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Junio 20, 2013

Menem corrupto comprobado

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 7:40 pm

La Cámara de Casación condenó a siete años de prisión a Carlos Menem, ex-presidente de la Nación y autor de la reforma económica más ambiciosa llevada a cabo en nuestro país en un siglo. Menem no ha sido condenado por mala administración o por errores de política exterior, sino por corrupción lisa y llana en una causa de contrabando de armas.

Durante años, la incertidumbre sobre la culpa de Menem en hechos de corrupción fue un motivo de incomodidad para mí. Su culpabilidad no estaba probada en forma concluyente. Cada vez que defendía sus logros en materia económica y exterior debía reconocer el "halo" de corrupción que caracterizó a su gobierno, sea como respuesta a las críticas de sus detractores o como atención al sentimiento de fraude moral que experimentaban sus seguidores. Mi situación era incómoda porque para la opinión pública, el periodismo y muchos dirigentes la condición de corrupto de Menem era cosa juzgada. Saludo, entonces, la sentencia judicial. La verdad ayuda a simplificar la vida.

La presidencia de Menem fue la mejor en un siglo y su conducta como ex-presidente ha sido lamentable. Su presidencia fue la mejor porque hizo reformas muy necesarias y porque las presidencias que se sucedieron a lo largo del siglo pasado –aquéllas con las que comparo la suya– fueron malas, truncas o  mediocres en el mejor de los casos. Su "post-presidencia" ha sido deplorable porque en vez de liderar la defensa de lo bueno que se hizo en la década del 90 y de proponerle al pueblo que lo ungió dos veces presidente de la República las formas de corregir lo malo, Menem ha preferido callarse y hasta aliarse con el kirchnerismo por conveniencia personal.

La semana pasada asistí a una cena de viejos menemistas. Me sorprendió vivamente encontrar muchos conocidos que a pesar del tremendo desprestigio del gobierno menemista, rescatan lo bueno que se hizo en los 90. No escondí en la ocasión lo que pienso sobre el comportamiento de Menem como ex-presidente. Cuidando las palabras, me respondieron que hay que ponerse en sus zapatos, que fue diabolizado, que nadie lo saluda en el Senado.

Acepto los argumentos de los viejos menemistas pero no los comparto. Esperaba de Menem que defendiera sus convicciones, que se comportara como un líder, que iluminara el camino de una parte apreciable de la sociedad argentina que necesita guía intelectual y política. En vez de un líder, el ex-presidente demostró ser un oportunista. Todo gran político necesita una cuota de oportunismo; sin embargo, el oportunismo no debería ser el rasgo dominante de su conducta en el ocaso de la vida.

¡Feliz día de la bandera! Recordemos el ejemplo de Belgrano.

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