A ocho meses de unas elecciones presidenciales que serán tan importantes como las de 1989 y 2003, por su posible influencia sobre el rumbo económico que pueda tomar el país, el previsible proceso de decantación va dejando tres candidatos en pie. Alfonsín, Macri y Cristina, en este orden.
Demás está aclarar que lo que sigue es altamente opinable. Responde a la percepción que me va quedando luego de ver programas políticos por TV, escuchar y ver a los candidatos en sus campañas (que ya se iniciaron sin previo aviso), de leer artículos especializados en diarios nacionales, y de escuchar las opiniones de amigos y conocidos.
Ricardo Alfonsín, que en todo imita a su padre sin el menor rubor, se perfila como ganador de la elección interna radical del 30 de abril. Compite en ella con Sanz, el senador mendocino preferido por Techint y la Asociación Económica Argentina. Las chances de triunfo de Sanz en la interna radical aumentan con la cantidad de ciudadanos independientes que acudan a votarlo. Las chances de triunfo de Alfonsín disminuyen con la cantidad de independientes que acudan a las urnas ese día. Alfonsín es muy querido puertas adentro de la UCR. Para comprobarlo basta ver algunos de sus discursos dirigidos a la militancia radical. Su retórica hace honor a la tradición radical. Sus gestos son radicales y su ideología de izquierda es también radical. Los radicales lo escuchan embobados, como si fuera un mesías. Por el contrario, Sanz es un hombre nuevo. Un poquito más abierto, un poquito menos estatista y proteccionista, un poquito más realista y moderno. El pronóstico de los expertos es que, como la elección del 30 de abril no será oficial, los votantes independientes no irán en grandes cantidades y que, por tanto, ganaría Alfonsín. Más tarde, en agosto, Alfonsín tendría que enfrentar a Cobos en la elección primaria prevista por ley. Mi sensación es que por entonces el envión de Alfonsín resultaría imparable. (Alfonsín atrae mucho por su sencillez e imagen de hombre honesto. Gran ventaja en un país que votará buscando la contracara de Kirchner.)
Desde el mismo principio, Mauricio Macri apostó a que el Peronismo Federal se quedaría sin un candidato potable y que no tendría mejor alternativa que encolumnar sus fuerzas detrás de él para competir juntos en la elección presidencial de octubre. A juzgar por los últimos movimientos de Duhalde, creo que Macri no se ha equivocado. El malestar de algunos socios menores del Peronismo Federal, como Rodríguez Saá, Das Neves y Solá, son un testimonio de que el acercamiento va en serio. No es descabellado pensar en una boleta de Macri Presidente con listas de legisladores en las que figure una mezcla de macristas (de origen conservador, radical y peronista) y peronistas federales, así como la confluencia del Pro y el Peronismo Federal detrás de candidaturas a gobernador en varias provincias (Santa Fe es un caso).
Cristina F. de Kirchner no habría tomado aún una decisión definitiva acerca de su participación en la campaña. La presión de sus allegados parece ser enorme. Quieren la reelección de ella de todos modos por razones de supervivencia política y de plata. Saben que será duro volver al llano, caminar desempleados por la calle, sin que nadie los salude, o gambetear las demandas judiciales. Es probable que se candidatee y se lance a una campaña groseramente izquierdista: más presos del sindicalismo, más enfrentamientos con empresas extranjeras, ataques a EEUU y más "modelo productivo", o sea, más bloqueos de exportaciones, más restricciones a las importaciones, más controles de precios, ¿más estatizaciones?
En la actualidad, Cristina estaría juntando un 30% de la intención de voto; Macri y Alfonsín, un 20%, más o menos, cada uno. Habría segunda vuelta. La pregunta es quién, Macri o Alfonsín, pasaría a ella. (Jorge Asís trata el tema aquí.)
Creo que Cristina perderá la segunda vuelta, y barrunto que ella también lo cree. Si con el paso de los meses se afirmara esta creencia, podría inventar un pretexto para evitar la candidatura. En tal caso, no sé cómo arreglará con los grupos que la ven como un salvavidas.
La puja real correrá, creo o quiero creer, entre la centroizquierda de Alfonsín y la centroderecha de Macri. El país cambiará para mejor cualquiera de ellos resulte ganador. Ambos son mucho más republicanos que Kirchner. Ambos son mucho más conscientes del valor de las relaciones internacionales que Kirchner. Ambos son mucho más respetuosos de la propiedad privada y la libre empresa que Kirchner.
Los problemas de una presidencia de Alfonsín son muchos. El primero es que su ideología ochentista tiende a extraviarlo. El segundo es el desentendimiento entre radicales y peronistas cuando los primeros gobiernan, sumado a la oposición de los sindicatos. El tercero es la histórica ineptitud radical para gobernar y el síndrome de los mandatos que no se terminan. Desde Yrigoyen, los radicales se las ingenian para paralizar el país. No se juegan. No toman decisiones importantes. Con una excepción: el juzgamiento de las Juntas Militares y las leyes que limitaron la responsabilidad de los militares durante el gobierno de Raúl Alfonsín. El próximo gobierno tendrá que frenar la inflación, combatir la inseguridad y actualizar las tarifas de los servicios públicos (para aumentar la oferta de naftas, gas y electricidad y mejorar el servicio ferroviario). Estas son las urgentes tareas que la sociedad les encargará. No les veo a Ricardito y a sus correligionarios uñas de guitarreros.
Prefiero por varios cuerpos a Macri. Si se me permite soñar, quiero un presidente capitalista y cuáquero. En otras palabras, un repúblico austero, partidario del libre comercio, capaz de comprender la vital necesidad que tiene la Argentina de llegar a un entendimiento franco con EEUU (similar al que lograron Australia, Israel y Japón). A pesar de todos sus defectos y su posible vanidad, creo que el candidato que más se acerca a ese presidente ideal es el maltratado Macri. Los católicos no lo quieren porque no se opuso al matrimonio entre homosexuales; los radicales, porque es un neoliberal; los socialistas, porque es un niño rico, y los tilingos, porque hizo poco en la Ciudad o porque beneficia a sus parientes en la concesión de la obra pública. Pero Macri es el único que ha defendido abiertamente el derecho de propiedad (ocupación de los espacios públicos y estatización de las AFJP) y el único que nos recuerda que no estamos solos en el mundo y que repite una y otra vez que es bueno incrementar el comercio internacional y radicar inversiones en sectores con futuro como el agroindustrial, el forestal, el de turismo y el de software, entre otros. No crean que me engaño. Sé que Macri no es aquel repúblico austero. Pero, de la oferta electoral para 2011, ¿me pueden decir quién se acerca más a ese ideal que en mayor o menor medida casi todos nosotros queremos?







