La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

Noviembre 30, 2012

Birmania

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 8:37 pm

La muy reciente historia de Birmania es indicativa del rápido futuro que podría tener Argentina cuando Cristina Kirchner deje el poder. La trayectoria birmana de los últimos 100 años recuerda, en sus grandes líneas, el derrotero argentino de auge y decadencia.

El país, también conocido como Myanmar o Burma, se transformó en colonia británica en la segunda mitad del siglo XIX. En la primera mitad del siglo XX, se convirtió en el primer exportador mundial de arroz, su economía pasó a ser la más próspera de la región y su población, la más educada. Obtuvo la independencia del Imperio Británico en 1947 y un golpe militar en 1962 inauguró la "vía birmana al socialismo". En la actualidad, este país de 55 millones de habitantes, que se ubica entre India y China, tiene un ingreso por habitante de u$s 1300 anuales, sufre cortes diarios de luz y una marcada escasez de líneas telefónicas (los celulares aún no han llegado) y cuenta apenas con cien cajeros automáticos. A tal punto llegó el proteccionismo birmano que las exportaciones sumaban un ridículo 1% del PBI a mediados de la década de 1990.

Siguen gobernando los militares, pero en 2010 llegó al gobierno Thein Sein, un ex-militar que ha iniciado una apertura política y económica. Legalizó al partido opositor y liberalizó las concesiones de servicios públicos en áreas clave. Los aviones con inversores y hombres de negocios chinos, coreanos, japoneses y de otras procedencias no dan abasto. Las calles se han poblado de pequeños autos nuevos importados de China, en reemplazo de viejos modelos similares a los que circulan en La Habana, y se observan remodelaciones de viejos edificios que funcionarán como sedes de compañías extranjeras.

Todo esto en apenas dos años. Me recuerda a lo que escribí sobre la llegada de Mitre al poder: La respuesta económica al nuevo orden político fue casi instantánea. ‘Al cabo de tres años, hombres de negocios e ingenieros británicos habían establecido bancos y compañías ferroviarias y tranviarias en la Argentina; a éstas siguieron poco después obras de utilidad pública como las de gas, aguas corrientes y sistemas de cloacas. La primera fase de inversión de capitales duró desde 1862 a 1875, momento en que la depresión detuvo brevemente el proceso’.

Noviembre 28, 2012

Too big to fail

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 7:31 pm

Soy profesor de Teoría Monetaria, una materia de tercero o cuarto año de la licenciatura en Economía antes conocida como Dinero, Crédito y Bancos, hace ya muchos años. Su objeto de estudio es el comportamiento de la demanda de dinero, la creación secundaria de dinero, la inflación, la flotación del tipo de cambio, el balance de pagos y el complejo fenómeno del pánico bancario.

Milton Friedman y Anna Schwartz presentaron en el libro A Monetary History of the United Sates, 1867-1960, capítulo VII, una interpretación del pánico bancario norteamericano de 1929-1933 que ha ganado una generalizada aceptación académica. Además de desarrollar la teoría del pánico, el capítulo describe las personalidades de los funcionarios involucrados en el episodio así como las restricciones institucionales e internacionales que enfrentaban. Es tan convincente que se lee como un thriller.

Acostumbro dedicar un par de clases al análisis de dicho pánico bancario porque ilustra a las mil maravillas el tremendo poder desctructivo de un clásico desajuste monetario. Argentina experimentó tres pánicos o corridas en sólo veinte años: 1980, 1995 y 2001. EEUU estuvo al borde de un pánico bancario en 2008 y aún no logra recuperarse del stress propio del evento. El mayor desafío que enfrento como profesor no es explicar la teoría económica del pánico sino conseguir que los estudiantes entiendan su importancia histórica y práctica.

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Pues bien, siguiendo la recomendación de un amigo, vi dos veces la película Too Big to Fail, estrenada en 2011. Sugiero, por mi parte, verla dos o más veces si fuera necesario. Se desarrolla en la segunda mitad de 2008 y presenta la trágica historia de la caída del banco de inversión Lehman Brothers. Actúan, entre otros, William Hurt como Henry Paulson, el todopoderoso secretario del Tesoro del ex-presidente Bush, y Paul Giamatti como Ben Bernanke, el reflexivo presidente de la Reserva Federal. Sus actuaciones y dichos son soberbios. Los CEOs de los grandes bancos están brillantemente interpretados. La película enseña muy poco sobre la teoría del pánico pero hace patentes la gravedad y la urgencia del evento. Este es el recurso que andaba buscando para motivar a mis alumnos. Resérvenla para las próximas vacaciones.

Noviembre 1, 2012

Decálogo del Populismo

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 6:46 pm

Enrique Krauze, un historiador y ensayista mexicano, publicó hoy en La Nación un excelente ensayo sobre el populismo. En diez puntos resume este no sistema, que no es socialismo ni capitalismo ni nada con forma definida. A continuación van extractos de tres puntos que elegí al azar, pues todos son igualmente acertados y parecieran tomados del Perón de las décadas de 1940-50 y del kirchnerismo actual.

2) El populista no sólo usa y abusa de la palabra: se apodera de ella. La palabra es el vehículo específico de su carisma. El populista se siente el intérprete supremo de la verdad general y también la agencia de noticias del pueblo. Habla con el público de manera constante, atiza sus pasiones, "alumbra el camino" y hace todo ello sin limitaciones ni intermediarios. […]

4) El populista utiliza de modo discrecional los fondos públicos. No tiene paciencia con las sutilezas de la economía y las finanzas. El erario es su patrimonio privado, que puede utilizar para enriquecerse o para embarcarse en proyectos que considere importantes o gloriosos, o para ambas cosas, sin tomar en cuenta los costos. El populista tiene un concepto mágico de la economía: para él, todo gasto es inversión. […]

8) El populismo fustiga por sistema al "enemigo exterior". Inmune a la crítica y alérgico a la autocrítica, necesitado de señalar chivos expiatorios para los fracasos, el régimen populista (más nacionalista que patriota) requiere desviar la atención interna hacia el adversario de afuera. […]

En efecto, Krauze se refiere varias veces en el ensayo a Perón y al venezolano Chavez. Pero no menciona en absoluto a Cristina Kirchner, a quien el decálogo caracteriza tan bien o mejor que a Perón. Tampoco menciona a Hipólito Yrigoyen y creo que con buen tino. El Peludo fue un político carismático y bastante inepto en cuestiones administrativas y de Estado, sin embargo, no encaja, como Uds. podrán apreciar, en la categoría krauziana del líder populista.

En el penúltimo párrafo del ensayo, Krauze se pregunta por qué renace una y otra vez el populismo en Iberoamérica y contesta que las razones son diversas y complejas, aunque apunta dos: a) la antigua noción de "soberanía popular" que se propagó en los dominios españoles en tiempos de la colonia; b) la naturaleza perversamente moderada o provisional del populismo, que dificulta el examen objetivo de sus actos y doblega la crítica. En reconocimiento de esta peculiaridad, definí al populismo en este artículo como un no sistema.

Se me ocurren dos barreras para contener al populismo:

* La barrera republicana tradicional, consistente en una Judicatura independiente, capaz de fijar límites precisos a la acción del poder político.

* Una barrera republicana no nacionalista, que consiste en poner bajo jurisdicción internacional, supranacional o provincial, según el caso, a las instituciones económicas básicas del país (moneda y banca, comercio exterior y recaudación de impuestos).

El inconveniente de la primer barrera es que su desarrollo depende del desarrollo de la cultura política de la población, algo que puede insumir generaciones. El atractivo de la segunda es que podría concretarse por medio de tratados con superpotencias que terminarían fijándole límites efectivos a la arbitrariedad del gobierno nacional en importantes áreas. Los tratados no protegerían directamente a la libertad de expresión pero sí a la de comercio. Sin embargo, ¿quién puede descartar que la libertad de comercio no termine afianzando a las otras libertades fundamentales?

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