y que luego los bancos proceden a capitalizar esta deuda. Vea que la deuda bancaria por este concepto cae en $10 y que el patrimonio neto sube en igual medida.
10. El paquete final que aplicará el gobierno de EEUU será una combinación del inicial de Paulson (swap de hipotecas sub-prime por bonos del Tesoro) y el que aprobaron los europeos el fin de semana pasado. Sumará, por tanto, al swap redescuentos para que no falte liquidez, compra de commercial papers a bancos e incluso a empresas para que no falte crédito, y una recapitalización estatal. O sea, atacará la hoja del balance de los bancos por los cuatro costados: encajes, préstamos, fondeo y patrimonio neto. No veo por dónde podría fracasar. Quizá sea tardío y desprolijo, pero sin duda es contundente.
11. ¿No es ético porque el Tesoro compra los activos tóxicos a $70 cuando su valor de mercado es $60? Queda claro que con el plan los banqueros sobrevivientes serán más ricos que sin él. Resulta claro, asimismo, que sin el plan correríamos el riesgo de otra Gran Depresión. Y también debería quedar claro que cuando la economía repunte las hipotecas valdrán más, lo mismo que las tenencias accionarias, y que el Tesoro recortará sus pérdidas iniciales. Por esta razón digo que el plan es ético. Cuando el gobierno construye una ruta que acerca una estancia a la estación del tren, se valorizan las tierras y no por ello cobra a los propietarios un gravamen igual al 100% de la valorización.
12. Una alternativa a la política que he comentado consistiría en dejar que los bancos de inversión cayeran y que la bolsa cayera todavía más, para que luego la Fed redescuente hipotecas, prendas y pagarés a destajo a fin de que los bancos comerciales estén en condiciones de devolver los depósitos. Algún blogger me trajo a consideración esta alternativa. Creo que la incertidumbre, la destrucción de riqueza y la recesión que provocaría semejante política sería muchísimo mayor que la que provocaría la política en ejecución.
13. En principio, esta política les costará u$s 700.000 millones a los contribuyentes norteamericanos. Elevará la deuda pública de aproximadamente 68% del PBI a 75%. Aunque la deuda es considerable (según el acuerdo de Maastrich los países que ingresaban a la UE no debían superar un límite de 60%), EEUU puede hacerle frente. Tiene una inmensa base de recaudación y, como si esto fuera poco o tal vez por eso mismo, sus emisiones de dinero y bonos gozan de enorme aceptación.