La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

Julio 24, 2009

Seguridad jurídica

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 5:51 pm

José Sánchez, un viejo amigo y gran conocedor del mercado argentino de capitales, me hizo por vía privada un interesante comentario al post del 19 de julio. Con su permiso, ahora lo publico. Aparte de interesante, puede resultar sugestivo para los bloggers que buscan una pista para rearmar sus carteras financieras de cara al nuevo tiempo que se aproxima. Más abajo, sigue mi respuesta, por la cuota de responsabilidad profesional que me pueda caber.

Estimado Jorge:

Coincido con tu análisis. Me parece curioso el poco valor que los economistas le asignan, en términos de impacto sobre el PBI, a una mejora importante en la seguridad jurídica en un entorno de subinversión por 10 años. Creo que es un tema a enfatizar que, con este conjunto de condiciones exógenas, un shock de normalidad tendría un impacto importantísimo. También coincido en que la cuenta capital, vía inversiones de portafolio, se revertirá violentamente en cuanto K sea historia y los indicadores de riesgo-retorno se alineen con las condiciones micro-económicas de una parte importante de la economía. Un abrazo,

Estimado José:

Empecé a pensar sobre riesgo-país en 1981. Y a escribir en 1986. Durante años asigné el grueso de la culpa del riesgo-país a la inestabilidad macroeconómica (corridas sobre los depósitos, default, inflación, devaluación, control de cambios, déficit fiscal), la cual es claramente una forma de inseguridad jurídica, y de expropiación. Pero subestimé el impacto sobre la prima de riesgo-país del mal funcionamiento de la Justicia o de lo que los abogados llaman seguridad jurídica. Hace ya tiempo que he llegado a la conclusión de que lo único que importa es el respeto del derecho de propiedad, dado que éste engloba a todo lo anterior. Un abrazo,

Julio 19, 2009

La economía post 28-J

Filed under: Periodística — Jorge Avila @ 4:01 pm

El Informe Asegurador, una publicación destinada a las compañías de seguro y a su público, me hizo un reportaje para su edición del 17º aniversario. El centro de atención es la economía después de la derrota de Kirchner. Sigue su contenido.

1) ¿Cómo analiza el escenario económico argentino post electoral? ¿Estamos ante un contexto donde se combina recesión con alta inflación? ¿Por qué?

Es difícil pronosticar la evolución de la actividad económica pues depende vitalmente del escenario político que prevalezca. Transitamos desde marzo el tramo más profundo de la recesión. La economía podría tocar fondo durante el trimestre en curso y empezar a levantar cabeza hacia fines de año o comienzos del próximo. Por dos motivos. Por un lado, la prima de riesgo-país ha caído marcadamente en los últimos meses; el lunes 29 de junio, a escasas horas de conocida la derrota de Kirchner, se desplomó un 12% y la acción de una empresa líder que corría riesgo de estatización subió nada menos que un 15%. Estos son claros indicios de que el mundo no se olvidó de la Argentina, de que se encuentra expectante de su normalización política e institucional para volver a invertir en ella. Digo lo anterior porque en cuanto aumente la inversión, la economía volverá a crecer. Por otro lado, los precios de las commodities argentinas se recuperaron un buen trecho desde el piso de diciembre de 2008. Debido a ambas fuerzas, la economía debería levantar cabeza dentro de 6 o 9 meses.

En medio de estas especulaciones está plantado el ex-presidente Kirchner. ¿Tomará nota de su gran derrota y será capaz de actuar en beneficio de la estabilidad y la prosperidad del país? Este es el quid de la cuestión. A juzgar por su historia desde 2003, es probable que su reacción tenga efectos desestabilizantes y, por ende, recesivos. Pese al favorable desempeño hasta aquí del riesgo-país y el precio de las commodities.

La inflación tiene dinámica propia. Está atada a la devaluación del peso, que en los 12 últimos meses fue superior a 20%. No veo razón que justifique una tasa de devaluación inferior en los próximos 12 meses. Podría ser aun mayor en un escenario de importante inestabilidad política.

2) ¿Cuáles son las principales distorsiones que a su criterio presenta la política económica que aplica el gobierno? ¿Y cuáles serían las medidas fundamentales que debería tomar para corregirlas?

La inseguridad jurídica es la principal distorsión económica argentina, sin duda. Por eso el riesgo-país es altísimo (1000 puntos básicos; en marzo era 1900 puntos, nivel similar al del default). Las estatizaciones (de las AFJP en primer lugar), las trabas a la exportación, el fraude estadístico, el default remanente (hold-outs y Club de París), el maltrato de las empresas de servicios públicos y el aumento galopante del gasto público (registra el más alto nivel desde 1961, es decir, de la historia), son algunas de las graves distorsiones y problemas que un gobierno sensato podría solucionar con poco esfuerzo.

3) El aumento de las suspensiones y despidos, sumado al estancamiento en la creación de nuevos puestos de trabajo ofrece un panorama de deterioro laboral, ¿cuál es su proyección para el mercado laboral en el corto plazo?

Desempleo creciente. Rumbo al 15% de la fuerza laboral. Con el agravante de que el desempleo tarda en reducirse. Quiero decir que normalmente empieza a bajar después de pasados varios meses de iniciada la reactivación.

4) Algunos economistas y analistas avizoran un dólar a 4 pesos después del 28 de junio, ¿cómo analiza la actual situación cambiaria y qué habrá que esperar a futuro en materia de tipo de cambio?

Sobre la base de datos oficiales al 12 de junio, el BCRA podría rescatar la totalidad de sus pasivos monetarios y no monetarios con un tipo de cambio de 3.85 pesos por dólar. Tales pasivos son iguales a la base monetaria + los pases pasivos netos + las Lebacs + las Nobacs. En la eventualidad de que el público y los bancos desearan que el BCRA les cambiara por dólares todos sus billetes y monedas y encajes, letras y bonos en pesos, el BCRA podría hacerlo a un tipo de cambio apenas 4 centavos mayor que el actual.

Lo que acabo de decir no significa que el dólar permanecerá quieto. Significa que no es probable una explosión cambiaria. Que el tipo de cambio seguirá subiendo al ritmo que comenté, por motivos de financiamiento del gobierno. Es perfectamente posible que en diciembre ande cerca de 4.25 pesos. Y más arriba en caso de crisis político-institucional.

5) Considerando que el gasto público viene creciendo mucho más rápido que la recaudación, ¿el gobierno podrá recuperar después de las elecciones la caja que ha estado perdiendo en tiempos de campaña? ¿Cuáles serán las consecuencias?

Un gobierno cuerdo rebajaría de inmediato la tasa de crecimiento del gasto del 33% por año registrado en mayo pasado a un 10%. De esta forma, el superávit fiscal primario de la Nación aumentaría de apenas el 0.6% del PBI de mayo a un 1.5% a fines de año. Esta cifra sigue siendo insuficiente para cubrir la factura de intereses de la deuda pública.

Por esta razón el peso seguirá devaluándose. Las consecuencias de la debilidad fiscal serán una sostenida inflación y un continuo riesgo de cesación de pagos de la deuda que este mismo gobierno renegoció en 2005. Además de devaluar y de desacelerar el gasto, va a ser difícil que el gobierno pueda evitar una cesación de pagos a partir de mediados de 2010 sin un préstamo importante del FMI.

6) Desde el cuarto trimestre de 2007 salieron del país unos 40.000 millones de dólares, ¿Considera que la fuga de capitales privados está mermando, o se acentuará en los próximos meses? ¿Por qué?

Según mis estimaciones, salió bastante menos capital que el señalado. Aunque se trata de un monto significativo en términos relativos. Si al ex-presidente Kirchner le diera un ataque de cordura, la fuga de capitales mermaría con seguridad. Caso contrario, la fuga sería intensa hasta que el panorama político-institucional se defina.

7) ¿Cómo se recompone la desconfianza existente en la relación entre el gobierno y los empresarios? Con los antecedentes de Aerolíneas Argentinas y de las AFJP, ¿Argentina va camino a aplicar modelos similares a los de Venezuela y Bolivia?

Ya no. Después del revés electoral del 28 de junio, el gobierno sólo conserva poder para administrar el día a día. No importa que los nuevos senadores y diputados asuman sus bancas recién el 10 de diciembre. La diáspora kirchnerista es ya intensa.

8) ¿Qué opina sobre el lanzamiento de créditos hipotecarios con dinero del ANSeS?

Que es improbable que el Anses los recupere. Y si los recupera, se los va a gastar en salarios, sobreprecios y aportes al gobierno nacional. No opino así porque piense que este gobierno es especialmente incompetente o corrupto. Hay evidencia histórica más que suficiente para pronosticar que la jubilación en manos del Estado está predestinada al fracaso.

No habrá una oferta amplia de préstamos hipotecarios hasta que la prima de riesgo-país se ubique establemente abajo de 50 puntos básicos. Es decir, hasta que el mundo vea a la Argentina como ve a Chile.

9) Independientemente del resultado de las Elecciones, ¿se puede esperar que Néstor Kirchner deje de ser quien tome las decisiones en materia de política económica?

No. Gobernará siempre él, en las buenas y las malas. Cristina Fernández se ha dado un gusto protocolar. Opina pero vacila y quien define es el esposo.

10) ¿Qué reflexión hace sobre la salida de la crisis financiera internacional? ¿Hay luz al final del túnel?

Creo que la hay. Los mercados financieros han reaccionado bastante bien a la enérgica intervención del gobierno norteamericano. Opino como opina la inmensa mayoría de los analistas. La economía de los EEUU tocaría fondo entre el tercero y el cuarto trimestre de este año y entraría en una fase de moderada expansión en el cuarto trimestre de este año o el primero del que viene. Puede haber retrocesos pero la tendencia alcista parece firme.

Julio 16, 2009

Recesión a secas

Filed under: Gráfica — Jorge Avila @ 7:39 pm

Todos sabíamos o intuíamos que la economía argentina había entrado en recesión a fines de 2008, como consecuencia de la intervención del INDEC, el largo conflicto del campo, y la caída del banco de inversión Lehman Brothers, que empujó a EEUU, UE y Japón a la recesión. La Oficina Nacional de Investigaciones Económicas de EEUU dice que cuando se acumulan dos trimestres seguidos de caída del nivel de actividad con respecto a iguales trimestres del año anterior, hay técnicamente recesión. Se puede emplear otro criterio. La definición de la Oficina no es palabra de Dios. Pero medio mundo la acepta. Pues bien, ya no tenemos dudas. Puede afirmarse que Argentina transita el cuarto trimestre consecutivo de una aguda recesión.

A falta de pan, buenas son las tortas. Como la información del INDEC no es confiable, han surgido índices privados que miden la evolución económica. El Índice General de Actividad que prepara el Estudio de O. Ferreres es el más confiable como proxy del PBI. Ámbito Financiero publicó ayer un extracto del informe de Ferreres. Contiene, además, datos sobre el desempeño del sector agropecuario, el industrial y la construcción en el primer semestre de este año. Como podrá apreciarse, la contracción es generalizada.

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Julio 2, 2009

Kachetazo

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 3:27 pm

El martes 30 de junio, los consultores económico-políticos Vicente Massot y Agustín Monteverde hicieron circular entre sus clientes de bancos y empresas el informe que publico a continuación, con la debida autorización. Resume el panorama político argentino a horas de la gran derrota del ex-presidente Kirchner. Es claro y convincente.

Cuando a principios del presente año —para ser más preciso, el 3 de febrero— titulé una de nuestras entregas semanales: Kirchner ya perdió, no lo hice a impulsos de alguna suerte de fobia, esgrimida a expensas del santacruceño, ni de uno de esos arranques que, de ordinario, caracterizan a los apostadores compulsivos. No tenía entonces la bola de cristal que me permitiese conocer el futuro ni me había licenciado de adivino. El cálculo era sencillo y estaba al alcance de cualquiera dispuesto a prestarle atención a cuanto había sucedido en los comicios legislativos del 2005. Como cuatro años atrás el oficialismo se hallaba en el apogeo de su poder y la diosa Soja no hacía más que sonreírle a su administración, suponer que ese escenario podía repetirse —tras la derrota frente al campo y la crisis económica mundial— era sencillamente inimaginable.

Por tanto me animé a adelantar "que las elecciones de octubre ya han sido substanciadas y que el resultado general es de todos conocido: perdió el kirchnerismo sin apelación". Claro que semejante afirmación, hecha ocho meses antes del acto electoral, le pareció a muchos exagerada u osada, cuando no lo era. Si de las 127 bancas en disputa el FPV renovaba 62 en la cámara baja, y de las 24 en el Senado el partido del gobierno debía defender 14, su suerte estaba echada. En ese momento nadie podía predecir que Kirchner adelantaría los comicios y, mucho menos, que decidiría, él mismo, encabezar la lista de diputados en la decisiva provincia de Buenos Aires. Ni hablar de la orden extendida luego a Daniel Scioli para que lo acompañara ni de las candidaturas testimoniales de los intendentes afines.

Kirchner tenía perdidas las cámaras desde el famoso voto de Julio Cobos en el Senado, de modo tal que, a la luz de lo acontecido el pasado día domingo, la de febrero no fue una predicción perfecta. Sobre todo si se toma en cuenta que se circunscribía a algo obvio: la desaparición de las mayorías en el Congreso nacional y la pobre performance de los candidatos oficialistas en la Capital Federal, Córdoba y Santa Fe.

Lo que nadie estaba en condiciones de imaginar siquiera, era la dimensión de la caída que sufriría el kirchnerismo más allá de lo previsible. Porque fue sepultado en Santa Cruz y tropezó en el plebiscito de la provincia de Buenos Aires que el santacruceño se obstinó en moldear con el propósito de sostener —si ganaba por un voto— que él podía cantar victoria al margen de los resultados del resto del país y de la futura conformación de las cámaras.

Los plebiscitos tienen de riesgoso que siempre lo son a suerte y verdad, a todo o nada, con la particular coincidencia de que, en esta oportunidad, Néstor Kirchner arrastró en su porrazo al gobierno encabezado formalmente por su mujer, a su presunto delfín —el siempre dócil Daniel Scioli, gobernador de Buenos Aires— y al aparato de intendentes justicialistas del conurbano.

Si al finalizar la absurda confrontación con el campo quedó en claro la quiebra definitiva del proyecto hegemónico del santacruceño —que perdió el monopolio de la sucesión— ahora puede decirse, sin hipérbole ninguna, que se acaba de terminar el ciclo político kirchnerista. Para explicarlo con una figura futbolística, es como haber recibido 10 goles en contra, sin convertir ninguno, y, al mismo tiempo, haber descendido de la categoría A a la B.

Es que, bien analizada la situación, Kirchner carece de espacio de maniobra y no tiene geografía de escape. Odiado por sus enemigos; ignorado, a partir de hoy, por quienes debieron tolerar su sectarismo y falta de consideración durante los últimos cinco años; acechado por aquellos que han jurado vengarse de su forma descomedida de ejercer el poder y con una caja semivacía, o se allana a la estrategia de los barones del peronismo o, si escalase en su desesperación, el gobierno de Cristina Fernández terminaría antes de tiempo.

Las rabietas, excentricidades, exabruptos y arrebatos a que tuvo acostumbrado al país, ya no se le tolerarán. Sencillamente porque del poder que reivindicaba con éxito, hasta principios del año pasado, poco y nada conserva: una parte la perdió contra el campo y el resto lo acaba de dilapidar el domingo. ¿Qué le queda? Apenas el hecho de que su mujer es la presidente de la Nación y todavía tiene la facultad de decidir ciertas políticas públicas. En resumidas cuentas: aún ocupan las oficinas gubernamentales, pueden firmar decretos de necesidad y urgencia y manejan el aparato estatal.

En otro país y en circunstancias diferentes ese caudal sería considerable, pero en la Argentina, donde las instituciones cuentan poco y nada, haber cedido el poder real hacia adentro del peronismo y de puertas afuera del gobierno, puede resultar fatal. Néstor Kirchner, a esta altura del partido, no parece del todo conciente del tembladeral bajo el que se halla parado. Si bien renunció antes de que se lo exigieran a la presidencia del PJ, Cristina Fernández —sobre cuyo papel decorativo no existen dudas— cuando todavía no se habían apagado los ecos de la estruendosa derrota del FPV, le habló al país como si nada hubiera pasado. El solo hecho de considerar que el resultado de la elección deja a la vista una especie de empate entre distintas fuerzas, es negarse a ver lo que brilla delante de sus ojos. El kirchnerismo no perdió "por poquito" —como sostuvo el santacruceño el lunes a la madrugada— sino que fue arrasado. Cargar contra los periodistas y el campo, nuevamente, y sostener que no hace falta un cambio de gabinete, demuestra a las claras algo ya dicho antes: es difícil que el kirchnerismo se reinvente y, de buenas a primeras, se convierta en republicano.

Lo que dejó traslucir el discurso de Cristina Kirchner es el verdadero pensamiento de su marido, desafecto a la negociación e incapaz de considerar seriamente la posibilidad de buscar consensos con las demás fuerzas políticas. La consecuencia de una actitud por el estilo, con un cambio tan notorio en la relación de fuerzas después de las elecciones, es el escalamiento del conflicto.

Solo que esta vez el conflicto —que el kirchnerismo, por razones obvias, no puede sortear con éxito— pondría en riesgo una gobernabilidad que los peronistas, pensando en el 2011, desean preservar. El problema es que el santacruceño, en su desmesura, la puede dinamitar sin interesarle las consecuencias. Lo dicho tiene que ver con las candidaturas futuras de Carlos Reutemann y Julio Cobos y los escenarios que pueden derivarse de aquí en más, según como evolucionen los acontecimientos.

El peronismo casi en pleno ha comenzado su peregrinación hacia la nueva meca situada en la localidad de Llambí Campbell, provincia de Santa Fe, donde reside Carlos Reutemann. Su triunfo, aunque exiguo, vale lo mismo que si hubiese resultado abrumador. Vencedor en su distrito, peronista sin tachas, sin responsabilidades de gobierno por los próximos dos años, sin ningún rival de envergadura dentro del movimiento al que pertenece y con la capacidad no sólo de seducir a los propios sino también a un vasto conglomerado de independientes y de votantes del PRO a nivel nacional, la candidatura del ex–corredor de Formula Uno es a prueba de balas. Me animaría a decir que, con Scioli fuera de juego, ni siquiera necesitará presentarse a internas. Salvo, claro, que para cubrir las apariencias cumpla con esa práctica tan rara en el peronismo.

A Julio Cobos, en la vereda de enfrente, le sucede algo similar. Los veinte puntos que le sacó a Celso Jaque en su Mendoza natal y el traspié directo de Elisa Carrió e indirecto de Hermes Binner, lo convierten al vicepresidente en el candidato excluyente de un espacio político con buenas perspectivas electorales. Es que si el actual gobierno terminase su mandato en el 2011, es probable que el deterioro del kirchnerismo atenuase las chances del justicialismo e incrementase, por lógica consecuencia, las de un opositor como Cobos quien, a pesar de su cargo, no es considerado por la opinión pública un miembro responsable de la administración en curso y tiene, a su favor, ser el político con mejor imagen del país.

Es cierto que faltan dos años y medio, poco más o menos, para votar al próximo presidente y que, entre nosotros, ese lapso de tiempo representa una eternidad. También es cierto que Néstor y Cristina Kirchner no terminan de leer la realidad como corresponde. Por lo tanto, se abren dos escenarios. El primero caracterizado por una transición difícil, llena de obstáculos, riesgosa sin duda aunque sin catástrofes a la vista. Con un poder tan menguado y una situación económica y social acuciante, el gobierno debería, para terminar su mandato, llegar a diversos acuerdos con las diferentes banderías opositoras. Ello le evitaría al país un nuevo salto al vacío. No hay partido o movimiento político que hoy apueste al enfrentamiento. Los tres grandes ganadores del domingo —Francisco de Narváez, Julio Cobos y Carlos Reutemann— no han hecho más que apelaciones al diálogo. La duda es: ¿cómo reaccionará el kirchnerismo? En términos racionales cualquiera se daría cuenta de que ensayar la misma estrategia confrontativa que tanto éxito tuvo durante el mandato del santacruceño, seria hoy descabellado. Pero inconcebible resultó su embate contra el campo y, más aún, la prolongación de las hostilidades después de haber naufragado la circular 125 en el Senado, no obstante lo cual el kirchnerismo se estrelló contra la realidad y el sentido común, como si no existieran.

Si optase ahora, contra toda lógica, por escalar los conflictos latentes —empezando por el campo— el gobierno transformará en realidad el segundo escenario. Lo único que puede anticiparse del mismo es que la actual administración no lo resistiría y Cristina Fernández debería renunciar antes del 2011. Entre el estallido de la crisis —terminal para el kirchnerismo— y su salida anticipada de la Casa Rosada, cualquier cosa podría suceder. Hasta la semana próxima.

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