La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

Noviembre 30, 2010

Delincuencia & Narcotráfico

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 4:32 pm

Claudio Chavez publicó en Infobae hace siete años un artículo premonitorio. La delincuencia y el narcotráfico no se veían entonces como grandes peligros. La brutalidad de los recientes sucesos de Río de Janeiro y la escalada de violencia que se observa en México y Argentina nos enseñan que son grandes peligros y que hace falta una solución.

El delito y el narcotráfico, más rápido que tarde, serán los problemas centrales a resolver. Quienes no aborden el asunto con la severidad que merece, serán superados por los acontecimientos que lamentablemente sufriremos todos, los que son responsables del problema y los que no lo son.

En la historia de nuestra golpeada patria el combate al delito no es novedoso. El país padeció en el siglo XIX el largo drama del indio. Las intermitentes entradas de la marginalidad pampeana sobre las poblaciones indefensas ocasionaron males imborrables y odios inextinguibles. Ciudades como Tapalqué, Azul, Tandil, 25 de Mayo, Junín, Pergamino, así como Río Cuarto, Villa Mercedes, San Rafael y tantas otras, vivieron años de horror y desesperanza. Las entradas indígenas ocasionaban todo tipo de males. Robaban cuanto podían, incluyendo el secuestro de hombres, mujeres y niños que usaban en sus tolderías para las labores más viles, lograban venderlos por monedas en Chile, o pedían rescate a sus familiares directos.

Extorsionaron sistemáticamente a los distintos gobiernos para lograr de ellos una paga que comprara su irrecuperable conducta.

Plagados están nuestros archivos históricos de estos acuerdos pampas. Sueldos para los caciques, sueldos para los caciquejos, sueldos para los capitanejos y sueldos para todos. Un regalo inexplicable para mantener una paz que jamás se cumplía. Se les regalaba, también, azúcar, yerba, tabaco, alcohol y ganado. Fortunas inmensas se gastaban para comprar su extorsión.

Los florecientes pueblos y villorrios recostados sobre las fronteras de la civilización sufrían el permanente acoso de los malones pedían a gritos una solución definitiva. Ya en épocas pasadas (1833), el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Don Juan Manuel de Rosas, había intentado una Campaña, exitosa en parte, sobre los indios del sur de Mendoza, sur de San Luis, sur de Córdoba y sobre los de su provincia. Había encomendado la conducción de dicha guerra a su amigo y caudillo el riojano Facundo Quiroga a quién le informaba sobre la necesidad de "acabar con todos los indios". Facundo rechazó el ofrecimiento aduciendo desconocer sobre este tipo de guerra. Sin embargo, el riojano no se desentendió totalmente del problema. Le llamaba la atención que la columna del centro, comandada por el General Ruiz Huidobro y los hermanos Reinafé, Jefes de su Estado Mayor y políticos de la Provincia de Córdoba -uno de ellos Gobernador- cuando planificaban caer sobre los toldos del cacique Yanquetruz, misteriosamente, los indígenas se hacían humo. Esto llevó a Facundo a acusar a los Reinafé de cómplices y buchones del cacique, y las razones que lo asistían eran muy simples: participaban del negocio del robo de ganado ejecutado por los ranqueles y reducido por éstos. La frontera era una delgada línea donde todo se confundía y todo se arreglaba.

Así estaban las cosas en aquel país y para colmo, empeoraron. En la década de 1870 el asunto indígena era la principal preocupación de la vida pública. La Argentina se encaminaba a su objetivo de nación agro exportadora y el clima de inseguridad no podía continuar. Quien resolviera el drama se colocaba en el centro de la escena nacional.

El vicepresidente Alsina elaboró, entonces, un plan que consistió en un avance lento y permanente sobre el desierto "el plan del Poder Ejecutivo es ir ganando zonas por medio de líneas sucesivas". En una palabra, una lenta evolución que provocaría la resignación y la natural incorporación del indígena a la vida social, al verse atropellado por la civilización. Completaba esta alucinación la loca idea de construir una zanja de 650 kilómetros de extensión, dos metros de profundidad y tres metros de ancho. Con ella pensaba persuadir al indio de la inconveniencia de sus robos, ya que la zanja les impidiría huir con el ganado arrebatado. El disparate estaba fundado en la idea de que esta campaña era contra el desierto y no contra el indio. El garantismo del siglo XIX se dio de bruces con la realidad.

El Coronel Roca, a la sazón Comandante de la frontera de Río Cuarto, polemizó con su superior en periódicos de la época y objetó su idea en los siguientes términos:

"Los indios mirarán este plan como un ataque a sus derechos, pues consideran suyos estos campos, y aún los que actualmente ocupamos. Nos acusarán de ser nosotros los primeros en faltar a la fe de los tratados y se prepararán a oponernos la más tenaz resistencia."

De manera que a juicio de Roca el proyecto Alsina contra el Desierto y no contra el indio era tan solo una ilusión. La respuesta indígena al vicepresidente Alsina, no se hizo esperar. En 1876 se produjo lo que se conoce como la "invasión grande". Masivo y mortal ataque indígena sobre Azul, Tapalqué y Tandil, que provocó más de 400 muertos, 500 secuestrados cautivos y 300.000 cabezas de ganado en manos de la marginalidad.

Fue muy perniciosa la acción de Alsina y si se quiere ingenua al pensar que el indio vería avanzar la civilización sin defenderse. No quedaba más que el plan de Roca:

"Vamos pues a disputarles sus propias guaridas, lo que no conseguiremos sino por medio de la fuerza. A mi juicio el mejor sistema de concluir con los indios es el de la guerra ofensiva. Hay que ir a buscarlos a sus guaridas y causarles un terror y un espanto indescriptibles."

Roca tenía en claro que solo el Ejército estaba en condiciones de una guerra ofensiva para concluir con el problema del delito indígena, las viejas Guardias Nacionales -especie de Policías de Provincias- estaban, invariablemente, complicadas con el robo o absolutamente superadas por la capacidad militar del indio. Roca aseguraba, asimismo, que era inadmisible la existencia de "fronteras interiores", es decir, territorios donde el Estado Nacional no ejercía ningún control.

En consecuencia, a más de cien años de aquellos acontecimientos nos hallamos a fojas cero. En Brasil la delincuencia ha golpeado en una de las ciudades más pujantes y populosas de América del Sur. Es sólo un aviso.

¿Continuaremos esperando que el tiempo solucione lo que los hombres no se animan a solucionar? La Argentina no está inmune de acontecimientos similares.

Los santuarios del delito son impenetrables por las fuerzas de seguridad y el Estado. Ciertas favelas y algunas villas son las actuales "fronteras interiores". Alguien debe penetrar en ellas y terminar con la delincuencia agazapada. ¿Lo hará la Policía?

Debemos pasar a la ofensiva “hay que ir a buscarlos a sus guaridas y causarles un terror y un espanto indescriptibles”

Es un enorme disparate alejar a las Fuerzas Armadas del conflicto con el narcotráfico y la narcodelincuencia. Pagaremos muy caro este error gigantesco.

Noviembre 4, 2010

El fracaso económico K

Filed under: Gráfica — Jorge Avila @ 3:36 pm

A muchos economistas se les hace cuesta arriba argumentar que el gobierno kirchnerista fracasó clamorosamente en materia económica. Después de todo, en vez de una hiperinflación, un pánico bancario, una larga recesión o un default de la deuda, bajo este gobierno el país ha experimentado una larga recuperación económica. En sus informes sobre la muerte de Néstor Kirchner, la CNN llegó a definir al ex-presidente como "el artífice de la recuperación argentina". Pocos encuentran una manera clara y convincente de explicar que dicha recuperación era inevitable, a menos que se cruzara en el camino otro De la Rúa. Tuvo dos causas: el rebote de la depresión de 1998-2002 y la prolongada e histórica suba del precio de los productos de exportación de Argentina y de América latina.

El fracaso de la gestión de Kirchner estriba en la caída vertical de la inversión externa directa (IED). Por la política de dólar alto y congelamiento de tarifas de servicios públicos, por la hostilidad ideológica hacia los bancos y la actividad financiera, por las operaciones encubiertas tendientes a que los amigos del poder se quedaran con los paquetes accionarios de las grandes empresas privatizadas, por la congénita desconfianza hacia la libre iniciativa, por la estatización de las AFJP, por el bloqueo de las exportaciones de carne y trigo o por alguna otra razón que se me escapa, lo cierto es que Kirchner actuó en forma sistemática como un espantapájaros de la inversión extranjera. Y también de la inversión nacional. ¿Acaso el tan mentado superávit de la cuenta corriente no se debe a la fuga de capitales? Salvo períodos muy cortos, Argentina registra una persistente fuga de capitales desde 2001. En lugar de contenerla, Kirchner la fomentó. El cuadro que sigue muestra la llegada de IED a los principales países de América latina en el primer semestre de este año. Está hecho con datos de la CEPAL, un organismo de las Naciones Unidas:

IED2.jpg

Argentina, que en la primera década de 1990, durante el proceso de privatización y desregulación económica, competía con México y Brasil en la captación de inversión externa directa, recibió en la primera mitad de 2010 apenas 1/4 de las inversiones que llegaron a Chile, 1/2 de las que fueron a Colombia y poco más de la mitad de las que fueron a Perú. Es difícil encontrar una respuesta a este llamativo fenómeno que no sea el factor K.

Pero uno no quiere que el país atraiga inversión externa por una cuestión ornamental o de status internacional. Lo quiere porque implica capitalización, mayor productividad laboral y mayores salarios. En otras palabras, un mayor PBI per cápita. Cuando se comparan las relaciones entre el PBI argentino y los PBI de países vecinos a fines de la década de 1990 y en 2009, dan ganas de llorar.

Hace poco más de diez años, el PBI argentino era 20 veces el uruguayo, 4 veces el chileno, 40% del brasileño y 1% del mundial. En 2009, el PBI argentino fue 10 veces el uruguayo, 2 veces el chileno, 20% del brasileño y 0.5% del mundial. (Datos sin corrección por paridad de poder adquisitivo; FactBook de la CIA.) Es fácil inferir las consecuencias militares y diplomáticas de esta abrupta pérdida de poder económico relativo. No conozco un mejor resumen de todos los fracasos económicos del kirchnerismo.

(Este post fue revisado y ampliado aquí.)

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