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Octubre 31, 2013

Gasto público desbordado II

Filed under: Gráfica — Jorge Avila @ 5:42 pm

En 2000 el gasto público consolidado representaba el 27.4% del PBI, según una reciente medición del Iaraf, un instituto que se dedica al seguimiento del gasto y los recursos fiscales correspondientes a los tres niveles de gobierno. Puesto que en aquel año la economía argentina experimentaba recesión con deflación, vale la pena aclarar que el gasto público en 1999, cuando Menem entregó el poder a De la Rúa, era incluso menor que dicho nivel.

(La medición de Iaraf surge de dividir el gasto en moneda corriente por el PBI en igual moneda. Como el PBI, que es el denominador del cociente, caía por la recesión con deflación, aumentaba el gasto así expresado.)

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La gran devaluación de 2002 redujo un poco el gasto consolidado, sobre todo por la caída del gasto provincial. En 2003 se inició una etapa de sostenido aumento, con parecido ritmo en la Nación, las Provincias y los Municipios, hasta más o menos igualar en 2006 los niveles de principios de la década. Pero entre 2007 y el año en curso el gasto ha aumentado más rápidamente en los tres niveles de gobierno. Las erogaciones municipales han aumentado casi un punto del PBI (de 2.8 puntos a 3.6, un 29%), las provinciales, casi 2 puntos del PBI (un 25%) y los nacionales, casi 11 puntos (un 92%). En síntesis, el gasto ha aumentado peligrosamente a nivel sub-nacional y escandalosamente a nivel nacional.

El 67% del aumento del gasto está explicado por los subsidios a la energía eléctrica, al gas y al transporte ferroviario, en primer lugar, y los mayores pagos a jubilados (aumentó masivamente la cantidad de jubilados, sin aportes previos al sistema) y un fuerte aumento del empleo público, en segundo lugar.

El gasto público registra un récord histórico. Puede ser incluso más alto que en la década de 1980, cuando todos los servicios públicos, incluida la telefonía, el gas y la electricidad, eran provistos por empresas estatales. Para financiarlo, el gobierno kirchnerista ha revivido el impuesto inflacionario, abusa del impuesto a las ganancias, prolonga el impuesto al cheque (creado en la emergencia de 2001) y las retenciones parecen haberse vuelto un gravamen permanente.

La presión tributaria sobre quienes pagan impuestos es asfixiante, la ineficiencia del gasto es alarmante y la corrupción en el manejo de los fondos públicos parece evidente. Si a lo dicho se agrega que el gobierno nacional tiene serias dificultades para colocar deuda en el mercado de bonos y que la emisión monetaria para cubrir el déficit fiscal es la causa de una inflación de 30% anual, se apreciará que el tamaño del gasto público es la clave del problema económico argentino de corto plazo. Quiero decir que es la causa del cepo cambiario, el bloqueo de importaciones, exportaciones y giro de dividendos al exterior, además de la ya mencionada inflación y sus consecuencias en materia de discusiones de salariales, huelgas y piquetes.

Hasta el aumento de los precios de las materias primas de exportación, se afirmaba que un gasto público consolidado superior a 26% del PBI no era consistente con la estabilidad, es decir, con un estado de paz financiera y social. Yo no sé en cuántos puntos del PBI se habría elevado el límite a raíz de la suba de los precios de las materias primas. Si el aumento de los precios fuera permanente, podría arriesgarse que el nuevo límite ronda 30 y tantos puntos del producto. Pero jamás los casi 45 actuales (42.5 por gasto primario + el servicio de la deuda).

(Este post es una actualización de otro que publiqué en abril de 2011, sobre una serie más larga de FIEL.)

Octubre 2, 2013

El fracaso económico K II

Filed under: Gráfica — Jorge Avila @ 4:40 pm

En el seminario de Economía de la Universidad del CEMA del viernes pasado, Ariel Coremberg, profesor de Crecimiento Económico en la UBA y director de un proyecto de investigación sobre fuentes de crecimiento, productividad y competitividad de la economía argentina ligado a la Universidad de Harvard, presentó un paper necesario. Se trata de una investigación que pone las cosas en su lugar respecto de las mentadas ‘tasas chinas’ que habrían caracterizado el crecimiento argentino durante el kirchnerismo. La resultados de Coremberg confirman lo que presumíamos sobre evidencia con respecto a la escasa inversión externa directa que recibió el país en los últimos diez años y el achicamiento relativo de su PBI y sus exportaciones.

El paper de Coremberg, que ha tenido considerable atención de la prensa en los últimos días, dice una cantidad de cosas importantes. Voy a concentrarme en tres gráficos y una tabla. El primer gráfico muestra la trayectoria del PBI argentino entre 1993 y 2012 tanto en la versión oficial como en la calculada para el proyecto de Harvard. Puede apreciarse que las trayectorias divergen recién a partir del IV trimestre de 2007. El entonces presidente Kirchner dispuso la intervención del INDEC a fines de enero de 2007. Habría insumido cerca de 8 meses la tarea de falsificación de datos básicos para la elaboración del PBI. Note que antes del IV trimestre de 2007, el PBI oficial no se apartaba en forma significativa del PBI calculado para el proyecto de Harvard. Este proyecto tuvo el cuidado de aplicar el método que había aplicado la oficina de cuentas nacionales hasta 2006. Si el PBI actual rondara 500.000 millones de dólares como se afirma, ese desvío representaría unos 60.000 millones menos; en otras palabras, cada argentino sería, en realidad, 1.500 dólares más pobre.

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El siguiente gráfico informa sobre la magnitud absoluta del desvío de cada año. En 2007, el desvío habría sido de apenas 0.5 punto porcentual; fue un año de fuerte crecimiento; no había necesidad de mentir ni tiempo para falsear las estadísticas básicas sobre las que se arma la serie del PBI. En 2008 el crecimiento se desaceleró y el desvío se agrandó a 2.2 puntos. En 2009, la economía cayó en una recesión, el desvío aumentó a 4.1 puntos y, como si esto fuera poco, ¡se ocultó la recesión! En 2010 la economía creció rápidamente una vez más y el desvío disminuyó a -0.1 puntos. En 2011 la tasa de crecimiento disminuyó y el desvío, como era de esperar, subió a 2.4 puntos. Por último, en 2012 la economía cayó otra vez en una recesión, y el desvió aumentó a 2.6 puntos, ocultándose otra vez una recesión.

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Sobre la tabla de abajo caben las siguientes observaciones. 1º En el período 1990-1998, las tasas de crecimiento oficial y de Harvard coinciden. Lógico, Kirchner todavía no había intervenido el INDEC ni la oficina de cuentas nacionales. 2º Para el período 2002-2007, la tasa de crecimiento de Harvard es 8.1% anual pero para el período 2007-2012, la tasa calculada también por Harvard es 3.0% anual. Esto quiere decir que en la primera parte del gobierno kirchnerista, mientras bajaba agudamente la prima de riesgo-argentino, el PBI crecía con fuerza; por el contrario, en la segunda parte, mientras el precio de los commodities argentinos de exportación aumentaba con fuerza, el PBI crecía lentamente en razón del significativo aumento del riesgo-argentino.

Un sugestivo dato que informa la tabla 2 del paper de Coremberg, que no reproduzco aquí, es que la tasa de crecimiento del PBI por habitante en el período 1990-1998 fue 4.2% anual, en tanto que en el período 2002-2012 fue 4.0%. Esta diferencia a favor de los ’90, y en contra de ‘la década ganada’, merecería una detenida reflexión de parte de los observadores honestos de la economía argentina.

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El último gráfico corresponde al ranking latinoamericano de crecimiento en el período 1998-2012. Mide el crecimiento acumulado entre picos de actividad. 1998 fue el pico de los ’90 y 2012 sería el de ‘la década ganada’. Medir el crecimiento a partir de 2002 es trampa, ya que ese año la economía argentina tocó fondo, lo mismo que otras economías de la región, como la uruguaya, que fue arrastrada por la argentina. Perú es el gran campeón (¿en qué medida habrá influido el TLC con EEUU?). El dolarizado Ecuador está segundo en el podio. Chile, tercero. ¡Bolivia, cuarta! Colombia es el 5º (de nuevo, ¿cuánto habrá influido aquí el TLC con EEUU?). Argentina está en la última posición del ranking, por debajo de Brasil, Uruguay, Venezuela, Paraguay y México (que fue arrastrado por la recesión en EEUU motivada por la crisis de las hipotecas sub-prime).

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