La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

marzo 23, 2012

Mussolini, precursor de Moreno

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 3:15 pm

Hace unos días, un lector del blog me envió una carta de Benito Mussolini al ingeniero Romeo. En los años 20, Mussolini ya era el Duce y Romeo era uno de los directores de la fábrica Alfa Romeo. El Duce acostumbraba desplazarse en un Alfa o en un Lancia, ambos autos caros y de gran porte. Acertadamente, el lector señala que "la carta es una mezcla de horror y obra de arte" y pregunta "¿a cuántos políticos populistas-mercantilistas te recuerda?" En su opinión, a "demasiados del pasado y el presente". Y agrega que le resulta divertido que funcionarios del actual gobierno argentino "usen el lenguaje de las décadas de 1920-30 como si estuvieran descubriendo la pólvora". Sigue abajo la carta y más abajo su traducción.

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Traducción propia

                                            

          Roma, 9 de junio de 1926

El Jefe del Gobierno

       Prestigiosísimo Ing. Romeo,

   ayer volviendo de Florencia miré con atención los instrumentos de mi Alfa (que funciona, por otra parte, muy bien) e hice las siguientes constataciones:

   a) los imanes son alemanes (Bosch)

   b) el reloj es suizo

   c) la bocina (que no funciona) es francesa!

   ¡No excluyo que dentro del auto haya otros "exotismos"!

   ¿Es así que se protege a los productos nacionales? ¿No se hacen, entonces, en Italia imanes, relojes, bocinas?

   Saludos distinguidos.

                                                           Mussolini

 

marzo 13, 2012

Figurita repetida

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 6:04 pm

Hace unos días, el Gobierno mandó al Congreso un proyecto de reforma de la Carta Orgánica del BCRA. Contempla dos cambios para nada inocentes y para nada originales. El país ya conoció regímenes como el que ahora se quiere instaurar. Son las reformas de 1946 (primer peronismo), de 1973 (segundo peronismo) y de 1982 (cavallazo). (Vea páginas 8 y 9 de Internacionalización monetaria y bancaria.)

La primera reforma apunta a barrer definitivamente el límite que imponía la Carta Orgánica sancionada poco después de la hiperinflación de 1989 a la emisión de dinero para cubrir los déficits del Tesoro nacional. La segunda reforma apunta a centralizar o nacionalizar los depósitos bancarios. Esto le permitiría al Gobierno regular las tasas de interés y "orientar" el crédito según prioridades regionales o sectoriales que el Gobierno considere adecuadas, en tanto el encaje tiende a 100% y los bancos se transforman en simples bocas de captación de depósitos. El esquema fracasó siempre. Y para desarmarlo fueron necesarios muchos años de alta inflación. Conduce al reino de la discrecionalidad, el lobby y la corrupción y, desde luego, a una marcada ineficiencia. Es triste comprobar que nada cambia en materia de organización económica básica en nuestro país, no obstante el peso de una rica evidencia histórica.

En junio de 2009 publiqué mi último post sobre el tipo de cambio de conversión. Este concepto alude al nivel que debería tener el tipo de cambio para que el BCRA pueda retirar todos sus pasivos contra terceros, es decir, los pasivos monetarios y los no monetarios. Los primeros salen de sumar el circulante y los encajes sobre depósitos bancarios. Los segundos, de sumar deudas no monetarias del Banco Central (Lebacs, Nobacs y Pases pasivos). A fin de evitar grandes saltos del tipo de cambio, el BCRA siguió desde 2002 el precepto fundamental de la Ley de Convertibilidad: asegurarse que sus pasivos monetarios estuvieran respaldados en un 100% por reservas internacionales. Con el fin de tener alguna chance de actuar como prestamista de última instancia del sistema bancario, se aseguró, asimismo, de que buena parte de los pasivos no monetarios tuviera respaldo en dólares. Por esta razón, fue colocando sin prisa pero sin pausa deuda en los bancos.

Con cada colocación de deuda en los bancos, el BCRA contraía la oferta de dinero y generaba una presión alcista sobre la tasa de interés. Esto conducía a liquidaciones de dólares en el mercado de cambios, que el Banco Central compraba con emisión monetaria y acumulaba. Subían así, en simultáneo y en igual medida, los activos del balance del BCRA (reservas intern’les) y los pasivos (Lebacs, Nobacs y Pases pasivos). En síntesis, desde mediados de la década pasada el BCRA ha estado subiendo el encaje (en sentido amplio) del sistema bancario como forma de hacerlo más resistente a las corridas. También ha querido mostrarle al mercado que su posición de reservas es muy sólida. Pero lo ha conseguido al costo de "alquilar reservas", pues las letras y las notas que colocó en los bancos le cuestan cerca de un 12% anual en pesos. Esta deuda es un encaje remunerado. El proceso seguido por el BCRA en años recientes es parecido al que siguiera durante el gobierno de Alfonsín y que rematara en un déficit cuasi fiscal más grande que el mismo déficit fiscal. (Vea el crecimiento del encaje remunerado en el post del párrafo anterior y lea sobre la política monetaria y bancaria de Alfonsín en el paper citado en el primer párrafo.)

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Aclaración: Los valores de la fila A expresan millones de dólares. Los de las filas B a D, millones de pesos.

La tabla muestra la evolución del tipo de cambio de conversión en los últimos tres años. A fines de 2009, con un tipo de cambio de 3.56 pesos por dólar, muy cercano al tipo de cambio único y libre que había entonces, el BCRA podía, llegada una emergencia, sacar de circulación o cancelar todos sus pasivos (monetarios y no monetarios; base monetaria y deuda cuasi-fiscal). En consecuencia, era muy improbable una corrida cambiaria; el mercado no corre contra una moneda que el banco central puede defender fácilmente. Hace un año, la situación había cambiado mucho. El TCC había saltado a 4.90, bien por encima del tipo de cambio spot, que seguía siendo único y libre y que rondaba 4 pesos por dólar. Esto significa que para retirar todos sus pasivos el BCRA necesitaba devaluar el peso más de un 20%.

En la actualidad, según recientes estadísticas del BCRA, para retirar todos sus pasivos el Banco Central necesita un tipo de cambio, que ha dejado de ser único y libre (hay mercado doble, oficial y marginal), de 6.76 pesos por dólar. Dicho en otros términos, en caso de una emergencia, el tipo de cambio marginal, negro, paralelo o libre, tendería a elevarse un 44% con respecto al tipo marginal actual (4.71 pesos por dólar). Tal desarrollo agrandaría la brecha entre el marginal y el oficial de un 8% en la actualidad a un 55% (el tipo de cambio oficial es 4.36 pesos por dólar). Hasta donde yo sé, no hay gobierno que aguante una brecha tan grande. Tarde o temprano, el BCRA se vería forzado a devaluar para aproximar el tipo oficial al marginal. (Sobre la larga y variadísima historia del control cambiario argentino, vea El Control de Cambios en la Argentina.)

El tipo de cambio de conversión es una variable sin mucha prensa, tal como era la prima de riesgo-país hace unos quince años. El mercado no lo conoce por su nombre pero sabe perfectamente de qué se trata. La noción del TCC está gravada a fuego en la mente de los inversores argentinos. Todas las semanas calculan el cociente entre los pasivos totales (base monetaria + Lebacs + Nobacs + Pases pasivos) y las reservas intern’les, o entre parte de dichos pasivos (base monetaria + Lebacs, por ejemplo) y las reservas. Cada uno elige el cociente que le parece más adecuado para la coyuntura del país, y en función del mismo toma sus decisiones de cartera. Yo me inclino por TCC4, que aparece en rojo en la tabla.

La última columna muestra una aproximación al cuadro de situación que resultaría si el Gobierno decidiera tomar 5000 millones de las reservas intern’les, emitir moneda nacional en cantidad equivalente, o practicar una mezcla de ambas políticas. Mi ejemplo no es antojadizo. Refleja la pretensión del Gobierno. En este caso, el TCC se elevaría a 7.57 pesos por dólar y se armaría el escenario de una potencial maxi-devaluación.

En dos palabras, el proyecto de reforma de la Carta Orgánica del BCRA es, en cuanto a la eliminación del límite a la emisión de moneda, un simple blanqueo que viene a darle forma jurídica a una situación de creciente cautiverio del banco central. Pero en cuanto a la reforma bancaria en sí misma, es una muy mala noticia.

marzo 7, 2012

Mercados y propiedad privada

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 8:15 pm

Ante el irrefrenable avance del kirchnerismo sobre los mercados y la propiedad privada, un periodista valiente y preocupado me invitó a hablar sobre los beneficios de los mercados y su relación con la propiedad privada. Como el reportaje fue oral y se fue mezclando con la quemante coyuntura, preparé estas líneas que sintetizan lo que me proponía decir.

Conforme a la precisa definición de Adam Smith, “el mercado es una suma libremente coordinada de egoísmos (intereses) personales que maximiza el bienestar general.”

Note en la magistral definición de Smith dos aspectos: a) Que el egoísmo opera a favor del bienestar general; b) Que lo hace por medio de los mercados. De forma que el mercado es un instrumento para llevar a cabo intercambios mutuamente ventajosos, que benefician a ambas partes. En una transacción, tanto el vendedor como el comprador entregan cosas que para cada uno de ellos son menos valiosas que las cosas que reciben.

Para el vendedor, el precio cobrado es mayor o igual al costo de la cosa entregada. Para el comprador, el precio pagado es menor o igual al valor de la cosa recibida (dinero, producto o servicio).

Valoramos los mercados porque aumentan la eficiencia (riqueza) de una sociedad, y porque fijan un límite a la injerencia y la arbitrariedad del estado. Ambas razones son importantes. Pero la última es la justificación moral del capitalismo. Advierta que el mercado protege al hombre del hombre mismo (mafias enquistadas en el poder). No lo hace de manera directa y heroica, sino de un modo indirecto e impersonal. Una privatización, una desregulación, una reducción del gasto público o una rebaja arancelaria agrandan el campo de acción del mercado (los individuos) y achican, pari passu, el del gobierno.

Según una precisa definición de Ayn Rand, el mercado y la propiedad privada son la misma cosa. Más que una definición, tenemos aquí un axioma: “Si un individuo no puede disponer del producto de su esfuerzo, no puede disponer de su esfuerzo. Si no puede disponer de su esfuerzo, no puede disponer de su vida. Por tanto, sin el derecho de propiedad ningún otro derecho puede ser ejercido.” El derecho de propiedad es entonces condición suficiente para la libertad, de la cual los mercados son una consecuencia.

marzo 2, 2012

La UIA ya lo sabe

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 5:40 pm

El pasado 23 de febrero, Felipe Frydman, diplomático y economista argentino, publicó en Ambito Financiero un importante artículo. Apareció perdido en las últimas páginas del diario y me parece que poca gente reparó en él.

En dos palabras, el artículo comenta el impacto que ha tenido sobre la industria norteamericana la entrada de vigor del NAFTA (acuerdo de libre comercio con Canadá y México), así como la Ronda Uruguay (1995) y el ingreso de China en la OMC (2001). La participación de la industria en el PBI de EEUU se ha reducido sostenidamente desde 27% en la década de 1960 a 12% en 2010. En paralelo, se ha registrado una explosión del comercio entre EEUU y dichos países, en tanto el empleo y el salario industrial se han estancado. El estancamiento del salario industrial en los últimos 30-40 años se debe a que las manufacturas provenientes de China y México han planchado los precios de los productos norteamericanos que compiten con ellas, y como este tipo de manufacturas son intensivas en el uso de mano de obra de baja calificación, los salarios, como cabía esperar, se han estancado. Por si esto fuera poco, la balanza comercial norteamericana se ha vuelto deficitaria.

Cabe preguntarse, entonces, ¿por qué motivo los sucesivos gobiernos de EEUU perseveran en la apertura comercial? La respuesta hace hincapié en algunos importantes beneficios que se han hecho evidentes en los últimos 30 años. Por un lado, la mayor variedad, mejor calidad y menor precio de los productos que la apertura comercial ha puesto al alcance de los consumidores. Por el otro, el sostenido aumento de la productividad laboral y el empleo en el sector servicios, el cual representa cerca de 80% del PBI de EEUU. Además del aumento de las ganancias de las empresas norteamericanas que se relocalizaron en México, Canadá y China.

Sí, la apertura, que es lo opuesto a la sustitución de importaciones que ejecuta el secretario Moreno con el aplauso de los popes de la Unión Industrial Argentina, le ha acarreado a EEUU desindustrialzación, estancamiento salarial en la industria y, para algunos observadores equivocados, un enorme déficit comercial. Sin embargo, la política aperturista de EEUU no se detiene. Responde a convicciones capaces de imponerse a las presiones proteccionistas de los sindicatos y los industriales afectados. Lo que realmente cuenta para la opinión pública norteamericana son los beneficios del comercio libre. Los políticos no tienen más alternativa que seguir a la opinión pública.

Desde luego, los popes de la UIA ya lo adivinaron. Para maximizar sus beneficios sin que la gente se dé cuenta, saben que lo que deben hacer es apoyar a políticos populistas y economistas ignorantes de los principios económicos básicos, o simplemente mal intencionados, que mantengan con su prédica económicamente iletrada y prejuiciosa a la opinión pública.

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