La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

diciembre 23, 2009

Paul Samuelson

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 6:52 pm

Acostumbro escribir sobre fenómenos, circunstancias o personas que conozco en forma más o menos directa y personal. Es la única manera de decir algo distinto de lo que se encuentra en los diarios o en la Internet. No es el caso de Paul A. Samuelson. Sin embargo, tanta ha sido su influencia en la formulación moderna de la teoría económica que no puedo no dedicarle un post.

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Samuelson murió el pasado 13 de diciembre en su casa de Massachusetts. Desde entonces, han corrido ríos de tinta. Voy a enumerar, en primer lugar, los obituarios que me llamaron la atención y, después, diré qué aspectos de Samuelson me resultan curiosos.

Greg Mankiw, su ex-alumno en el programa de doctorado del MIT, le dedicó un post. Habla de su relación personal con el gran economista, y de cómo terminó por aceptar una propuesta de su sobrino, Larry Summers (actual jefe del Consejo de Asesores Económicos del presidente Obama e hijo de un hermano de Samuelson, también economista, que se cambió el apellido porque le resultaba una carga demasiado pesada), para enseñar en Harvard.

La Universidad de Chicago le dedicó en su revista mensual una muy interesante nota necrológica. Sepa que Samuelson ingresó a esta Universidad a los 16 años de edad y que el 2 de enero de 1932, en una clase en la que se explicaba el ensayo clásico sobre la pobreza y el crecimiento de población de Thomas Malthus, supo de golpe que su vocación era la Economía. Hay dos declaraciones que vale la pena subrayar. Una de James Heckman, Premio Nobel en economía laboral, y otra de Robert Lucas, Premio Nobel en macroeconomía.

"Dentro de 100 años, Samuelson será recordado como un economista de tanto aliento como Adam Smith, como el fundador de la disciplina moderna―un hombre que al permitirle a los economistas hablar con claridad, también les posibilitó encarar problemas más arduos y llegar a respuestas más claras," dijo Heckman.

"Me enamoré de los Foundations," escribió Lucas en una memoria de 2001. "Como otros de mi generación, internalicé su opinión de que si no podía formular matemáticamente un problema en teoría económica, no sabía qué estaba haciendo. Llegué a la conclusión de que el análisis matemático no es una de las muchas formas de "hacer" teoría económica: es la única forma. La teoría económica es análisis matemático. Todo lo demás son dibujos y charla."

The New York Times le dedicó un magnífico artículo de siete páginas, comparable en extensión y calidad al que le preparó a Milton Friedman en 2006. Vale la pena leerlo. Quiero rescatar dos párrafos:

"Mr. Samuelson recibió el Premio Nobel porque transformó su disciplina desde una que rumiaba cuestiones económicas en una que resolvía problemas y contestaba preguntas sobre causa y efecto con rigor y claridad matemática."

"Como estudiante, primero en Chicago y luego en Cambridge, Samuelson había reaccionado, en principio, negativamente a Keynes. ‘Lo que más rechazaba era la noción de que podía haber equilibrio con desempleo’ – que era imposible eliminar algún nivel de desempleo y que tenía que ser tolerado. ‘Invertí los cuatro veranos de mi licenciatura (college) en la costa del Lago Michigan’ porque ‘no tenía sentido buscar trabajo. Ni siquiera me hacía falta hacer un test del mercado laboral ya que tenía amigos que habían ido a pedir trabajo a 350 potenciales empleadores sin conseguir nada en absoluto’."

Valoro especialmente la última observación de Samuelson. Esa comprobación es la que transforma a un economista en un macroeconomista y lo vuelve respetuoso de John M. Keynes.

Cuatro rasgos de la vida de Samuelson me resultan curiosos: 1) A los 22 años encaró exitosamente la tarea de formular la teoría económica existente en términos matemáticos. No puedo decir que Sanuelson no haya sido original; puedo decir que formalizó una cantidad de teoremas enunciados intuitivamente por otros. 2) Tuvo 6 hijos; es algo extraordinario que un científico o intelectual de su talla tenga tanta descendencia. 3) Empleaba el modelo IS-LM con gran sofisticación para explicar la coyuntura económica. Era un científico y le interesaba la coyuntura. 4) Ganó mucha plata como especulador en la bolsa. Aunque no es raro (Ricardo y Keynes también dejaron grandes fortunas ganadas en la especulación financiera), es una faceta, asimismo, inusual en un científico que ha hecho época.

diciembre 16, 2009

Deuda en pequeñas devaluaciones

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 7:30 pm

El gobierno nacional anunció en lunes pasado la constitución del Fondo del Bicentenario a fin de asegurar el cumplimiento del servicio de la deuda pública en 2010. El fondo cuenta con u$s 6.500 millones, que no han surgido de un superávit del Tesoro sino de una apropiación de las reservas internacionales del Banco Central. La periodista Florencia Lendoiro, Ámbito Financiero, me pidió una opinión al respecto apenas trascendió la medida oficial. Dije lo que sigue:

Es una decisión muy riesgosa porque las reservas tienen una función y no es ésa. El mercado siempre calcula el dólar de conversión como el cociente entre la base monetaria y las reservas. Si bajan las reservas, el dólar de conversión sube, aumenta el dólar futuro, hay expectativas de devaluación y aumenta la tasa de interés. Finalmente, se paga deuda con impuesto inflacionario. Es un tema delicado. Habrá que conocer los detalles de la medida, pero en principio demuestra que las necesidades de financiamiento son muy importantes para el año próximo y se usarán reservas porque no se quiere frenar el gasto público, y el acceso al crédito externo es más complicado de lo que se imaginaba.

El dólar de conversión al que me referí en la declaración sale de la tabla siguiente. En la parte superior de la tabla figuran las reservas internacionales del BCRA (activos) y los pasivos monetarios (base monetaria) y no monetarios de la entidad (Lebacs, pases pasivos y Nobacs). El TCC1 es igual al cociente entre la base monetaria y el stock de reservas intern’les; el TCC2 es igual al cociente entre la base monetaria y las reservas intern’les más las Lebacs, y así sucesivamente. Creo que el TCC4 es la medida apropiada del tipo de cambio de conversión pues incluye también los pases pasivos y las Nobacs. En la emergencia de una corrida sobre los depósitos, los bancos, so pena de verse obligados a cerrar sus puertas, pedirán el canje de las letras o las notas por pesos (base monetaria) para poder devolver los depósitos. La década de 1990 debería habernos enseñado que siempre puede haber un shock regional o local, financiero o político, a la vuelta de la esquina.

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El pago de la deuda pública con reservas intern’les subirá el tipo de cambio de conversión de $3.56 a $4.13 por dólar. El BCRA irá devaluando el peso hacia ese objetivo, o algo más, de forma que la brecha entre el tipo de cambio spot y el tipo de cambio futuro se mantenga baja. En dos palabras, la creación del Fondo del Bicentenario nos revela que el gobierno ha tomado la importante decisión de pagar el servicio de la deuda pública con la recaudación del impuesto inflacionario. Tal como en los viejos tiempos de Alfonsín y de los militares.

diciembre 9, 2009

La década confundida

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 6:44 pm

Fernando Navajas, un viejo amigo y colega, publicó hoy en Ámbito Financiero un interesante artículo. Es interesante tanto por su sugestivo título como por las cuestiones que pone de relieve: a) que la dirigencia argentina (políticos, empresarios y economistas por igual) incurren en un problema de identificación; b) que asigna erróneamente las falencias del "modelo productivo" a factores personales y, por ende, cree que el "service" que necesita el modelo consiste en cambiar a quienes lo ejecutan y nada más; c) que la discusión de la década ha sido eminentemente cortoplacista y que ha dejado de lado en forma olímpica a las cuestiones de reforma estructural, y d) que este gobierno le dejará al que viene un señor problema, que comprometerá severamente la gobernabilidad en la próxima administración.

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El artículo se llama "La década confundida", parafraseando a la "La década perdida" de los años ’80. El título no puede ser más justo. Durante la década de 1980, el ingreso per cápita (o PBI por habitante) cayó de u$s 7.500 por año a menos de 6.000. En la década de 2000, el ingreso per cápita ha subido de u$s 7.800 por año a cerca de 9.000. O sea que la década que termina no ha sido una década perdida desde el punto de vista material pero sí lo ha sido en el plano conceptual. Ha prevalecido la confusión. La dirigencia argentina, casi sin excepción, se ha convencido de que el mérito del aumento de la actividad económica se debe al intervencionismo estatal, al dólar alto, y de ninguna manera a la aguda caída de la prima de riesgo-país entre 2002 y enero de 2007 (de 22 puntos porcentuales a 1.8) y a la triplicación del precio de las materias primas que exporta el país.

Sobre las falencias del "modelo productivo" en materia de empleo, pobreza y distribución del ingreso, Navajas señala que la dirigencia las atribuye a la falta de transparencia de las estadísticas y a la baja calidad de las políticas sociales. Nadie se pregunta, destaca Navajas, por qué un país que crecía rápidamente arrojaba tan malos indicadores sociales. Nadie se pregunta, agrego yo, por qué ese país no atrae inversión externa directa como sí lo hacen Colombia, Uruguay y Perú.

Lo peor, según Navajas, es que la dirigencia piensa que el "modelo productivo" está OK. Que basta con "emprolijarlo" un poco en materia institucional. Y lo que es todavía peor (por la urgencia), agrega, es que el gasto público consolidado que dejará este gobierno a su sucesor ronda un nivel exhorbitante. Según mis fuentes, en 2009 se ubica en 36% del PBI. La historia enseña que es muy difícil financiar un gasto superior a 25% del PBI sin inflación, endeudamiento y confiscaciones. (La situación ya era delicada en 2007.)

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