La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

marzo 25, 2011

Memoria

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 3:32 pm

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Ayer, 24 de marzo de 2011, en el 35º aniversario del último golpe de estado que sufriera Argentina, Enrique Arenz escribió para el Informador Público:

Un solo político se opuso tenazmente al golpe del 24 de marzo de 1976. Ese político fue el ingeniero Álvaro C. Alsogaray, quien en un comunicado público que lleva la fecha 18 de marzo expresó:

"Nada sería más contrario a los intereses del país que precipitar en estos momentos un golpe. Las fuerzas armadas supieron retirarse en mayo de 1973 de la escena política y no deberán volver a ella sino cuando esté realmente en peligro la supervivencia misma de la libertad. Constituyen la última reserva y no deben ser arriesgadas bajo estas condiciones. Entregaron el poder a los líderes políticos, incluyendo entre estos a los dirigentes sindicales y empresarios que actúan en función política, y fueron esos líderes quienes crearon el caos actual. Por lo tanto, son los únicos responsables, los verdaderos y exclusivos culpables de esta gran frustración argentina, y a ellos incumbe enfrentar las consecuencias y resolver, si pueden, el drama en que han sumido al país."

Ahora yo pregunto: ¿De qué nos sirve el feriado del 24 de marzo? ¿Debemos abolirlo una vez que la Sra. de Kirchner se marche? Y contesto: Creo que nos sirve de mucho y que debemos preservarlo. Nos sirve para recordar que debemos mantenernos dentro del estado de derecho. Como dijo Alsogaray entonces, para no olvidarnos de que los problemas de la democracia se arreglan dentro de la democracia.

Sirva este post de recuerdo del Ing. Alsogaray. Tuve el gusto y el honor de conversar con él dos largas y entretenidas horas poco antes de su muerte. Hablamos sobre política, economía, liberalismo, Hayek y patrón oro. Me instó incluso a entrar en la actividad política. Tal era su energía y concentración a pesar de sus 90 años y su mal estado de salud.

marzo 24, 2011

Licencias para lucrar

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 5:10 pm

La industria protegida de la competencia extranjera vive un tiempo de gloria bajo el Kirchnerismo. Festejan especialmente en estos días los fabricantes de productos textiles, los de juguetes y los de bicicletas, cuyos precios ya aumentan por arriba de la inflación. Padecen las consecuencias de la "estrategia de sustitución de importaciones" los consumidores, en quienes nadie piensa.

La teoría económica nació con el fin de demostrar que una economía un poco más abierta al comercio internacional es mejor para un país en su conjunto. Esta proposición fue probada por Adam Smith en 1776 y David Ricardo en 1817. Desde entonces es la piedra basal del análisis económico. Pero en Argentina nada de esto importa. La ley de las ventajas comparativas fue abolida aquí en 1930. La estructura productiva argentina no está determinado por el mercado mundial sino por el canto de sirena de los industriales, quienes encuentran oído atento en funcionarios nacionales ignorantes, corruptos o ambas cosas.

El pasado miércoles 9 de marzo, el proteccionismo argentino ganó otra batalla. De un plumazo, el Gobierno dispuso que no se pueden importar 200 productos industriales sin licencias no automáticas de importación, que se suman a los 400 que ya se encontraban en esta situación. La medida parece inocua pero no lo es. Para el Banco Mundial el instrumento más dañino de cerrazón comercial, más que los aranceles o impuestos a las importaciones, es justamente esta clase de barreras no arancelarias. En parte, porque el Gobierno las maneja de forma arbitraria y, en parte, porque permiten que los oferentes locales fijen los precios que crean convenientes en vez de respetar los precios del mundo. (M. Krause publicó hoy en Ambito Financiero una breve artículo sobre el abuso que involucra esta medida.)

El Gobierno afirma que la medida tiene por objeto contener la caída del superávit comercial. Sabemos hasta el olvido que esta variable no responde a la política comercial sino al superávit fiscal y a la salida de capitales. Si el Gobierno controlara el gasto y recreara el superávit fiscal, el superávit comercial aumentaría. Me atrevo a decir que en 2011, aunque el déficit fiscal siga aumentando, el superávit comercial aumentará. La razón es que la prima de riesgo-argentino ha subido y se mantendrá alta durante este complicado año (hay elecciones presidenciales aquí, hay turbulencia en los países árabes, sigue la crisis financiera europea), y por ende saldrá todavía más capital de Argentina.

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     Solicitada publicada en Ambito Financiero el pasado lunes 21 de marzo

Los firmantes de la solicitada son los principales beneficiarios de la nueva restricción al comercio exterior. No tienen vergüenza. Tienen razón cuando dicen que las licencias no automáticas son un instrumento legal. Debemos recordar que el Congreso, abdicando de sus funciones constitucionales, delegó hace décadas al Poder Ejecutivo la facultad de gravar las importaciones. Pero no tienen razón cuando dicen que las licencias no automáticas son un instrumento legítimo porque la defensa de la industria argentina no puede ser legítima jamás, toda vez que la pagan los consumidores argentinos y se ejecuta por medio del aislamiento de la economía argentina. También dicen que las licencias tienen por objeto garantizar la provisión de insumos que no se fabrican en el país. ¿Para que está el mercado sino para garantizar la provisión de lo que no se fabrica y de lo que sí se fabrica? ¿O acaso los firmantes, en asociación con el secretario Moreno, están en condiciones de garantizar la provisión de insumos con mayor rapidez y limpieza que el mercado?

marzo 11, 2011

Vargas Llosa

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 4:17 pm

Mario Vargas Llosa, el ganador del Premio Nobel de Literatura de 2010, estará en Buenos Aires en la tercera semana de abril. Entre otros fines, su visita tiene por objeto pronunciar el discurso de inauguración de la Feria del Libro. El gobierno kirchnerista le teme. Es bien conocido el desprecio que el gran escritor siente por la devaluada democracia argentina, por los desplantes internacionales del kirchnerismo y por la irresponsabilidad de su administración económica. Es, asimismo, bien conocida su perplejidad ante la prolongada involución que experimenta el país en casi todos los planos desde por lo menos 1930. Vargas Llosa atribuye la declinación argentina al populismo, y el populismo argentino al peronismo. No está muy lejos de la verdad. 

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Mario Vargas Llosa hace unos 20 años

La conducta del Director de la Biblioteca Nacional, Sr. Horacio González, en relación con la visita de Vargas Llosa, es una muestra más de la desvergüenza, la mediocridad y el oportunismo característicos del kirchnerismo, el peronismo y gran parte de la dirigencia política, empresaria, intelectual y sindical argentina. Primero, a fin de congraciarse con la Presidente de la Nación, mandó una carta a los organizadores de la Feria en la que pedía que le fuera denegada la palabra a Vargas. González reconocía lo obvio, que es un gran escritor, pero agregaba que es un neoliberal, o sea, alguien vinculado en la cabecita de los intelectuales de Carta Abierta y el programa televisivo 6, 7, 8 a esa cosa indefinida e intimidante que sería una mezcla de autoritarismo de derecha y capitalismo financiero internacional. La tontería de González y sus negativas repercusiones le sirvieron en bandeja a la Sra. Cristina la oportunidad para descalificar en público a su empleado y para declarar con magnanimidad que en Argentina la libertad de expresión está garantizada. Tras la desautorización, González pasa sus tardes en la TV pública defendiendo la libertad de expresión como si nada hubiera pasado y queriendo dejar mal parado a Vargas. Para ésto se vale de trucos de edición de un tape con la respuesta de Vargas a su tontería. Un botón de muestra de la declinación argentina: en la galería de los directores de la Biblioteca Nacional, donde pronto colgará el cuadro de González, cuelgan hace décadas los de Paul Groussac y Jorge Luis Borges, dos de nuestros más lúcidos escritores.

Siguen dos párrafos del discurso que pronunció Vargas Llosa cuando recibió el Premio Nobel. Aconsejo leerlo. Buena pieza, muy entretenida y una clara muestra de su pensamiento demócrata y liberal clásico.

En mi juventud, como muchos escritores de mi generación, fui marxista y creí que el socialismo sería el remedio para la explotación y las injusticias sociales que arreciaban en mi país, América Latina y el resto del Tercer Mundo. Mi decepción del estatismo y el colectivismo y mi tránsito hacia el demócrata y el liberal que soy –que trato de ser– fue largo, difícil, y se llevó a cabo despacio y a raíz de episodios como la conversión de la Revolución Cubana, que me había entusiasmado al principio, al modelo autoritario y vertical de la Unión Soviética, el testimonio de los disidentes que conseguía escurrirse entre las alambradas del Gulag, la invasión de Checoeslovaquia por los países del Pacto de Varsovia, y gracias a pensadores como Raymond Aron, Jean-François Revel, Isaiah Berlin y Karl Popper, a quienes debo mi revalorización de la cultura democrática y de las sociedades abiertas. Esos maestros fueron un ejemplo de lucidez y gallardía cuando la intelligentsia de Occidente parecía, por frivolidad u oportunismo, haber sucumbido al hechizo del socialismo soviético, o, peor todavía, al aquelarre sanguinario de la revolución cultural china.

De niño soñaba con llegar algún día a París porque, deslumbrado con la literatura francesa, creía que vivir allí y respirar el aire que respiraron Balzac, Stendhal, Baudelaire, Proust, me ayudaría a convertirme en un verdadero escritor, que si no salía del Perú sólo sería un seudo escritor de días domingos y feriados. Y la verdad es que debo a Francia, a la cultura francesa, enseñanzas inolvidables, como que la literatura es tanto una vocación como una disciplina, un trabajo y una terquedad. Viví allí cuando Sartre y Camus estaban vivos y escribiendo, en los años de Ionesco, Beckett, Bataille y Cioran, del descubrimiento del teatro de Brecht y el cine de Ingmar Bergman, el TNP de Jean Vilar y el Odéon de Jean Louis Barrault, de la Nouvelle Vague y le Nouveau Roman y los discursos, bellísimas piezas literarias, de André Malraux, y, tal vez, el espectáculo más teatral de la Europa de aquel tiempo, las conferencias de prensa y los truenos olímpicos del general de Gaulle. Pero, acaso, lo que más le agradezco a Francia sea el descubrimiento de América Latina. Allí aprendí que el Perú era parte de una vasta comunidad a la que hermanaban la historia, la geografía, la problemática social y política, una cierta manera de ser y la sabrosa lengua en que hablaba y escribía. Y que en esos mismos años producía una literatura novedosa y pujante. Allí leí a Borges, a Octavio Paz, Cortázar, García Márquez, Fuentes, Cabrera Infante, Rulfo, Onetti, Carpentier, Edwards, Donoso y muchos otros, cuyos escritos estaban revolucionando la narrativa en lengua española y gracias a los cuales Europa y buena parte del mundo descubrían que América Latina no era sólo el continente de los golpes de Estado, los caudillos de opereta, los guerrilleros barbudos y las maracas del mambo y el chachachá, sino también ideas, formas artísticas y fantasías literarias que trascendían lo pintoresco y hablaban un lenguaje universal.

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