La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

noviembre 24, 2015

Presidente Macri

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 6:14 pm

MacriPresidente

La victoria electoral de Mauricio Macri el domingo 22 de noviembre es una hazaña y el posible inicio de una nueva etapa histórica. Decimos lo último con suma prudencia. Hablamos de algo realmente grande. Desde el estreno de la Ley Sáenz Peña en la elección presidencial de 1916, esta es la primera vez que un conservador llega al sillón de Rivadavia sin fraude. Macri será desde el próximo 10 de diciembre el primer presidente de la Nación que no es radical ni peronista. Tampoco es liberal ni socialista. Como dice la versión en castellano de la BBC y muchos de los diarios extranjeros que he leído, Macri sería una especie de conservador popular.

Estoy convencido de que le irá bien. Por un montón de razones. Es un jefe; con esto quiero decir que está acostumbrado a mandar. Como gerente de las empresas de su padre, entre los 23 y los 36 años de edad, manejó miles de empleados y trató con los principales dirigentes empresariales y sindicales. En los 12 años siguientes sobrevivió las luchas internas del Club Boca Juniors y lo condujo a notables éxitos. En los 8 años que siguieron hasta la fecha, fundó un partido local que luego se convirtió en el PRO y, en alianza con la UCR y la CC, devino en Cambiemos, la coalición que ganó la elección presidencial, y gobernó sin mucha obra pero con buena imagen la Ciudad de Buenos Aires.

Segundo, gobernará con el apoyo firme de un polo constitucionalista y el apoyo condicional del peronismo disidente, el que será más o menos firme según el éxito de su administración. Tercero, se beneficiará de la madurez democrática del pueblo argentino, el cual está determinado a que se cumpla el mandato presidencial.

No espero de Macri ninguna privatización, ni cambio profundo alguno de la organización monetaria, bancaria, comercial externa y fiscal federal. En una palabra, el suyo no será un gobierno reformista en materia económica. Espero, en cambio, que se cumplan objetivos razonables y modestos en comparación con los de la dupla Menem-Cavallo: una baja sostenida de la inflación, la unificación del mercado de cambios, una marcada reducción del déficit fiscal, la autonomía del BCRA, una rebaja generalizada de las retenciones a la exportación y la eliminación de las trabas a la importación. También espero profesionalismo. En una palabra, espero una normalización. Es poco en relación con lo que creo necesario y deseable pero es una enormidad en relación con el mar de mediocridad en el que hemos chapoteado durante 12 años y medio.

En diciembre empieza un período difícil. La madre de todas las urgencias financieras y económicas del gobierno de Macri es el déficit fiscal, que ronda un 8% del PBI y hereda del kirchnerismo. Casi 5 puntos del mismo están explicados por los subsidios a la energía y el transporte; unos 2 puntos se deben al servicio de la deuda que el BCRA colocó en los bancos comerciales (Lebacs). La alta inflación, la falta de dólares y el cepo, las dificultades financieras y el elevado riesgo país son consecuencias de tan alto déficit fiscal.

Hay dos formas de solucionar el problema: shock o gradualismo. El primero exige fuerte apoyo político y profesionalismo. Una hoja de ruta clara, costos repartidos, convencimiento y unidad del gobierno, apoyo franco de la coalición Cambiemos y de peronistas disidentes. La magnitud de las subas del tipo de cambio y las tarifas podría ser muy grande. Lo mismo que la inquietud social. Pero en la segunda mitad de 2016 la inflación y el riesgo argentino empezarían a caer, la inversión aumentaría y la economía se reactivaría. El gobierno quedaría bien posicionado para las elecciones legislativas de 2017.

En vista del acotado margen del triunfo electoral del domingo, hay analistas que aconsejan prudencia y un ajuste gradual. Pero el gradualismo equivale a cortarle la cola al perro de a poquito. El sufrimiento administrado puede ser la peor receta. El gobierno puede perder la convicción y los apoyos políticos, y la economía puede empantanarse en la recesión. En fin, no sé qué es lo mejor. El nuevo gobierno sabrá decidirlo cuando haga el arqueo de caja, exponga su plan a sus socios políticos y vea cuánto apoyo le prometen.

La situación es difícil. Creo, sin embargo, que Macri se las arreglará para salir adelante. En la conferencia de prensa que dio ayer, dijo algunas frases que despiertan ilusión y otras tan necesarias como no escuchadas desde 1999: que admira el proceso de reformas chileno, que pedirá que se aplique a Venezuela la cláusula democrática del Mercosur, que se anulará el Acuerdo con Irán, que bajará la inflación, que tomará medidas para recuperar el control del territorio (frente al avance del narcotráfico), que acelerará la apertura del Mercosur a la Unión Europea y que mira con interés la Alianza Trans-Pacífico.

Estas simples intenciones y esos modestos objetivos económicos son suficientes para justificar, en mi opinión, su mandato presidencial.

noviembre 11, 2015

Macri Presidente

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 6:13 pm

Macri2

Por lo menos en dos oportunidades escribí sobre la fortuna política de Mauricio Macri. En junio de 2007, cuando estaba al borde de ganar el ballottage para Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y en febrero de 2015, cuando gracias a la gestión de Elisa Carrió se empezaba a armar la coalición Cambiemos. Quien lea esos posts notará que desde siempre lo he considerado un ganador, por su condición de príncipe (heredero de una gran fortuna y de influyentes contactos) y por sus condiciones personales (perseverante pero no workaholic, oportunista pero no triunfalista, pícaro pero tímido).

Pues bien, parece que no me he equivocado. A la fecha, las encuestas de intención de voto en la segunda vuelta del 22 de noviembre lo ponen 8 puntos arriba de Scioli, el candidato oficialista. Lo único que lamento es no habérmelo creído en la medida necesaria para apostar dinero grande en la Bolsa; la cotización de las acciones argentinas en Nueva York subió un 50% en promedio en la semana siguiente al domingo 25 de octubre, luego del sorpresivo resultado de la primera vuelta.

El resultado fue una verdadera sorpresa. Cuando a las 0:05 del lunes 26 vi por TV que Macri iba dos puntos arriba con el 60% del padrón escrutado, pensé que el personal del canal de televisión había cometido un error. Mi hija vino corriendo de otra habitación de la casa para cotejar conmigo la noticia, pues sencillamente no entraba en sus expectativas. En rigor, me animo a decir que tomó por sorpresa a todo el país, a la gente de a pie y a la que forma parte del “círculo rojo”.

El jueves anterior a la primera vuelta fui invitado a una importante reunión para especular sobre el escenario económico y político que se avecinaba. Allí me encontré con una veintena de personas muy informadas: ex-ministros, ex- secretarios de Estado, consultores y analistas políticos y económicos. Después de 2 horas de intercambio de opiniones, salí de la reunión tan informado como había llegado. Escuché lo mismo que venía escuchando en los lugares más diversos (los pasillos de la Universidad, el café Florida Garden): que Scioli ganaría la presidencia en primera vuelta por escaso margen o bien pasaría a la segunda después de ganar la primera por 8-9 puntos. El único dato más o menos discordante era el tímido repunte de la Bolsa entre el miércoles 21 y el viernes 23. En la semana siguiente supe que en esos días habían circulado encuestas que mostraban un giro de último momento en la intención de voto.

Vivimos tiempos interesantes, qué duda cabe. Se avecina, y ojalá se concrete, un cambio de régimen. Del populismo a la democracia constitucionalista y del estatismo a la libre empresa.

Y se abren grandes interrogantes. Por un lado, el ajuste fiscal y sus consecuencias tarifarias y cambiarias. Por el otro, la renovación del Partido Justicialista. Lo primero se va a hacer gane quien gane; sólo nos queda saber en cuánto tiempo y con cuánto profesionalismo. Sobre lo segundo, si gana Macri es probable que, una vez en el llano, el movimiento peronista empiece a transformarse en un partido orgánico. La estabilización política y económica argentina lo demanda.

Powered by WordPress. Implementado por DigiKol