La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

Enero 31, 2010

Antídotos contra el riesgo-argentino II

Filed under: Académica — Jorge Avila @ 4:37 pm

Sigue el epílogo del libro Antídotos contra el Riesgo-Argentino que publicaré próximamente. Hace un par de días, publiqué un post dedicado al prólogo.

Epílogo

Este es un libro realista. El razonamiento económico es simple y está anclado en la historia argentina. Casi todas sus propuestas son realidades en países cercanos o fueron realidades en tiempos no tan lejanos.

Salvo Ecuador, todos los países latinoamericanos con costa al Océano Pacífico tienen o van a tener tratados de libre comercio con EEUU. Chile también tiene tratados con muchos otros grandes países y bloques comerciales y Perú sigue el camino de Chile. Es la tendencia universal. La misma Argentina fue parte informal del Imperio Británico entre 1860 y 1930, y no se puede descartar que este hecho haya sido una de las causas del despegue económico de aquel período.

No hay muchos ejemplos de países que adopten como propia a una moneda de reserva y coloquen bajo jurisdicción internacional a su sistema bancario. Salvo Panamá y, por cierto, Ecuador, que mantiene la dolarización a pesar de un gobierno anti-norteamericano. Excepto algún país centroamericano donde funciona una especie de banca offshore, no hay ejemplos de países que hayan optado por poner a sus sistemas bancarios bajo la jurisdicción de países que emiten monedas de reserva. Con la gran excepción de la Unión Europea. La reciente experiencia monetaria y bancaria europea vale, sin embargo, por mil ejemplos; por alguna razón que desconozco no es apreciada como debiera serlo. Los 25 países que la componen sustituyeron sus monedas históricas por el euro y convirtieron al Banco Central Europeo en el prestamista de última instancia de sus sistemas bancarios; en la práctica, esto significa que pusieron a sus bancos comerciales bajo la jurisdicción supranacional europea.

Y abundan los buenos ejemplos de organizaciones federales, e incluso confederales, en el resto del mundo y en nuestra historia. Baste mencionar los casos de Suiza, de EEUU y de Canadá en la actualidad, y el de la propia Argentina entre 1853 y 1935.

Mucho más utópica que las ideas discutidas en este libro es la pretensión de una amplia mayoría de los dirigentes argentinos (economistas, políticos, sindicalistas y empresarios) de mantener el statu quo unitario, proteccionista y nacionalista en moneda y banca que el país arrastra desde la década de 1930. Esa mayoría cree que el problema no estriba en el sistema sino en errores de instrumentación o defectos de los gobernantes y que la solución es igual a más honestidad y prolijidad institucional. Creo que esa mayoría se equivoca por un par de razones. Por un lado, las ideas desarrolladas en el libro han surgido en forma espontánea de nuestra historia de crónica inestabilidad y hay buenos ejemplos nacionales e internacionales que las respaldan. Por otro lado, la declinación argentina parece estrechamente vinculada al abandono del acuerdo de comercio, amistad y navegación con Gran Bretaña, la creación del BCRA y la centralización de la recaudación impositiva. Utópica es realmente la pretensión de mantener, con retoques cosméticos, el nacionalismo económico argentino.

La ciudad que brilla en la colina asume en este libro la forma de una confederación de pequeñas repúblicas provinciales, integrada al circuito mundial de comercio e inversión por medio de tratados con superpotencias y con una moneda y un sistema bancario importados de las ‘islas de estabilidad del mundo’. Este modelo se aleja del modelo de Alberdi en dos aspectos. Mientras Alberdi prefirió una federación porque era necesario crear un gobierno nacional, pasados 150 años de creciente concentración del poder político y financiero en el gobierno nacional, preferimos aproximarnos a una confederación. Y aunque él no expresó una preferencia clara sobre el sistema monetario y bancario, podría compartir la sugerencia de internacionalización después de conocer el proceso que condujo a la hiperinflación y las restricciones bancarias de los últimos treinta años. Mejor que otros pensadores argentinos, Alberdi sabía que si la ciudad brilla es porque ha controlado al Leviatán.

Enero 29, 2010

Antídotos contra el riesgo-argentino I

Filed under: Académica — Jorge Avila @ 4:14 pm

Sigue el prólogo del libro Antídotos contra el Riesgo-Argentino que publicaré próximamente. Contiene links a las primeras versiones de los cuatro ensayos que lo componen. En un par de días, publicaré un post dedicado al epílogo.

Prólogo

Hace diez años publiqué Riesgo-Argentino & Performance Macroeconómica, un libro que se ocupa de investigar el fenómeno del riesgo-país y sus consecuencias sobre la eficiencia, el ciclo y el crecimiento económico. Quedó pendiente una investigación de las causas del riesgo-argentino. El propósito original del presente libro era investigar dichas causas pero en algún momento de la investigación la atención se concentró en un objetivo menos difuso y más práctico. El tumultuoso abandono de la convertibilidad monetaria, el pánico bancario y diversas violaciones del derecho de propiedad, la concentración del poder recaudatorio y político en el gobierno nacional, la creciente cerrazón comercial y el aislamiento del país fueron convenciéndome durante la década que finaliza de la utilidad de pensar instituciones económicas que puedan funcionar como antídotos efectivos contra el riesgo-argentino.

Dos modelos han ordenado la economía argentina desde la Organización Nacional. El de Juan Bautista Alberdi, entre principios de la década de 1860 y principios de la década de 1930, y el de Federico Pinedo, a partir de entonces. El segundo modelo se armó velozmente entre 1930 y 1935. Sus rasgos básicos son el proteccionismo industrial, la centralización de la recaudación impositiva y la banca central emisionista. Mientras fue manejado por Pinedo o por hombres como él, el segundo modelo funcionó aceptablemente bien. No era muy distinto al modelo vigente en países comparables. Pero en cuanto cambiaron los tiempos políticos y los gobernantes, el modelo fue abusado y la economía argentina se empobreció. El modelo fue abusado por una simple razón: el costo de repudiarlo es bajo. En otras palabras, el costo de abandonar las políticas comercial, monetaria, bancaria o impositiva, y muchas veces a todas juntas, es bajo porque lo decide el gobierno nacional en forma unilateral y porque es estrictamente interno (no tiene repercusión internacional).

Este libro propone desnacionalizar las instituciones económicas fundamentales del país. La hipótesis inicial es que el populismo del gobierno nacional ha sido la usina del riesgo-país en las últimas ocho décadas. Desnacionalizar significa quitarle atribuciones al gobierno nacional. Consiste en poner bajo la jurisdicción de otros gobiernos el comercio exterior, la moneda, la banca y una parte importante de las finanzas públicas.

En materia comercial, desnacionalizar significa poner el intercambio comercial externo bajo la jurisdicción de un tratado de libre comercio con una superpotencia. Por ejemplo, un TLC con EEUU obligaría al gobierno nacional a respetar una cierta estructura de aranceles y subsidios a las exportaciones y las importaciones, y normas comunes en áreas tales como protección de inversiones, propiedad intelectual, mercado de trabajo, medio ambiente y compras oficiales. Luego, desnacionalizar en este plano es igual a supranacionalizar.

En materia monetaria, desnacionalizar significa adoptar una moneda de reserva como moneda propia. En materia bancaria, desnacionalizar significa poner a la banca comercial bajo las jurisdicciones de las que dependan los bancos extranjeros en condiciones de captar depósitos en el país. Luego, desnacionalizar en este plano es igual a internacionalizar.

En materia de finanzas públicas, desnacionalizar significa descentralizar la recaudación impositiva. A su vez, descentralizar significa hacer responsables a las provincias del grueso de la recaudación a fin de dividir el poder político. Luego, desnacionalizar en este plano es igual a provincializar.

El objeto de desnacionalizar el comercio exterior, la moneda y la banca es poner a salvo de las arbitrariedades de la jurisdicción argentina a grandes áreas de la economía argentina. El elevado costo de repudio de los acuerdos supranacionales e internacionales desalentaría las intervenciones del gobierno nacional en dichas áreas. De esta forma, bajaría la prima de riesgo-país y se intensificaría la acumulación de capital en territorio nacional.

El objeto de desnacionalizar la recaudación impositiva es limitar el poder del gobierno nacional. Nuestra hipótesis es que 24 pequeños populismos provinciales son menos dañinos que un gran populismo nacional. La competencia impositiva entre las provincias resultaría en una presión tributaria más baja, un gasto público más eficiente y una democracia más efectiva. Pero el costo de reversión de la descentralización de la recaudación es bajo a pesar de esos beneficios, porque el regreso a una organización fiscal cuasi-unitaria como la actual no implicaría un repudio de acuerdos internacionales capaz de estigmatizar y aislar el país.

El libro contiene cuatro ensayos que escribí entre 2003 y 2009. Son independientes pero están unidos por una misma pregunta: dada la historia económica nacional, cómo deberían organizarse aquellas grandes áreas de la economía argentina de manera que la probabilidad de reversión institucional fuera mínima (el riesgo-argentino fuera mínimo) y la inversión fija interna fuera máxima.

El primer capítulo lleva el nombre de Importación de Instituciones. Es un breve ensayo de introducción. Suma observaciones personales sobre un viaje a Australia, una digresión con respecto a los caminos de desarrollo económico autónomo y ‘milagroso’, un conjunto de observaciones formuladas por Juan B. Alberdi sobre el costo de repudio y el riesgo-país, y conclusiones preliminares.

El segundo capítulo lleva el nombre de Libre Comercio Pactado con una Superpotencia. Es un largo ensayo dedicado a investigar la proposición de que un tratado de libre comercio con una superpotencia es más eficaz para promover las exportaciones, la acumulación de capital y el crecimiento del ingreso per cápita que una apertura comercial unilateral. Con tal fin se estudian cinco historias exitosas: Chile (apertura unilateral), México (tratado con una superpotencia), España (integración supranacional), Japón (apertura unilateral forzada) y el caso de Argentina en el siglo XIX (tratado informal con una superpotencia). La conclusión es que la evidencia histórica respalda dicha proposición. Mientras más amplio sea el tratado y más importante el país o el bloque económico al que se asocie el país pequeño e inestable, más exitosa será la apertura.

El tercer capítulo lleva el nombre de Internacionalización Monetaria y Bancaria. Es otro largo ensayo que combina una breve revisión de teoría monetaria básica, una discusión de la crítica experiencia monetaria y bancaria argentina entre 1980 y 2002, una discusión sobre la estabilidad de la velocidad de circulación del dinero y una propuesta de reforma. La tesis es que después de un episodio de hiperinflación (o bajo sustitución de monedas), cuando la velocidad de circulación deja de ser una parámetro para convertirse en una variable volátil, la política monetaria activa (o el tipo de cambio flotante) es una opción riesgosa. Después de revisar algunas propuestas de reforma monetaria y bancaria formuladas por conocidos economistas internacionales, todas las cuales prescinden de un banco central, presentamos nuestra propuesta de sustitución de la moneda nacional por una moneda de reserva (dólar o euro), y del sistema bancario bajo jurisdicción nacional por otro bajo la jurisdicción de los países emisores de monedas de reserva. El objetivo es importar de las “islas de estabilidad” del mundo instituciones de alto costo de reversión, que suministren al país un horizonte de estabilidad lo más amplio posible.

El cuarto capítulo lleva el nombre de Fraccionamiento del Poder Impositivo. Se trata de un ensayo más corto que se parece mucho a un alegato. Está dedicado a probar la hipótesis de que el financiamiento del gasto público provincial con transferencias nacionales conduce a la sobre-expansión del gasto provincial. Ordenamos con tal fin persuasivos argumentos de naturaleza económica y político-institucional. El fenómeno de ilusión fiscal y el modelo del Leviatán ayudan a explicar la sobre-expansión del gasto provincial. Y la cartelización de la recaudación impositiva ayuda a explicar por qué razón los gobernadores son tan reacios a la descentralización de la responsabilidad de recaudar. Concluimos que es deseable acercar las relaciones financieras entre los gobiernos de la Nación y las provincias al modelo propio de una confederación. Consideramos dos formas de organización. La primera de ellas consiste en que las provincias financien el gasto nacional por medio de transferencias periódicas; en este caso, el control del gasto público total (nacional y provincial) será máximo, si bien es riesgoso que el financiamiento del gobierno nacional quede enteramente en manos de las provincias. La segunda de ellas consiste en dejar que la Nación recaude algunos impuestos, mientras una reforma constitucional establece restricciones sobre el tipo de bienes públicos que el gobierno nacional puede ofrecer.

Cada uno de los ensayos aquí reunidos postula una tesis económica clara y consistente y se apoya en abundante documentación histórica. En esta documentación justamente hay un principio de respuesta al interrogante sobre las causas del riesgo-argentino. En dos palabras, este pequeño libro argumenta que el riesgo-argentino y la declinación económica argentina se deben a que el país quedó desenchufado de las corrientes internacionales de comercio e inversión hace ochenta años, y que la solución consiste en volver a enchufarlo por medio de diversos tratados con las superpotencias de nuestro tiempo.

Buenos Aires, 10 de diciembre de 2009.

Enero 27, 2010

Redrado

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 2:53 pm

Martín Redrado fue desplazado finalmente de la presidencia del BCRA y sustituido por su vicepresidente, Miguel Pesce, un radical devenido en kirchnerista. Es ahora el expresidente Kirchner quien decide en un 100% la política cambiaria del banco. Kirchner decide ahora, sin intermediarios ni consejeros, el nivel del tipo de cambio entre el peso y el dólar y el destino de las reservas internacionales. Demás está enfatizar el papel clave que juegan estas variables en la estabilidad de la economía argentina.

En esta ocasión, Redrado actuó bien. Se negó a destinar las reservas al pago de la deuda pública y, luego, se negó a obedecer un decreto de necesidad y urgencia de la presidenta Kirchner que pretendía removerlo del cargo. Lo primero está bien porque las reservas tienen una principalísima función, que medio mundo se empeña en desconocer a esta altura de la tragedia monetaria argentina: están ahí para respaldar la oferta monetaria al tipo de cambio prevaleciente. Si fueran destinadas a otra cosa, incluyendo la amortización de deuda contraída con organismos internacionales (BID, FMI, Banco Mundial o Club de París) subiría el tipo de cambio futuro y la tasa de interés hasta que el BCRA termine por devaluar el peso. (Vea este post.) De esta forma, los fondos para amortizar la deuda pública saldrían del impuesto inflacionario. ¡Los argentinos estamos hartos de las devaluaciones y la inflación! Lo segundo también está bien pues para remover a cualquier miembro del directorio del Central, que es una entidad independiente del gobierno nacional según la carta orgánica de 1992, hace falta la opinión de una comisión bicameral del Congreso dirigida por el presidente del Senado. Recién después de emitida esta opinión, la presidente de la Nación puede proceder a la remoción. Así lo hizo el Dr. de la Rúa en 2001, cuando desplazó a Pedro Pou de la presidencia del Central.

Tras la salida de Redrado del BCRA, el gobierno nacional queda compuesto en un 100% por funcionarios de cabotaje. Redrado fue el último alto funcionario que hablaba fluidamente inglés, tenía un master en una universidad norteamericana y, más importante que todo, tenía una visión internacionalista de la política y la economía que prevenía o atenuaba posibles dislates o, por lo menos, facilitaba una comunicación sin distorsiones ideológicas con el mundo exterior. Sólo quedan obsecuentes y provincianos.

Pero este post no tiene por objeto defender a Redrado. En esta ocasión actuó bien porque el fin del kirchnerismo está cerca y no es negocio hundirse con él. Se imponía un gesto de independencia y rebeldía altisonante que le abriera un futuro político en la próxima etapa política. El Fondo del Bicentenario fue la excusa perfecta. Antes de decirme que me equivoco, deberían explicarme por qué Redrado consintió, sin la menor excusa o comentario, otras decisiones más graves que dicho Fondo por parte de un gobierno del que fue funcionario durante nada menos que 6 años y medio. Ejemplos:

a) Redrado autorizó sin inconvenientes el pago de u$s 9.800 millones al FMI en febrero de 2006. Este monto equivalía al 36% de las reservas intern’les de aquel entonces; el monto actual equivale a un 14%.

b) Redrado no se inmutó cuando el gobierno nacional estatizó el sistema de AFJP, que realizaba la mitad de las transacciones de bonos y acciones de la plaza local, en octubre de 2008. La integridad y estabilidad del sector financiero ha sido históricamente un área de competencia del BCRA.

c) Redrado miró descaradamente a un costado durante 3 años de sistemática falsificación de las estadísticas sobre inflación. Aunque parezca obvio tengo que decirlo: en cualquier país del mundo, el banco central es el primer interesado en la producción de estadísticas fidedignas del costo de vida pues uno de sus dos objetivos básicos es mantener la inflación baja y a raya.

d) Redrado fue responsable, junto al expresidente Kirchner, de la sostenida devaluación del peso argentino, mientras las monedas de Brasil, Chile, Uruguay, la Unión Europea y Japón, entre otros países o bloques, se revaluaban respecto del dólar. O sea que es corresponsable de la alta inflación argentina.

Federico Pinedo escribió en uno de sus libros que "en tiempos de la República, un ministro llevaba en el bolsillo la renuncia lista para presentarla en caso de discrepar con una decisión del gabinete nacional". Por su larga trayectoria como funcionario de presidentes tan disímiles como Menem, Duhalde y los dos Kirchner, queda claro que Redrado no pertenece a aquella estirpe.

Enero 25, 2010

Regla de Volcker no va al punto

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 5:57 pm

A fines de la semana pasada vi por televisión al presidente Obama, flanqueado por el ex-presidente de la Fed, Paul Volcker, anunciar una reforma profunda del sistema bancario norteamericano. Obama dijo que pronto enviaría al Congreso el proyecto de ley con la reforma, que bautizó "la regla de Volcker". Esta regla no es un invento de Volcker. Su historia es larga. Arranca en la década de 1930 con la propuesta del economista Henry Simons, de la Universidad de Chicago, y ya en 1933 fue instrumentada por medio de la ley Glass Steagall (que el gobierno de Clinton derogaría en 1999).

En el día de la fecha, José Siaba Serrate publicó un artículo en Ambito Financiero en el que sostiene que la regla de Volcker no repara la falla que originó la crisis sub-prime. Siguen dos párrafos del artículo de Siaba Serrate:

En 1933, la ley Glass-Steagall -que separó tajante la banca comercial de la banca de inversión- fue la respuesta regulatoria a la catástrofe de la Gran Depresión. Su vigencia -de no haber sido repelida en 1999- no hubiera impedido la crisis actual. No fue la tradicional corrida de los depósitos lo que desató la zozobra. Fueron los Bear Stearns y los Lehman Brothers -es decir, los bancos de inversión, sin acceso al redescuento de la banca central y exentos de garantías- los que encendieron la mecha. (Los bancos de inversión no crean dinero secundario. Por esta razón, no recibían asistencia de liquidez hasta la crisis sub-prime.)

Comparto el criterio de Siaba Serrate. En mi opinión, la mejor explicación de la falla que originó la crisis sub-prime corresponde a John Taylor, y fue reseñada en este post. Si Taylor estuviera en lo corrrecto, quizá debiéramos resignarnos a la intervención de la Fed, o mejor del Tesoro, en aquellas ocasiones de devastadora pérdida de confianza entre los propios bancos.

El presidente ha decidido que la reforma financiera sea, a la par, la tabla de salvación de su campaña. Entonces, no debe olvidar un principio básico: su flotabilidad depende crucialmente de la salud de la economía y de los propios bancos. Si su manipulación la resquebraja, lejos de barrenar ante la opinión pública, será un lastre que lo hundirá, en un santiamén, en mayores profundidades.

El últmo párrafo que cito del artículo de Siaba Serrate debería ser motivo de otro post. Plantea una cuestión importante. Si Obama echara mano al populismo financiero como argumento de campaña en las elecciones legislativas de noviembre, tanto él como la incipiente recuperación económica podrían pagar un precio muy alto.

Enero 19, 2010

Chile avanza

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 9:00 pm

Finalmente, Sebastián Piñera venció en segunda vuelta a Eduardo Frei. Piñera es el presidente electo de Chile. Asumirá el 11 de marzo próximo. Será la primera vez desde la elección de Jorge Alessandri en 1958 que un conservador, derechista, liberal o como se llame, llega a la presidencia chilena por medio de elecciones democráticas. La elección fue limpia, rápida y muy civilizada. A las 18hs, el Ministerio del Interior informó sobre los resultados correspondientes a más de 60% de las mesas electorales. La tendencia favorecía a Piñera. Frei reconoció la victoria de Piñera poco después de las 18hs. A su lado estaban los ex-presidentes Aylwin y Lagos, que junto a la presidenta Bachelet y el mismo Frei gobiernan el país por la Concertación desde 1990. Bachelet se comunicó con Piñera poco después de las 19hs; lo felicitó y le anticipó que lo visitaría al día siguiente para desayunar juntos. Poco después, Bachelet también saludó a Frei. Todo esto explica, además del superávit fiscal, la apertura comercial y el buen clima de negocios, la bajísima prima de riesgo-chileno y el despegue económico del país trasandino.

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                                        Palacio de La Moneda, sede del gobierno nacional, Santiago de Chile

Se cierra un importante ciclo histórico en la vida política y económica de Chile. Primero, por espacio de 17 años, la dictadura de Pinochet abrió la economía al libre comercio y la estabilizó. Luego, por espacio de 20 años, la Concertación (una alianza de partidos de centro-izquierda) restableció la democracia republicana y, en líneas generales, respetó la organización económica legada por Pinochet. Ahora, le llega el turno de gobernar a la derecha democrática. ¿Qué aporte sustantivo debería hacer Piñera? Antes que otro tratado de libre comercio, alguna privatización o cierta desregulación del mercado laboral, creo que lo que esperan quienes no votaron a Piñera es que demuestre que un gobierno conservador puede ser liberal y republicano, austero y honesto. Esta constatación consolidaría el sistema bipartidista de Chile y ejercería una positiva influencia en la región, sobre todo, en la Argentina.

La biografía de Piñera, así como las de Joaquín LavínFelipe Larraín, posibles ministros del nuevo presidente, testimonian una vez más que Chile es un país vertical y aristocrático, gobernado por dinastías. Lo contrario de la Argentina, un país horizontal y democrático, aluvional si se quiere, gobernado por hijos de inmigrantes y de desconocidos. Así habría caracterizado Domingo F. Sarmiento a ambos países alrededor de 1845, cuando vivía en el vecino y admirado país.

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