La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

Enero 31, 2009

El caso islandés

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 7:21 pm

Islandia es un pequeño país ubicado a mitad de camino entre Escandinavia y Groenlandia, habitado por algo más de 300.000 personas descendientes de suecos, noruegos y dinamarqueses. Hasta mediados de la década de 1970, vivía de la pesca, tenía un sector público grande y una economía dirigida. El despegue de su economía data de aquella época y se atribuye a una importante modificación del sistema de asignación de cuotas para la pesca y un proceso de privatización de largo aliento. Treinta años después, Islandia goza de un PBI per cápita de u$s 56.000 (el más alto del mundo según un informe de la ONU de 2006), una mano de obra altamente calificada, una distribución del ingreso nacional muy igualitaria y abundantísimo crédito (su volumen llega a casi 1000% del PBI; note que en Gran Bretaña llega a 400% y en Argentina, a 9%).

La crisis de las hipotecas sub-prime, que se inició en agosto de 2007 y alcanzó su clímax en octubre de 2008, tumbó a la próspera economía islandesa. Pese a que el superávit fiscal ascendía a 5% del PBI, la deuda pública no superaba el 30% del PBI y sus bancos eran rentables y estaban bien capitalizados. El tipo de cambio saltó en octubre pasado de 134 coronas por euro a 340 (+160%), hubo pánico bancario, congelamiento de depósitos y, finalmente, una nacionalización de los tres grandes bancos del país. El precio de los inmuebles había aumentado un 30% anual en los últimos años. El boom inmobiliario y de consumo había sido financiado por créditos bancarios. A su vez, los créditos se habían financiado por medio de depósitos y endeudamiento externo. La crisis de las hipotecas sub-prime dificultó mucho la renovación de los fondos externos; la prima de riesgo crediticio (CDS) para los bancos trepó a 1.000 puntos básicos y este clima de incertidumbre promovió una corrida de los depositantes. Las reservas internacionales del banco central islandés fueron insuficientes para evitar el colapso de los bancos. Demostraciones populares frente al Parlamento y "cacerolazos" determinaron la caída del gobierno.

¿Cuál fue el talón de Aquiles de la economía islandesa? Según dos artículos publicados por Ambito Financiero el pasado martes 27 (uno y dos), el lado vulnerable fue su sistema bancario y la solución consistiría en reemplazar la corona islandesa por el euro y en poner a la banca islandesa bajo el paraguas del Banco Central Europeo. La opinión pública islandesa se inclina ahora en forma abrumadora por esta solución, tras haberla rechazado abrumadoramente cuando se le planteó el ingreso al área del euro.

El caso islandés tiene especial relevancia para Argentina. Por un lado, Islandia se vio forzada a practicar una maxi-devaluación y a decretar un "corralito" a pesar de exhibir mejores indicadores fiscales y bancarios que Argentina en 2001. Por el otro, la opinión pública se da cuenta de que si el sistema monetario y bancario islandés hubiera estado bajo el paraguas del BCE nada habría ocurrido. Hasta Gran Bretaña, que padece una crisis menor pero más intensa que en cualquier otro país europeo, está comenzando a darse cuenta de lo mismo. Como se verá, la banca offshore (con dolarización o eurización, según se prefiera), que propuse en diciembre de 2001, no era un sueño de una noche de verano.

Enero 30, 2009

Riesgo-norteamericano

Filed under: Gráfica — Jorge Avila @ 5:33 pm

Como norma, el rendimiento del bono del Tesoro de EEUU a 10 años de plazo es el punto de referencia para el cálculo del riesgo de default de los bonos que emiten los gobiernos de otros países (en especial, los emergentes) y las empresas privadas de cualquier parte del mundo. Esto supone que la prima de riesgo-país de EEUU es igual a cero, si bien sabemos que en este mundo no hay inversión 100% segura.

Hace algunos años se empezó a recopilar datos sobre la prima que cobra el mercado por un seguro contra incumplimiento de pago de una gran variedad de bonos. Las operaciones de Credit Default Swap (CDS) miden la prima que paga un inversor para protegerse de una cesación de pagos. Esta prima ronda 1.500 puntos básicos para los bonos que emite el gobierno argentino en dólares a 10 años de plazo. Entonces, cuando el rendimiento del bono del Tesoro de EEUU es igual a 3% anual, el del bono argentino equivalente debe ser igual a 18% anual.

En enero de 2007, el rendimiento del bono argentino era 5% anual pues la prima de riesgo-país rondaba 200 punto básicos. La variación de la prima en los dos últimos años es la principal explicación de la contracción del crédito al país y dentro del país y, por tanto, de la actual recesión argentina. (Sobre la evolución de la prima de riesgo-argentina, vea este post; sobre el concepto de riesgo-país y su impacto en la actividad económica, vea este post.)

En su edición del pasado lunes 26, Ambito Financiero publicó un artículo corto y muy sugestivo sobre la base de datos de la agencia Bloomberg. El mensaje del artículo es que ¡el riesgo-norteamericano existe! En efecto, la prima de referencia pasó de 7 puntos básicos en enero de 2008 a 60 puntos básicos en estos días. Esto quiere decir que el inversor que desee cubrirse del riesgo de incumplimiento del Tesoro norteamericano deberá pagar una prima de u$s 60.000 sobre una inversión de u$s 10.000.000 en bonos a 5 años emitidos por el gobierno de EEUU. (Hace 13 meses pagaba u$s 7.000.) Una prima muy baja, aunque no tanto. Por de pronto, es más alta que la que se pagaba sobre los bonos del gobierno chileno antes de la crisis hipotecaria sub-prime. Esta histórica suba, sumada a la concomitante explosión de las primas de riesgo crediticio de los bancos y otras empresas privadas de EEUU, explicaría la recesión norteamericana. Note que en Gran Bretaña la suba ha sido incluso mayor; la recesión, según el último pronóstico del FMI, será todavía más fuerte en este país.

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Enero 23, 2009

Chile está mejor

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 6:45 pm

Es una exageración lo que voy a decir pero son las sensaciones que experimenté en dos ocasiones similares. En la primera, allá por 1998, de regreso de unas vacaciones en Uruguay, las rutas argentinas bien demarcadas y señalizadas y las relucientes estaciones de servicio, con buenos baños y bares, me dejaron la impresión de ingresar a un país en movimiento. En la segunda, hace días, de regreso de unas vacaciones en Chile, el pésimo estado de la ruta nacional Nº 7, que debería ser una autopista de por lo menos dos carriles por mano, y el lamentable estado de las estaciones de servicio y sus baños y bares me dejaron la impresión opuesta.

Pasé dos semanas recorriendo la región de Valparaíso (que incluye Viña del Mar y Reñaca) y, unos 500 km al norte, la de Coquimbo (que incluye La Serena). Me quedé con la impresión de un país colorido, variado y en movimiento. Ya en camino a Buenos Aires por la ruta 7 tuve la sensación de ingresar a un país gris, uniforme y estancado. En 1998, había tenido la sensación de asombro que experimento cada vez que aterrizo en EEUU. En 2009, tuve la de desaliento que experimento cada vez que veo por TV uno de esos documentales que muestran la vida en los países de Europa Oriental antes de la caída del muro de Berlín.

¿Dónde está el crecimiento económico del período 2003-08? Las rutas nacionales son angostas y peligrosas, las estaciones de servicio desfallecen, no hay un solo motel al costado de las rutas, el parque automotor es viejo, ineficiente y uniforme, los pueblos del Interior no acusan recibo alguno del boom del precio de las commodities. ¿A dónde fue a parar la plata de los fideicomisos federales?

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Esta foto (cortesía de Victoria Avila) no le hace honor a la belleza de la bahía de Valparaíso, la gran ciudad portuaria del Pacífico donde vivió muchos años Juan B. Alberdi y en la que escribió Bases en 1852. Sin embargo, muestra aspectos interesantes del corazón comercial chileno: los containers que traen autos, camionetas, camiones y motocicletas, productos textiles y electrodomésticos y computadoras y teléfonos, a cambio de minerales, maderas, flores y vinos; los muchos e inmensos barcos que entran y salen del puerto a toda hora, y las casitas sobre la ladera del cerro donde vive el común de la gente y los modernos edificios de oficinas sobre las avenidas del centro de la ciudad. (Sobre la apertura comercial chilena vea este post.)

No obstante la fuerte desaceleración de la actividad económica que informan los diarios chilenos, el clima que uno aprecia en las calles no es recesivo. Hay en Chile tierra removida por todas partes, obreros de overall naranja, dotados de casco y guantes, que trabajan incesantemente en la construcción de autopistas y edificios y en el cuidado de canteros de flores en las principales avenidas. El parque automotor es nuevo y eficiente. Abundan los autos japoneses, coreanos y norteamericanos en virtud de respectivos acuerdos de libre comercio. Los pobres compran a crédito autos pequeños que cuestan entre u$s 8.000 y 10.000 y los ricos compran autos grandes cuyos precios van de u$s 25.000 a 30.000. Los autos cuestan en promedio 40% menos que en Argentina. Por ejemplo, un Honda Accord V6 que en Argentina cuesta u$s 46.000, allá se vende a 30.000. Las concesionarias de automóviles son similares a las de EEUU y se ubican al costado de las avenidas o autopistas de salida de las ciudades. La variedad de la oferta de productos industriales es inmensa; nada que envidiar a Miami. Otro ejemplo, en el supermercado Jumbo la variedad de bolígrafos, roller-balls, papelitos señaladores del tipo Post-it, cuadernos y carpetas es mayor que la que comprobé en los bookstores de las grandes universidades norteamericanas. No puedo dejar de destacar la calidad y penetración de la Internet de banda ancha y de la telefonía celular. En Vicuña, un caluroso pueblo del Interior, cuna de la escritora Gabriela Mistral, en casas bajas de adobe, atendidos por jóvenes humildes, hay más de un cybershop por cuadra. Las compañías aseguradoras compiten entre sí regalando un iPhone a quien compre una póliza. Pero en Chile se paga por todo, hasta por el uso de un baño de estación de servicio (25 cent. de dólar). Y así debe ser si es que realmente queremos buenos servicios.

La ventaja chilena no se limita a la oferta de manufacturas. Es grande y decisiva en materia institucional y de respeto de las garantías constitucionales. Vayan dos botones de muestra: a) Productores agropecuarios del sur del país organizaban un corte de ruta para sacarle al gobierno un subsidio; uno de los ministros de la presidente Bachelet les reconoció el derecho al reclamo público en tanto y en cuanto la manifestación no afectara el derecho de libre tránsito de los demás. Cabe recordar que el gobierno de Bachelet es el más socialista de la serie de gobiernos que administra Chile desde 1990. b) Durante varios días se discutió en programas de TV la manera más eficiente de instrumentar un sistema de pulseras para que las madres no pierdan a sus hijos pequeños en subtes y trenes del Gran Santiago. La TV chilena también mostraba las repercusiones de la escasez de monedas en Buenos Aires. Los temas de preocupación en cada país son un fiel reflejo de su desarrollo relativo.

Viajé a Chile para descansar y también para tener una impresión de primera mano de los avances del país trasandino. Hasta hace un año, los datos de PBI per cápita (corregido por paridad de poder de compra) señalaban que Argentina, a pesar del milagro económico chileno, estaba algo mejor. Datos del FactBook de la CIA, actualizados al día de ayer, señalan que Chile está un poco mejor. Mi balance del viaje convalida la nueva información de la CIA. (Vea aquí los datos de Chile y aquí los de Argentina.)

Enero 22, 2009

Presidente Obama

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 4:17 pm

Un viejo amigo me escribió un rato después de que Barack Obama pronunciara su tan esperado discurso de asunción del poder, para decirme que el discurso le había parecido el mejor que había escuchado en muchos años y preguntarme qué impresión me había dejado. The New York Times, el diario más influyente del mundo, comparte la opinión de mi amigo. El "Times" dice que Obama es el mejor orador demócrata de los últimos 50 años. Se trata de una apreciación muy generalizada. Los observadores argentinos que escuché alabar el discurso en la TV opinan lo mismo. Me desorientan. Qué diablos ven en la oratoria de Obama. Yo veo poco, tanto en la forma como en el contenido.

El discurso de asunción no me impresionó. En rigor, la oratoria de Obama nunca me impresionó, salvo el primer párrafo del discurso de la victoria (electoral) en la madrugada del 5 de noviembre del año pasado. Creo que los demócratas John y Robert Kennedy fueron mejores oradores que él. Ni hablar de Martin Luther King Jr., pero éste escapa a la lista del "Times" pues no era afiliado al Partido Demócrata. Cicerón decía que la elocuencia que no conmueve no es elocuencia. Obama no me conmueve.

Ayer leí dos veces el discurso y tampoco me impresionó. Es correcto. Dijo lo que tenía que decir. Trató todos los puntos relevantes: recesión, Medio Oriente y la amenaza del terrorismo internacional. Pero no dijo nada que no le hubiéramos escuchado decir en la larga campaña electoral. No hubo grandes frases; tampoco conceptos memorables.

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Obama jura la Presidencia de EEUU frente a un juez de la Corte Suprema, los ex-presidentes y dos millones de ciudadanos

Creo que Barack Obama ya cumplió su misión. Esta consistía en demostrar la grandeza de la democracia norteamericana. Los descendientes de los Founding Fathers entregaron el martes 20 de enero de 2009 el poder supremo de la Nación al hijo de un inmigrante africano y musulmán, casado con una bisnieta de esclavos.

La presidente Kirchner permaneció ajena a estas cuestiones. Mientras Obama pronunciaba su discurso inaugural, ella ponía a la política exterior argentina al servicio de la próxima elección legislativa. Para retener a los votantes progresistas que le quedan, firmaba acuerdos con Cuba, exigía a EEUU la anulación del embargo a la isla caribeña y se aprestaba a volar a Caracas para abrazarse a Chávez. Claudio Escribano, el editorialista de La Nación que su esposo mandó al ostracismo en mayo de 2003, describió la sensación de atraso institucional que seguramente embargó a la mayoría de lo argentinos que vio por TV la histórica transferencia de poder.

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