La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

mayo 30, 2010

Sebreli

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 6:58 pm

La Nación de hoy publica un estimulante artículo del sociólogo y escritor Juan José Sebreli. Allá por 2002, un amigo conservador me recomendó efusivamente que leyera "Crítica de las Ideas Políticas Argentinas", uno de los exitosos libros de Sebreli. Le llamaba mucho la atención que un intelectual con fama de progresista rescatara del oprobio a los gobiernos de las décadas de 1930 y 1990. Siguen tres párrafos del artículo:

Para que en 2016 esta situación se revierta, será necesario un cambio profundo, tanto en la conducción política como en la orientación económica que consiga superar el nacionalismo populista, sustituir el movimientismo por un sistema de partidos y el corporativismo por instituciones republicanas.

Además, se deberá comprender este nuevo mundo, en el que la soberanía de los Estados-nación está relativizada, por la globalización. La Argentina, que intentó con mayor o menor suerte integrarse al mundo desde 1983, volvió al aislamiento y a un anacrónico proteccionismo de industrias de baja tecnología, ineficientes y sin capacidad exportadora, subsidiadas mediante la inflación, la confiscación del campo, el atraco al Banco Central y a las cajas de jubilación.

Quienes siguen hablando de la reindustrialización deben enterarse de que vivimos en la época posindustrial, donde las fábricas modernas están automatizadas y robotizadas, y los nuevos trabajos deben buscarse en la informática, la comunicación y los servicios, única manera de salir del estancamiento y la pobreza.

Es imposible pasar por alto algunos conceptos de Sebreli. Por ejemplo, la sustitución del movimientismo por el sistema de partidos y del corporativismo por las instituciones republicanas (el ex-presidente Menem, no obstante su liberalismo en el trato con la prensa y sus buenas relaciones con el Congreso, nunca dejó de ser un movimientista); la sustitución del anacrónico proteccionismo industrial por la integración económica al mundo (que es hoy tan imperativa como en los últimos 70 años), y la comprensión de que en el nuevo mundo globalizado la soberanía del Estado-nación se ha relativizado.

Mi reciente libro acepta como un hecho esa "relativización de la soberanía del Estado-nación" que subraya Sebreli. Este concepto es su punto de partida. Antídotos contra el Riesgo-Argentino intenta reflejar dicha realidad en lineamientos para una nueva organización económica no nacionalista.

mayo 24, 2010

¿De qué están orgullosos?

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 7:00 pm

La Nación publicó, el sábado 23, el artículo más sugestivo de los muchos que leí en los diarios durante las minivacaciones que se decretaron a fin de conmemorar el Bicentenario. El mensaje del artículo es simple y contundente: pese a todo, el 82% de los argentinos se siente orgulloso de ser argentino y la inmensa mayoría cree que el país en 2010 está mucho mejor, algo mejor o ni mejor ni peor que en 1910. ¡Un abismo me separa de la opinión mayoritaria! El gráfico a la izquierda muestra el estado de la opinión pública en materia de orgullo nacional; el de la derecha, muestra cómo la gente ve al país en 2010 en comparación con 1910.

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En un número especial del 25 de mayo de 1960, La Nación publicó un largo artículo encargado a Federico Pinedo como parte de los festejos del Sesquicentenario de la Revolución de Mayo. De joven, Pinedo fue un fervoroso lector de Marx y de Ricardo; más tarde, un hábil diputado socialista; antes de cumplir los 40 años, un notabilísimo ministro de Economía, y con el paso del tiempo, uno de los poquísimos estadistas que Argentina produjo en el siglo XX. A continuación, transcribo los primeros párrafos del artículo en cuestión. Note la calidad del lenguaje, el sentimiento con el que escribe, su notable comprensión de los hechos históricos y económicos y, sobre todo, la perspectiva, la visión de largo plazo, tan ausente en el mediocre siglo que pasó y que todavía, desde el punto de vista económico y político, no ha terminado.

1. Quienes recuerden lo que fue el año del Centenario y hagan una comparación entre el espíritu que entonces dominaba y el que impera hoy, al cumplirse siglo y medio de nuestra revolución emancipadora, no pueden dejar de percibir una marcada diferencia entre las dos celebraciones del magno acontecimiento.

2. En 1910 dominaba de manera casi absoluta una sensación de triunfo, que hoy está lejos de ser preponderante. Existía el convencimiento de que la Argentina había sido un éxito y hoy hay muchos que dudan de ello. Aunque se notaran serias deficiencias en muchos aspectos de la vida argentina y hubiera quienes se empeñaran en magnificarlas por espíritu crítico o las señalaran con ansia de perfeccionamiento, para la inmensa mayoría de los hijos de esta tierra y para todos los que se interesaban por su destino parecía indiscutible que el país había alcanzado ya en importantes aspectos de su vida un apreciable grado de desarrollo y que tenía expedito el camino a muy altos destinos, a alcanzarse en un futuro no muy lejano. Hoy ese convencimiento de que se había alcanzado la madurez y esa esperanza en la prosperidad a corto y a largo plazo se echa de menos en muchos connacionales.

3. En realidad la sensación de éxito nacional predominante en nuestro pueblo el año del Centenario o en la década que tuvo el Centenario por mitad era justificada. Aunque no había razón por cierto para creernos en todo la primera nación del universo no era ilusión considerar que nos destacábamos en el mundo y por supuesto en nuestro continente como un pueblo rico, próspero, dinámico, capaz de progresar con paso seguro y de ir alcanzando un rango cada vez más elevado.

El contraste entre el punto de vista de Pinedo en 1960 y el mensaje que deja trascender la opinión pública argentina en 2010 no puede ser mayor. Vaya uno a saber en virtud de qué factores la opinión pública cree que en 2010 estamos mejor que en 1910. Quizá sea porque ahora se vive mejor que en aquel tiempo: tenemos aspirinas que nos libran del dolor de cabeza, la mayoría puede comprarse un auto, el voto es universal y secreto y los niños no trabajan. Pero todos y cada uno de estos avances nos iban a llegar tarde o temprano, de una forma u otra, como llegaron a la mayoría de los países durante el siglo que pasó. No es motivo de orgullo. En cambio, "la casi absoluta sensación de triunfo" de 1910, que según Pinedo se explica por el rango que el país había sido capaz de alcanzar en el mundo, sí es motivo legítimo de orgullo. Que le país ocupe uno de los diez primeros lugares en el podio mundial de la producción, la inmigración y el nivel de vida de la población es sin duda difícil y meritorio.

En mayo de 1810, la población del Río de la Plata tenía grandes expectativas, grandes incertidumbres y mucha alegría. En 1860, tenía un programa definido de gobierno y se encontraba próxima a aplicarlo. En 1910, la sensación de éxito era prácticamente universal. En 1960, había sospechas de frustración. En 2010, si bien no puedo afirmar que transitamos el punto más bajo de nuestra historia pues faltaría a la verdad, sobra evidencia de que la Argentina ha fracasado. Por eso no festejo nada y, sin perder la esperanza, me preparo para el futuro. Se puede querer a la Patria sin necesidad de estar orgulloso de ella, como se puede querer a un padre o a un hijo con clara conciencia de sus defectos y limitaciones.

mayo 19, 2010

Libre comercio patrio

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 5:54 pm

Las Fundaciones Naumann y Atlas, con el auspicio de la Universidad del CEMA, realizaron ayer un importante seminario en conmemoración del bicentenario del magno evento de Mayo de 1810. El seminario se dividió en tres paneles. El primero se concentró en la sociedad, la política y la economía de 1810, y lo integramos Roberto Cortés Conde, Orlando Ferreres y yo. El segundo se concentró en la sociedad, la política y la economía de 1910, y lo integraron Jorge Castro, Ezequiel Gallo y Enrique Szewach. El tercero se concentró en Perspectivas a partir de 2010, y lo integraron Patricia Bullrich, Gerardo Morales, Ricardo López Murphy, Federico Pinedo y Elisa Carrió. Pronto se subirán a YouTube videoclips con tramos de 10 minutos de cada una de las exposiciones. Sigue mi exposición:

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La Revolución de Mayo de 1810 tuvo tres objetivos: la libertad externa, la libertad interna y la libertad de comercio. La libertad externa, con la Guerra de la Independencia en el medio, se consiguió en una década. Esta es la parte más enseñada de nuestra historia. La libertad interna, con la guerra civil en el medio, se consiguió en cuatro décadas. Esta parte es menos enseñada que la anterior. La instauración del estado de derecho fue un objetivo temprano y permanente de los gobiernos patrios. Ya en 1813, B. de Monteagudo redactó el primer proyecto de Constitución; le siguieron la sanción del Estatuto provisional de 1815 y la sanción del Reglamento provisorio de 1817, que sirvieron como antecedentes para las Constituciones unitarias de 1819 y 1826, de las que salieron, a su vez, muchos artículos de la Constitución federal de 1853.[1]

El tercer objetivo se consiguió de inmediato, de manera jacobina. De las tres partes, esta es la menos enseñada. Con la excepción de los historiadores, la mayoría de nosotros asocia el libre comercio a la Organización Nacional y al despegue de la economía argentina. Quiero destacar en esta oportunidad que la apertura comercial es muy anterior a la Organización Nacional. Se inició antes de la Revolución de Mayo y los gobiernos patrios la profundizaron. La historia del libre comercio en el medio siglo que terminó con la llegada de Juan M. de Rosas corre así.

En el contexto de las reformas administrativas borbónicas de fines del siglo XVIII, se creó el Virreinato del Río de la Plata en 1776 y se sancionó el Reglamento de Libre Comercio en 1778. Estas reformas, más el ímpetu de la industria británica que buscaba mercados para sus tejidos en todos los confines del mundo, determinaron una pronta apertura comercial de la economía de la pampa bonaerense. En el último cuarto del siglo XVIII, tuvo lugar la clásica revolución de precios relativos que acompaña a una sustancial liberalización del comercio internacional: cayó mucho el precio de las importaciones y subió mucho el de las exportaciones. Por ejemplo, el precio del hierro bajó un 50%; el del acero, más de un 70%, y el del coñac, un 60%; a su vez, el precio de los cueros aumentó un 250%. Es como si en la actualidad el precio de los autos bajara a la mitad y el de los productos de exportación subiera al doble. Pocos años después, a raíz de las invasiones inglesas, bajó mucho el precio de los productos textiles: los de algodón cayeron un 30% y los ponchos, un 60%.[2]

A partir de 1810, los gobiernos patrios abolieron barreras arancelarias y para-arancelarias y también el monopolio del comercio exterior que ejercía un pequeño grupo de comerciantes españoles. Gracias a esta reforma, al fin de las guerras napoleónicas, a una mejora de los términos de intercambio y a una rebaja del costo de transporte, la exportación per cápita se duplicó entre 1810 y 1825, y se ubicó en un nivel bastante alto en comparación con el nivel observado en ese tiempo en países desarrollados. De acuerdo con el historiador S. Amaral, después de la independencia hubo una importante liberalización comercial. Según los historiadores Salvatore y Newland, en el período que siguió a la independencia, la economía del Río de la Plata se transformó en una de las más abiertas del mundo. La apertura se consolidó en 1825 mediante la firma del Tratado Anglo-Argentino de Amistad, Comercio y Navegación (algo distinto a un TLC contemporáneo). Para Juan B. Alberdi, la importancia histórica del tratado fue capital pues evitó que Rosas hiciera de Buenos Aires otro Paraguay.[3]

En suma, conseguimos la libertad externa en diez años y jamás la perdimos; conseguimos la libertad interna en 40 años, la perdimos en 1930 y la recuperamos en 1983; conseguimos la libertad de comercio de inmediato y la perdimos en 1930. Seguimos igual en este terreno.

Referencias

[1] Groussac, P. (2005): Las Bases de Alberdi. Espuela, p. 66 y 67.

[2] Ávila, J. (2010): Antídotos contra el Riesgo Argentino. Cap. II.

[3] Ávila op. cit. Cap. I y II.

mayo 10, 2010

La banca europea

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 4:44 pm

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El plan de ayuda conjunto de la UE y el FMI, por 110.000 millones de euros, que se anunció la semana pasada para frenar la corrida sobre los bonos griegos falló. Llegó tarde. La corrida ya se había extendido a los bonos de Portugal y España, y amenazaba atacar también a los de Irlanda, Italia y posiblemente Gran Bretaña. La UE tenía dos opciones: a) ayudar a Grecia como estaba previsto, con alta probabilidad de que el Tesoro griego deba recurrir a una restructuración voluntaria de la deuda (o entrar en default); b) seguir los pasos de la Reserva Federal y el Tesoro americano y lanzar un rescate masivo.

Si la UE optaba por la primera alternativa, la extensión de la corrida financiera hacia los otros países mencionados era casi un hecho. Esto implicaba un alza generalizada de las primas de riesgo-país en la periferia sur y este de Europa, salidas de capitales y profundización de la recesión en los países involucrados, y una muy probable corrida sobre los depósitos en la banca europea. ¿Por qué? Vea el cuadro que publicó Ambito Financiero días atrás. La banca europea tiene en el activo de su balance una gran cantidad de bonos emitidos por los países que el mercado cree que entrarán en default. Luego, gran parte del valor del activo podría esfumarse. Esta posibilidad sería anticipada por los ahorristas, quienes intentarían retirar en masa sus depósitos con el objeto de no quedar entrampados en un corralito. El artículo de AF detalla el entramado de las tenencias de bonos: los bancos de España tienen la mayor exposición en bonos portugueses, los de Alemania tienen la mayor exposición en bonos españoles, los de Francia tienen la mayor exposición en bonos italianos, los de Inglaterra tienen la mayor exposición en bonos irlandeses, etc.

Lo anterior pone en evidencia la naturaleza global del problema. Los países que los inversores presumen débiles imponen así una externalidad negativa sobre la estabilidad económica de los otros países. Incluyendo a Alemania y Francia, puesto que la recesión en media Europa afectaría negativamente sus exportaciones, y las tenencias de bonos en los balances de sus bancos alentaría una corrida bancaria en el core europeo. 

Anoche la UE y el FMI anunciaron un plan de ayuda por 720.000 millones de euros. El monto es importante. El mercado ha reaccionado muy favorablemente. O sea que los inversores ahora creerían que la ayuda va en serio y que es suficiente. Si no fuera así, me parece que la UE redoblará la apuesta. La UE optó por la segunda alternativa. Este ataque tipo blitz-krieg debería estabilizar la cotización de los bonos griegos, portugueses y españoles y, con el paso de los meses, llevarla a los niveles del año pasado. Bajarían entonces la primas de riesgo-país, las economías se recuperarían, las recaudaciones de impuestos aumentarían y el proceso de achicamiento de los déficits fiscales se aliviaría bastante.

Esta experiencia europea tiene un enorme valor para los observadores argentinos. Muchos de ellos pregonan que la única salida para Grecia es el abandono del euro, la devaluación y la licuación de salarios y gasto público. Si Grecia lograra salir adelante más o menos rápidamente sin abandonar el euro, quedaría demostrado que en vez de devaluar hay que tomar medidas para inducir una baja del riesgo-país.

Por cierto, para Grecia la apuesta es relativamente fácil en virtud del paraguas europeo. ¿No debería Argentina buscar su propio y particular paraguas?

mayo 3, 2010

Antídotos contra el Riesgo-Argentino

Filed under: Libros y papers — Jorge Avila @ 1:56 pm

En diciembre terminé de escribir el libro que presento ahora. Entre febrero y abril busqué un editor para que lo publicara y lo distribuyera en librerías. Algunos editores no respondieron a mis llamados. Otros, después de mirarlo por encima, me dijeron que tenían agotado el cupo de impresiones para el año. Y otros se mostraron interesados pero querían que les firmara contratos tan leoninos que prácticamente me obligaron a evaluar la alternativa de la auto-publicación en Internet. Gracias a las exigencias de los editores, me he convencido de que Internet es la mejor alternativa. Lo que volcó el fiel de la balanza hacia este medio es el simple ejercicio de comparar la cantidad de libros que ellos planificaban imprimir con la cantidad de visitas que recibo por día en el blog. En mi caso, parece evidente que la impresión en papel es cosa obsoleta.

PD: El libro fue publicado por bajalibros.com en abril de 2011. Para comprarlo, haga click aquí.

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