La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

diciembre 27, 2008

Robert Lucas en Argentina

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 4:27 pm

Bob Lucas visitó Buenos Aires hace tres semanas. Dio una conferencia en una universidad privada y un reportaje al diario La Nación. Quedan como testimonios de su paso por el país un post de alguien que estuvo presente en la conferencia y que describe a Lucas como un típico profesor norteamericano que intenta con toda honestidad encontrar una respuesta a sucesos desafiantes, un post que contiene comentarios divertidos sobre las respuestas de Lucas al reportaje de La Nación, si bien algo ingenuas e insolentes, y el mismo reportaje.

    Lucas.jpg

En el reportaje Lucas dice tres cosas de interés: a) que la expropiación de las AFJP es como robarle la plata a la gente y que después de esta salvajada no va a venir un solo dólar al país, con o sin blanqueo; b) que la mejor solución para la crisis económica de EEUU es la política monetaria, como la viene practicando la Reserva Federal, y c) que la política fiscal es mala por "invasiva". Demás está decir que comparto las opiniones de Lucas. Aunque debo aclarar algo respecto de los puntos b) y c).

Los principales analistas económicos internacionales se han convencido en las últimas semanas de que la crisis bancaria ha tocado fondo en EEUU. Esto significa que no deberían observarse nuevas caídas de bancos de inversión ni corridas de depositantes y, en especial, que los spreads entre los rendimientos de los bonos emitidos por bancos privados y públicos, como las agencias inmobiliarias estatales Fannie Mae y Freddie Mac, y por empresas industriales, como General Motors, habrían tocado un techo y empezarían a caer en los próximos meses. Todo esto gracias a la enérgica intervención de la Reserva Federal. Si ahora establecemos una equivalencia entre dichos spreads y la prima de riesgo-argentino, que es el spread entre el bono en dólares del Tesoro argentino y el bono de igual madurez del Tesoro americano, estaremos en mejor condición de entender lo que está sucediendo en EEUU.

A medida que se afiance la confianza en la capacidad de pago de bancos y empresas norteamericanas, que cuentan con el decidido apoyo de la Reserva Federal como prestamista de última instancia, caerán los spreads que pagan por sus bonos y commercial papers, se abaratará y expandirá el crédito, y en forma lenta y morosa aumentará la demanda de consumo e inversión y se iniciará la fase expansiva. ¿Cuándo ocurrirá esto? Nadie puede saberlo. Los optimistas esperan ver señales de una reactivación a fines de 2009 y los pesimistas, en 2010. Creo que esto es lo que quiere decir Lucas en su breve respuesta a La Nación. De acuerdo con este enfoque, la política fiscal es innecesaria. Puesto que un aumento del gasto público actúa sobre las consecuencias del fenómeno (refuerza la demanda agregada) en lugar de actuar sobre sus causas (el aumento de los spreads de los bonos y commercial papers de bancos y empresas comerciales). Por otra parte, Lucas sostiene que la política fiscal es invasiva. Quiere decir que involucra el ingreso del Estado en los directorios de las empresas privadas y que el aumento del gasto público crea intereses que impiden el regreso al statu quo una vez superada la recesión. El New Deal de F.D. Roosevelt, en la década de 1930, aumentó la presencia del Estado y el gasto público considerablemente y por varias décadas (hasta la presidencia de R. Reagan) en EEUU.

Como despedida del post, voy a dar mi impresión sobre este notable economista con quien tuve un trato lejano pero amistoso y cotidiano por espacio de cuatro años. Conocí a Lucas en septiembre de 1980, apenas llegué a la Universidad de Chicago para hacer un Ph.D. en Economía. Tenía 42 años de edad y ya era una celebridad mundial. George Stigler, quien ganó uno de los muchos Premios Nobeles que acaparó el Departamento de Economía de la Universidad en el período 1970-1990, aseguraba a quien lo quisiera escuchar que en los estantes de la Fundación Nobel ya tenían listos los premios para Gary Becker y Lucas. Bob Lucas había publicado en 1972 y 1973 el par de papers por los que ganó en 1995 su Premio Nobel. Estaba a cargo de dos cursos de Theory of Money (nombre que recibe en Chicago la Macroeconomía); uno versaba sobre fluctuaciones económicas y el otro, sobre crecimiento. Había heredado de Friedman la dirección del seminario semanal sobre ese campo, pero quien creyera que Lucas era el continuador de Friedman sufriría un chasco de primer orden.

Lucas llamaba la atención desde el primer momento tanto por su apariencia física como por su comportamiento. En el típico ambiente de las universidades de élite de EEUU, poblado de apellidos de origen alemán y judío-centroeuropeo, un apellido aparentemente inglés como el suyo y, en especial, su aspecto físico despertaban mucha curiosidad. A primera vista, uno tenía la impresión de estar frente a un argentino medio, quizá oriundo de Corrientes o el Chaco. Cetrino, de pelo crespo y muy oscuro, ojos marrones y alrededor de 1,75 m de estatura. Cuando alguien le preguntaba sobre su origen, él respondía sin entrar en detalles: plain american. El tema parecía molestarle. (Raro; para un argentino esa pregunta es natural y motivo de conversación animada.) Durante cuatro años lo vi vestido con la misma ropa. Saco de tweed marrón, camisa celeste con botones en el cuello, corbata finita de color rojo apagado, un par de pantalones de franela gris y un par de zapatos marrones abotinados. Tenía una personalidad magnética. Era un hombre concentrado y comprometido con su trabajo de investigación y docencia. Saltaba a la vista su honestidad. Preparaba sus clases y conferencias en forma meticulosa. Llegaba a clase con un attaché de cuero, lo dejaba en un costado del escritorio y sacaba de él un trapo con el que limpiaba frenéticamente la superficie del escritorio, que estaba normalmente cubierta de polvo de tiza. Luego sacaba un enorme cenicero de vidrio, lo depositaba en el centro del escritorio y prendía el primer cigarrillo. A continuación, sacaba los apuntes de la clase, los repasaba por un instante y procedía a dividir el pizarrón en secciones verticales. De esta forma se iniciaba su clase de 1 hora 20. Hablaba con un acento parecido al de Humphrey Bogart, en voz baja, y era entretenido. En las primeras clases de sus cursos repasaba temas matemáticos, como ecuaciones en diferencia. Decía que el grado de desarrollo de las técnicas matemáticas fija el límite del conocimiento económico. No discutía la coyuntura económica; le molestaba, por ejemplo, que un alumno le preguntara sobre el nivel de la tasa de interés de corto plazo. Una pregunta así era desubicada para él y merecía una respuesta como esta: who cares about reality? Un curso de Lucas podía consistir en el desarrollo de apenas nueve papers. Los vertía en un molde matemático común y de esta manera los alumnos podían apreciar de inmediato la esencia de cada contribución.

Fue un privilegio conocerlo en sus años de plenitud. Pero no puedo dejar de consignar que Lucas me resultó un chasco. Fui a Chicago a aprender a pensar bajo la guía de distinguidos economistas interesados en los grandes problemas del momento, capaces de ponerlos en perspectiva histórica e institucional; en fin, con simpatía por el mundo real y las cuestiones macroeconómicas en un sentido amplio. Lucas no es un macroeconomista. Heredó preguntas que se había hecho, y contestado a su modo, Friedman, y trató de probarlas haciendo uso de un arsenal matemático de vastísimo alcance, de forma que no quedaran dudas. A la demostración exhaustiva de las proposiciones de Friedman y de Edmund Phelps debe su Premio Nobel. Lucas es un teórico de equilibrio general especializado en temas macroeconómicos, como Arrow lo es en economía del bienestar.

Larry Sjaastad me salvó la vida en Chicago. Gracias a este gran profesor no desperdicié un período crucial de mi formación. Sjaastad es un sofisticado monetarista y macroeconomista de economía abierta. Ya jubilado, guía a los alumnos que escriben tesis doctorales. Para Sjaastad, economics is meant to be useful.

diciembre 23, 2008

Noticias elige a Keynes

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 11:16 am

El semanario Noticias eligió a Keynes como el hombre del año. Para armar su nota de tapa me hizo un reportaje del que publicó algunos pasajes en la edición del sábado 20. En este post lo reproduzo en su totalidad. El editor de la revista se asombra de que Alguien (sic) como yo pueda decir algo bueno de John Maynard Keynes. ¡Cuánto prejuicio anda suelto por ahí!

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                       1883-1946

1) ¿Qué gran legado dejó Keynes?

Keynes creó la Macroeconomía, que es uno de los grandes campos del pensamiento económico. Hasta 1936, cuando publicó su célebre libro Teoría General del empleo, el interés y el dinero, la profesión podía explicar fenómenos como la inflación o la tasa de interés pero no podía explicar fenómenos más complejos como el nivel del empleo o de la actividad económica. La teoría macroeconómica de Keynes creó categorías y conceptos y suministró una explicación del proceso de determinación del empleo y la actividad económica.

2) ¿Qué cree que se olvidó de él?

Creo que en el ámbito académico se olvidó su hincapié en que la Economía debe ser útil. Keynes escribió motivado por los grandes problemas macroeconómicos del momento: las reparaciones de la primera guerra mundial, la hiperinflación alemana de 1923, la gran depresión de 1929-33. En el mundo empresario y del periodismo, creo que se olvidó que tenía gran respeto por las cuestiones monetarias. Le temía a la inflación.

3) ¿Qué se malinterpretó?

La profesión económica interpretó equivocadamente hasta la década de 1970 que para Keynes la expansión de la oferta de dinero no tenía graves consecuencias. Comprendió el error cuando chocó con la estanflación de aquella década. En Argentina, la hiperinflación terminó de hacerles ver el error a los economistas keynesianos.

4) ¿Qué lo impresionó más de su obra?

Su calidad literaria, su vuelo histórico, su comprensión del funcionamiento de los mercados financieros, su divina intuición y una frase que marcó un antes y un después en la forma de entender el problema macroeconómico: "el futuro determina el presente". La frase significa que la percepción del futuro que tengan los inversores determina el nivel de empleo y producción actual. No importa cuánto se ganó en el pasado; con nubarrones en el horizonte, no habrá inversión, bajará el consumo y la economía se estancará. Se trata de la noción implícita en el enfoque del riesgo-país.

5) ¿Por qué cree que aún hoy Keynes divide aguas entre economistas?

Keynes ya no divide aguas entre los economistas profesionales. Las divide todavía entre los economistas no profesionales y entre los políticos. Las contribuciones de Keynes ya fueron debidamente aquilatas y procesadas. Milton Friedman, el líder de la contrarrevolución monetarista, pensaba que era un hombre extraordinario y un maravilloso economista.

                                  ¡Feliz Navidad!

diciembre 18, 2008

¡No devalúen más!

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 5:54 pm

Llego con la lengua afuera al escritorio en el que escribo este post. Tenía plazo hasta mañana viernes 19 para pagar la reserva de hotel de mis próximas vacaciones. Pero el intenso rumor de paro bancario que circula desde el martes me obligó a efectuar el pago hoy por temor a no cumplir el plazo y quedarme sin reserva. ¿A qué se debe el paro? ¿A qué se debe tanto nervio y gasto de energía inútil? A la falta de una moneda de clase mundial.

Me explico: Los sindicalistas piden a los banqueros un aumento de sueldos como condición para levantar el paro. El aumento de sueldos tiene por fin compensar la inflación. Ésta se debe a la gran devaluación de 2002 y a la devaluación que se ha empezado a practicar desde octubre pasado.

Todos los grupos de poder en Argentina son devalúo-maníacos. No pueden concebir un país sin una devaluación cada tanto. Los industriales nos hacen creer que es el motor de la competitividad y el empleo, cuando no es más que la fuente casi exclusiva de sus ganancias. El gobierno se hace el distraído; manda el mensaje de que es el mercado el que deprecia el peso; sabemos, sin embargo, que la devaluación es evidencia dura de su fracaso fiscal. El gobierno prefiere devaluar en vez de recortar el gasto público, que es el más elevado de la historia, o entrar en default, cuando el riesgo-país ya registra niveles de default y las ventas caen en picada como en un default real. Aunque parezca mentira, la CGT desea la devaluación; odia a la Convertibilidad justamente porque con ella es imposible hacerla sin crear un tremendo desbarajuste. Los "gordos" saben que la devaluación reduce por un tiempo el salario real, pero la desean porque son mejores socios de los capitanes de la industria que de sus propias bases y porque necesitan de la inflación para arrancar aumentos salariales que luzcan como "conquistas sociales". Hasta el campo sueña con la devaluación, si bien sabe que cuando es muy alta tiene que pagar retenciones.

¿Quiénes se oponen a la devaluación? Los profesionales liberales y las empresas de servicios públicos; sus ingresos están atados a la demanda interna, que resulta en un principio golpeada por la devaluación. También algunos economistas que saben que el tipo de cambio es el punto de referencia básico en una economía inestable.

Las fuerzas a favor y en contra de la devaluación son las mismas ahora que en la segunda mitad del siglo XIX. En aquella época, estaban a favor los ganaderos y los pequeños industriales; en contra, las empresas de servicios públicos inglesas y los socialistas de Juan B. Justo. Los últimos creían acertadamente que la mejor defensa del salario obrero eran el patrón oro y el libre comercio.

Hay mucha, pero mucha gente confundida en este campo. Afirman, por ejemplo, que como el dólar norteamericano se ha apreciado o el real brasileño se ha devaluado, el peso argentino debería devaluarse para estabilizar el nivel de precios interno o para "mejorar la competitividad" del país.

Antes de afirmar nada, conviene hacerse esta pregunta: ¿En términos de qué moneda se fija el valor del peso? Si se lo fija en términos del dólar, como se hace desde 1914, no es sensato reclamar una devaluación del peso cada vez que el dólar se aprecia con respecto al euro. O se fija el tipo de cambio del peso en términos del dólar o en términos del euro. Y cabe hacer esta reflexión: La inflación argentina desde 2002 se debe sobre todo a la gran devaluación de principios de 2002. Si el peso se hubiera revaluado en la medida justa, no habría habido inflación. Pero no se revaluó, ya que en nuestro país el tipo de cambio siempre va hacia arriba, por h o por b. Me opuse a la revaluación en los últimos años y me opongo ahora a la devaluación. Lo importante es preservar la estabilidad de la unidad de cuenta. Si de veras se valora la estabilidad monetaria y se desea alentar el crédito a largo plazo, no hay que devaluar.

Que el gobierno sea honesto y se haga cargo de sus errores. Que baje el gasto, que entre en default o bien que pida un préstamo al FMI. El lunes pasado, Juan Carlos de Pablo entrevistó en su programa de TV a Daniel Artana (FIEL). Artana fue contundente. Dijo que Argentina necesita un acuerdo con el FMI para conseguir un préstamo de u$s 15.000 millones, que le permita refinanciar los vencimientos de la deuda pública de los años 2009 y 2010 y alejar así el fantasma de un nuevo default, bajar el riesgo-país y posibilitar cierta reactivación. Artana no ve mejor salida a la actual situación. Ambos se preguntaban si Kirchner aceptaría las posibles condiciones del FMI; por ejemplo, el fin de la falsificación de los datos de inflación o la fijación de metas de déficit fiscal. El FMI puede y querría hacerle un préstamo de ese volumen a Argentina. Le taparía la boca a gobernantes como los Kirchner y podría avanzar en el camino de la recuperación de su papel tradicional en las finanzas internacionales. A nuestro país le vendría como anillo al dedo. Bajaría el riesgo-país y pagaría la menor tasa de interés posible. A cambio de estos beneficios, debería hacer correcciones que alguien, en algún momento, tendrá que hacer.

diciembre 12, 2008

Puro humo

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 4:39 pm

No hope. Esta contundente expresión inglesa, tan escuchada en el cine norteamericano, sintetiza mi estado de ánimo de cara a los próximos años bajo el gobierno kirchnerista. La frase significa que no hay margen para la esperanza. Que ha caído la noche y nada va a cambiar, por más que la Sra. Presidente use dos veces por día la cadena nacional de radio y televisión para hacer anuncios y agitar promesas que el paso de los días, o de las horas, demostrará indefectiblemente que son mentirosas o bien intencionadas pero vanas.

Ninguna de las medidas económicas que anunció el gobierno en las últimas semanas (obra pública por $71.000 millones, préstamos por $13.000 millones, blanqueo y ahora la eliminación de la tablita de Machinea) serán capaces de atenuar el impacto recesivo de la caída de los precios internacionales de nuestros productos de exportación y de la fuga de capitales promovida por la expropiación de ahorros de las AFJP, el blanqueo y la expropiación de Aerolíneas Argentinas y Austral. La prima de riesgo-argentino ronda 19 puntos porcentuales, el mayor nivel desde diciembre de 2002. No olviden este dato jamás.

¿De dónde van a salir los fondos para la obra pública cuando hay serias dudas sobre la capacidad de servir la deuda pública en 2009? ¿Cómo harán para aumentar el volumen total de préstamos cuando la gente saca la plata de los bancos y los préstamos que el gobierno ofrece provienen del recorte del crédito a otras actividades (la plata no estaba inactiva)? ¿Por qué persuasiva razón los evasores o corruptos que desviaron fondos del circuito legal los blanquearían ahora, poniéndose en la mira telescópica de un gobierno con menos principios que ellos? ¿Por qué motivo la reversión del impuestazo de De la Rúa debería reactivar la economía? No puede disputarse que cuando  los trabajadores en relación de dependencia se encuentren con un sueldo neto más elevado consumirán más. Tampoco puede negarse que cuando caiga la recaudación por esa razón subirá el riesgo de default y aumentará la fuga de capitales. Creo que el impacto recesivo de la fuga de capitales será mayor que el expansivo del aumento inducido del consumo.

Revertir la recesión es tarea imposible, incluso para un gobierno serio y competente. Lo que un buen gobierno puede hacer en estas circunstancias es atenuar la recesión. Para ello debe respetar el derecho de propiedad. Debe evitar la arbitrariedad a toda costa; o sea, no debe devaluar el peso un centavo más, no debe obligar a los bancos a comprar letras y bonos públicos, debe renegociar contratos a largo plazo con las empresas de servicios públicos y restablecer márgenes normales de rentabilidad, debe renegociar las deudas todavía en default y debe poner en marcha un proceso de apertura al comercio y la inversión extranjera, que es una forma más de decir que acá se respeta el derecho de propiedad.

La recesión no se evitará pero de esa manera podría atenuarse hacia fines de 2009. Y, por cierto, quedaríamos en un buen puesto de largada cuando la economía mundial se normalice.

diciembre 3, 2008

Informe Asegurador V

Filed under: Periodística — Jorge Avila @ 11:27 am

Reportaje publicado como nota de tapa por el Informe Asegurador en su edición de la segunda quincena de noviembre. Encontrarán opiniones sobre una amplia variedad de temas.

1) ¿Cuál es el impacto directo e indirecto en Argentina y en Latinoamérica de la crisis económica internacional con epicentro en los Estados Unidos a nivel del crédito, empleo, comercio y crecimiento?

Se trata de un impacto más intenso y complejo que los derivados del ciclo tradicional de la política monetaria de la Reserva Federal. El ciclo tradicional se divide en una fase de suba de la tasa de interés de corto plazo (fed funds) y en otra de baja. En la fase de suba, salen capitales de los países emergentes, se aprecia el dólar respecto del euro y de otras monedas y caen los precios de los commodities; en la fase de baja, sucede lo opuesto. Si bien en esta oportunidad la Fed ha rebajado la tasa de interés, el impacto es similar al de una fuerte suba. La explicación de la diferencia estriba en la especial coyuntura de crisis financiera que experimentan EEUU, la Unión Europea y Japón, sobre todo.

De forma que, en esta especial coyuntura, se suma a la fuerte salida de capitales y a la aguda caída de precios de los commodities, una recesión mundial de incierta duración. La contracción del crédito ya es severa y la caída del empleo se hará notar. El comercio de exportación e importación se achicará sensiblemente (ojalá puedan evitarse intentos proteccionistas). Y el crecimiento cederá. El PBI mundial caería en 2009.

2) Con una presidenta que ignora la gravedad del contexto económico mundial y un ministro de economía sin peso ni decisión propia, ¿cuál es su proyección sobre la economía argentina en el corto y mediano plazo?

Mi proyección es muy mala. La economía argentina se verá afectada doblemente en los años venideros. Por un lado, el golpe externo; por el otro, el interno, el autoinfligido, es decir, el que se debe a la explosión de la inseguridad jurídica y el riesgo-país.

Por de pronto, 2009 será un año signado por una continua salida de capitales, corridas sobre los depósitos bancarios y el dólar y mucha incertidumbre acerca de la capacidad de pago de la deuda pública (apruebe o no el Congreso la expropiación de las AFJP). En 2009, el PBI argentino caería un 2% (con suerte); la tasa de desempleo superaría el 10% de la fuerza laboral, con holgura; el tipo de cambio debería ubicarse en unos 4 pesos por dólar y la tasa de inflación no debería bajar de 20% anual.

3) ¿Cuáles son los aspectos económicos que más le preocupan? ¿Estamos frente a un escenario de desaceleración económica o de recesión?

Estamos ante un escenario de clara recesión. La economía seguramente se ha estancado en el segundo semestre de 2008. ¡Cuánto lamento que los datos estadísticos del INDEC (actividad, inflación, desempleo, pobreza) no sean confiables!

De la administración económica argentina me preocupa una pila de cosas. Entre ellas, que el país se haya cerrado tanto al comercio internacional mientras nuestros vecinos firman un TLC por mes, con grandes potencias o con paisitos; que los gobernadores no peleen por sus legítimas facultades de recaudación, en campos como Valor Agregado y Ganancias, y que acepten convertirse en vasallos del presidente de la Nación a cambio de prebendas circunstanciales, o que los bancos puedan verse expropiados de alguna forma en cualquier momento.

Pero con carácter de urgente me preocupa sobremanera el desastre institucional que el Congreso está a punto de convalidar: la estatización de las AFJP. No hay argumento para prohibirle a una persona la posibilidad de ahorrar en una entidad privada, ni para poner al servicio del bien común los fondos que guarda en una cuenta individual. La expropiación en nombre de la solidaridad o el bien común se llama comunismo. El manotazo fiscal de este gobierno en nombre de la solidaridad le costará al país mucho descrédito, mucha descapitalización y mucha pobreza. También me preocupa mucho la fuerte caída que observará la recaudación impositiva en 2009 a raíz del cóctel externo e interno que describí al responder la segunda pregunta. La caída de la recaudación puede llegar a ser incluso más grande que los ahorros que se expropiarían. El gobierno podría terminar el experimento con menos recursos que si hubiera optado por seguir el camino previsto antes del proyecto de estatización (freno del gasto público, ajuste de tarifas, reapertura del default con los hold outs y renegociación de la deuda con el Club de París).

Otro aspecto de la política económica argentina que me preocupa es el sigiloso regreso del impuesto inflacionario. Con la excepción de 2002 (y un poquito entre 2005 y 2006), este gravamen no se ha recaudado en nuestro país desde la hiperinflación, hace 18 años. Aquella fuerte caída de la recaudación tributaria que preveo será compensada por medio de la recaudación del impuesto inflacionario. EL BCRA la instrumentará haciéndose el distraído. Su tan pregonada política de “flotación administrada” se transformará en una política de “devaluación administrada”; en una suerte de tablita cambiaria informal que le permitirá emitir moneda sin respaldo para cubrir el déficit fiscal, sin correr el riesgo de perder dólares.

4) ¿Cuál debería ser hoy el tipo de cambio en la Argentina? ¿Coincide con algunos de sus colegas cuando afirman que el tipo de cambio ya está por debajo del “uno a uno” en términos reales? ¿Por qué?

En efecto, el tipo real de cambio es actualmente inferior al de los años 90. Basta ir a tomar un café, pagar expensas, comprar ropa o cotejar sueldos públicos y privados de muchas ramas industriales para comprobar que todo cuesta en dólares más que durante la convertibilidad. Desde julio, aproximadamente, Argentina es más cara que EEUU.

A ese tipo real de cambio se llegó en razón de un moderado ingreso de capitales hasta mediados de 2007, un enloquecido aumento del gasto público y una espectacular suba de los precios de los commodities. Pero ahora el escenario es muy distinto. El capital se fuga en gran escala; los precios de los commodities cayeron un 50%, y el gasto público empezará a disminuir como porcentaje del PBI (desde un pico histórico e insostenible de 33%). En consecuencia, el tipo real de cambio deberá subir. Dicho en buen romance, el tipo nominal de cambio deberá aumentar, como dije al principio.

5) ¿Cuál es su visión sobre la reforma previsional que pone fin a las AFJP en la Argentina? ¿La medida del Ejecutivo tiene un objetivo “de caja” o se trata de una decisión político-ideológica contra el Sistema de Capitalización?

Caja-caja-caja. Vestida convenientemente con ropa progresista a tono con las mayorías estatistas del Congreso. Los Kirchner necesitan recursos para financiar obra pública y la campaña legislativa de 2009, y para cubrir vencimientos de la deuda pública puesto que no quisieron recuperar el acceso al mercado internacional de crédito voluntario.

La expropiación de las AFJP les viene como anillo al dedo a los Kirchner. Por un lado, piensan ellos, es la solución de los problemas financieros de su gobierno; por el otro, les permitirá recuperar el apoyo de radicales, socialistas y mucho peronismo que cree que el sistema de capitalización es inmoral (no saben ni quieren saber si es eficiente). Para los legisladores de dichas extracciones la cuestión es asegurarse que el ANSES, que es una parte del Estado nacional, no desviará los fondos expropiados de su fin previsional. Que se viole, en el camino, la voluntad de permanecer en el sistema de capitalización que los aportantes expresaron el año pasado es irrelevante. Que la experiencia del Estado como caja de jubilaciones sea funesta es, asimismo, irrelevante. Para colmo, los representantes de algunas provincias hasta pedirían que el gobierno nacional les “coparticipe” algo del botín.

6) ¿Cómo analiza la política que lleva adelante el Banco Central de la República Argentina?

Podría ser peor. Se endeudó en casi 20.000 millones de dólares con los bancos (Lebacs y Nobacs) y en vez de transferir los fondos al gobierno compró dólares que mantiene en sus bóvedas. Ha generado así un déficit cuasi-fiscal, pero también ha creado un enorme encaje remunerado en los bancos. Entre el encaje legal (que no se remunera) y la deuda en Lebacs y Nobacs, el encaje verdadero asciende a casi 40% de los depósitos. Por esta razón, los bancos están bien parados y, a la vez, ofrecen escaso crédito al sector privado. El sistema de bancos onshore (bajo jurisdicción argentina) es tan inestable que obliga al BCRA a establecer muy altos encajes para que se mantenga en pie. Pero, de esta forma, el sistema bancario deja de ser un intermediario financiero y se convierte en una banca de pagos. Tan ridícula es la situación.

La política cambiaria ha sido correcta, en el contexto de informalidad y ausencia de rendición de cuentas en el que se mueve el país desde 2002. Hasta mediados de año estuvo vigente una convertibilidad informal de 3 pesos por dólar. Esta política fue tan apropiada como la convertibilidad en la década de 1990. En adelante, regirá, como dije, una “devaluación administrada”. Consistirá en devaluaciones pequeñas con frecuencia irregular, que el BCRA presentará como si fueran depreciaciones determinadas por las fuerzas del mercado. Pero que nadie se llame a engaño. Serán actos del príncipe, que el BCRA calculará al milímetro para que el financiamiento del gobierno con la maquinita no se traduzca en pérdidas de reservas internacionales. ¿Es bueno un banco central que lleva adelante una política de este tipo?

7) Joseph Stiglitz habla del “malestar de la globalización”, ¿coincide con algunos colegas y analistas internacionales que pronostican “el fin del capitalismo” tal como se lo concibe actualmente?

No. El capitalismo no ha fallado. Tampoco falló en 1930. Lo que falló es la mente de los inversores. Sobrestimaron el potencial de sus inversiones inmobiliarias, como en las grandes crisis del pasado sobrestimaron el potencial comercial de nuevos territorios o tecnologías. Aparte de la mente humana, falló la forma de fondearse de los bancos. Se sabe hace décadas que un banco de inversión debería emitir instrumentos de renta variable para captar fondos, de modo que sus pasivos fluctúen con sus activos y pueda evitarse el quebranto patrimonial. También se sabe que el encaje fraccionario sobre los depósitos de la banca comercial genera un problema de acción colectiva, que lleva tarde o temprano a la intervención de un prestamista de última instancia.

Otra falla puede haber sido la bajísima tasa de interés que fijó la Fed entre 2002 y 2004. Por entonces la tasa tocó 1% anual, el más bajo nivel desde 1958. Es muy probable que este hecho haya incentivado inversiones riesgosas. El mes pasado, la Fed la redujo una vez más a dicho nivel. ¿Estará gestándose una nueva burbuja?

Las fallas de juicio son un problema humano no atribuible al capitalismo. La política de muy baja tasa de interés pudo haberse evitado; en todo caso, fue un error de la Fed y no del sistema capitalista. La reorganización del sistema bancario es una cuestión peliaguda sobre la cual prefiero no extenderme en esta ocasión.

8) ¿Qué cambia y qué permanece con la llegada de Barack Obama a la presidencia de los Estados Unidos en el mapa económico mundial? ¿Cuál es su opinión sobre el triunfo del candidato demócrata?

La llegada de un candidato negro a la presidencia de aquel país me parece un cuento de hadas. Es evidencia contundente de la igualdad de oportunidades en la primera potencia del mundo y marca el camino para el resto de los países. También es una muestra de que el profesionalismo derrota al prejuicio.

No creo que el patrón del comercio y la inversión mundial cambie. No creo que Obama haga más obra pública y ayude más a los bancos que Bush. El gran cambio consistirá en un cambio de aire, un aire fresco, una renovada esperanza con la excusa de que ahora el presidente es Obama. Creo que un cambio de esta naturaleza puede ser importante para el consumo y la inversión. F. D. Roosevelt produjo un cambio de este tipo en 1933.

9) ¿Cómo será la economía que viene -para los primeros meses del año 2009- en la Argentina y en el mundo?

Los primeros meses de 2009 serán casi tan inciertos como los actuales. En el tobogán. Sobre la economía argentina en 2009 ya respondí. Sobre la economía mundial, habrá recesión. Según la OECD, el PBI mundial caerá 0.5%. Los de EEUU y UE, cerca de 1%.

10) Algunos economistas señalan a la educación como la clave del futuro, ¿cuál es la palabra clave para Jorge Ávila?

Sarmiento creía que el crecimiento argentino descansa en la educación. Alberdi creía que la clave es la disciplina del libre comercio y la estabilidad que se importa por medio de acuerdos con grandes potencias. En mi casa paterna Sarmiento inspiraba veneración y respeto. Creo en la educación como vía de progreso personal; no como instrumento de progreso nacional. Entre un inmigrante, de cualquier origen, ignorante pero trabajador y pagador de impuestos y un abogadito ventajero y de cabeza extraviada como tantos que fatigan los pasillos del Congreso o están a cargo de intendencias y gobernaciones, sino en cargos más elevados, prefiero mil veces el inmigrante. Por esta razón, comparto la posición institucionalista de Alberdi.

11) ¿Qué opina sobre la marcha de la administración de Cristina Fernández de Kirchner?

Llama la atención la marcada mediocridad de nuestros gobernantes y empresarios, y de sus asesores, en la década que corre. La mediocridad de la Presidente de la Nación y sus principales ministros es alarmante. Basta comparar su desempeño con el de sus pares de otros países en las frecuentes cumbres internacionales. No recuerdo tanta mediocridad a lo largo de mi vida ni a lo largo de la historia argentina. Quizá he leído sobre la historia del país con lentes color rosa o quizá recién ahora puedo apreciar el rampante cinismo e ignorancia que domina la vida pública argentina. Lo cierto es que tanta mediocridad me abruma. Tiendo a pensar que se trata de una burbuja de mediocridad que se va a pinchar pronto, para reencaminarnos hacia el grado de civismo, concordia y unidad, apertura de mente y visión de largo plazo que se observa en las dirigencias de Chile y Uruguay, sin ir más lejos.

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