La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

Mayo 30, 2011

Posición argentina en el mundo

Filed under: Gráfica — Jorge Avila @ 5:17 pm

En noviembre de 2010, escribí que el fracaso económico kirchnerista estriba en el colapso de la inversión externa directa y en la pérdida de peso económico de nuestro país en relación con la región y el mundo. En vista de la importancia del tema, invertí una tarde en la hemeroteca del BCRA hurgando en los Yearbooks del FMI y, por Internet, en el FactBook de la CIA. El resultado de la pesquisa son estas dos tablitas.

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La tabla de arriba muestra la evolución de las exportaciones argentinas, como porcentaje de las exportaciones mundiales, entre el quinquenio 1995-1999 y el trienio 2008-2010. No obstante el fuerte crecimiento de las exportaciones argentinas que leemos en los diarios, nuestro país ha mantenido su participación en las exportaciones del mundo. En otras palabras, Argentina no ha aumentado su presencia en los mercados mundiales. Sin embargo, las exportaciones de Brasil y de Chile han aumentado un 40% en cada caso.

La tabla de abajo muestra la evolución del PBI argentino entre los mismos períodos. No obstante el crecimiento "a tasas chinas" del PBI argentino, la producción final de nuestro país se ha reducido notablemente en términos relativos. Durante muchos años y hasta fines de la década de 1990, el PBI argentino rondó el 1% del PBI mundial; ahora no llega a 0.6%. Entonces, era casi 0.4 veces el PBI brasileño, casi 4 veces el PBI chileno y poco más de 13 veces el PBI uruguayo; ahora es 0.19 veces el primero, 1.9 veces el segundo y 9.6 veces el tercero.

Que Argentina ha experimentado una pérdida significativa de peso económico regional y mundial en la última década no parece, entonces, una afirmación irresponsable o de ánimo opositor. Es un hecho preocupante y, a la larga, peligroso. En la actualidad, los gobiernos de Brasil y Chile pueden cobrar tributos sobre bases de imposición que prácticamente duplican en términos relativos a las que tenían en la década de 1990. En otras palabras, con igual presión tributaria ahora pueden pagar unas fuerzas armadas que doblen en tamaño a las que tenían entonces. Si el tamaño relativo de las exportaciones y el PBI de los países dice algo, los gobernantes y empresarios de Brasil y Chile seguramente son mejor escuchados en Washington, Nueva York, Pekín y Shanghai en la actualidad que hace apenas 10 ó 15 años.

Como argumenté en el post arriba citado, la escasa inversión externa directa que atrajo el país durante la década pasada es, quizá, la causa más probable del magro desempeño económico argentino en dicho período. El cuadro que sigue, que armé sobre la base de datos recientes de la CEPAL, muestra la trayectoria de la IED en los principales países de América Latina entre 2000-05 y 2010.

IED4.jpg

La IED que recibió Argentina fue ampliamente superada por la IED que recibieron Brasil, México y Chile. Colombia también superó por buen margen a nuestro país, y Perú, tras un sostenido incremento, superó asimismo a nuestro país en 2009 y 2010. Note en la base del gráfico el buen desempeño de Uruguay. ¿Por qué razón nuestro país espantó a la IED? Por los Kirchner, que actuaron como espantapájaros de las inversiones en general, extranjeras y nacionales.

Mayo 28, 2011

Como el caballo de Napoleón

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 5:56 pm

El pasado 25 de Mayo, Ambito Financiero publicó un reportaje a Jorge Remes Lenicov, actual embajador argentino ante la Unión Europea, ministro de Economía de la Nación entre enero y abril de 2002 (primeros meses de la presidencia de Eduardo Duhalde), ex-diputado nacional, ex-ministro de Economía de la Pcia. de Buenos Aires y ex-profesor de Economía de la Universidad de La Plata. Tomé la decisión de reproducirlo porque pone al desnudo una forma obsoleta e incorrecta de entender el funcionamiento macroeconómico de un país pequeño y sujeto al arbitraje internacional de capitales, que es el caso de todos los países del mundo salvo EEUU, UE y China.

El post es más largo que lo aconsejable en este género. Incluye el reportaje, y mis comentarios a las respuestas de Remes Lenicov intercalados en letra cursiva. Mis comentarios a las primeras respuestas son más bien extensos. Después, van acortándose o desapareciendo.

Periodista: ¿Se pueden comparar las situaciones de Grecia y la de la Argentina en 2001?

Jorge Remes Lenicov: Grecia viene haciendo un gran esfuerzo fiscal desde hace un año, luego que la Unión Europea le otorgó un rescate de 150.000 millones a cambio del compromiso de fuertes ajustes que ese país hizo. Ahora está pidiendo más fondos. Evidentemente tiene un problema de competitividad. En eso se parece mucho al caso de la Argentina en la convertibilidad.

Un "problema de competitividad" es el eufemismo preferido por ciertos economistas y por la UIA para pedir con elegancia una devaluación. La idea es que la "pérdida de competitividad", asociada a un tipo real de cambio que se considera bajo, descoloca a la producción local en los mercados internacionales, y así genera recesión y desempleo. De lo cual se infiere que para sacar al país de la recesión y el desempleo se impone devaluar el peso (por enésima vez). El argumento de la "competitividad" es, por supuesto, un sofisma.

Una devaluación puede sacar a un país de la recesión y el desempleo cuando contribuye a reducir la prima de riesgo-país y, por ende, a restablecer el ingreso de capitales al país. La razón es que la menor salida o la mayor entrada de capitales conlleva una expansión de la demanda agregada. La devaluación de la libra esterlina de 1931 es un buen ejemplo de lo que digo. En 1925, el ministro de Hacienda Churchill decidió que era necesario volver al patrón oro que había cimentado la grandeza económica británica durante el siglo que culminara abruptamente en la Primera Guerra Mundial. Fijó el tipo de cambio entre la libra y el oro un 10% por debajo del tipo de cambio de mercado y la economía británica ingreso así en un período deflacionario. Con el paso de los meses, el mercado se dividió en dos mitades: una de ellas tenía la convicción de que Gran Bretaña debía perseverar en el patrón oro; la otra, que el patrón oro era un craso error y había que abandonarlo cuanto antes. Aumentó el riesgo devaluatorio y esto aumentó el riesgo-británico; el capital salía del país, la demanda agregada colapsaba y se agravaba la deflación. Vencida, Gran Bretaña devaluó finalmente la libra esterlina, y aunque no se salvó de la gran recesión que afectaba por entonces al mundo, inició su proceso de reactivación antes que EEUU o Francia. Note que esta favorable reacción no fue consecuencia del aumento del tipo real de cambio sino del abandono de una política que había creado una incertidumbre enorme y corrosiva.

Una devaluación no puede sacar a un país de la recesión por el mero hecho de subir el precio relativo de la industria protegida de las importaciones y el sector agropecuario. Si bien la explicación es obvia, muchos economistas, políticos, industriales y sindicalistas la desconocen o quieren desconocerla. Cuando aumenta el precio relativo de la industria protegida, por necesidad lógica baja el precio relativo del sector servicios. Este sector representa más de 60% del PBI y es el mayor demandante de trabajo. En consecuencia, mal puede reactivarse una economía por medio de una reducción del precio relativo de este sector. Pensemos con la cabeza en vez de hacerlo con el hígado: las prestaciones de la banca, los seguros, las autopistas, la telefonía, la educación, la salud, el transporte, los puertos, el comercio, la electricidad y el gas son tan esenciales como los "fierros" de la UIA (y los commodities del campo), y tienen entre 3 y 4 veces la importancia económica de la industria protegida.

P.: ¿Cuáles son los puntos de comparación?

J.R.L.: En el Gobierno de Fernando de la Rúa algunos decían que el problema era de rigidez fiscal y flexibilización laboral. Nosotros decíamos que había un problema de competitividad. La Argentina tenía una relación con el dólar y Grecia con el euro, parecida. Cuando se decide una relación así, hay que tener un comportamiento muy rígido para que no haya retraso cambiario.

El problema griego actual, como el argentino en 2001, no es la bendita "competitividad" sino el altísimo riesgo-país. El riesgo-griego supera ampliamente al riesgo-argentino en estos momentos. Es incluso más elevado que hace un año y es previsible que la contracción de la demanda agregada se haga sentir. La producción industrial cae, el desempleo sube, la recaudación cae y el déficit fiscal sube. Un cóctel explosivo. Sin embargo, la solución no consiste en abandonar el euro, recrear el dracma y largarse a devaluar. Esto conduciría a la alta inflación, la desaparición del crédito de largo plazo (que aumentó mucho tras el ingreso a la Unión Europea) y el estancamiento de largo plazo de la economía griega. La solución es una refinanciación generosa de la deuda griega por parte de la UE o el default simple y llano. Lo primero, si fuera realmente generoso, rebajaría el riesgo-griego, revertiría el flujo de capitales y reactivaría la economía sin necesidad de abandonar el euro. Este escenario resultaría letal para el predicamento de la UIA y de aquellos economistas que creen o desean creer que la única salida es la devaluación. Les quitaría el caballito de batalla. La UIA perdería su principal herramienta de ganancias. Y Remes Lenicov y otros como él se quedarían colgados de un pincel en el plano intelectual.

Por su parte, el default de la deuda pública griega estremecería los balances de algunos bancos alemanes y franceses y forzaría a los Tesoros alemán y francés a reasignar la ayuda financiera desde el Tesoro griego a la banca de dichos países, como hizo el gobierno de Obama con respecto a los bancos norteamericanos. En cuanto a Grecia, apenas el mercado mundial de capitales entienda que la quita ha puesto al Tesoro del país en condiciones de servir la deuda residual con solvencia, el riesgo-griego caería y la economía saldría de la recesión. Sin necesidad de abandonar el euro. La situación griega se complicaría mucho si, como pasó en Argentina en 2001, los bancos hubieran invertido parte importante de los depósitos en bonos del Tesoro griego que sufrirían quita. Una versión griega del Plan Bonex es una posible solución. Por intermedio de los bancos, el gobierno entregaría un nuevo bono a los depositantes en proporción a la quita. Si la operación fuera exitosa, en pocos años los depositantes recuperarían la casi totalidad de los fondos depositados, como sucedió en Argentina.

P.: ¿La situación fiscal es diferente?

J.R.L.: Grecia tiene un desorden fiscal mayor al que tenía la Argentina y un enorme déficit de cuenta corriente. En el caso argentino, la situación era más grave porque había caído el PBI un 17%, había una enorme desocupación y una gran corrida de depósitos y reservas que no tuvo Grecia. Pero cuando llegó la gran crisis, teníamos una ventaja.

Lamentable respuesta. Remes Lenicov nos informa que Grecia tiene un déficit fiscal mayor que el argentino de 2001 y a la vez un "enorme déficit de cuenta corriente". Me gustaría entender la línea de razonamiento de Remes. Siguiendo el modelo implícito en sus respuestas, podría arriesgar la siguiente: el problema de competitividad descoloca la producción local frente a la extranjera; hay un aluvión de importaciones y recesión; la recesión castiga a la recaudación impositiva y así explota el déficit fiscal. Para un lego esta explicación puede ser sugestiva; sin embargo, es incoherente. Un enorme déficit de cuenta corriente implica una enorme entrada de capitales. Puede tratarse de préstamos al gobierno o de inversión externa directa atada a la participación de Grecia en el mercado común europeo. Si pese a la coyuntura que atraviesa, el país sigue recibiendo mucho capital y si no hay corridas sobre los bancos ni sobre las reservas del banco central, antes que buscar la solución del problema griego en la devaluación Remes debería mirar hacia otro lado.

P.: ¿Cuál era?

J.R.L.: Teníamos libertad de acción porque la convertibilidad era una ley de un Estado soberano que se podía cambiar por otra ley, que es lo que hicimos. En el caso de Grecia, hay un convenio internacional que es el euro. Además, nosotros teníamos los pesos físicamente. Grecia no tiene los dracmas. No existen. Si Grecia decidiera salir del euro, debería convertir los euros en dracmas, que no existen.

Remes no se da cuenta del valor de una moneda, un sistema bancario y una política comercial supranacional. Insiste en buscar la solución en la nacionalización de la moneda, la banca y la política comercial. Para Remes el problema es que los griegos no pueden emitir rápidamente la cantidad suficiente de dracmas. ¿Cómo es posible que un economista que llegó a ministro de Economía y que lleva ocho años viendo de cerca el soberbio experimento supranacional europeo no entienda que el problema macroeconómico griego debe pensarse exactamente al revés?

P.: ¿Debería haber un «corralito» además?

J.R.L.: Para que no se vayan los euros.

¿Qué está diciendo? ¿Que Grecia debería reemplazar el euro por el dracma y luego el Estado griego debería expropiar las tenencias de euros de los residentes? ¡¿Por qué?!

P.: ¿Cómo puede manejar un Estado europeo esta crisis?

J.R.L.: No puede cambiar la paridad cambiaria, no maneja la política monetaria, no puede renegociar por sí la deuda externa, no puede manejar aranceles. Los instrumentos se reducen a la política fiscal (gasto público, privatizaciones), la laboral y la previsional. Y no mucho más.

Justamente por esas imposibilidades sigue entrando capital a Grecia, no hay corridas sobre los depósitos ni sobre la moneda. Justamente por esas imposibilidades la recesión y el desempleo han sido menos dramáticos que los que experimentó Argentina en 2001-2002.

P.: ¿Se planteó seriamente en la UE una salida del euro?

J.R.L.: No, por lo que escuché. Se habló la semana pasada de la posibilidad de renegociar la deuda griega de manera «light». Hoy esa deuda está en un 142% del PBI, para muchos técnicamente difícil de afrontar con un país en recesión y déficit fiscal. La deuda seguirá creciendo por el déficit y por la recesión, con lo que es posible que este año llegue al 160% del PBI.

P.: ¿Qué dice la UE de la posibilidad de una reestructuración de la deuda griega?

J.R.L.: Jean Claude Trichet, el presidente del Banco Europeo, dijo que es imposible y que Grecia debe cumplir con sus compromisos. Esto es hacer sus ajustes, privatizar y cumplir con sus pagos. La deuda total es de u$s 400.000 millones. Desde mayo del año pasado, cuando comenzó a aplicarse el ajuste, hubo 14 paros generales con movilización.

P.: Sin embargo, se le exige más ajuste, como en la Argentina de 2001.

J.R.L.: Obviamente, el ideario es el mismo. Hay un problema fiscal, un problema laboral, y hay que hacer el ajuste. La Argentina optó por un ajuste vía precios por la salida de la convertibilidad a través del tipo de cambio. El tiempo nos dio la razón. Grecia, dentro del euro, no tiene esa opción.

Es una suerte que Grecia no tenga esa opción. Mejor dicho, es una suerte que una dirgencia esclarecida no la contemple.

P.: Son países centrales de la UE los que le reclaman mayores ajustes a cambio de ayuda financiera.

J.R.L.: Hay una diferencia hasta cultural entre los países del norte y centrales de la UE frente a los del Mediterráneo. Hay países donde se entiende el funcionamiento de la economía de manera diferente. Algunos piensan en profundizar el modelo y que haya más políticas restrictivas para los miembros. Apuntan a un Gobierno económico único. Que los Estados miembros renuncien a más políticas económicas propias. Hasta Felipe González piensa en este sentido.

El funcionamiento de la economía es el mismo en todas partes. Lo que varía es la comprensión del funcionamiento. O la calidad de la dirigencia política. Felipe González es un hombre inteligente. Se dio cuenta hace 30 años que España era el problema y que Europa era la solución. Por eso aboga por una mayor integración. La supranacionalización de la moneda, la banca y el comercio exterior ha sido la llave de los milagros español e irlandés y de la prosperidad griega y portuguesa. Tiene un límite en el campo fiscal. El riesgo grande de la centralización de la recaudación impositiva es la pérdida de la autonomía política de los estados nacionales europeos. Lo mejor es que la UE se mantenga federal. Aunque esto signifique que cada tanto algún estado caiga en default.

P.: ¿La crisis producirá más problemas a la Argentina?

J.R.L.: Lo que más conviene es que a Europa le vaya bien. Esta región representa el 20% de las exportaciones argentinas. Pero no debería afectar en las negociaciones con el Club de París.

P.: Luego de la salida de la convertibilidad, a la Argentina se le seguían pidiendo medidas.

J.R.L.: Recuerdo que más que medidas duras, se nos pedían cosas ridículas. En marzo de 2002 era un despropósito pedir que echemos empleados públicos, que no apliquemos retenciones, que no haya control de cambios, que se aumente las tarifas según los criterios de la convertibilidad, sacar una ley de coparticipación federal y una reforma impositiva. A ningún país desarrollado en crisis se le pidió algo semejante.

Nunca opiné que los funcionarios del FMI son una maravilla. Se trata de economistas altamente entrenados que con el paso del tiempo se transforman en burócratas, celosos de sus cargos y cuidadosos de sus jubilaciones.

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