La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

Abril 25, 2012

Mal, mal, mal

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 8:53 pm

Para defininir la confiscación de YPF anunciada por la presidente Kirchner el pasado lunes 16, no encontré mejor síntesis que las declaraciones del canciller español. A los pocos minutos del anuncio, el canciller señaló que la decisión es pésima para España, pésima para Argentina y pésima para el sistema jurídico internacional, pero que, por sobre todas las cosas, es pésima para el pueblo argentino.

La confiscación de YPF es el acto más descarado e irresponsable tomado por los Kirchner desde que llegaron al gobierno nacional, hace ya nueve larguísimos años. Supera en daño económico, institucional y de imagen internacional a la tribuna que le armó el expresidente Kirchner a Hugo Chávez en 2005, en Mar del Plata, para que insultara al entonces presidente Bush, al grito bárbaro de ¡ALCA, ALCA, al carajo! Supera incluso en daño económico e institucional a la estatización de las AFJP, ejecutada en 2008 en contra de la opinión de los aportantes al sistema privado de jubilaciones.

Con gran tristeza y desesperanza he escuchado y leído muchas opiniones sobre la confiscación. Los funcionarios de todo rango y los legisladores celebran la decisión presidencial, y cuando se les pide que la justifiquen se limitan a repetir los argumentos de la presidente: que la inversión se desplomó, que la producción cayó, que Argentina en lugar de exportar hidrocarburos ahora los importa y que el déficit energético es intolerablemente alto. Por su parte, los analistas políticos y económicos se limitan a describir asépticamente la medida y a señalar, como si fuera un gran aporte, que ellos la "veían venir". A su vez, Macri y el PRO se oponen a la expropiación por razones legales pero se apuran a aclarar que de llegar a la presidencia en 2015 no reprivatizarán YPF. Por último, como frutilla del postre, Menem anunció que votaría a favor de la confiscación puesto que las circunstancias han cambiado; no aclara, por cierto, a qué circunstancias se refiere, si a las del país o a las suyas.

Pero la confiscación de YPF merece una descalificación contundente, pues es un desastre jurídico, un desastre económico y un desastre internacional. El fondo y las formas de este acto de salvajismo revelan que en el gobierno argentino reina una escalofriante desubicación, demagogia, inmadurez o vaya uno a saber qué.

El gobierno sostiene que "expropia" YPF porque: a) Repsol vació la empresa, b) Repsol bajó la inversión, la producción y la exportación, y c) la nueva YPF estatal aumentará la inversión y la producción y equilibrará la balanza energética.

Sobre a) El gobierno argentino vendió YPF en 1999 y Repsol la compró de buena fe y por un monto que ambas partes consideraron justo. El 57% de YPF pasó a ser de esta manera propiedad de Repsol, conforme a la Constitución argentina, la ley internacional y tratados bilaterales de protección de las inversiones. Una empresa puede hacer con su propiedad lo que le parezca más conveniente. Puede explotarla bien o mal. Puede venderla en su totalidad o en partes. Puede incluso cerrarla o vaciarla, como dice con horror la señora presidente. Vaciar una empresa significa distribuir entre los propietarios todos sus beneficios sin dejar margen para la reinversión. Lo que no se preguntan la Sra. de Kirchner y sus seguidores, ni Macri ni Menem, es por qué poderoso motivo una empresa constituida para el lucro habría optado por distribuir beneficios y reducir inversiones imprescindibles para el mantenimiento de su negocio. Esta es la pregunta clave. Nadie, dentro del estado argentino, se la ha formulado.

Sobre b) Todo el mundo quiere ganar plata. Argentinos y extranjeros, la industria petrolera y cualquier otra. Para ganarla deben cumplirse dos condiciones, aparte de una buena gestión. Un precio remunerativo para la producción y un plazo de recupero de las inversiones tan prolongado como lo exija el negocio. Ninguna de estas condiciones se cumplía en el caso de Repsol. Por su petróleo recibía un 40% del precio internacional y por su gas, menos de un 30%. El plazo de recupero, o la estabilidad del negocio, era tan precaria que ya en 2008 se vio forzada a ceder a la familia Eskenazi un 25% de las acciones de la empresa por presión del expresidente Kirchner. En declaraciones públicas de entonces, Repsol aclaró que tomaba esa decisión con el objeto de tener mejores contactos en el gobierno nacional. ¿Cuál es la conducta de cualquier empresario en circunstancias como las descriptas y las que siguieron? ¿Es racional intensificar la inversión y la producción? ¿Qué haría cualquiera de nosotros sino distribuir más dividendos que los generados, minimizar la inversión y apostar a un cambio realista de la política energética? Esto hizo Repsol.

Sobre c) Inicié mi vida profesional como funcionario de carrera de la Secretaría de Hacienda a fines de la década de 1970. YPF era entonces una empresa del estado. Recuerdo muy bien que una de las grandes preocupaciones que sobrevolaban las reuniones de preparación del presupuesto nacional era el gasto en inversión en exploración de pozos que demandaría YPF. Hasta su privatización, el déficit de YPF fue parte importante del déficit fiscal argentino; desde ella, YPF fue el mayor contribuyente de los gobiernos nacional y provinciales. Vaticino que muy pronto YPF será, una vez más, parte significativa del déficit fiscal nacional. Que la cantidad de empleados crecerá desmesuradamente. Que será desplumada por la patria contratista y la patria sindical. Y que a la larga también será desplumada por los consumidores, pues el gobierno nacional los verá como votantes y no se atreverá a cobrarles por los combustibles lo que cuestan. No tengo mucho más que decir en relación con las empresas del estado que lo que dije en 2003 en un debate con el ahora canciller Timerman.

Estoy cansado. Espero que la señora de Kirchner se vaya cuanto antes con el menor daño institucional posible. Este es mi deseo más ferviente.

Abril 11, 2012

La fuerza de las cosas

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 8:54 pm

A fines de marzo, Argentina recibió una dura advertencia de la Organización Mundial de Comercio (OMC) por el sistema de trabas que aplica a las importaciones de mercaderías, que en los últimos seis meses se ha vuelto más arbitrario y generalizado. En medios diplomáticos se interpreta que la advertencia podría ser el paso previo a una denuncia formal, después de la cual se adoptarían sanciones contra el país.

EEUU, Australia, Unión Europea, Israel, Japón, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Noruega, Panamá, Suiza, Taipei, Tailandia y Turquía firmaron la advertencia. Estos países representan más del 70% del PBI mundial; en otras palabras, más del 70% de los mercados del mundo que podrían recibir exportaciones argentinas. A la advertencia de este significativo grupo, se suman las preocupaciones de Chile, Colombia, Perú, Singapur, Malasia y Hong Kong sobre el tema.

Entre otras observaciones, los firmantes señalaron que: a) Todo indica que el nuevo sistema funciona como un esquema de facto de restricción de importaciones sobre todos los productos; b) Muchas compañías afirman haber recibido llamadas telefónicas del gobierno argentino para advertirles sobre la necesidad de aceptar el nuevo sistema antes de recibir la autorización para importar bienes; c) Muchas compañías afirman haber tenido que esperar hasta seis meses y más. En algunos casos, las licencias les son denegadas en su totalidad, sin justificación o explicación; d) La advertencia no es una decisión intempestiva. Ya en reuniones anteriores muchos miembros de la OMC plantearon la necesidad de eliminar esas trabas.

El gobierno argentino rechazó en forma terminante el contenido de dicha declaración conjunta y la calificó de injustificada. Entre otros sinsentidos, la secretaria de Negociaciones Económicas Internacionales de la Cancillería dijo que la advertencia "estigmatiza a nuestro país y pretende presionarnos para revisar las legítimas políticas en curso". Estos conceptos surgen del documento de la intervención de la funcionaria argentina en la reunión de la OMC en Ginebra que se procuró el diario La Nación.

En efecto, la advertencia de la OMC estigmatiza a nuestro país y tiene como propósito obligarlo a revisar sus relaciones comerciales con el resto del mundo. Lo que la funcionaria kirchnerista cree inapropiado constituye quizá la política más apropiada para un país institucionalmente imprevisible como Argentina. La exigencia de que el país cumpla las normas comerciales que alguna vez suscribió es el mejor favor que la OMC puede hacer a los indefensos consmidores argentinos y también a sus indefensos exportadores, tanto agropecuarias como manufactureras.

Cuando Argentina acordó con la OMC, Argentina, en rigor, aceptó recortar parte de su soberanía en el campo de la política comercial. La pertenencia a la OMC es un sustituto liviano de un tratado de libre comercio con una superpotencia. Prefiero un acuerdo con la OMC a la nada. Aunque sigo pronosticando que el poder estabilizador sobre la economía argentina de un tratado de libre comercio con EEUU, China y/o la Unión Europea sería inmensamente mayor.

¿Surtirá algún efecto la advertencia de la OMC sobre la política comercial kirchnerista? Soy pesimista. Quizá tenga alguno a la larga. Le dedico este post, sin embargo, porque la advertencia es un buen ejemplo de lo que Juan B. Alberdi quería significar con su lema sobre la "fuerza de las cosas".

James Buchanan, un economista-filósofo que cada día leo y admiro más, escribió hace poco que la suerte del capitalismo en un país depende de que los ciudadanos, en su mayoría, a) tengan confianza en sí mismos en lugar de esperarlo todo del Estado; b) rechacen el comportamiento oportunista por razones morales o bien porque la ley lo penaliza, y c) no sean tontos románticos en cuestiones económicas; en otras palabras, que entiendan que las devaluaciones, el proteccionismo, el estatismo y otras groseras intervenciones oficiales en la economía atentan contra su progreso material. Para mejorar la comprensión económica de la ciudadanía, Buchanan propone que la currícula de las escuelas incluya cursos de economía política junto a los tradicionales cursos de educación democrática.

La prosperidad económica argentina sería, entonces, el producto de la fuerza de las cosas (organismos supranacionales y superpotencias que nos arrinconan hasta obligarnos a cumplir, por caso, acuerdos monetarios, bancarios y comerciales) o el producto de la receta de Buchanan. El recurso de la fuerza de las cosas tendría impacto ya en el corto plazo y no exigiría un aprendizaje previo; es la propuesta de Alberdi. La propuesta de Buchanan tendría impacto recién en el largo plazo por la vía del aprendizaje.

Como es sabido, me inclino por el recurso de la fuerza de las cosas. La propuesta de Buchanan, que tiene alguna filiación con el pensamiento de Domingo F. Sarmiento, me parece riesgosa y costosa; puede demandar varias generaciones para ser efectiva, si alguna vez llegara a serlo. Por nobleza democrática, no obstante, mi plan es estudiarla con entusiasmo.

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